Los escenarios del Quijote en la Mancha

PRIMERA SALIDA DE DON QUIJOTE

En los artículos anteriores  ̶ incluidos en Los escenarios del Quijote en la Mancha ̶  La feliz aventura de don Quijote y desventura de AndrésEl cruce del falso albedrío de Rocinante Don Quijote molido y quebrantado, he marcado en el mapa las aventuras de la primera salida de don Quijote de su casa, hitos cervantinos inéditos hasta ahora.

En Mi vecino Alonso (2010) ya identifiqué la venta adonde había llegado don Quijote después de un largo día de camino: la Venta de Manjavacas, en el término municipal de Mota del Cuervo. Es la única venta, de las ventas existentes en esta comarca cervantina en tiempos de la escritura de la novela  ̶ Montealegre, Manjavacas, Las Motillas y Puerto Lápice ̶  que se encontraba junto al Camino de Toledo a Murcia. Sin duda alguna, al menos en la primera mitad del siglo XVI, la Venta de Manjavacas era una de las mejores ventas de este camino y única en esta parte de la Mancha al estar los pueblos muy cerca unos de otros. Al disponer estos lugares de mesones y alojamientos los viajeros preferían la seguridad de pasar la noche en el interior de las villas, siendo esta la causa de la ausencia de ventas en mitad de los caminos que cruzan esta comarca cervantina. Esta venta existía aquí aprovechando el edificio de la casa de la Encomienda que servía para el cobro del portazgo de paso por el camino. Documentalmente contaba con una entrada principal, con un portal desde donde se accedía a un patio central formado por tres edificios que hacían de cocina, bodega, alojamientos y establos. Junto a uno de los edificios laterales había un corral con cobertizos para gallinas y cerdos, con una puerta al campo. Tenía la venta «doce tapias de largo», unos 20 metros de fachada y sobre la puerta de entrada un escudo de armas.

Esta ruta que aquí descubro, en la que está marcadas las aventuras que en ella transcurren del pastor Andrés (1), el crece del falso libre albedrío de Rocinante (2) y el encuentro con los mercaderes toledanos (3), y que formará parte mucho más detallada de mi próximo trabajo a editar, es completamente transgresora, no coincide con ninguna ruta realizada por otros autores y mucho menos con las oficiales diseñadas por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

Las primeras rutas publicadas a finales del siglo XVIII fueron dibujadas por Tomás López (1780) según los estudios de José de Hermosilla y por Manuel Antonio Rodríguez (1798) siguiendo los datos aportados por Juan Antonio Pellicer. La Ruta de Don Quijote propuesta por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha tiene en cuenta estas dos rutas anteriores.

La primera salida de don Quijote de su casa está remarcada en ambos mapas en color azul. En los dos mapas sitúan el origen de la ruta en Argamasilla de Alba, un lugar que no puede ser el de don Quijote por estar citado explícitamente en el Quijote. Es el propio autor quien decide en la primera frase de la novela no querer acordarse de él: «En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…». Por lo que los lugares nombrados en la novela en esta comarca cervantina de Tembleque, Quintanar de la Orden, Argamasilla de Alba, Puerto Lápice y El Toboso no pueden ser el origen del Quijote.

En el mapa de Tomás López el camino marcado de ida a la venta y vuelta a casa al día siguiente es por el mismo, como describe Cervantes. No es así en el de Manuel Antonio Rodríguez que describe una ruta casi circular que nada tiene que ver con el texto. Las dos rutas están muy alejadas del lugar de Quintanar de la Orden y del Camino de Toledo a Murcia, por lo que no es posible situar en ellas la aventura de Andrés y la de los mercaderes toledanos.

La segunda ruta está marcada en ambos mapas en color amarillo. Inician las dos por «la misma derrota y camino» tal y como describe Cervantes, pero en su trazado no se encuentran con los «treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo», los molinos de viento de Campo de Criptana, cómo le ocurre a don Quijote y a Sancho al poco de salir de su casa. El espacio geográfico por donde delinean los dos autores la segunda salida de don Quijote no contaba a principios del siglo XVII con ningún molino de viento, menos «treinta o cuarenta» cuyo número solo se disponía apreciar en los cerros de Campo de Criptana. Ambos mapas, muy aceptados en el cervantismo, no siguen el texto de Cervantes, mucho menos aún los propuestos más actualmente tomando como salida en Villanueva de los Infantes o Mota del Cuervo. 

Esta ruta que aquí propongo para ser recorrida a pie, en bicicleta o en vehículo adecuado sí coincide con el texto cervantino. Tiene una longitud aproximada, desde Alcázar de San Juan a la Venta de Manjavacas, de unos 35 Km por camino suave y atraviesa los términos de Alcázar de San Juan, Campo de Criptana, El Toboso, ligeramente el de Pedro Muñoz y Mota del Cuervo,  siguiendo la traza de una de las variantes secundarias del Camino de Toledo a Murcia. Rocinante para recorrer esta misma distancia necesitó todo un largo día de verano para llegar desde su cuadra a la venta:

“[…] una mañana, antes del día, que era uno de los calurosos del mes de julio […] Con esto caminaba tan despacio, y el sol entraba tan apriesa y con tanto ardor, que fuera bastante a derretirle los sesos, si algunos tuviera. Casi todo aquel día caminó sin acontecerle cosa que de contar fuese […] y, al anochecer, su rocín y él se hallaron cansados y muertos de hambre […] vio, no lejos del camino por donde iba, una venta […] Diose priesa a caminar, y llegó a ella a tiempo que anochecía.” (Q1, 2)

Rocinante al paso recorría media legua de camino a la hora, tres kilómetros, la mitad que cualquier otro caballo normal, sin sus taras físicas. La enfermedad de los “cuartos” en sus pezuñas hacía de él un caballo casi inútil para todo. De media en el mes de julio en estas latitudes hay unas catorce horas de sol. Sin parar, en estas horas que hay entre su salida de la cuadra «antes del día» hasta que llegó a la venta «a tiempo que anochecía», habría recorrido el flaco de Rocinante por este suave relieve manchego unos 42 kilómetros. Nadie que apreciase a su caballo, como lo hacía don Quijote, lo habría forzado a caminar sin descansar a la sombra de cualquier encina junto al camino durante todo un día de verano manchego, y aunque el narrador de la historia solo nos diga que  «casi todo aquel día caminó sin acontecerle cosa» sí nos detalla que «con esto caminaba tan despacio», siendo incluso su velocidad aún menor.

El espacio físico real recorrido durante esta jornada es increíblemente preciso teniendo en cuenta las condiciones de Rocinante y el tiempo empleado. Sin duda Cervantes había recorrido este mismo tramo durante su vida en más de una ocasión. Él, sobre una caballería normal, habría necesitado unas seis horas para recorrer este mismo espacio. Saliendo al amanecer desde Alcázar de San Juan habría llegado a la Venta de Manjavacasa la hora de la comida y la tan merecida siesta, dando descanso y cebada en la cuadra a su mula para continuar la jornada por la tarde, como tantos viajeros de su época. Con su experiencia y conocimiento de este camino hace coincidir este espacio real con la ficción de la novela, haciendo creíble las aventuras de don Quijote en esta parte de la Mancha para sus lectores de principios del siglo XVII, y ahora también para los del siglo XXI.  

                             Luis Miguel Román Alhambra

Publicado en Alcázar Lugar de don Quijote

Pregón de Ferias 2021, Villafranca de los Caballeros

A cargo de D. Félix Patiño Galán

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Autoridades, representantes, señoras y señores.

Me siento como Simeón en el templo, ante Jesús niño. Vivo ahora un gran premio vital, pregonar las fiestas de mi pueblo es un galardón personal que nunca olvidaré y agradezco de todo corazón.

Desde que los residentes en el pueblo somos llamados para ejercer este honor, casi sobra la presentación del pregonero. Soy Félix Patiño Galán, villafranquero de nacimiento, de residencia y de corazón. Oficio que ejerzo un poquito más en los últimos años, después de tener el privilegio de disponer de todo mi tiempo.

Mi tarea es invitar a todos los que me escuchen a participar en las fiestas en honor del Santo Cristo de Santa Ana.

Entonar el pregón va más allá de la mera comunicación del comienzo de las fiestas que todos los presentes llevamos en el corazón. Labor alegre y única, honor donde sólo se deben dar buenas noticias, buenas nuevas que acompañan a las fiestas más importantes de Villafranca.

Como ya sabéis, en los últimos años me he dedicado a investigar y contar la historia de Villafranca. Ahora que estoy en este lugar y momento privilegiados, quiero llevaros a nuestro pasado y revivir hechos que la historia da por ciertos.

Nuestras fiestas del Cristo de Santa Ana, nuestras “ferias”, tienen una antigüedad contrastada de, al menos, 300 años ¿desde cuándo existe el Cristo de Santa Ana? ¿Qué recorrido histórico ha tenido esta imagen con su cofradía? Trazaré unas pinceladas que nos ayudarán a conocer la figura del Cristo en su hermandad y los homenajes que los villafranqueros le han dedicado con el tiempo. Después definiré la personalidad de ese grupo humano que se ha llamado Villafranca de los Caballeros, por último entraré en un terreno más personal y de emociones.

