Por el camino de Toledo a Murcia

En esto llegó a un camino que en cuatro se dividía… y al cabo de haberlo muy bien pensado soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza. Y habiendo andado como dos millas descubrió don Quijote un grande tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia. Eran seis, y venían con sus quitasoles, con otros cuatro criados a caballo y tres mozos de mulas a pie. (dQ1- 4).

Como sabemos, en esta aventura don Quijote queda en el suelo «molido y casi deshecho», que «no podía menearse», cruelmente apaleado por uno de los mozos. Lo recoge Pedro Alonso, un «vecino suyo que venía de llevar una carga de trigo al molino»; lo sube sobre su borrico y cogiendo de la rienda a Rocinante lo lleva a su casa. Para ubicar la aventura en la Mancha del siglo XVII simplemente hay que marcar en el mapa el antiguo camino de Toledo a Murcia, en el que los mercaderes toledanos encuentran de frente a don Quijote, que volvía a casa desde la venta en que la noche anterior había sido armado falsamente caballero por el ventero. A ella había llegado después de una larga jornada de camino desde su casa, y desde ella regresaba por el mismo camino para hacerse de cuanto el ventero le había aconsejado llevar en sus aventuras. De ella había salido al alba, y al poco libró a Andresillo, o eso creyó él, de los azotes que le propinaba su amo, «un labrador de buen talle… que es Juan Haldudo el rico, el vecino del Quintanar».

En su Reportorio de todos los caminos de España (1546), Juan de Villuga relaciona los lugares de paso entre Toledo y Murcia: Tembleque – Villacañas – El Molinillo – Miguel Esteban – El Toboso – Manjavacas – Las Mesas y El Provencio. En el paraje de Manjavacas se encontraba la única venta en aquella zona del camino, y cerca de El Toboso Quintanar de la Orden, donde vivía Juan Haldudo.
En la canícula y en esta parte de la Mancha, secos los ríos y los molinos de agua parados, los labradores tenían que llevar a moler el cereal a los molinos de viento que ya se habían instalado en sus cerros desde mitad del siglo XVI. En tiempos de la escritura del Quijote, en toda la Mancha, sólo los había en Campo de Criptana, Belmonte, Las Mesas, Mota del Cuervo, Quintanar, El Pedernoso, El Toboso, Villaescusa de Haro y Chinchilla de Montearagón. De uno de estos lugares molineros vendría de vuelta a casa su vecino, y contra un molino de viento de éstos entró en batalla don Quijote a poco de salir de su casa por segunda vez, esta vez ya acompañado de Sancho Panza, siendo Campo de Criptana el único lugar que pudo contar en sus cerros «treinta o cuarenta molinos de viento» a principios del siglo XVII.


Si Cervantes quiso dar verisimilitud a la novela ubicándola en un espacio geográfico real como patria de su protagonista, la Mancha, en esta aventura de los mercaderes de seda toledanos señala por dónde cabalgaba don Quijote de regreso a casa desde la venta. Conocemos una vía principal, el camino de Toledo a Murcia, y unos hitos o mojones que precisan los puntos más significativos: la venta a una jornada de su casa y junto al camino (donde es armado caballero), Quintanar de la Orden (lugar de Juan Haldudo), los molinos de viento (de donde venía su vecino de moler trigo) y El Toboso («lugar cerca» del de don Quijote).

Esta es, pues, la comarca de don Quijote. Buscar el origen de sus andanzas por otras partes de la Mancha es, sencillamente, buscar tres pies al gato.


Luis Miguel Román Alhambra
Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

El Quijote de Alcázar para Alcázar

La alcaldesa Rosa Melchor con Juan Bautista Mata presidente de la SCA

La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan ha donado ejemplares de su Quijote a la biblioteca pública municipal Miguel de Cervantes de Alcázar de San Juan

Alcázar de San Juan, 13 de octubre de 2020.- Juan Bautista Mata Peñuela presidente de la Sociedad Cervantina de Alcázar ha donado ejemplares de su Quijote a la biblioteca municipal de Alcázar de San Juan, para cerrar el círculo de su trayectoria: un Quijote nacido en Alcázar que va a parar a su propio pueblo, a su biblioteca.

En un sencillo acto que ha tenido lugar en el Museo del Hidalgo, la alcaldesa de la ciudad Rosa Melchor, ha recibido los dos tomos de la edición que para la Sociedad llevó a cabo Enrique Suárez Figaredo (Socio de Honor), quien consiguió redondear el trabajo presentado en dos tomos con unas mil páginas profusamente ilustradas a color. La alcaldesa agradeció poder disponer de esta obra para la lectura por parte de los vecinos alcazareños y visitantes y deseó que esta edición muy pronto esté manoseada y gastada por el uso. En el acto también estuvo presente Mariano Cuartero, presidente del Patronato de Cultura y Concejal de Promoción Cultural.

Las aventuras de don Quijote de la Mancha nunca así contadas no se trata de un resumen, ni siquiera de una criba de capítulos selectos, sino de un Quijote prácticamente completo, entretenido y entendible, con el objetivo de que quien empiece a leerlo, logre llegar hasta el final, tarea en que fracasan ocho de cada diez lectores.

En este Quijote de Alcázar los dos protagonistas don Quijote y Sancho Panza están siempre a la vista del lector al que no se le hurta su presencia ni por un momento, ya que se han eliminado todas las historias intercaladas que pueden distraer al lector del disfrute de las aventuras de ambos personajes.

Por la demanda de amigos y conocidos ya se han hecho dos impresiones de la obra, aunque ambas en tiradas muy pequeñas, prácticamente de forma artesanal, que han ido a parar a los socios y a las personas vinculadas directamente con la sociedad como familiares y amigos.

A este respecto recordamos las premonitorias palabras que hace unos días pronunciaba el presidente Juan Bautista Mata, sobre este exclusivo texto: “Puesto en las manos, entra por los ojos y da tentación de empezar a leerlo ya mismo. Estoy convencido de que a corto plazo nuestro Quijote alcanzará una difusión mucho mayor, cuando menos aquí en La Mancha”.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

La tradición oral y su aportación para un mayor conocimiento de la historia del ferrocarril y sus gentes en España

Miguel Antonio Maldonado Felipe

En sus primeros tiempos el tren fue considerado un invento diabólico, viendo aquellas locomotoras originarias que discurrían vomitando humos y lanzando chispas como alma que llevaba el diablo, circunstancias que generaron fuertes temores y recelos entre las gentes, sobre todo del medio rural desde donde se mantuvo un visible rechazo ante el novedoso artefacto que frecuentemente provocaba accidentes e incidencias en su discurrir, como así se refleja en la tradición oral desde los mismos comienzos del ferrocarril en España.

La primera línea de ferrocarril que se estableció en territorio peninsular fue la de Barcelona-Mataró, inaugurada el 28 de octubre de 1848 por iniciativa del industrial mataronense Miquel Biada y Bunyol, quien fascinado por las excelencias del ferrocarril construido entre La Habana y Güines convino en la necesidad de llevar a cabo la construcción de la línea, en base a las múltiples relaciones comerciales establecidas entre Mataró y Barcelona. La ignorancia y el miedo a lo desconocido llevaron a atribuir a las locomotoras cualidades monstruosas y demoníacas, algunas de las cuales se ven reflejadas en las coplas que cantaban en Badalona mientras apedreaban a su paso los trenes del recién inaugurado ferrocarril:

El carril de Mataró

lleva cuernos, lleva cuernos,

el carril de Mataró

lleva cuernos y yo no [1].

Del mismo modo, la tradición oral ha venido manteniendo como episodio destacable el lance del párroco de una de las aldeas de la falda de San Cristóbal que, cuando los primeros trenes circularon entre Pamplona y Alsasua, salió un día revestido de sobrepelliz a conjurar el infernal convoy, exorcizándolo con hisopo y latines, como si de un invento demoníaco se tratara[2]. Esta censura preliminar a la explotación ferroviaria se justificaba, fundamentalmente, en razones médicas, sociales y consideraciones de carácter ambiental. Los médicos alertaban sobre la existencia de gravísimos riesgos para la salud por el mero hecho de utilizar este medio de transporte. Así, múltiples revistas médicas y academias de la época publicaron artículos sobre los peligros que entrañaba el ferrocarril. Como señala José María Iribarren: «antes de construirse en España las primeras líneas, muchos aseguraban que al viajar se sufrían ahogos en la respiración, vértigos y mareos. Se decía que dada la velocidad de los trenes, los viajeros quedarían sofocados. Se temía, sobre todo, el paso por los túneles»[3]. El mismo Gustavo Adolfo Bécquer se muestra tremendamente gráfico al evocar el viaje que realizó en tren desde Madrid hasta Tudela en 1863, describiendo lo insoportable que resultaba esa primera sensación experimentada al iniciar un tren su marcha: «aquel confuso rechinar de ejes, aquelcrujir de vidrios estremecidos, aquel fragor de ferretería ambulante, (…) crispa los nervios, marea y aturde»[4]. La memoria colectiva sustenta igualmente que ciertos trazados ferroviarios se vieron, en origen, condicionados ante la oposición de terratenientes y caciques de las poblaciones por donde se pretendía que pasaran, alegando precisamente los supuestos daños que podían provocar en las personas, animales y a los campos. Y efectivamente, fueron muchos los que aseguraron que el humo y la ceniza perjudicaban a la agricultura. Tal fue el caso de Caparroso (Navarra) cuyos vecinos se opusieron a que la línea férrea pasase junto al pueblo por temor a que las chispas de las locomotoras prendiesen fuego a mieses y pajeras. Por ello, la estación se instalo a dos kilómetros del mismo:

Caparroso ya no es pueblo,

que se ha vuelto población;

tiene música y “toa” la Osma,

y va el coche a la Estación [5].

El mismo temor de Caparroso surtió entre las gentes de Villafranca de los Caballeros (Toledo) que se negaron a que las vías del tren cruzasen su población por miedo a los perjuicios que traerían los humos, vapores y chispas a animales y sembrados, hecho que condicionó el diseño definitivo de la línea del Ferrocarril de Madrid-Almansa por Alcázar de San Juan, o eso mismo han venido diciendo tradicionalmente nuestros mayores. Por otro lado, el ferrocarril procuró un nuevo sentido a aspectos físicos como la velocidad, el tiempo y el espacio, variables que distorsionadas por el nuevo invento, resultaron fascinantes para las gentes. No en vano, algunos cronistas destacaban que con la llegada del “nuevo mesías”, como así lo adjetivaban metafóricamente, se había «conseguido borrar las distancias geográficas»[6]. Así, la velocidad que desarrollaban los trenes, sobre todo en los primeros tiempos, no escapó a la difusión y puesta en valor por parte del pueblo mediante el recurso más inmediato y característico del que disponían, el cantar popular en forma de cuarteta o seguidilla. De este modo enaltecían los vecinos de Albacete los grandes beneficios que les reportaría, en materia de tiempo, la llegada del ferrocarril a su ciudad de la mano del Marqués de Salamanca:

El Marqués de Salamanca

nos hace un ferro-carril,

para irnos en diez horas

desde Albacete a Madrid[7].

Y efectivamente, teniendo en cuenta que la Compañía de coches y diligencias-correo invertía en las décadas de los cuarenta y cincuenta del s. XIX varias jornadas en realizar el trayecto entre Madrid y Albacete, con sus correspondientes pernoctaciones y avituallamientos en las paradas de postas, el hacer los casi 280 kilómetros de recorrido que albergaba esta sección de la nueva línea a Almansa en diez horas suponía un ahorro de tiempo formidable. En consonancia con lo anterior, una década más tarde, en 1865, después de la inauguración del ferrocarril de Chinchilla-Murcia construido por MZA, los vecinos del Campo de Hellín destacaban en sus canciones los más de cincuenta vertiginosos kilómetros por hora que desarrollaban los trenes para invertir una sola hora en cumplimentar los 51 kilómetros que separaban las ciudades de Chinchilla y Hellín.

Es tal la velocidad

que lleva el ferro-carril,

que en una hora te pone

desde Chinchilla hasta Hellín[8].

Con el paso del tiempo, las velocidades del nuevo ingenio se vieron normalizadas y aceptadas por la mayoría, llegándose incluso, en algunos casos, a subestimar y satirizar a modo de crítica social el excesivo tiempo de ciertos servicios. No son pocos los ejemplos que podemos encontrar al respecto, destacando el caso de Toledo, cuya unión por ferrocarril con la capital de España no fue, en origen, directo como otras líneas; se conformó como un pequeño ramal entre Toledo y Castillejo, punto intermedio de la línea de ferrocarril Madrid-Almansa desde el cual era necesario hacer transbordo con los trenes de enlace. Esta situación se mantuvo desde junio de 1858 en que fue inaugurado por la reina Isabel II, hasta mayo de 1879, veinte años después cuando comenzó la explotación comercial del ferrocarril de Madrid a Ciudad Real, materializándose la conexión entre Madrid Delicias y Toledo, con desvío por Algodor. El tiempo para cubrir este trayecto era de dos horas, aumentando hasta casi cuatro horas de viaje vía Aranjuez, con el consabido transbordo en Castillejo. La tipología del material utilizado, así como los tiempos y velocidades establecidas, hicieron que los toledanos, con su carácter imperial, despreciasen y ridiculizasen el servicio ferroviario a través de coplas populares como esta seguidilla con bordón:

El tren que con la corte

une a Toledo,

llaman con gran descaro

el tren expreso.

¡Dos horas muertas

para llegar a entrambas…

digo, a sus puertas! [9]

Resulta un hecho constatado que la irrupción y posterior consolidación del ferrocarril, provocó una verdadera revolución social, cultural, laboral y sobre todo humana en los territorios donde se hizo presente. Se cambiaron usos y costumbres, entrecruzaron pensamientos y convergieron identidades, conformándose con ello una particular idiosincrasia reconocida por todos. Julián López García destaca que entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX se aprecia cómo el estilo de vida agrícola pasa de ser predominante a declinar en la sociedad ciudadrealeña[10], y Alcázar de San Juan ejemplariza ese cambio de estilos de vida como consecuencia de la llegada del ferrocarril a la ciudad, el 9 de abril de 1854, hecho que comportó una mejora en las economías de las zonas de influencia, privadas hasta entonces de cualquier tipo de desarrollo económico e industrial. Enrique Manzaneque certifica en sus escritos que las causas fundamentales que contribuyeron al enorme desarrollo experimentado en Alcázar, desde mediados del s. XIX hasta la primera década del XX, fueron dos: la instalación de la Estación de ferrocarril y las extraordinarias cantidades de viñedo plantado y cultivado desde entonces, lo que comportó el establecimiento de numerosas bodegas e industrias relacionadas con la elaboración de vinos y licores, congregando y atrayendo a la ciudad toda suerte de gentes con usos, costumbres y formas de vida diferentes al predominante modo rural establecido hasta esos momentos:

«En los cincuenta años que van transcurridos desde que se inauguró la estación hasta ahora, millones de reales se han gastado en infinidad de obras que se han construido, disfrutando este pueblo parte de estos recursos por el mucho trabajo que se ha dado a los artesanos de diferentes clases y especialmente a los braceros. No hablemos de las inmensas ventajas que han traído, por estar a la vista de todos, el mucho personal con que cuenta esta estación, por ser el enlace de las líneas de Levante y Andalucía con Madrid, las facilidades para el comercio y los viajes; y por último, que ha sido la base del mejoramiento de esta población, trayendo a ella muchos elementos de riqueza de que antes carecía»[11].

Foto: Requena, Alcázar de San Juan, década de los años 30 (AHMASJ ) [12].

La influencia del ferrocarril en el desarrollo alcazareño a corto plazo se deja ver, además de en otros ámbitos, en la evolución demográfica de su población. Así, en 1857, tres años después de la presencia ferroviaria en la ciudad, se registraba ya un incremento de más de cuatrocientos habitantes respecto a las cifras recogidas en el Diccionario de Madoz[13] en 1845, alcanzando una población de hecho de 7.942 habitantes. Treinta años después, en 1887, la población existente en la ciudad alcanzaba los 9.557 habitantes, 1.615 más respecto a 1857[14]. Como destaca Soraya Sánchez: «otro de los índices evidentes de esta correlación entre el ferrocarril y el crecimiento demográfico es que el municipio de Alcázar se anticipó de forma notoria al contexto rural de la comarca alcanzando niveles superiores de crecimiento demográfico, de desarrollo del comercio e industria, de adelantos sociales, urbanísticos y culturales»[15]. Coyuntura que resultó común en el conjunto de demarcaciones ferroviarias donde la irrupción de trabajadores, obreros y empleados de las diferentes compañías, así como los de las industrias auxiliares que emergieron a la par, con usos y costumbres dispares, suscitaron profundos cambios de mentalidad, pensamiento y multiculturalidad allí donde arraigaron. En Alcázar de San Juan el polvo de la tizne traído por el tren desde su instalación, cambio la fisonomía de la villa, resultando esta circunstancia, como señalaba el Doctor Mazuecos: «un factor muy importante en la vida alcazareña y su matiz predominante durante un siglo. Se enseñoreó de la estación, hasta el punto de ser cualidad distintiva y dar nombre genérico a sus empleados, conocidos por los tiznaos, pero se infiltró en el pueblo alterando sus cualidades propias, sin dejar ningún sector que no recibiera su influencia»[16].

Los cuatro novios que tengo

todos son de la Estación,

maquinista, fogonero,

guardafrenos, conductor[17].