El Cristo y su cofradía

El Cristo de la Vera Cruz situado en la ermita de Santa Ana, al Norte del pueblo, hunde sus orígenes en el siglo XVI. Según su leyenda es un Cristo marinero que se enlaza con un milagro en un mar tormentoso. Yo os hablaré de lo que conozco y tiene garantías de ser verdad.

Esta primera ermita, ya albergaba, en el siglo XVII, a la cofradía de la Vera Cruz. Una cofradía muy activa que ha dejado huella de sus hechos en los documentos que se guardan en diferentes archivos en los que algunos curiosos como yo, rebuscamos para revivir detalles de nuestra historia.

Os invito a que me sigáis en tres saltos al pasado. La magia de las letras escritas en los papeles viejos nos permitirá viajar por el tiempo.

Primer salto:

Vamos a trasladarnos a mediados del siglo XVII, allá por 1655, reina en España Felipe IV: estamos en el cruce de la calle de los Hidalgos (ahora Velarde) con la del Cristo, nos sorprende que el lugar que ocupará la ermita actual, es una huerta, un poco más a oriente, siguiendo la calle, vemos una ermita de piedra de mampostería, con la cabecera hacia el Norte, mirando a Villacañas. Es la ermita de Santa Ana. Entramos, y

después de adaptar nuestros ojos a la fresca penumbra, observamos en el frente, dos altares, uno dedicado a Santa Ana que preside una talla con su imagen, adornada con una sábana puntas, un frontal de raso rojo y dos lámparas de azófar (latón dorado); la otra capilla está dedicada a la Vera Cruz que luce un Cristo Crucificado, con dos velos, uno de tela de plata, el segundo de seda, morado, otros dos candeleros de azófar y un atril para las lecturas.

Hechos al interior, que huele a cera y aceite de las lámparas siempre encendidas, en silencio, accedemos por una puerta lateral, a la amplia sacristía donde la hermandad almacena las imágenes que ha ido atesorando para dar lustre a la Semana Santa de Villafranca: Ahí están Jesús en la Columna, El Cristo de la cruz a cuestas, una cruz, la Virgen de la Soledad, el Cristo del entierro y un pequeño Resucitado. La mayoría de estas imágenes procesionan los jueves y los viernes santos. La cofradía de la Vera Cruz es, desde que se tiene memoria, la encargada de las procesiones de Semana Santa.

Antes de abandonar esta ermita, echamos un último vistazo a la sacristía: comprobamos que hay varias telas de tafetán rojas, pajizas y listadas, un estandarte de damasco negro con flecos dorados de seda, ropas litúrgicas, un cáliz, una patena, dos misales y seis pares de andas pintadas de verde.

Nos llama la atención el esquilón que descansa en un rincón de la sacristía. Es un cencerro grande con forma de campana que sirve para llamar a los fieles a misa. (…) Lo que os he contado, son datos acreditados por  escribanos de su tiempo que nos han permitido un fugaz paseo por el pasado. Surgen muchas preguntas: ¿Es la imagen del

Cristo? ¿Qué amplitud tenía esta ermita? ¿Celebraban el día del Cristo como ahora? Quizá podamos contestarlas pronto.

Con estos mimbres, hemos de tejer la cesta de la cofradía en el siglo XVII:

1. La cofradía de la Vera Cruz tiene su sede en la ermita de Santa Ana

2. Mantiene las procesiones de Semana Santa

3. Existe el culto divino en la ermita

4. Desde su puerta, el esquilón movido por un joven monaguillo hace el trabajo de una campana.

A partir de aquí podemos fabular lo que queramos, yo os cuento lo demostrable con las letras escritas en aquellos tiempos.

Segundo salto:

Vayamos con nuestra máquina del tiempo al siglo siguiente.

Ya en el siglo XVIII, el paisaje urbano ha cambiado algo, la pequeña ermita de Santa Ana con su sacristía-almacén se ha transformado en el elegante templo del Cristo de la Vera Cruz, casi tal y como lo conocemos hoy. Siguen siendo el templo y la cofradía que alberga y organiza los pasos de la Semana Grande. Sus procesiones son concurridas y vistosas.

Se celebran las fiestas de la Vera Cruz en dos fechas:

Invención (3 de mayo) y exaltación (14 de septiembre). Ésta última, la más importante, la más celebrada, la que convoca a todos los villafranqueros y muchos forasteros, es el “día del Cristo”.

Vamos a ver el discurrir de un día del Cristo a mediados del siglo XVIII:

La función se celebra en la iglesia parroquial, como ahora, hay dos procesiones, la del día anterior y la del siguiente. La pólvora, siempre admirada, es en la noche del día 13.

El día 14, un afamado predicador oficia la función solemne. El pueblo entero está en la calle, la fiesta es completa. Forasteros de todos los pueblos del entorno han venido en peregrinación a rezar al Cristo y a hacer sus donaciones: corderos, quesos, aceite y limosnas en reales y maravedíes. Vienen de Herencia, Tembleque, Granátula, Alcázar, Quero, Madridejos y otros muchos lugares.

Los villafranqueros ya han hecho sus limosnas en trigo, cebada, centeno, gallinas, quesos, calabazas y otros productos que se transformarán en reales de vellón para el Cristo.

Escuchamos a los músicos, son de Madridejos. En la función, dentro de la iglesia, suena un tambor y un clarín ambos de Consuegra. Los danzantes, también de Madridejos, animan el exterior con ritmo y colorido.

La bacía de las limosnas se llena durante la misa. Se venden cientos de estampas del Santo Cristo encargadas por la cofradía. Las tiendas y puestos del 14 de septiembre ocupan el atrio y la calle Empedrada. Los bolicheros no paran con sus juegos en el Pozo Palacio.

Suponemos que era una gran fiesta en la que los villafranqueros lucían sus mejores galas. El Cristo salía de su ermita para recibir los honores de su pueblo en el templo parroquial. La Cofradía corría con la mayoría de los gastos, pues tenía capital suficiente que provenía de las múltiples donaciones de lugareños y forasteros, de la arquilla de la

ermita, de la bacía de las misas, de algunas tierras de su propiedad, de la venta de roscas rociadas de miel, del alquiler de banderas, hachas, y cetros para los entierros.

Un detalle más, esta cofradía de la Vera Cruz, la forman cofrades y cofradas, que así aparece en sus libros, 2 reales al mes pagan ellos, ellas, 16 mr.

Saquemos unas conclusiones con lo que hemos dicho:

1. En el siglo XVIII, la cofradía tiene buena salud económica: pólvora, juegos, procesiones, funciones y feria comercial son soportados con sus dineros durante los días 13 y 14 de septiembre.

2. Ya existe la ermita del Cristo tal y como la conocemos.

3. La cofradía sigue organizando la Semana Santa.

4. Aumentan los peregrinos que vienen a adorar al Cristo.

Tercer salto:

El tramo final de este viaje es el siglo XIX con algún detalle para terminar nuestro retrato:

Las funciones se celebran el día 14 de septiembre y a finales de siglo son los días 14 y 15. Los gastos de todos los años son el jalbiego de la ermita, la pólvora, la música y el refresco. Los músicos que acompañan en las funciones vienen de Herencia y la banda de música, de Dosbarrios. A partir de 1875 la música contratada es de Martín Avendaño.

Hay menor pujanza económica y no encontramos ya el control de la Semana Santa. Es posible que las desamortizaciones, tengan algo que ver.

Con el tiempo, el villafranquero se va refiriendo a su Cristo como el Cristo de Santa Ana, olvidando poco a poco el nombre de Cristo de la Vera Cruz.

Hasta aquí nuestro viaje por el tiempo.

Villafranca

Ahora, después de conocer algo de la historia de las honras al Cristo de Santa Ana, miremos a los otros protagonistas, los villafranqueros, que tienen una personalidad marcada por su historia. Villafranca existirá mientras haya personas que vivan sintiéndose parte de esta comunidad.

Contestaré a una pregunta, ¿Cómo es un villafranquero o una villafranquera?

1.- Un villafranquero o una villafranquera es una persona resistente y tenaz, ha aguantado durante siglos epidemias, hambrunas, inundaciones, sequías, crisis económicas y guerras. Su fortaleza ante las adversidades ha quedado demostrada. Sin prisas, nunca con los mejores medios, ha sabido reponerse en compañía del grupo, con la fuerza del trabajo en común. Valga como ejemplo cuando sólo unos cientos de resistentes se refugiaron en el cerro de San Cristóbal y entre todos limpiaron y devolvieron a la vida la ciénaga en que se había convertido Villafranca en el otoño de 1801.