En definitiva, el ferrocarril y sus gentes, como dice el adagio “mudaron costumbres”; tanto es así que, según argumenta Pedro de Madrazo, una de las causas que más contribuyeron a la castellanización de ciertos pueblos vascoparlantes de Navarra en la segunda mitad del s. XIX fue el ferrocarril[18]. José María Iribarren corrobora esta afirmación al señalar que: «según el mapa lingüístico del Príncipe Luciano Bonaparte, es que en el año 1860, en que se estableció la vía, se hablaba euskera en Puente la Reina, en la Valdorba, en la cuenca de Pamplona, en Garinoain y en Aoiz»[19], zonas que evolucionaron hasta relegar el vascuence como forma de expresión minoritaria entre sus gentes. Otro buen ejemplo de esa influencia que puede llegar a ejercer una comunidad folklórica transmisora sobre comunidades folklóricas receptoras, en el ámbito ferroviario, lo tenemos en la introducción de la trikitixa en el País Vasco por ferroviarios foráneos. Mikel Aizpuru señala la llegada en la década de los cincuenta del s. XIX de un considerable grupo de trabajadores franceses y piamonteses, muchos de ellos junto a sus familias, como mano de obra especializada para la construcción del tendido ferroviario en territorio guipuzcoano, fundamentalmente para el levantamiento de túneles y viaductos:

«Además de conocimiento técnico, dichas personas trajeron nuevas costumbres y gustos culturales. Mientras algunas de esas prácticas fueron rechazadas por parte de la sociedad vasca, otras fueron asimiladas con intensidad, vasquizándolas rápidamente. La introducción del acordeón diatónico, la trikitixa, fue una de ellas»[20].

El rechazo a ciertas costumbres al que se hacía alusión anteriormente se muestra categórico frente a transformaciones entre los modelos social tradicional y el moderno que se fue conformando con la llegada y posterior consolidación del ferrocarril, atendiendo principalmente a cuestiones de arraigo y desarraigo, desconfianza y recelo ante lo nuevo y desconocido, pudiendo destacar a este respecto la contraposición ideológica entre el estilo de vida agrícola y ganadero frente a los nuevos arquetipos. Antagonismo que tradicionalmente se vino mantenido entre ambos grupos sociales. Así, en tiempos de crisis, escasez y hambruna, las gentes del medio rural se jactaban frente a los colectivos ferroviarios de disponer de recursos suficientes para poder hacer frente a las penurias, gracias fundamentalmente a sus economías de autosuficiencia, frases tremendamente categóricas como la de: “que coman hierros”, resultaban frecuentes contra un colectivo que, si bien disponía de recursos económicos, la especulación y escasez impedía su adquisición.

El maquinista Ramón Maldonado Callejas junto a la 240-2496

la “carrilona”, del depósito de Alcázar de San Juan, última locomotora que gobernó.

Foto. Colección particular del autor.

Las empresas ferroviarias presentaban un complejo organigrama profesional con múltiples y heterogéneas categorías que, fuertemente jerarquizadas, se estructuraban entorno a tres grandes servicios: movimiento, tracción y vías. Las condiciones laborales, funciones y salarios del personal resultaban manifiestamente diferentes.

Los Maquinistas son de oro,

los fogoneros de plata,

y los pobres conductores

son de hierro u hojalata[21].

Si bien, el particular entramado de este tipo de explotación requería una estrecha interdependencia competencial para una consecución optima del servicio diario. Esa supeditación funcional no siempre estaba exenta de controversias entre los diferentes actores que tradicionalmente han gozado de personalidad profesional propia e intereses, a menudo, contrapuestos.

Los oficios más representativos en explotación eran el de factor y jefe de estación, encargados de liderar el trabajo contable, comercial y la regulación de la circulación; los maquinistas y fogoneros entre los específicos de tracción, asumían la conducción de los trenes colaborando en el mantenimiento y puesta a punto de las locomotoras; y por último los obreros y capataces, propios de vías y obras, dedicados a la disposición, conservación y reparación de la traza de vía y demás instalaciones.

Como señalan Jairo Fernández y Nuria Vila los maquinistas y fogoneros: «alcanzaron gran valor simbólico como los domesticadores de tecnología del vapor, representación de la modernidad. En consecuencia disfrutaban de una alta consideración y de altos salarios»[22], merced a su plena dedicación al oficio, con jornadas laborales interminables y un extraordinario desarraigo. En contraposición a estos se encontraba el personal de movimiento, factores y jefes, que «como no gozaban del mismo prestigio que los maquinistas y disfrutaban de menores ingresos se caracterizaban por sus deseos de reconocimiento profesional. Los roces cotidianos eran numerosos a medida que convergían en el desarrollo del servicio»[23]. Así pues, sobre las diferencias profesionales anteriormente aludidas encontramos este adagio referido al trabajo de los factores, categoría laboral emblemática del ferrocarril que poseía una retórica bastante rimbombante y retorcida, el cantar es sí presenta un carácter marcadamente despectivo que subestima manifiestamente la profesión y rubrica las diferencias entre maquinistas y factores:

Factores que facturáis

y entendéis de expediciones

decidme que tarifa aplicáis

al forro de mis cojones[24].

La implantación y consolidación de los trazados ferroviarios procuraron un servicio público que vino a paliar antiguas carencias y estableció nuevas necesidades, sobre todo en el desarrollo urbanístico de las grandes ciudades donde los ferrocarriles resultaron decisivos. En la Barcelona del último tercio del s. XIX, con el crecimiento de la Gran Vía, se suscitó la necesidad de minimizar el tiempo empleado para cruzar la ciudad desde un extremo a otro, realizado hasta ese momento mediante tranvía de sangre. Del mismo modo, el crecimiento poblacional alentó la demanda de enlace entre la ciudad y las poblaciones periféricas. Todo esto necesitaría de servicios rápidos que vendrían a suplir al flemático “carrilet de Sarria”, que desde 1863 comunicaba los vecindarios más poblados de Barcelona: Plaza Cataluña, Gracia, San Gervasio y Sarriá. Las conjeturas sobre una hipotética supresión temporal del servicio del “carrilet”, para realizar las obras necesarias, vino a caldear los ánimos de los muchos usuarios que, molestos con las medidas, mostraban en 1885 su desacuerdo a través de esta popular copla:

Ens volem prendre les Carolines           Nos quieren quitar las Carolinas[25]

   ens varen prendre Gibraltar,                        nos quitaron Gibraltar,

 ara nomes cal que en prenguin                  ya solo falta que nos quiten

         el carrilet de Sarria.                                el trenecito de Sarriá[26].

Foto: Portada revista Vía Libre Nº46, 1 de octubre 1967[27].

El atípico ancho de vía de seis pies castellanos elegido para la red ferroviaria española, ligeramente superior al imperante en los países de Europa Occidental, se debió a una decisión técnica expresada en el conocido como Informe Subercase, encargado en 1844 por el Gobierno a una comisión técnica dirigida por el ingeniero Juan Subercase, en base a la solicitud de concesión de una línea proyectada entre Madrid y el puerto de Cádiz. Ese mayor ancho de vía, consideraban nuestros ingenieros, permitiría circular locomotoras más robustas y potentes, como así lo requería la complicada orografía peninsular. Gran parte de los ferrocarriles de ancho distinto a esos seis pies castellanos que determinaba el Informe Subercase se conformaron en España a lo largo del último tercio del s.XIX, cuando la Ley General de Ferrocarriles de 23 de noviembre de 1877 abrió la puerta al establecimiento de anchos de vía y parámetros de trazado distintos a los de la red principal, para las líneas que se solicitaran sin estar incluidas en el Plan General que acompañaba a la norma citada. Fundamento desencadenante del vasto catálogo de anchos de vía que, tremendamente diseminados y con carácter eminentemente local, proliferaron en nuestro país de la mano de empresas y concesionarios, en muchos casos, con recursos limitados, cuya estrategia y pretensión no era otra que obtener el máximo rendimiento con el mínimo desembolso. Esto implicaba economizar, sobre todo, en los costes de establecimiento, premisa en la que se enmarcan fundamentalmente las líneas de vía estrecha al necesitar curvas de menor radio, menor anchura de plataforma y mayor economía en túneles, puentes, balasto, traviesas, carriles y material móvil. Ventajas económicas que contrarrestaban con importantes desventajas para la explotación, destacando la menor estabilidad del material y limitación de velocidades, condicionantes que se ven agravados cuanto menor es el ancho de vía.

Resulta una máxima en ingeniería ferroviaria que la elección de un ancho de vía inferior al métrico solo es admisible por imposición debida al galibo. Anchos muy reducidos (0,75 – 0,60) solo se emplean cuando la orografía obliga a utilizar radios muy pequeños y para el transporte de mercancías, normalmente en ramales industriales[28]. Esa era la teoría, si bien en la práctica muchos concesionarios se vieron abocados a modificar y adaptar sus proyectos, diseñados en principio con anchos mínimos para transportar mercancías, al transporte de viajeros, accediendo con ello a la necesaria expropiación forzosa de terrenos que comportaba la declaración de ferrocarril de servicio público. Coyuntura adoptada por compañías como la del “Ferrocarril de Valdepeñas a La Calzada y prolongación a Puertollano”, popularmente conocido como “trenillo de Valdepeñas”, de 0,75 mts. de ancho, tan frágil y quebradizo que a pesar de su lentitud, disponía de una extraordinaria facilidad para el descarrilo. Si bien, a la endeblez propia del material, había que sumar el descuido permanente de las obligaciones de mantenimiento y conservación de las infraestructuras por parte del concesionario hasta límites que rozaban la insensatez. Recuerdo que aún se mantiene entre las gentes de la comarca, de ahí estas coplas recogidas por Eusebio Vasco en diferentes poblaciones de su recorrido:

Con el aire que llevan

las moraleñas,

derriban el trenillo

de Valdepeñas[29].

El trenillo del Moral

no puede llevar tres coches,

se asusta de los olivares,

se va a matar una noche[30].

El trenillo del Moral

lo derribaron de un soplo,

y las muchachas decían:

que nos traigan pronto otro[31].

Otro buen ejemplo de oralidad popular sobre ferrocarriles de ancho menor al metro lo encontramos en la canción que se muestra más adelante, cuyo texto evidencia las carencias y defectos del conocido popularmente como el “Pinxo de Bañoles”, tren pequeño y lento que, con una dimensión de 75 cm. entre cabezas del carril, circulaba entre Girona y Bañoles, uno de los ramales del popular tranvía del bajo Ampurdán.

El tren “Pinxo” de Banyoles

és el més petit que hi ha,

fet de llaunes i cassoles

i cascos de bacallá.

Passa per la carretera

com si un llamp colpís l’espai.

Quan troba una pujada

ja s’atura a mig camí.

Un matí de primavera

se´n va anar a ca l´adroguer

trencà vidres i finestres

i a la fi sortí carrer,

I dóna temps al maquinista

dánar a beure un got de vi.

Por último tomamos como arquetipo el igualmente desaparecido ferrocarril que unió desde 1888 hasta 1963 Onda con el Grao de Castellón, llamado popularmente “La Panderola” (cucaracha en valenciano). Sobre este ferrocarril de 750 mm de ancho, al igual que los anteriores, versa esta cancioncilla de tipo festivo popularizada en las primeras décadas del s. XX donde, a modo de burla, se destaca la reducidas velocidades que desarrollaba.

De Castelló a Almazora, leré, leré,

de Castelló a Almazora, leré, leré,

hi ha un tren que vola ¡leré!

hi ha un tren que vola, leré, leré[32].

O esta otra versión de la misma recogida de la tradición oral:

De Castelló a Almassora, Xispum tracatrac,

de Castelló a Almassora, Xispum tracatrac,

hi ha un tren que vola leré.

hi ha un tren que vola leré.

hi ha un tren que vola leré.

hi ha un tren que vola leréleré

I per aixó li dieu, Ximpum tracatrac,

i per aixó li dieu, Ximpum tracatrac,

la Panderola leré.

la Panderola leré.

la Panderola leré leré leré leré,

la Panderola leré leré”

Sobre ferrocarriles con ancho aún más ceñido, como el conocido popularmente como la “Campurra”, en virtud del topónimo del que procedía su impulsor, Cándido Blanco Varela (1878-1945) artífice y sufragador en sus orígenes de la línea y oriundo de la casería lavianesa de “El Campurru”[33], fue un tranvía a vapor de 650 mm de ancho que durante casi cincuenta años circuló entre las localidades de Pola de Laviana y Rioseco. Trenillo conocido y recordado además de por el abundante y denso humo que desprendían sus locomotoras y el estruendoso ruido que provocaba, por los accidentes que, a pesar de su lento circular (las velocidades máximas no excedían de entre 8 y 10 km/h), causo a lo largo de su existencia a consecuencia de su paso por el centro de los pueblos, de ahí esta cuarteta:

La máquina de “Campurru”

atropellando a la xente,

llena la Pola de fumo

y de chispes guapamente[34].

La disposición de un ancho de vía inferior al normal subordinó la existencia de todas estas líneas de vía estrecha y, en la mayoría de los casos, condicionantes añadidos como la separación y aislamiento respecto a la red principal, el interés únicamente local de sus trazados y las trasnochadas instalaciones, además de la competencia del transporte por carretera condicionaron su cierre. Y es que resulta bien cierto que el trazado de las líneas se constituyó realmente como elemento favorecedor o discriminatorio, según los casos, otorgando infinitas ventajas a las zonas provistas de comunicación ferroviaria frente a las que carecieron de ella. Aspectos como el impulso económico, la modernidad, el desarrollo y las nuevas oportunidades, emergieron y se implantaron en los territorios con trazado ferroviario, alentando rivalidades entre pueblos. Así, sobre el ferrocarril de vía estrecha que durante una década unió los pueblos de Bollullos y la Palma, denominado popularmente como “La Cafetera”, se recogieron en un interesantísimo trabajo publicado en la revista “CARRIL” algunos cantares que hacen alusión directa al mismo y a la rivalidad entre vecinos de ambas poblaciones:

 Dicen que los bollulleros                  Ya viene por el Alto la Mesa

van a hacer un ferrocarril,                     berreando la “Cafetera”,

 con cáscaras de palmito                         y los tontos Bilorios[35]

   y camisas de maíz.                                 que van a verla[36].

Del mismo modo las gentes de Tafalla (Navarra) por inquina ancestral contra los de Olite, y por creer que muchos pueblos quedarían sin estación cantaban estas coplas:

Piensan los de Olite

que han de conseguir,

tener estación

del ferrocarril.

Son necios y locos,

lo juro por mí,

por que la estación

no ha de estar allí[37].

A lo largo del artículo se han reseñado diferentes ejemplos con manifestaciones de carácter popular y temática ferroviaria mantenidas en la tradición oral. Muestras que se han ido vinculando a diferentes ámbitos, como el social, económico, geográfico, técnico, jurídico, etnográfico, antropológico, e incluso al meramente profesional ferroviario. Además de estos, se han constatado otros que bien pudieran suscribirse en el marco de las políticas ejercidas en materia de ferrocarril durante el primer tercio del s. XX; más concretamente en el desarrollo de nuevas vías de comunicación, con mejoras en las infraestructuras tanto de carreteras como de vías ferroviarias y comunicaciones, que promulgo el Gobierno de Primo de Rivera. En el caso ferroviario se conformo con la implantación del Estatuto Ferroviario de 1924, asegurándose un fuerte intervencionismo del Estado a cambio de ayuda pública para las empresas adheridas. Del mismo modo, en 1926 se fundó el Circulo Nacional de Firmes Especiales que se encargo de realizar más de 7.000 km. de carreteras y con respecto a las comunicaciones, en 1927 se creó la Compañía Telefónica Nacional de España. Las inversiones en infraestructuras provocaron un importante endeudamiento para el Estado que deterioró considerablemente la hacienda pública, condicionando las políticas económicas de los Gobiernos posteriores. Hecho destacado en las manifestaciones populares de la época:

Tanto poner kilómetros

y telégrafos de alambre,

y tantos ferrocarriles …

nos mata el Gobierno de hambre[38].

Fotografía: “Hermanos Reales”, Pedro, Manuel y Antonio, Socuéllamos 1950.

Los atractivos que presentan los cantares populares son múltiples y llegando a este punto no podía faltar, a modo de conclusión, alguna muestra de cantares que con carácter satírico, jocoso, licencioso o atrevido, hagan alusión directa al ferrocarril y lo que este supuso para el desarrollo y progreso de nuestra sociedad.

Cuando veo al tren correr,

mientras trabajo en el campo,

miro a mi burra y digo:

de burra a tren, ¡qué adelanto! [39].

Las diferencias entre las clases sociales se patentizaron y manifestaron en los espacios públicos, espacios que quedaron reservados a la burguesía.

———

FUENTES DOCUMENTALES

Archivo Historio Municipal de Alcázar de San Juan (AHMASJ).

  • “Apuntes Históricos de Alcázar de San Juan”, escritos en 1905 por Enrique Manzaneque Tapia. Inéditos.
  • Fotografía de trabajadores recolectando patata en la finca “La Madrila”: realizada por Requena en la década de los años 30.

Fondo documental del Instituto Nacional de Estadística (FDINE).

  • Censos de la Población de los años 1842 – 1900. Provincia de Ciudad Real.

FUENTES HEMEROGRÁFICAS

Hemeroteca Digital Biblioteca Nacional de España (HDBNE)

  • La Nación (Madrid), 1849 – 1873.
  • Vida Manchega (Ciudad Real), 1912 – 1920.

BIBLIOGRAFÍA

Asins Arbó, Miguel (1987), Cancionero Popular de la Valencia de los años 20. Biblioteca Gráfica Valenciana, Valencia.

Álvarez Mántaras, Daniel (2003), Ferrocarriles: Ingeniería e infraestructura de los transportes. Universidad de Oviedo, Oviedo.

Aizpuru, Mikel (2012), Norteko Ferrokarrila. Le red ferroviaria en la literatura oral vasca. En actas VI Congreso de Historia Ferroviaria, Vitoria. Museo del Ferrocarril de Madrid. Madrid. ISBN: 978-84-89649-90-3.

Bécquer, Gustavo Adolfo (2011), Desde mi celda. Cátedra, Madrid 2011.

Campal Fernández, J. L. (2001), La Campurra, trenillo de viajeros y mercancías entre Laviana y Sobrescovio (Asturias). Comunicación al II Congreso de Historia Ferroviaria, Aranjuez. docutren.com/HistoriaFerroviaria/Aranjuez2001.

Fernández, Jairo y Vila Nuria (2010), Memorias del Ferrocarril, Imágenes para el recuerdo. Trabajadores Ferroviarios. Fundación de los Ferrocarriles Españoles (FFE). Madrid.

Fernández Cano, José Manuel (1998), Mil Cantares Populares. Biblioteca de Autores Manchegos, Diputación Provincial de C. Real.

Font-Agustí, Jordi (2015), Revista Vía Libre, Nº 600, Madrid.