2.- Un villafranquero o una villafranquera, es un buen profesional, en diferentes actividades siempre deja huella de su buen hacer. Esforzados agricultores y ganaderos, excelentes tejeros, afamados herreros, eficientes carreteros, honrados arrieros viajeros, incansables canteros, solícitos zapateros, adorables reposteras, humildes amas de casa y mil actividades más en las que han destacado. Ahora son profesores, ingenieras, periodistas, agricultoras, comerciantes, cocineros, documentalistas, filólogas, médicos… personas repartidas por el Mundo entero con excelente formación y rendimiento notable.

3.- Un villafranquero o una villafranquera es un buen individuo dentro de un grupo. Sabe apreciar el valor de la comunidad, la fuerza imponente del pueblo como solución a los problemas comunes. Ha reconstruido su pueblo muchas veces en compañía de sus vecinos, ha vigilado los caminos en épocas de epidemias, ha reforzado el malecón en las venías, ha cazado langosta en años malos, ha protegido el trigo de su pósito, ha

defendido sus lagunas y su agua.

4.- Un villafranquero o una villafranquera es humilde. Ha mamado la realidad desde niño. Un pueblo que no es el más antiguo ni el que más blasones muestra, que no posee las tierras más fértiles, que siempre ha tenido que luchar por lo que desea, ha aprendido a entender su puesto en el mundo para pisar con fuerza y superarse. Sin mirar con altivez a nadie, sólo con nobleza.

5.- Un villafranquero o una villafranquera, es solidario y colaborador ante las necesidades. No salió de su casa, mientras los guerrilleros de Francisco Abad y Diego Martín combatían y masacraban dragones franceses por la calle del Riato en la noche del 25 de marzo de 1812. No eran cobardes, la guerra es para los militares. Pero cuatro horas después, el pueblo entero estaba en la calle aportando agua caliente, vendas, ropas limpias, medicinas y voluntarios para curar, lo mejor que podía, a los heridos, daba igual que fueran franceses o españoles.

6.- Un (…) está siempre cerca del agua, ha sabido valorar lo que vale el líquido elemento desde que nació este pueblo. Y si no ¿por qué estamos sobre este llano hundido que se anega cada vez que el Amarguillo se desborda? Quizá porque nuestros ancestros excavaban en el patio de su casa un pozo somero y encontraban agua. Poco potable, sí, pero abundante y limpia. Las lagunas han sido recursos de vida con la pesca y el carrizo. Necesitamos estar junto al agua y un zampullón de vez en cuando. Ahora lloramos la ausencia de agua en nuestros pozos antiguos, nuestro ánimo se seca con las lagunas blancas de salitre, aunque este año hemos tenido un respiro que ojalá no sea un espejismo.

7.- Un (…) casi siempre llega el primero (no llega de los últimos) a asuntos de capital importancia. En enero de 1787 Villafranca estrenaba su primer cementerio al lado de la ermita del Cristo, fuera de los templos, lo hizo, con otros pueblos del entorno, antes que el resto de España. En 1870 se constituyó aquí, en Villafranca de los Caballeros, la primera federación local de toda la región, adherida a la AIT4 (Asociación Internacional de Trabajadores), entonces de mayoría anarquista. He de reconocer que no puedo verificar lo que se dice de la luna, las especias y los arrieros de Villafranca.

8.- Un (…) siempre ha sido un ciudadano del mundo, se apresuró a aplicar la vacuna contra la viruela desde el mismo momento en que llegó, ha salido con su carro lleno de tejas para venderlo en el primer pueblo que lo necesitase, ha llevado a diferentes capitales sus piedras de vuelo y ahora sus hombres y sus mujeres salen a otros pueblos y otras naciones demostrando su buena formación y su buen hacer. Ellos y ellas

se adaptan a otras costumbres a otras culturas a otras lenguas.

9.- Un (…) disfruta como nadie en una procesión, en un desfile o volteando banderas de Ánimas. Es presumido, mostrarse con un traje nuevo acompañado de iguales es un placer muy propio de los individuos de esta comunidad. Nos enamora el colorido de las Mayordomías y sus vestidos originales, las peñas de Villafranca enseñaron a todo el entorno a desfilar, a montar carrozas y a disfrutar con ello, en la

procesión del Cristo siempre nos hemos vestido con nuestras mejores ropas.

10.- Un (…) es prudente. Lo demuestran las sentencias y el gobierno de sus alcaldes en toda su historia: Solucionando litigios, escuchando, recibiendo a hombres y mujeres en busca de justicia, limosna, consejo y guía. Esta prudencia ha aparecido en las  actuaciones de sus empresarios, hortelanos, arrieros y agricultores. Y ahora debe ser una máxima inolvidable para todos nosotros.

11.- Un (…) es aseado como el que más o relimpia como los chorros del oro. No tenía razón el párroco don Alfonso Luján, cuando decía en 1784 Las mujeres se crían con igual robustez pero toscas de facciones, paso tardo y perezoso, desidiosas y sin cuidar el adorno propio de su sexo ni el de sus casas, las que tienen muy sucias y sin aliño, motivo por el que los tabardillos y dolores de costado que padecen, entrando en una familia, se les comunica a todos, agravándose por ser dados al vino y al aguardiente.

Este hombre, culto y trabajador no tenía muy buena idea de la villafranqueras. En cambio, de los hombres dice: Los varones se crían robustos y de buena disposición de nervios, color encendido oscuro, ágiles y de genios despejados, han manifestado siempre inclinación a las leyes, y por ello son conocidos con el nombre de letrados, (…) y esto los perjudica mucho pues con poco motivo forman un pleito y lo siguen con tanto tesón que abandonan el cultivo de sus haciendas, cuidado de sus casas y crianza de sus hijos, siendo esto la principal causa de ser la villa más pobre de las que componen el Partido.

Empecinados en su labor y defensores de sus causas, hasta llegar a abandonar sus casas. Yo creo que más que pendencieros… son tenaces.

12.- Un (…) creyente o no creyente, respeta y honra al Cristo de Santa Ana. Ese Cristo con tonelete y leyenda marinera. Él es símbolo de nuestra personalidad, marca el momento de la unión de voluntades para un punto jubiloso de disfrute sano y común. En torno a su imagen unos rezan y sonríen, otros asisten, respetan y sonríen, todos viven una vieja fiesta con viejos ánimos de alegría. Hoy comenzamos otro ciclo de esa vieja fiesta que se mantiene muy sana.

Villafranca (formada por Villafranqueros y villafranqueras, nacidos aquí o llegados aquí) ha mejorado mucho en formación y en competencia. Este grupo de personas tenaces, especializadas, humildes, solidarias, presumidas, honradas, relimpias, iguales y devotos de su Cristo, quiere seguir mejorando, debe seguir mejorando en un mundo cada vez más exigente. Somos así, villafranqueros del mundo, nacidos o de adopción, villafranqueros siempre.

La Feria es ilusión

Permítanme retomar una idea que explicó una pregonera de ferias hace unos años. La bruja-maga Rosa María, excelente bordadora de palabras, dijo desde un atril muy parecido a este, que la feria es un espacio mágico.

¿O no es mágico el momento en que un niño abre los ojos con asombro ante las luces de un cohete en la noche de pólvora? La ilusión de los “caballitos”, los cochecitos o los toros en los más pequeños, siempre en compañía de sus padres o del pariente más paciente y amante de los niños.

La expectativa de unos días diferentes, siempre en compañía de los que más queremos.

Magia vivida y relatada con la serenidad de la elegante pregonera Sonia Nogueras, con abuelas que ahorraban para las ferias de sus nietos, los aromas del ferial y los desfiles vistosos al son de la música con la justicia y las damas.

Magia que se queda en la memoria selectiva con sensaciones inconfundibles como

– El grato olor a tabaco de tu padre cuando te lleva en brazos a los caballitos

– La deslumbrante abundancia de bombillas en el recorrido ferial

– El desagradable claxon del final de la vuelta en el tiovivo

– El sabor raro de las berenjenas

Algo más crecido

– El olor del aceite caliente de los puestos de patatas fritas

– Los olores del cuero curtido, del turrón y del plástico de los juguetes

– La sensación de conducir en los coches eléctricos

– El dinero en el bolsillo de un jovencito

– Las toses con el primer cigarrillo

– Un beso furtivo e inolvidable

– Las prometedoras noches sin fin

Sí, la Feria es un evento viejo y venerable como el Cristo de Santa Ana, que reúne a esa comunidad variada de Villafranca y que es capaz de desarrollar una magia singular.

De todo lo que he dicho, apelo especialmente a la prudencia, seamos prudentes, el virus no nos permite recuperar la normalidad y estas fiestas serán distintas.

Mantengamos las distancias, usemos las mascarillas, seamos razonables, así también podemos encontrar la magia personal que cada uno vive en la feria.

Señoras y señores

Que viene el día del Cristo de Santa Ana

Comienzan las ferias y fiestas en su honor

Villafranca ya está de celebración sin esperar a mañana

No olvidemos ser prudentes, por favor

Que la magia de la feria os haga disfrutar Villafranqueros y villafranqueras

Comienzan las Ferias y Fiestas de 2021

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¡Viva el Cristo de Santa Ana!

¡Viva Villafranca de los Caballeros!

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¡Que seáis muy felices! Gracias por vuestra atención.

Cortometraje alcazareño “Mira” es premiado en Hungría

Este fin de semana ha tenido lugar el Festival Internacional de Cine Busho 2021, celebrado en Budapest y en cuya gala de clausura, que contó con la presencia de autores y equipo de más de 70 trabajos de todo el mundo, se galardonó al cortometraje, “Mira”, del director y guionista Hugo de la Riva, con el premio a la Mejor fotografía.

El jurado del festival quiso así distinguir y reconocer el trabajo, la puesta en escena innovadora y la atmósfera siniestra y asfixiante de la pequeña pieza de terror, rodada en apenas 2 noches con un equipo reducido y cuya fotografía fue llevada por los hermanos Alberto y Jaime Martínez Soria de Marsofilms, que también son productores del film y habituales colaboradores, habiendo también firmado la fotografía de otros cortometrajes como “Campeón” o “La Pedidemia” de Pablo Conde.

“Mira” es el primer acercamiento al género de terror de su autor. Está protagonizado por la también alcazareña Marta Lizano, que realiza un tour de forcé emocional en un extraordinario ejercicio de tensión y suspense, donde se ejercitan los códigos narrativos clásicos en una historia de apenas 7 minutos.

Evasión Cine

Recordando la Vuelta Ciclista a Alcázar

Hoy, 5 de septiembre, última etapa de la Vuelta Ciclista a España y día importante de nuestra Feria y Fiestas, es un buen momento para recordar con este cartel a la desaparecida Vuelta Ciclista a Alcázar, que comenzó a disputarse, con esa denominación, en el año 1933, dos años antes de la primera edición de la Vuelta Ciclista a España.


Fueron sus organizadores Roberto Sáez y Rafael Lizcano, sin olvidar a Francisco Gonzalez “Paco Pin” y durante muchos años fue uno de los principales referentes del ciclismo en nuestra región.


La disputaban corredores aficionados y de primera categoría y en alguna de sus ediciones llegó a correrse hasta en tres etapas con salida y llegada en Alcázar.

Alcanzó gran popularidad y se constituyó, año tras año, en uno de los grandes atractivos de nuestra Feria.
Como curiosidad recordemos las palabras que el periodista deportivo Rafael Martínez Gandía le dedicó tras presenciar, en el año 1960, su XVII edición.

Comentaba Don Rafael, no sin gran dosis de humor y cierta sorna, que las 5 mejores carreras ciclistas de Europa eran, por este orden: el Tour de Francia, el Giro de Italia, la Vuelta a España, la Volta a Catalunya y la “Guelta” a Alcázar.


Una pena habernos quedado sin ella, porque al coincidir hoy en día sus respectivos calendarios, seguro que le haría la competencia deportiva e informativa 🤭 a la mismísima Vuelta Ciclista a España.

Manuel Rubio. Sociedad Cervantina de Alcázar

Don Quijote molido y quebrantado

Si en la literatura de ficción hay un personaje principal apaleado, apedreado, golpeado y pisoteado este es don Quijote. A veces no sin razón.

En la venta donde burlescamente es armado caballero es la primera vez que don Quijote es agredido. Poco antes había roto con su lanza la cabeza a dos arrieros que tratando dar de beber a sus mulas habían osado a tocar sus armas que tenía apoyadas en la pila del pozo. Los compañeros de los heridos, defendiendo a estos, acometieron a pedradas con don Quijote, pero sin causarle daños de importancia  porque él se defendía de la lluvia de piedras con su escudo. Antes de dar un paso atrás los seguía increpando a todos diciéndoles: «¡Tirad, llegad, venid y ofendedme en cuanto pudiéredes, que vosotros veréis el pago que lleváis de vuestra sandez y demasía!». De esta salió ileso, pero no de la siguiente.

Del cruce de caminos del falso libre albedrío de Rocinante, Cervantes nos determina, de las pocas veces que lo hace, la distancia que separa a don Quijote de la siguiente aventura. Es en el Camino de Toledo a Murcia, camino a su casa. El narrador nos describe cuidadosamente la imagen de la nueva aventura:

“Y habiendo andado como dos millas descubrió don Quijote un grande tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia. Eran seis, y venían con sus quitasoles, con otros cuatro criados a caballo y tres mozos de mulas a pie. Apenas los divisó don Quijote cuando se imaginó ser cosa de nueva aventura, y por imitar en todo cuanto a él le parecía posible los pasos que había leído en sus libros, le pareció venir allí de molde uno que pensaba hacer. Y así, con gentil continente y denuedo se afirmó bien en los estribos, apretó la lanza, llegó la adarga al pecho, y puesto en la mitad del camino estuvo esperando que aquellos caballeros andantes llegasen —que ya él por tales los tenía y juzgaba—, y cuando llegaron a trecho que se pudieron ver y oír levantó don Quijote la voz, y con ademán arrogante dijo:

—Todo el mundo se tenga si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la emperatriz de la Mancha, la simpar Dulcinea del Toboso.” (Q1, 4)

Este paraje del Camino de Toledo a Murcia es mi próximo hito cervantino por descubrir. Estoy en el cruce de las variantes del Camino de Toledo a Murcia y pongo a cero el cuenta kilómetros de mi vehículo, «Y habiendo andado como dos millas» llegaré a este paraje buscado. Una legua de camino, la distancia que se recorría a pie o en una caballería en una hora  ̶ unos seis kilómetros ̶  , contenía cuatro millas, por lo que a unos tres kilómetros desde aquí podré ver la imagen de este paraje cervantino elegido por Cervantes como escenario de la aventura.

El camino es suave y en buen estado. Cruzo la carretera CM-3103, que une los lugares manchegos de Pedro Muñoz y El Toboso. A unos doscientos metros de ella he recorrido desde el cruce de caminos 3,1 Km, «como dos millas». Me encuentro sobre un pequeño repecho del camino, arropado por dos carrascas, y esta es la imagen del camino que observo:

Cervantes era un hombre de teatro eclipsado, como todos los de su época, por el gran Lope de Vega, estando obligado a recorrer caminos como funcionario de la Corona para sustentar a su familia. Por lo que en este altillo, que sin duda alguna pasó por él al paso lento de una mula de alquiler, tenía la imagen del escenario perfecto para la siguiente aventura de su protagonista. Incluso pudo ver desde aquí la misma escena de la extraña comitiva compuesta por «un grande tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia. Eran seis, y venían con sus quitasoles, con otros cuatro criados a caballo y tres mozos de mulas a pie». Con el escenario y los actores secundarios en él ya solo tuvo que poner en escena a don Quijote en este mismo lugar.

En estas deducciones me encuentro cuando un ¡¡buenos días!!, a coro en el silencio de la mañana me sobresalta. Cómo caballeros andantes, vestidos con  llamativos colores sobre máquinas mágicas, pasan junto a mí cuatro ciclistas que aprovechando el leve descenso se alejan de mí rápidamente. Sin duda estoy en el  mismo lugar en el que don Quijote «con gentil continente y denuedo se afirmó bien en los estribos, apretó la lanza, llegó la adarga al pecho, y puesto en la mitad del camino estuvo esperando que aquellos caballeros andantes llegasen» El escenario natural elegido por Cervantes es sencillamente ideal.

Recuerdo aquí al poeta chileno Carlos Sander cuando, recorriendo la Mancha en busca del espíritu de don Quijote, escribió: «Quien recorre la Mancha deberá creer en hadas, en fantasmas, en Caballeros Andantes y en bellas Dulcineas»(En busca del Quijote, 1967). Yo creo en la magia de esta tierra donde en cualquier rincón de ella se puede esconder el espíritu del loco más cuerdo de la literatura. Tomo el Quijote,que siempre llevo conmigo en mis salidas subrayado y lleno de notas, y aprovechando la tupida sombra de una de las carrascas busco este momento del capítulo cuarto. Comienzo a leer y creo sentir junto a mí a don Quijote sobre Rocinante esperando a que el grupo de viajeros se acerquen. Son trece personas: seis mercaderes,  cuatro criados y tres mozos de mulas. Los mercaderes y sus criados vienen a caballo y los mozos de mulas a pie. Los diez caballos al paso hacen retemblar la sosegada mañana, dejando tras de sí una ligera polvareda propiciada por el vientecillo solano. Sigo leyendo:   

“Paráronse los mercaderes al son destas razones y a ver la estraña figura del que las decía, y por la figura y por las razones luego echaron de ver la locura de su dueño; mas quisieron ver despacio en qué paraba aquella confesión que se les pedía, y uno dellos, que era un poco burlón y muy mucho discreto, le dijo:

—Señor caballero, nosotros no conocemos quién sea esa buena señora que decís; mostrádnosla, que si ella fuere de tanta hermosura como significáis, de buena gana y sin apremio alguno confesaremos la verdad que por parte vuestra nos es pedida.