Gómez, José Antonio (1994), “El Ferrocarril del Condado”. Revista “CARRIL” Nº 41, Junio de 1994. Associació d’Amics del Ferrocarril de Barcelona.

Hermanos Reales (Pedro, Manuel y Antonio) (2000), SOCÚELLAMOS DE OTRO TIEMPO. Sus trabajos y sus días en imágenes y versos. I Exposición de Fotografía Antigua de los Hermanos Reales, Socúellamos (Agosto 2000).

Iribarren, José María (1943), Batiburrillo Navarro. Segunda parte de Retablo de Curiosidades. Zaragoza.

Jiménez de Aragón, Juan José (1925), Cancionero Aragonés. Zaragoza.

López García, Julián (2003), Ideologías y ritos populares de nacimiento, noviazgo, matrimonio y muerte en Ciudad Real. Biblioteca de Autores Manchegos. C. Real.

Madoz, Pascual (1846-1850), Diccionario Geográfico, Estadístico, Histórico de España y sus posesiones de ultramar. Volumen I. Luis Sagasti impresor. Madrid.

Madrazo, Pedro de (1972), Navarra, sus monumentos y arte, su naturaleza e historia, usos, costumbres y fueros I y II. Historia y fueros del País Vasco. Auñamendi, San Sebastián (Edición facsímil de la primera edición de 1886).

Mazuecos, Rafael (1951-1987), Hombres, lugares y cosas de La Mancha (Apuntes para un estudio Medico-Topográfico de la comarca). Publicado por el autor en 58 fascículos, Alcázar de San Juan.

Moraleda y Esteban, Juan (1902), “Más cantares toledanos”. Bulletin hispanique, Volumen 4 número 3, p. 264. Bordeaux.

Ogando, J. B., Revista: Alto Nalón, Barrendos, nº 30-31, (abril-mayo 1987).

Raimundo Sierra, Ángel (1973), La Jota, Raíz de Raza. Calatayud.

Rey Vicente, Miguel del y Canales Torres, Carlos (2010), Breve historia de la guerra del 98. España contra Estados Unidos. Nowtilus, Madrid.

Rodríguez de la Torre, Fernando (2000), “Dichos, coplas y versos tópicos de La Mancha y de la Provincia de Albacete. Instituto de Estudios Albacetenses “Don Juan Manuel”, Excma. Diputación de Albacete. Serie I, Estudios Nº 122, Albacete.

Sánchez Valverde, Soraya (2006), “Evolución Demográfica de Alcázar de San Juan (1857-1998)”. Patronato Municipal de Cultura de Alcázar de San Juan, TESELA Nº 16. Alcázar de San Juan.

Vasco, Eusebio (1929), Treinta mil cantares populares. Imprenta de Mendoza, Tomo I, Valdepeñas.


NOTAS

[1]Font-Agustí (2015), p.17.  

[2]Iribarren (1943), p.16.   

[3]Iribarren (1943), p.14.    

[4]Bécquer (2011), p.5. La cita se corresponde al primero de los nueve escritos que Bécquer realizó desde su encierro en el Monasterio cisterciense de Veruela, publicados a lo largo de 1864 en el periódico madrileño El Contemporáneo. En esta carta relata su periplo desde Madrid hasta Veruela utilizando diferentes medios de transporte, entre ellos el ferrocarril.    

[5]Iribarren (1943), p.18.      

[6]La Nación. 20 de marzo, 1855.   

[7]Rodríguez (2000), Nº 41, p.6.     

[8]Rodríguez (2000), Nº 381, p.181.     

[9]Moraleda (1902), p.264.       

[10]López (2003), p.16.         

[11]Manzaneque (1905), p.47.           

[12]Grupo de trabajadores agrícolas de diferentes edades recolectando patatas en la finca “La Madrila”, término de Alcázar de San Juan, junto al guardabarreras de MZA que presenta todos los atributos (gorra, guerrera y banderín).                

[13]Madoz (1846-1850), p.442.             

[14]Censos de población del Instituto Nacional de Estadística 1887.             

[15]Sánchez (2006), p.22.             

[16]Mazuecos (1967), F. XVIII, p.37.             

[17]Fernández (1998), Nº 813, p.149.               

[18]Madrazo (1972).                 

[19]Iribarren (1943), p. 20.   

[20]Aizpuru (2012), p.9.                 

[21]Copla popular recogida en Alcázar de San Juan en la que se relacionan, de manera jerarquizada, diferentes categorías profesionales del personal de conducción y trenes atendiendo a su nivel salarial.   

[22]Fernández y Vila (2010), p. 18.    

[23]Fernández y Vila (2010), p. 18.    

[24]Cuarteta octosilábica recogida en Alcázar de San Juan, propia de ambiente ferroviario.    

[25]Las Carolinas junto a las islas Marianas conformaban la micronesia española, extendiéndose desde Filipinas hacia el este, con una extensión de 3.000 millas y cerca de 500 islas cuya superficie no era mayor de 2.300 kilómetros en total. 

[26]del Rey y Canales (2010), p.18.       

[27]Locomotora 7.600  “panchorga”, en la estación de Villacañas (Toledo) en tiempo de vendimia.       

[28]Álvarez y Luque (2003), p.21.         

[29] Vasco (1929 T.I, Nº 508.         

[30] Vida Manchega. 10 de agosto 1918 p.13.           

[31] Vasco (1929), T.I, Nº 279.  

[32] Asins (1987), p.78.    

[33] Campal (2001), p.2.      

[34] Ogando (1987), p.127.      

[35] Término que en Andalucía se corresponde con ingenuo, bobo  

[36] La copla viene a ridiculizar la locomotora que además del de “La Cafetera”, recibió también el apodo de la “Merceita” en honor a la virgen de las Mercedes, patrona de Bollullos.  

[37]Iribarren (1943), p.17.    

[38]Jiménez (1925), n° 217, p. 69.      

[39]Raimundo (1973), p. 38.        

*****

Artículo publicado en la Revista de FLOKLORE, núm.. 462 de septiembre 2020

Orden de los escuderos llamados Sancho

“Ya estaba don Quijote delante, con mucho contento de ver cuán bien se defendía y ofendía su escudero, y túvole desde allí adelante por hombre de pro, y propuso en su corazón de armalle caballero en la primera ocasión que se le ofreciese, por parecerle que sería en él bien empleada la orden de caballería” (cap. XLIV, 1ª parte).

Nunca llegó Don Quijote a cumplir el íntimo propósito de su corazón de armar caballero a Sancho, sin embargo, sí que nació en la cervantina ciudad de Alcázar de San Juan, en 1964, al amparo de su Centro de Estudios, una Orden bajo los auspicios de esa sincera y leal figura que es Sancho Panza.

                                              a la sombra de un molino en verano,

                                              al calor de unas vides en invierno…

                                              nació la orden de Sancho Panza.

Así iniciaba Don Escolástico Medina (Tico Medina en el mundo del periodismo) un artículo publicado en el diario Pueblo, el 19 de febrero de 1964, anunciando el nacimiento de la Orden de los Escuderos llamados Sancho, más conocida como la Orden de Sancho Panza. En el artículo leemos: “Es Sancho un personaje universal. Es bueno, honesto, trabajador, humilde, leal; sobre todo leal, y con un especialísimo sentido de la amistad. Y en muchas ocasiones es hombre inteligentísimo, cazurro, filósofo del campo, observador de las cosas y equilibrado”.

En la revista Guía del Centro de Estudios Alcazareños, año 1965, leemos: “Ese sentido de la amistad sanchopancesca es lo que esta sin igual Orden se propone cultivar entre todas las gentes, al mismo tiempo que exaltando esta importante figura de la obra de Cervantes, proyectar por todo el mundo los auténticos valores espirituales de La Mancha, que son los que refleja ese libro inmortal”.

En una tarde ventosa y fría del mes de febrero de 1964 se reúnen en la finca conocida por la Platera, junto a Tico Medina, ocho alcazareños entusiastas de la figura de Sancho Panza y acuerdan fundar la referida Orden, basándose en estas tres razones: “Para exaltar la figura de Sancho, tan vilipendiada por todos, y sin embargo, tan importante en la obra inmortal de Cervantes. Para promoción de la amistad entre las gentes y los pueblos de buena voluntad y buen peso. Y para proyectar a todo el mundo los auténticos valores espirituales de La Mancha”.

Así mismo, deciden que, para ser nombrado Sancho, y por lo tanto pertenecer a la Orden, se exigirán las siguientes condiciones:

Primera y principal. Haber leído El Quijote.

Segunda. Tener un peso físico especial.

Tercera. Saber montar en burro (no más de un kilómetro, con albarda o sin albarda).

Cuarta. Poseer un alto sentido de la disciplina y un alto concepto de la amistad.

Quinta. Ser propietario de una sana cazurrería.

Sexta. Poseer igualmente una socarronería especial.

Séptima. Tener un apetito sin tregua.

Octava. Jurar el honor sobre un libro, lo más viejo posible, de Don Quijote de la Mancha, en noche de luna y junto al pozo de La Platera.

Novena. Hacer un trabajo sobre Sancho Panza en cualquiera de las expresiones artísticas en que se mueva el ordenado.