—Si os la mostrara —replicó don Quijote—, ¿qué hiciérades vosotros en confesar una verdad tan notoria? La importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender. Donde no, conmigo sois en batalla, gente descomunal y soberbia; que ahora vengáis uno a uno, como pide la orden de caballería, ora todos juntos, como es costumbre y mala usanza de los de vuestra ralea, aquí os aguardo y espero, confiado en la razón que de mi parte tengo.

—Señor caballero —replicó el mercader—, suplico a vuestra merced, en nombre de todos estos príncipes que aquí estamos, que por que no encarguemos nuestras conciencias confesando una cosa por nosotros jamás vista ni oída, y más siendo tan en perjuicio de las emperatrices y reinas del Alcarria y Estremadura, que vuestra merced sea servido de mostrarnos algún retrato de esa señora, aunque sea tamaño como un grano de trigo, que por el hilo se sacará el ovillo, y quedaremos con esto satisfechos y seguros, y vuestra merced quedará contento y pagado. Y aun creo que estamos ya tan de su parte, que aunque su retrato nos muestre que es tuerta de un ojo y que del otro le mana bermellón y piedra azufre, con todo eso, por complacer a vuestra merced diremos en su favor todo lo que quisiere.

—¡No le mana, canalla infame! —respondió don Quijote encendido en cólera—. No le mana, digo, eso que decís, sino ámbar y algalia entre algodones; y no es tuerta, ni corcovada, sino más derecha que un huso de Guadarrama. Pero ¡vosotros pagaréis la grande blasfemia que habéis dicho contra tamaña beldad como es la de mi señora!”

El bueno de Rocinante está parado, meditabundo, pues lo que más ansia es llegar con su paso tranquilo a la sosiego de su cuadra lo antes posible, sin esperar que su amo le picase sus espuelas su viejo pellejo. El susto al sentirse herido, junto a su flaqueza y poco ánimo, y la pequeña pendiente del camino la caída era cuestión de pocos metros:

“Y en diciendo esto arremetió con la lanza baja contra el que lo había dicho, con tanta furia y enojo, que si la buena suerte no hiciera que en la mitad del camino tropezara y cayera Rocinante, lo pasara mal el atrevido mercader. Cayó Rocinante, y fue rodando su amo una buena pieza por el campo; y queriéndose levantar, jamás pudo: tal embarazo le causaban la lanza, adarga, espuelas y celada, con el peso de las antiguas armas”

Quizás, si don Quijote aguardase a quedarse callado los viajeros pasarán  junto a él riéndose de su penosa imagen, pero la lengua no la deja quieta, «Y entre tanto que pugnaba por levantarse y no podía, estaba diciendo:

—¡Non fuyáis, gente cobarde! ¡Gente cautiva, atended; que no por culpa mía, sino de mi caballo, estoy aquí tendido!»

La réplica no se hace esperar. La primera paliza al hidalgo manchego está a punto de comenzar. Levanto los ojos del libro y veo y escucho la salvaje paliza que tumbado en el camino sufre don Quijote, pero no puedo hacer nada, todo es ficción, solo es real el escenario: 

“Un mozo de mulas de los que allí venían, que no debía de ser muy bien intencionado, oyendo decir al pobre caído tantas arrogancias, no lo pudo sufrir sin darle la respuesta en las costillas. Y llegándose a él tomó la lanza, y después de haberla hecho pedazos, con uno dellos comenzó a dar a nuestro don Quijote tantos palos, que, a despecho y pesar de sus armas, le molió como cibera. Dábanle voces sus amos que no le diese tanto y que le dejase; pero estaba ya el mozo picado y no quiso dejar el juego hasta envidar todo el resto de su cólera; y acudiendo por los demás trozos de la lanza, los acabó de deshacer sobre el miserable caído, que, con toda aquella tempestad de palos que sobre él llovía, no cerraba la boca, amenazando al cielo y a la tierra y a los malandrines que tal le paraban.

Cansose el mozo, y los mercaderes siguieron su camino, llevando qué contar en todo él del pobre apaleado. El cual después que se vio solo, tornó a probar si podía levantarse; pero si no lo pudo hacer cuando sano y bueno, ¿cómo lo haría molido y casi deshecho? Y aun se tenía por dichoso, pareciéndole que aquella era propia desgracia de caballeros andantes, y toda la atribuía a la falta de su caballo; y no era posible levantarse, según tenía brumado todo el cuerpo.” (Q1, 4)

La imagen de don Quijote caído en el suelo, un hombre viejo molido a golpes con sus armaduras abolladas y sus armas rotas en pedazos es desgarradora, patética, y muy injusta. Rocinante, que penosamente se ha levantado, está a su lado con la cabeza caída junto a la suya, quizá pidiéndole perdón. Don Quijote sabe que su viejo caballo está lleno de tachas. Está flaco y su enfermedad de los “cuartos” le invalida hasta para casi andar, pero para él es «la mejor pieza que comía pan en el mundo», tanto que le dirige una mirada compasiva. Don Quijote seguirá confiando en Rocinante, quizás porque tiene la misma triste figura que él.

No puedo irme sin esperar a que pasase un personaje de ficción, un vecino nuestro que lo lleve sobre su borrico a casa. Viene desde Mota del Cuervo, «de llevar una carga de trigo al molino», de los varios de viento que muelen en su sierra, ya que el Prior de San Juan no ha autorizado a construir los de viento en el término de Alcázar de San Juan. Es julio, los ríos Záncara y Gigüela están secos, y los molinos de agua tienen sus muelas paradas. Pedro Alonso, que así se llama nuestro vecino, se acerca a don Quijote algo receloso pues cree que está muerto. Después de ver que está vivo y limpiarle la cara lo ha reconocido como Alonso Quijana, su vecino. Sigo leyendo: «Procuró levantarle del suelo, y no con poco trabajo le subió sobre su jumento, por parecer caballería más sosegada. Recogió las armas, hasta las astillas de la lanza, y liolas sobre Rocinante, al cual tomó de la rienda, y del cabestro al asno, y se encaminó hacia su pueblo, bien pensativo de oír los disparates que don Quijote decía». Veo alejarse al bueno de Pedro Alonso y poco a poco dejo ya de oír a don Quijote ensartar un disparate a otro. Solo queda ya el escenario vacío.

Continúo mi viaje a casa por el mismo camino pero no logro alcanzarlos. Los personajes del Quijote son ficción, solo es posible sentir su espíritu en los mismos parajes adonde los puso Cervantes. Esto es lo que el autor persiguió al innovar la literatura a principios del siglo XVII, que los lectores imaginen las aventuras de sus personajes de ficción en el territorio real que ha escogido como escenario. Y aquí, solo aquí, en esta comarca cervantina es posible.

                                                        Luis Miguel Román Alhambra

Publicado en Alcázar Lugar de don Quijote 

Ruta cervantin@lcazar conociendo los lugares cervantinos de Alcázar de San Juan

Enmarcada en la programación del Fin de Semana del Patrimonio con actividades culturales para los días 7 y 8 de agosto

Alcázar de San Juan, 08 de agosto de 2021.- En la noche del sábado 7 y con el cupo de asistentes completo, tuvo lugar una nueva edición de la ruta cervantin@lcazar que estuvo coordinada por miembros de la Sociedad Cervantina de esta ciudad.

La ruta ha estado a cargo del vicepresidente de la Sociedad, Luis Miguel Román Alhambra, y justo antes del comienzo la alcaldesa de Alcázar, Rosa Melchor, se acercó hasta la estatua “El hidalgo y su gato” de José Lillo Galiani -lugar de inicio de la ruta-, para conocer de primera mano los pormenores del recorrido y sus curiosidades, así como para saludar a las personas inscritas en esta actividad.

Los asistentes tuvieron ocasión de conocer los rincones de Alcázar de San Juan que tienen una vinculación con Miguel de Cervantes Saavedra, visitando los lugares icónicos de la ciudad que lo homenajean, lo recuerdan y hacen que se mantenga viva la tradición cervantina de Alcázar de San Juan, tradición que se remonta a la propia época del bautismo de Miguel que tuvo lugar en la iglesia de Santa María de nuestra ciudad y que se atestigua por la ubicación de la casa donde vivió el escritor en una plaza que lleva su nombre, que es precisamente uno de los lugares de interés.

La ruta guiada forma parte de las actividades organizadas con motivo del Fin de Semana del Patrimonio que el Ayuntamiento de Alcázar de San Juan ha organizado para los días 7 y 8 de agosto y que cuenta con la colaboración de las diferentes asociaciones y entidades culturales de la ciudad.

También y junto a la estatua del Quijote cósmico que Eulalio Ferrer regaló a la ciudad en 1992 que es idéntica a otra existente en Guanajuato (México) -ciudad con la que Alcázar de San Juan está hermanada-, los presentes pudieron conocer la historia de Eulalio quien obtuvo un Quijote (en edición de Calleja) a cambio de una cajetilla de tabaco al entrar en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer (Francia), a la finalización de la Guerra Civil y con la que inició su enorme afición por el Quijote y el coleccionismo de todo tipo de iconografía alrededor de la obra.

La ruta continuó por la iglesia de Santa María donde fue bautizado Miguel de Cervantes Saavedra y cuya partida de bautismo encontró Blas de Nasarre en 1748 y se conserva en la casa parroquial; después por la calle de San Juan (antiguamente llamada de Zapateros) donde se ubicó la casa de don Juan López Caballero padre de Pedro Barba que junto con Gutierre Quijada son nombrados en el Quijote y que precisamente de este último dice descender por línea recta de varón Alonso Quijano.

En la casa donde vivió la familia de Miguel de Cervantes en la plaza del “Rosquero” o de la “Rubia” (llamada así por tener aquí una tienda María Díaz “La Rubia” que estaba casada en tiempo de Cervantes con Pedro Hidalgo Saavedra), los miembros de la Sociedad Cervantina relataron la tradición que había pasado oralmente a través de los abogados: Ordoñez (coetáneo de la familia Cervantes), Quintanar y Juan Francisco Ropero y Tardío -Agente Fiscal de la Cámara de Castilla-, que fue quien dio a conocer esta tradición alcazareña a Fray Alonso Cano (obispo de Segorbe y Redentor General de Esclavos), tradición que a su vez este trasladó al académico y militar Vicente de los Ríos quien la recogió en las pruebas de su proemio a la edición del Quijote publicada en 1780 por la Real Academia Española.

El recorrido finalizó en la Plaza de España frente a la estatua de don Quijote y Sancho Panza realizada por Marino Amaya en la que para realizar al inmortal escudero se inspiró en la cara de Tico Medina, recientemente fallecido y siempre admirado y recordado por esta Sociedad Cervantina.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Testimonio gráfico del viaje de Galdós a la Mancha toledana

Los pasados 5 y 6 de junio de este año se cumplían ciento doce años de la vista que Don Benito Pérez Galdós realizara a La Mancha; también ha pasado un año desde que publicamos nuestro artículo: “El viaje de Galdós a Quintanar en la prensa del momento” en esta misma revista. Ahí anunciamos, que además de las fotografías aparecidas en la revista El mundo gráfico –hasta ese momento las únicas conocidas-, existían otras tantas que recogían las instantáneas del viaje del ilustre escritor canario por La Mancha toledana.

Felizmente podemos hoy traer el citado testimonio gráfico para cerrar, al menos de momento, este momento histórico que el pasado mes de junio se perpetuó con la colocación de una placa cerámica en la fachada de la fonda donde se alojó Galdós en Quintanar de la Orden.

Foto © Zacarías López-Barrajón Barrios

El reportaje se publicó en EL PROGRESO[i], periódico cuya vida se mantuvo entre 1906 y 1933, que dirigía el periodista y político republicano Alejandro Lerroux García   editado en Barcelona. El ejemplar objeto de nuestro estudio es una edición ilustrada semanal del anterior, de la que se publicaron sesenta y cinco números entre 1909 y 1910 al precio de 15 céntimos, que contenía dieciséis páginas -de 21×16 cm – y numerosas fotografías,  anhelando este medio, ser el magacín republicano de tirada nacional[ii]. La fecha de la publicación del reportaje sería el 27/06/1909, dos semanas después del citado viaje, correspondiendo al número 24 de “EL PROGRESO ILUSTRADO[iii]” o “EL PROGRESO. Edición Ilustrada” (Ilustración 1). Al reportaje acompaña una crónica en páginas anteriores titulada “El republicanismo manchego” firmada por el periodista y político Serrano Bustos[iv] -participante activo en la visita de Galdós-, en la que se congratula del resurgimiento de republicanismo en las zonas rurales como resultado de los actos de propaganda celebrados en Quintanar de la Orden; para ello destaca varios aspectos vividos esos días: primero la participación de la mujer –humilde y acomodada- en esas jornadas cuando antes no lo hacía. Segundo, la gran participación del pueblo en esos días –como lo demuestran las fotografías-. Y tercero, la concurrencia de figuras como Pérez Galdós y varias personalidades venidas desde Madrid, Toledo y otras comisiones de: Camuñas, Quero, Miguel Esteban, Villafranca de los Caballeros, El Toboso, Villanueva de Alcardete, Cabezamesada, Pedro Muñoz, Campo de Criptana, Alcázar de san Juan,  Herencia, Tomelloso, Daimiel y otras localidades, que el firmante no recuerda – a los que habría que sumar los ya conocidos por nosotros de: Villacañas, Puebla de Almoradiel, Puebla de Don Fadrique y Quintanar de la Orden. Desconocemos el nombre del fotógrafo, que realizó las nueve instantáneas en blanco y negro (Ilustración 2), que acompañan al artículo y de otras tantas imágenes que se realizaron en el mitin de la plaza de toros y que se malograron “al haberse estropeado la mejor placa”.

Foto © Zacarías López-Barrajón Barrios

La primera línea la componen tres imágenes de La Puebla de Almoradiel que recogen, de izquierda a derecha, distintos momentos de la espera al tren que traía a Galdós y sus acompañantes desde Madrid. La primera foto cuyo pie de foto reza: “La estación de Puebla de Almoradiel al paso del tren”, recoge el ambiente de expectación generado con la llegada del escritor canario; una multitud se agolpa delante del edificio que conformaba la propia estación[v]. La segunda fotografía tiene el pie de foto siguiente: “El tren en la estación de Almuradiel”, además de la errata en el nombre de la población, refleja el gentío que se agolpa en las inmediaciones de los vagones de un tren que acaba de llegar a su destino y donde se asoman por las ventanillas los supuestos visitantes donde no se puede identificar a ninguno. Estas dos instantáneas se ajustan perfectamente a la crónica que ofreció el periódico EL ECO DEL GIGUELA[vi]: “…En la Puebla de Almoradiel el recibimiento fue hermoso y conmovedor. Más de 600 personas ocupaban el andén de la estación…”. La tercera imagen lleva por título: Serrano Bustos y un grupo de radicales de Almoradiel” en el que aparecen un grupo de personas delante de un edificio, que pudiera ser de la misma estación (Ilustración 3). Las crónicas del momento de EL ECO DEL GIGUELA y EL PAÍS[vii], citaron a las siguientes personas de este pueblo, que subieron al vagón del tren y que muy posiblemente participaran en esta foto: Cristino (Villanueva), Santos (Barrios Botija), Felipe (Plaza), Sixto y Julián (Rodríguez), Martínez, Escobar (Calixto), Sepúlveda (Julián y José), Casas, Burgos, Pulpón y otros muchos.

Foto © Zacarías López-Barrajón Barrios

La segunda fila consta de otras tres fotografías, que, de izquierda a derecha, recogen distintos momentos de la visita a Quintanar de la Orden. La cuarta foto del reportaje reza en su parte inferior: “Llegada a Quintanar” y nos muestra una abarrotada plaza de la Constitución, momento que también recogió la crónica gráfica de EL NUEVO MUNDO[viii] y comparando ambas instantáneas – el público mira al fotógrafo- parecen salidas de la misma cámara, aunque las fotos que ofrece el Nuevo Mundo están ampliadas. La quinta instantánea dice en su título: Los diputados Galdós y Romero saliendo de la estación de Quintanar” y en ella aparecen esas personas, una de las pocas vistas en las que se aprecia al don Benito (personaje del centro, colocado a la derecha), y a su alrededor un grupo de personas, que le recibieron en la estación de Quintanar de la Orden (Ilustración 4). La sexta foto de esta crónica gráfica dice en su pie: “Comida íntima en la fonda de Quintanar” y en ella, aunque con dificultad, vislumbramos a Galdós, al fondo y situado en el centro, presidiendo una mesa con una docena de comensales. Este momento tiene lugar el domingo día 6 de junio de 1909 tras la visita al Toboso. La única crónica de la época que nos informa de este momento es EL PAÍS[ix], que dice: “…se celebró un banquete íntimo en la fonda de Manolita Gómez donde asistieron los miembros del partido y solo hubo un brindis por parte del Sr. Enrique Rodríguez por Galdós y Romero a la memoria de Pi y Margall”.