Los aspirantes al ingreso en la Orden debían de hacerlo mediante instancia dirigida al Gran Maestre, en donde quedaban recogidos los requisitos exigidos y la expresión artística o el medio en donde publicaría el trabajo a realizar sobre la figura de Sancho Panza.

Una vez aceptada la instancia de ingreso se entregaba al solicitante un diploma que lo acreditaba como aspirante, quien dentro de un plazo prudencial debía de hacer y publicar el trabajo sobre Sancho Panza comprometido. Tras ser divulgado el trabajo era nombrado Escudero, recibiendo con toda solemnidad el emblema de la Orden en el que se representaba “un burro con escudero y un molino al fondo”. Seguidamente debía de superar las pruebas exigidas y jurar el honor junto al pozo de la Platera, tras lo cual recibía el gradode la faja roja, pudiendo en adelante tomar parte en todos los Capítulos que celebrara la Orden.

Se establecieron tres grados de Encomiendas que adquirían sus miembros según los méritos acumulados;estos eran la mencionada faja roja, la alforja y la bota de vino. Conseguidos los tres grados de Encomiendas se podía optar a la Dignidad de Gran Maestre de la Orden.

La Orden quedó estructurada en torno a un Capítulo o Junta Directiva constituido por el Gran Maestre, que lo presidía, el Lugarteniente o Gran Comendador, los Socios Fundadores con grado de Comendador y los Escuderos elegidos para desempeñar los cargos de Vicepresidente, Secretario, Maestro de Ceremonias, Escribanos, Tesorero y Encargados de las relaciones con las demás Ínsulas. También formaban parte del mismo un Comendador representante de cada una de las Ínsulas constituidas. La Junta Directiva se renovaba por mitad cada dos años en el Capítulo General.

Los lugares del Capítulo de la Orden eran La Platera y el molino de viento Sancho Panza, ambos situados muy cerca de Alcázar. En La Platera juraban su ingreso los aspirantes junto al pozo que allí existe y se sentaban en la Silla de piedra de Sancho para honrar su figura y recibir las dignidades correspondientes.

El molino Sancho Panza fue reconstruido expresamente para este fin por Tico Medina, siendo inaugurado “En nuebe días del mes de noviembre de mil novecientos y sesenta y seis”, coincidiendo con la fecha en la que los alcazareños conmemoramos el nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Sobre su puerta lucía como divisa “Tanto monta, monta tanto, Don Quijote como Sancho”.

En las imágenes anteriores vemos La Platera con su pozo al fondo, el molino Sancho Panza, el cartel anunciador de la Orden, la Silla de piedra de Sancho y a Tico Medina, Gran Comendador de la Orden, ataviado con la blusa negra, haciendo un llamamiento a todas las gentes de buena voluntad que quieran iniciarse en los principios de la Orden.

Como uniforme para los actos de tipo oficial se impuso el blusón negro típico de la buena gente manchega; las comidas tenían como base platos de factura manchega y en las reuniones se hablaba de las cosas más diversas, eso sí, dando prioridad a las relacionadas con la “alta coyuntura de Don Quijote y la especial arquitectura física y moral de Sancho”.

Para los candidatos que no llegaban a los cien kilos del peso exigido, se establecía que la diferencia en kilos debía de compensarse con la entrega de pan tierno destinada a la beneficencia local.

En la Regla de Constitución leemos en su Capítulo I: “La Orden tendrá su domicilio social en el Aula de Cultura del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan… y los lugares de Capítulo en La Platera y en el molino Sancho”.

“Su principal fin es el de exaltar la figura de Sancho Panza, generalmente maltratada; pero acreedora de los mayores elogios, porque Sancho es un personaje bueno, honesto, humilde, cazurro, trabajador, filosofo observador y equilibrado, que en muchas ocasiones da pruebas de ser inteligentísimo, mostrándose en todo momento leal, con un especialísimo sentido de la amistad. Sancho es tan importante, que, sin él, no hubiera sido posible la existencia de Don Quijote”.

El Capítulo II establece que: “al mismo tiempo que exalta la figura de Sancho Panza, la Orden pretende proyectar a todas las gentes los auténticos valores espirituales de La Mancha y cultivar la verdadera amistad, tan útil y necesaria en los tiempos actuales…”

“Su ámbito de acción será el de todos los pueblos del territorio nacional en los que se simpatice con la figura de Sancho Panza, así como todos los extranjeros que se sientan cautivados por la simpatía de nuestras gentes y quieran contribuir al fomento de la verdadera amistad y difusión de los valores manchegos”.

En los Capítulos siguientes, hasta un total de veintidós, se regula toda la normativa necesaria para su desenvolvimiento, desde las condiciones de ingreso, el juramento de pertenencia a ella, las pruebas de ingreso, los derechos de los integrantes, el desarrollo del Capítulo General, las atribuciones del Gran Maestre, su forma de elección y cese, la figura del Gran Comendador/Lugarteniente del Gran Maestre, el papel de los Sanchos Fundadores, las funciones encomendadas a las Ínsulas que irán estableciéndose fuera de Alcázar según crezca la Orden, de los Capítulos a desarrollar en la Ínsula de Alcázar, de los Oficios de la Orden, de sus Bienes o Capital, de la Silla de Sancho en La Platera, de la Carta de la Amistad y finalmente de las condiciones de su disolución, como tristemente así acabó sucediendo.

Por su novedosa y atrevida propuesta transcribimos integro el Capítulo XIII referido a las Ínsulas: “Todo lugar, región o territorio en los que habiten uno o más Escuderos de los llamados Sancho, será considerado como Ínsula de la Orden, sometida a la jurisdicción del Gran Maestre”.

“Las Ínsulas serán regidas por un Cónclave, que presidirá el Comendador más antiguo de los que en ella habiten, en tanto que, a propuesta de ellos y a su elección, el Gran Maestre nombra el Gran Comendador que le represente”.

“Con todos los medios a su alcance el Gran Comendador y los Sanchos de la Ínsula, procurarán la amistad entre ellos y las demás gentes, promoverán el respeto a Sancho Panza y la inscripción de nuevos Sanchos, dando a conocer la existencia de la Orden y sus fines”.  

Y el Capítulo XIV lo amplia con esta frase: “Conforme vaya creciendo el número de los Sanchos se irá proponiendo al Gran Maestre la creación de otras Ínsulas”.

El Capítulo XVIII habla de los Bienes o Capital de la Orden y dice: “que no podrá exigir a sus componentes cuota alguna por pertenecer a ella. Para atender a los fines que le están encomendados podrá poseer en usufructo, perpetuo o temporal, según la voluntad del donante, todos los bienes y cosas que le fueran cedidas, las que administrará del modo más recto y encaminado a conseguir el fin para el que le fueron donadas”.

“También podrá percibir donativos en metálico de cualquier personas o miembro de la Orden y procurarse sus ingresos con festivales o actos públicos debidamente autorizados… Igualmente podrá recibir cualquier subvención o cosa entregada por Organismos o Entidades que quieran sufragar algunos costes, sin que por este motivo puedan intervenir en el régimen interno de la Orden”.

“Del mismo modo podrá disfrutar de la propiedad intelectual y artística de las obras que le sean cedidas y de aquellas otras que los Sanchos están obligados a entregar con motivo de las pruebas del ingreso”.

Importante es el Capítulo XIX relativo a la Silla de Sancho, que nos dice: “El principal medio que tiene la Ínsula de Alcázar para procurar la amistad y promover el conocimiento de la Orden, es la Silla de Sancho, en la que el Gran Maestre recibe el juramento de los nuevos Escuderos. A cuantos visiten La Platera y den muestras de simpatía por la labor que tiene la Orden, se les permite subir a la Silla, donde se les entrega la Carta de la Amistad, en la que se reconoce que su portador se ha hecho acreedor de la amistad de todos los Sanchos”.

Y el Capítulo XX especifica que: “la Carta de la Amistad no concede más título que el de amigo de la Orden, su portador no queda vinculado a ella por otro lazo que el de su simpatía hacía los fines que persigue esta Institución y los Sanchos deben reconocer en todo momento este lazo de amistad y tratarles como a futuros Escuderos”.

Sabemos de las numerosísimas visitas realizadas a La Platera, principalmente de la mano de las prestigiosas agencias de viaje Wagons-Lits//Cook y Viajes Meliá, para sentarse en la Silla de Sancho, inmortalizar el momento fotográficamente y recibir la Carta de la Amistad, que seguidamente reproducimos, de la que tenemos constancia que se entregaron muchos miles de ejemplares.

En el siguiente folleto promocional divulgado en 1969 por Wagons-Lits/Cook y denominado “Ruta Cervantina, por tierras de Don Quijote”, con recorrido programado para dos días de duración, se dice textualmente: “Alcázar de San Juan. Visita a la ciudad, Torre de Don Juan de Austria, Iglesia de Santa María, Museo de Mosaicos Romanos, visita de la Platera (Orden de Sancho)”.