Foto © Zacarías López-Barrajón Barrios

Las siguientes fotos corresponden a la tercera fila; la número siete se intitula: “Galdós y los demás oradores saliendo de la fonda de Quintanar para el mitin”, al igual que sucede con la foto tres, esta imagen fue otra de las que publicó El Nuevo Mundo[x], pero más alejada lo que da una mayor amplitud para observar la fachada -casi completa- de la casa donde se alojó Galdós y la multitud que lo acompañaba tanto en la calle como en los balcones. La fotografía ocho dice en su pie de página: “Junta directiva del círculo republicano de Quintanar”, que son las ocho personas adultas que aparecen en la imagen; según la crónica de El Eco del Gigüela[xi]: “… y muchos más que se agregaban en el trayecto hasta el casino Republicano, ante el cual se congregó el público…”. Este fue otro lugar visitado en Quintanar, como no podía ser menos, pues recordemos que la visita tenía un fin político y además del mitin del día 6 hubo una manifestación por Quintanar el día anterior, en la que participaron “numerosas comisiones de todos los pueblos del distrito y de la localidad”. La última imagen, la número nueve, dice en su título: “Curiosa fotografía obtenida en la visita que hizo Galdós al Toboso” y en ella aparecen cuatro mujeres -una con niño en brazos- varios chiquillos y dos señores –el de la izquierda está cortada su figura-, mientras que quien aparece en el lado derecho de las señoras podría ser Don Tomás Romero[xii] (Ilustración 5). Esa excursión la recoge El Eco del Gigüela[xiii] y otra de ABC[xiv] un tanto imprecisa en fechas y de corte literario. Tan solo LA ESFERA[xv], en su reportaje “Ciudades viejas. El Toboso”, escrito por el propio Benito Pérez Galdós, recoge fidedigna y literariamente la crónica de esa visita a la patria de Dulcinea.

Foto © Zacarías López-Barrajón Barrios

Si una imagen vale más que mil palabras, aquí están las fotos, que atestiguan, no sólo el viaje galdosiano por tierras de La Mancha toledana – a excepción de Villacañas y la Villa de Don Fadrique-, sino la sociedad de la época de nuestros pueblos con su peculiar y rico paisaje y paisanaje.

ZACARÍAS LÓPEZ-BARRAJÓN BARRIOS

Académico Correspondiente de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo


Referencias Bibliográficas

[i] Documento prestado por José Luís Fuentes Guzmán “Tavira” de su archivo particular.

[ii] María Dolores SAIZ y María Cruz SEOANE. Historia del periodismo en España, vol. 3. 1983, p.109.

[iii] El Progreso Ilustrado, año IV, número 24, 27 de junio, s/p., 1909.

[iv] Sobre la figura de Tomás Romero ver: Vicente Torres ENCINAS y Claro Manuel FERNÁNDEZ-CABALLERO MARTÍN-BUITRAGO: “Tomás Romero. Periodista y político de relevancia nacional” en II Jornadas de Historia de Herencia, pp.82-101, 2016.

[v] Teresa FERNÁNDEZ DÍEZ: La línea de ferrocarril Villacañas-Quintanar de la Orden: Una línea de ferrocarril abandonada. Una ruta de investigación educativa”. Diputación de Toledo, p. 92, 2007.

[vi] El Eco del Gigüela. número 78, 15 de junio, pp.1-2, 1909.

[vii] El País, 8 de junio, p. 2, 1909.

[viii] Nuevo Mundo, número 834 del 30 diciembre, 1909.

[ix] Ibidem, nota 4.

[x] Ibidem, nota 5.

[xi] Ibidem, nota 3.

[xii] Para saber más sobre la figura de Tomás Romero ver: Vicente Torres Encinas y Claro Manuel Fernández-Caballero Martín-Buitrago: “Tomás Romero. Periodista y político de relevancia nacional” en II Jornadas de Historia de Herencia, pp.82-101, 2016.

[xiii] Ibidem, nota 3

[xiv] ABC, 19 de septiembre, p. 3, 1963.

[xv] LA ESFERA, números 86 y 87, 1915.

Los escenarios del Quijote en la Mancha

EL CRUCE  DEL FALSO LIBRE ALBEDRÍO DE ROCINANTE

“En esto llegó a un camino que en cuatro se dividía, y luego se le vino a la imaginación las encrucijadas donde los caballeros andantes se ponían a pensar cuál camino de aquéllos tomarían, y por imitarlos estuvo un rato quedo; y al cabo de haberlo muy bien pensado soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza” (Q1, 4)

¡¡ El camino de su caballeriza!! Bien sabía don Quijote el camino que iba a tomar Rocinante cuando le deja las riendas sueltas en este cruce. El mismo camino que él quería seguir para cumplir con lo indicado por el ventero y hacerse en su pueblo de un escudero y otras cosas tocantes a la caballería andante. ¿Si no conociese don Quijote la querencia de Rocinante habría dejado en este momento de la aventura las riendas sueltas al libre albedrío de su caballo? Rotundamente, no. Si a un lector actual esta acción de don Quijote le puede parecer un guiño a la libertar de elección de su propio caballo, los lectores coetáneos de Cervantes ya sabían que el caballo tomaría la querencia natural de irse a su cuadra, el objetivo de su amo. Cervantes fue un prolífico viajero, debido en gran parte a sus oficios como funcionario de la Corona, y sus malas experiencias con caballos y mulas de alquiler, que a la más mínima toman el camino fácil de su cuadra, le sirvió para incorporarlas en este punto de la aventura a su texto y de paso reírse de los  caballeros andantes que al llegar a un cruce de caminos «se ponían a pensar cuál camino de aquellos tomarían». Sin duda alguna esta actitud de don Quijote arrancó las risas de los primeros lectores cervantinos, que era lo que pretendía el autor, y sin embargo hoy da lugar a ensayos y sesudas conferencias sobre “el libre albedrío o la libertad en el Quijote”.    

A este cruce de caminos os quiero llevar. Y así, con el Quijote en la mano, tablet o teléfono podáis leer este gracioso momento cervantino contemplando la misma imagen del territorio manchego que inspiró a Cervantes como un escenario de su novela.  

Desde el paraje donde creyó liberar al pastor Andrés de los azotes de su amo, el siguiente punto de interés o hito cervantino geográfico es precisamente este cruce de caminos formado por dos variantes del Camino de Toledo a Murcia: El Camino de El Toboso a Las Mesas o Camino de los Valencianos y el Camino de Campo de Criptana a Mota del Cuervo. Siguiendo los pasos de Rocinante me dirijo a él un día «de los calurosos del mes de Julio» ¿De qué me suena esta frase…?  

Don Quijote iba por este camino orgulloso de su recién estrenado título de caballero andante, «pareciéndole que había dado felicísimo y alto principio a sus caballerías». Dice el narrador de la historia que hablaba consigo mismo en estos términos:

“—Bien te puedes llamar dichosa sobre cuantas hoy viven en la tierra, ¡oh sobre las bellas bella Dulcinea del Toboso!, pues te cupo en suerte tener sujeto y rendido a toda tu voluntad e talante a un tan valiente y tan nombrado caballero como lo es y será don Quijote de la Mancha; el cual, como todo el mundo sabe, ayer rescibió la orden de caballería y hoy ha desfecho el mayor tuerto y agravio que formó la sinrazón y cometió la crueldad: hoy quitó el látigo de la mano a aquel despiadado enemigo que tan sin ocasión vapulaba a aquel delicado infante.” (Q1, 4)

Estimado lector de mi blog, puede que te sorprenda que el narrador apunte aquí que don Quijote «como todo el mundo sabe, ayer rescibió la orden de caballería y hoy ha desfecho el mayor tuerto y agravio que formó la sinrazón y cometió la crueldad», cuando tú bien sabes que el fingido nombramiento ha sido durante la noche de este mismo día, hacía muy pocas horas. Pero estás en la Mancha y aquí, como en otras muchas partes de Castilla, los días comenzaban, y comienzan, cuando uno se levantaba de la cama y ponía los pies en el suelo, lo sucedido anteriormente es sencillamente ayer. No te sorprendas si entrada bien la noche, cuando tu reloj ya te indique que estás en un nuevo día, alguien en la Mancha se despida de ti con un ¡hasta mañana!

A 1,25 km de la aventura de Andresillo, por el Camino de los Valencianos hacia El Toboso, tengo que cruzar la carretera CM-420  (39º 27′ 05.38″ N – 2º 54′ 19.50″ E). El camino es suave y a unos 600 m paso junto a una casa de labor conocida de antiguo como Casa Escama y hoy reconvertida en una finca con reses bravas de nombre Monte Protestante.

El camino, todavía en el término de Mota del Cuervo, torna a descender suavemente. El paisaje es de cultivos de cereal, recién segado, y de vid con algunos chaparros que nos recuerdan el antiguo paisaje de bosque de encinas que flanqueaba el camino. La mano del hombre cambiando los usos del suelo casi ha borrado el bosque de encinas en la imagen del territorio en toda la comarca de don Quijote.

A unos 2,6 km, desde que crucé la carretera, entro en el término municipal de Pedro Muñoz unos metros antes de cruzar el arroyo o Zanja de la Horma (39º 27′ 53″ N – 2º 55′ 48″ E).A mano derecha, a lo lejos, se ve otra antigua casa de labor o quintería manchega conocida como Casa de la Horma. Solo 600 m después de este arroyo dejo el término de Pedro Muñoz y entro en el término cervantino de El Toboso, unos 100 m. después de dejar el cruce con el camino de Pedro Muñoz a la Casa de la Horma. Una pequeña casa agrícola de construcción actual nos marca este cruce (39º 28′ 02″ N – 2º 56′ 04″ E) Sigo de frente hacia «la gran ciudad del Toboso».