Este folleto ilustra la importancia turística de la Orden, pero indudablemente hubo otras iniciativas. Como ejemplo vemos la ruta promovida por las Líneas Aéreas Iberia denominadaLa Gran Aventura de la Mancha”, que el diario ABC recogía así:

 Ruta turística Nueva York-Madrid-Nueva York. El próximo 1 de enero comienza la ruta turística Nueva York-Madrid-Nueva York. Durará quince días, seis de los cuales (entre el 5 y el 11) serán de estancia en la Mancha para recorrer las cuatro provincias manchegas: Ciudad Real, Cuenca, Albacete y Toledo. El 5 los expedicionarios llegarán a Alcázar de San Juan y en la finca La Platera, sede de la Orden de Sancho, recibirán la investidura de la misma, así como el diploma o carta de la amistad”.

Ni que decir tiene que los actos de investidura no se circunscribían a la simple realización de las pruebas de ingreso, normalmente iban acompañados de actuaciones folklóricas y degustaciones propias de la gastronomía y el vino manchegos. En otras ocasiones el acto quedaba realzado por la intervención artística de los propios candidatos, para el recuerdo queda el recital de guitarra que dio Segundo Pastor el día de su ingreso.  

Durante su existencia la Orden tuvo una gran presencia en infinidad de medios de comunicación, hasta el extremo de convertirse en una extraordinaria embajadora de Alcázar y en una de sus más importantes fuentes de relaciones externas. Como muestra de esa presencia en los medios reproducimos la noticia publicada en el diario La Vanguardia de Barcelona el 24 de mayo de 1967, otra más aparecida en el diario Ya de Madrid el 19 de enero de 1969 y parte del reportaje publicado por la revista Dígame, el día 25 de mayo de 1967, en donde se ve la prueba de montar en burro realizada por un aspirante y el pesaje de Julio Camarero Custance, director del semanario El Caso.

En la revista Guía del año 1967 leemos: “Uno de los más importantes medios de relación que existen en Alcázar de San Juan es la Orden de los Escuderos llamados Sancho, singularísima institución creada para exaltar la cervantina figura de Sancho Panza, cultivar la amistad, tan necesaria en estos tiempos de continuo movimiento turístico, y proyectar a todo el mundo los auténticos valores manchegos, vinculando con La Mancha a tantas gentes de buena voluntad como existen en el mundo”.

Como ya hemos apuntado la Orden se fundó en febrero de 1964, pero no fue hasta el dieciocho de octubre de 1972 cuando, al amparo de la Ley de Asociaciones, vigente en ese momento, se decidió regularizar su existencia solicitando la inscripción legal en el correspondiente registro. En la solicitud cursada, firmada por Tico Medina en su calidad de Gran Maestre de la Orden, leemos:

“Que desde el febrero de 1964 viene defendiéndose y exaltándose la gran personalidad de Sancho Panza por un grupo de personas amantes del Quijote, que desde la fecha citada componen lo que se llamó desde entonces por todos los medios de comunicación Orden de Sancho Panza. Que deseando regularizar la existencia legal de lo que comenzó como reivindicación espiritual y literaria de un personaje universal, los fundadores de la citada Orden y los que con el tiempo ha ido adhiriéndose a la misma, hemos confeccionado los Estatutos correspondientes que han sido aprobados en la sesión celebrada el día 15 del corriente y de la que se adjunta la correspondiente acta por triplicado, así como también los Estatutos”.

Hemos podido documentar nominalmente a ciento veinticinco socios de pleno derecho, con toda seguridad que fueron muchos más pero no nos atrevemos a especular con su número total. Además de los muchos alcazareños que la integraban, eran miembros de la Orden importantes personalidades del momento, estas son algunas de ellas, que por su relevancia pública entendemos que podemos relacionar:

Tico Medina. Periodista. Gran Maestre de la Orden.

Enrique Rubio Ortiz. Periodista.

Luis López Anglada. Poeta. Premio Nacional de Literatura.

Alfredo Amestoy Eguiguren. Periodista.

Antonio Irles Miñana. Cinematógrafo.

Antonio Marcos Noya. Actor.

Pablo Vila Batista. Industrial.

Gustavo Cubas Urquijo. Conde de la Almudena.

Esteban Bassols. Secretario G. Federación Española de Centros de Iniciativas y Turismo.

Luis Ponce de León Ronquillo. Médico, periodista y literato.

Luis Asmarate R. de Larramendi. Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Barcelona.

Ildefonso Miró Segret. Concejal del Ayuntamiento de Barcelona.

Oscar A. Dignoes. Jefe de la Oficina de Turismo de Austria en España.

Felipe García Alonso. Hostelero. Propietario de Torres Bermejas.

Segundo Pastor Marco. Concertista.

Heinz Standenat. Embajador de Austria en España.

Juan Frisch Deutschberger. Jefe de la Oficina de Turismo de Austria en Barcelona.

Pedro Chicote Serrano. Hostelero.

Ramón Areces Rodríguez. Empresario. Presidente del Corte Inglés.

Josita Hernán. Actriz. Conservatorio Arte Dramático París. Propietaria molino El Doncel.

Julio Camarero Custance. Periodista. Director semanario El Caso.

Luis Fruela Posada Arias. Director de programas de Radio España.

Estanislao Bernad Lucas. Periodista. Jefe de prensa de Iberia. Director de Iberavión.

Manuel Fraga Iribarne. Ministro.

José María de Porcioles. Alcalde de Barcelona.

Ana Mariscal. Actriz y productora cinematográfica.

Julio Rico de Sanz. Gobernador Civil.

José Antonio Fernández Cuesta. Economista, abogado y periodista.

José María Martínez Vall. Director del Instituto de Estudios Manchegos.

Luis Mesquita Chavarri. Ministro Plenipotenciario de Paraguay. 

León Herrera Esteban. Ministro.

Juan Bautista Gill Aguinaga. Ganadero en Paraguay.

Arcadio Larrea Palacín. Musicólogo.

Rodolfo Martín Villa. Ministro.

Antonio Camacho Jiménez. Árbitro internacional de futbol.

Federico Gallo Lacarcel. Periodista. Propietario del molino Esta es su Vida.

Luis Ángel de la Viuda Pereda. Director de R.T.V.

José María Roger Amat. Gobernador Civil.

Lucien Müller Schmidt. Exjugador y entrenador de futbol.

Federico Bravo Morate. Director General de Sanidad.

Francisco Alcalde Morcillo. Paco Alcalde. Torero.

Mari Carrillo. Actriz.

José Luis de Azcárraga. Director General de Ordenación del Turismo.

Nati Mistral. Actriz y cantante.

Harold López Méndez. Psiquiatra. Colombia. Autor del libro La medicina en el Quijote.

Oscar Rojas Jiménez. Escritor y poeta venezolano.

Javier Escrivá. Actor.

También hemos podido constatar, al recabar estos datos, que estaban en trámite de ingreso con solicitud cursada, pero a falta de hacer el trabajo sobre Sancho o realizar las pruebas exigidas, otras veintidós personas, entre ellas las siguientes:

Jesús Álvarez García. Periodista.

Pedro Echevarria Bravo. Musicólogo.

Olegario Soldevila Godó. Empresario y banquero.

Gonzalo Rodríguez Gamarra. Catedrático de Universidad en Venezuela.

José Luis Peker Alberca. Periodista.

Pedro Zaragoza Orta. Alcalde de Benidorm.

Luis Álvarez Molina. Consejero del Reino.

H. Rolando Gómez de Elena. Locutor de radio y televisión.

Félix Pérez y Pérez. Vice-Rector de la Universidad Complutense.

Javier Vázquez Domingo. Locutor R.T.V.

Miguel Alluí Escudero. Secretario General Confederación Española Cajas de Ahorro.

Así mismo eran Sanchos de Honor, quizás por su buen peso además de sus otras muchas cualidades, las siguientes personas:

Ludwig Erhard. Canciller federal de Alemania.

Edgar Neville Romrée. Diplomático, escritor y director de cine.

Manolo Morán. Actor.

Cesáreo González. Productor cinematográfico.

Santiago Bernabéu. Presidente del Real Madrid.

Fernando Sancho Les. Actor.

Juan Luis Ossorio. Marqués de la Valdavia.

Federico Moreno Torroba. Compositor.

Entre las personas identificadas es de resaltar la gran cantidad de miembros, veintiuno, residentes en Barcelona, ciudad cervantina donde las haya, pertenecientes a la Orden. Recordemos que Cervantes ya había plantado la semilla de su futuro cervantismo al escribir: “…Barcelona, archivo de cortesía, alberge de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza única” (cap. LXXII, 2ª parte).

También es importante el número, veinticuatro, de ciudadanos extranjeros y de españoles residentes fuera de España que pertenecían o habían cursado solicitud de ingreso en la Orden. No en vano en uno de sus primeros Capítulos ya se había acordado lo siguiente: “Para facilitar la adhesión a la Orden de aquellos que no puedan visitar estos lugares, el próximo Capítulo estudiará una propuesta elevada al Gran Maestre para que dispense de estos requisitos (los presenciales que figuran en la solicitud de ingreso) a quienes no puedan visitar España”.

Como se aprecia por la enorme diversidad de personas que se han enumerado, fue una asociación muy bien acogida y extraordinariamente promocionada, que despertó un enorme entusiasmo y sobre la que difícilmente podemos vislumbrar el techo que habría alcanzado. Desconocemos las causas reales de su desaparición, pero sin entrar en disquisiciones de otro tipo que no nos corresponden, pensamos que debió de tener bastantes dificultades para adaptarse a la nueva realidad social y poder realizar los cambios necesarios que en esos momentos se precisaban, acabando así con el enorme potencial que para Alcázar representaba y las muchas ventajas de promoción, especialmente turísticas, que le brindaba de forma totalmente gratuita.