Ya estoy cerca del hito cervantino. Aunque son las 10 de la mañana el sol aprieta sobre mi cabeza amparada con un sombrero de paja. A 3,9 km  desde que crucé la carretera llego a él, el cruce del fingido libre albedrío de Rocinante (39º 28′ 19″ N – 2º 56′ 32″ O). Abro aquí mi mochila y leo:

En esto llegó a un camino que en cuatro se dividía, y luego se le vino a la imaginación las encrucijadas donde los caballeros andantes se ponían a pensar cuál camino de aquéllos tomarían, y por imitarlos estuvo un rato quedo; y al cabo de haberlo muy bien pensado soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza” (Q1, 4)

Hoy este simple cruce de caminos, de uso casi exclusivo para las labores agrícolas,  en tiempos de la escritura del Quijote era muy transitado por numerosas personas a pie, a caballo o en carros y carruajes. Viajeros, funcionarios, comerciantes, arrieros y trajinantes de todo tipo iban y venían de Toledo al reino de Murcia o hacia Cuenca camino de Aragón. Hoy el silencio es casi absoluto, ¡un silencio que se oye!, delicadamente roto por el canto de los pajarillos y el susurro del solano, este viento tan nuestro y esperado en todos los amaneceres del verano manchego.

Hago igual que el bueno de Rocinante y desde este cruce sigo el mismo camino que él eligió con don Quijote a horcajadas sobre su lomo, él hacia el lugar de su cuadra y yo a mi casa, los dos hacia Alcázar de San Juan, el lugar de don Quijote.

A «como dos millas» de este importantísimo cruce de caminos llegaré a un paraje de triste recuerdo para Rocinante y para las costillas de don Quijote. Os lo contaré en un próximo artículo.

                                                                Luis Miguel Román Alhambra   

Publicado en Alcázar Lugar de don Quijote

Tico siempre estarás con nosotros



Tico Medina cuyo rostro está inmortalizado en la estatua de Sancho Panza de la Plaza de España de Alcázar, obra del escultor Marino Amaya, realizada en 1970-1971

Hoy 5 de julio nos ha dejado Tico Medina, maestro de periodistas, leyenda viva del periodismo español y enamorado de Alcázar de San Juan y de su patrimonio folclórico y cervantino. Involucrado en las fiestas de la Virgen del Rosario y de los Festivales de la Canción de Primavera, impulsor de la Orden de los Escuderos llamados Sanchos y su eterno Gran Maestre. Recientemente había sido nombrado «Socio de Honor» de nuestra Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan.

Alcázar de San Juan, 5 de julio de 2021.- Resulta imposible glosar en pocas palabras la vida y andanzas de Tico Medina, granadino de nacimiento, pero ciudadano del mundo, y un alcazareño más, sobre todo después de un accidente automovilístico que provocó un vuelco de su vehículo estando ya muy cerca de Alcázar y del que resultó ileso, considerando que volvió a nacer, por lo que se sentía alcazareño.

Escolástico Medina García fue maestro de periodistas, reportero y viajero incansable, testigo de primera mano de la historia de su época en la que entrevistó a personajes como Fidel Castro, Pablo VI, Haile Selassie, Salvador Dalí, Che Guevara, Golda Meir, Hassan II, Richard Nixon, John Lennon o don Juan Carlos de Borbón entre otros.

Trabajó en Radio Granada, el Diario Ideal, Informaciones, Pueblo, fue redactor jefe de la revista ¡Hola!, jefe de reporteros de ABC y enviado especial en buena parte del mundo. Por lo que respecta a la televisión, estuvo presente constantemente en Televisión Española como periodista y presentador. En los últimos años también trabajó en Canal Sur. Desde hace seis años hemos podido escucharlo en la radio, en el programa Herrera en la Cope desde donde analizaba la actualidad.

Autor de más de veinte libros, y poseedor del Premio Ondas (1961), Antena de Oro, la Medalla de Andalucía (2008) y la Medalla al Mérito en el Trabajo (2017)

Su vinculación con Alcázar de San Juan es apabullante, quería tanto la ciudad como los alcazareños lo querían a él. Además de impartir conferencias y presentar diferentes actos religiosos de la Virgen del Rosario (patrona y alcaldesa perpetua de la ciudad) y Festivales de la Canción de Primavera, fue el impulsor de la Orden de los escuderos llamados Sancho, más conocida como la orden de Sancho Panza.

                                    “a la sombra de un molino en verano,

                                    al calor de unas vides en invierno…

                                    nació la orden de Sancho Panza.

Con estas palabras iniciaba su artículo en el diario Pueblo del 19 de febrero de 1964 donde anunciaba el nacimiento de la Orden de Sancho Panza. En una ventosa y fría tarde del mes de febrero de 1964 se reunieron en la finca conocida por la Platera, junto a Tico Medina, ocho alcazareños entusiastas de la figura de Sancho Panza y acuerdan fundar la referida Orden basándose en estas tres razones: “Para exaltar la figura de Sancho, tan vilipendiado por todos, y sin embargo, tan importante para la obra inmortal de Cervantes. Para promoción de la amistad entre las gentes y los pueblos de buena voluntad y buen peso. Y para proyectar a todo el mundo los auténticos valores espirituales de la Mancha” (Manuel Rubio Morano. Orden de los escuderos llamados Sancho).

Al contrario que Don Quijote, que nunca pudo cumplir el íntimo propósito de su corazón de armar a Sancho caballero, Tico Medina y esos ocho entusiastas alcazareños, sus fieles comendadores, si consiguieron dar a luz a la “Orden de los Escuderos llamados Sanchos” que con orgullo e hidalguía transitó por nuestra tierra bajo los auspicios de la sincera y leal figura de Sancho Panza, espejo en el que todos ellos se reflejaban.

Este fue el origen de que Alcázar de San Juan se situase en el mapa turístico de España. Esta iniciativa supuso no solo el despegue turístico de la ciudad, sino que fue objeto de atracción y puerta de entrada al mundo cervantino manchego de las grandes personalidades de la época que todas querían conocer nuestra ciudad, nuestras costumbres y visitar tanto la silla de Sancho en la Platera, como el molino Sancho Panza (sobre cuya puerta ostentaba esta divisa: “Tanto monta, monta tanto, don Quijote como Sancho”) que la ciudad regaló a Tico Medina, pero que él rehabilitó totalmente a sus expensas, y que inauguró “en nuebe días del mes de noviembre de mil novecientos sesenta y seis” coincidiendo con la fecha en que los alcazareños conmemoramos el bautismo de Miguel de Cervantes Saavedra.

Recientemente, en diciembre de 2020, la Sociedad Cervantina de Alcázar lo ha nombrado “Socio de Honor” y debido a su delicado estado de salud le enviamos por mensajería a su domicilio el nombramiento, teniendo pendiente de celebrar estando él presente -en nuestra sede-, el acto de reconocimiento que se merece y en el que hubiese disfrutado como protagonista del enorme aprecio y admiración que le profesamos en esta Sociedad, pero por desgracia no ha podido ser y los proyectos  como el nombramiento del  «Gran Sancho Panza» (dando continuidad a la Orden de los Sanchos) que teníamos pendientes con él, se han desbaratado.

Escolástico Medina García (modelo para el “Sancho” de la plaza de España que realizó el escultor Marino Amaya) que como Sancho Panza has sido una persona buena, honesta, equilibrada, inteligente, trabajadora, sincera, leal, poseedora de un alto sentido de la amistad, lo que nos autoriza a llamarte querido amigo, desde Alcázar de San Juan te decimos adiós con mucho cariño y con nuestro agradecimiento por todo lo que hiciste por nuestra ciudad. Que el Señor te acoja en sus brazos para lo que contribuimos modestamente con nuestra sentida oración.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Fiesta, ocio y diversión en la España del Siglo de Oro

Curso de Verano IULCE-UAM. 5, 6 y 7 de julio de 2021, Alcázar de San Juan

Desde una perspectiva interdisciplinar, se aborda en este curso el campo semántico relativo al ocio, poco estudiado desde un punto de vista histórico a pesar de su importancia no solo para el arte, sino también para la economía, la política y la sociedad de cada época, como ocurre ya en el Siglo de Oro. Pasatiempos, tiempo libre, entretenimientos, diversiones, espectáculos, fiestas y actividades recreativas, juegos y deportes, incluso el anglicismo hobby ya castellanizado, son términos asociados al disfrute del ocio como alternativa a las ocupaciones del trabajo y del negocio. Si en la primera de las tres sesiones que constituyen el curso se aborda el marco histórico de la sociedad cortesana donde se inscribe el creciente desarrollo de la cultura del ocio, las dos siguientes versan sobre diversos aspectos literarios y artísticos relevantes desde entonces en la historia española porque, parafraseando la Política de Aristóteles: “Este ocio es el fundamento de todo. Es preferible al trabajo y constituye su fin”.

Más información, programa e impreso de inscripción e información de becas:

Curso de Verano IULCE-UAM: Fiesta, ocio y diversión en la España del Siglo de Oro