Con la estructura y el formato descritos la Orden mantuvo su actividad hasta el inicio de los años 80, a partir de entonces la Orden languideció e inició una nueva y diferente andadura, diríamos que más particular y localista, es cierto que, con la entrada de nuevos miembros, pero ya sin el carácter y los fines fundacionales que constituyeron su santo y seña; pero sobre todo sin la presencia de la mayor parte de las personas que la alumbraron y que participaron en su Capítulo fundacional. Aún así, en el diario YA del 4 de septiembre de 1987, apareció un artículo con este titular: “La Orden de los Sanchos cumple sus bodas de plata”, que destilaba cierta melancolía al recordar su esplendor pasado.

No obstante, en el libro de firmas para visitantes que se siguió manteniendo en La Platera hasta el año 1997, se puede comprobar que aún llegaban allí numerosas personas que querían honrar a Sancho sentándose en su Silla de piedra y recibir la correspondiente Carta de la Amistad. Es indudable que la repercusión y notoriedad de la Orden, reflejo de la del universal personaje que le dio sentido, habían sido y aún seguían siendo extraordinariamente notables.

Hoy en día La Platera ha desaparecido, el pozo está cegado y el molino de viento Sancho Panza es una pura ruina, tan solo queda en pie la Silla de Sancho, en torno a la cual el Ateneo de Alcázar ha organizado en los dos últimos años, un encuentro homenaje a nuestro universal Escudero con lecturas de trabajos propios, la teatralización de algún capítulo de El Quijote y la actuación del Grupo de Coros y Danzas de Alcázar de San Juan. Un fuerte aplauso para esta importante y necesaria iniciativa que esperamos se siga repitiendo durante muchos años; a buen seguro que contribuirá, entre otros muchos logros, a que el recuerdo de la Orden de los Escuderos llamados Sancho sea más difícil de olvidar.

Esta información está sacada de fondos propios y de los fascículos “Guía” publicados por el Centro de Estudios Alcazareños.

                                                                                                                    Manuel Rubio Morano

                                                                      Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Misterios cervantinos

Mucho se ha estudiado y mucha tinta ha corrido y corre sobre la segunda obra más publicada después de la Biblia, el Quijote de Cervantes, pero no son pocas las cuestiones que aún están por clarificar y que podemos calificar de misterios, ya que más de cuatro siglos después siguen sin esclarecerse, algunas de ellas son las que se citan a continuación

Monumento a Miguel de Cervantes en Alcázar de San Juan, frente a la iglesia de Santa María

El Quijote se compone de dos partes; la primera publicada en 1605 en el establecimiento que regentaba el impresor Juan de la Cuesta y al que contrató para su impresión el librero Francisco de Robles y la segunda publicada en 1615.

 Es desconocido el motivo por el que Miguel de Cervantes aprovechando el primer éxito del Quijote de 1605 al convertirse la primera parte en un auténtico best seller no continúa con la segunda parte hasta nada más y nada menos que diez años después y lo que es más extraño aún, no publicar nada hasta ocho años después, cuando publicó las Novelas ejemplares, obra que tuvo  más éxito junto con  Persiles y Sigismunda, que el propio Quijote, prueba de ello es que el Quijote de 1605 solo se reeditó en España en 1608 y tardó siete años para que fuera traducido al inglés y nueve al francés. Las Novelas ejemplares fueron traducidas al año siguiente de su publicación.

Otra de las cuestiones que continúan sin aclarar es la relación entre Miguel de Cervantes y el propietario de la imprenta, Francisco de Robles, librero del Rey,  negocio muy lucrativo, hasta hoy se desconoce el motivo por el cual se aventura a publicar la obra de Cervantes, ¿Quizá para adentrarse en un nuevo negocio editorial tras el éxito del  Guzmán de Alfarache’?, pero es extraño que lo haga contando con Miguel de Cervantes, que lleva 20 años sin publicar nada, desde la publicación de La Galatea en 1585 ya que según el mismo Cervantes, tuvo otras cosas en qué ocuparse y también es extraño que Don Miguel sea unos de los pocos autores modernos al que le va a editar Robles sus obras.

Es totalmente desconocida la relación que unió a Cervantes con Robles, así como también el origen de la deuda que en 1607 mantenía Cervantes con él de 450 reales.

No se sabe qué relación comercial tuvo Francisco de Robles con Cervantes, pero causa extrañeza también que, según la praxis de la época, una obra que una vez que el librero pagaba al autor por su licencia y privilegio de impresión podía hacer con ella prácticamente lo que quisiera, desde cambiar el título de la obra, como es el caso del Quijote, (inicialmente su título era El Ingenioso Hidalgo de la Mancha y finalmente se publicó como El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha), hasta la propia división del libro en capítulos, que en la versión final eran mucho más abundantes.

Cervantes colaboró activamente en muchas modificaciones que sufrió la primera edición cuando se forjó la segunda edición del primer Quijote, lo que era totalmente anormal.

Tampoco se sabe por qué en la época de la publicación del Quijote tras conocerse el éxito de la obra, no se reconoció la figura de su autor.

El ingenioso hidalgo de 1605 y de 1614, pasó en 1615, con la segunda parte de Cervantes a ingenioso caballero, título que solo aparecerá en los preliminares en la aprobación del licenciado Márquez Torres, pues en el resto de los documentos legales se alterna entre segunda parte de Don Quijote de la Mancha y Don Quijote de la Mancha, segunda parte.

Otro aspecto aun no aclarado es el motivo que lleva a Miguel de Cervantes a escribir para criticar los libros de caballerías, cuando estos apenas tenían vigencia alguna en 1605. Nos preguntamos si el Quijote no es una crítica ni una sátira a los libros de caballerías, sino que pudiera ser una sátira a un caballero en particular.

Cervantes satiriza al VII duque de Medina Sidonia en dos sonetos. Es el primero un canto extemporáneo a la conquista de una isla, denominada la Terceira por el marqués de Santa Cruz, en clara referencia al fracaso de la mal llamada “Armada invencible”, pues recalca que, de no haber muerto el marqués, la reina Isabel de Inglaterra y la herejía hubieran sido erradicadas. En el segundo soneto, dedicado al saqueo de Cádiz, ocurrido en 1596, ridiculiza las milicias de Sevilla y al capitán Becerra, por no llegar a tiempo, corriendo igual suerte, Don Alonso Pérez de Guzmán. Este episodio fue sufrido en España como una tragedia nacional y una irreparable humillación.

La casa de Medina Sidonia nace en 1294 al recurrir el rey Sancho IV a Alfonso Pérez de Guzmán para la defensa de Tarifa, convertida en leyenda, según la cual Alfonso Pérez de Guzmán lanzó un cuchillo desde su castillo para que mataran a su hijo antes de sucumbir al chantaje que le hacían los sitiadores, tras haberle conseguido apresar, les gritó ”matadle con este, si lo habéis determinado, qué más quiero honra sin hijo, que hijo con mi honor manchado”, por lo que Sancho IV además de procurarle el señorío de Sanlúcar añadió a su nombre el calificativo de “Bueno”, como Cervantes llamo a don Quijote, “el bueno”.

El VII Duque de Medina Sidonia fue nombrado el 1 de enero de 1588 Capitán General de las costas de Andalucía, para facilitar la formación de la Armada Invencible, en la cual Don Alonso Pérez de Guzmán, en esas fechas colaboraba en su abastecimiento, así como Miguel de Cervantes.

El 21 de marzo del mismo año, 1588, tras la muerte del marqués de Santa Cruz se le nombra Capitán General del Mar Océano, llamándole el rey Felipe II en su nombramiento por escrito Alonso Pérez de Guzmán “El Bueno” y a partir de entonces este se llamó así en todos los documentos oficiales.

La pretendida invasión de Inglaterra tuvo lugar en el contexto de la guerra anglo-española entre los años 1585 y 1604, Felipe II decidió articular el ataque conjuntamente, y de manera compleja, desde Portugal y desde las posesiones españolas en los actuales Países Bajos, contando con la colaboración del duque de Parma en Flandes y con el marqués de Santa Cruz en Lisboa, el plan consistía en hacer llegar la armada a través del Canal de la Mancha, llevarla hasta los Países Bajos y embarcar los soldados de los tercios de Flandes para posteriormente ejecutar la invasión de Inglaterra.

Especialmente Miguel de Cervantes debió acusar mucho el fracaso de la Grande Armada, en el Canal de la Mancha, debemos tener en cuenta que parte de su actividad profesional fue aprovisionador para la empresa de Inglaterra.

En 1596 la ciudad de Cádiz fue saqueada durante 24 días por los ingleses, concretamente por una armada comandada por el II conde de Essex y por entrar en dicha ciudad el VII duque de Medina cuando ya no quedaba ningún inglés, fue por ello acusado de incapaz y cobarde.

Este hecho histórico de la invasión de Inglaterra fue una auténtica debacle en la época, fue calificada como la mayor perdida que ha padecido España en cientos de años, una empresa, la de Inglaterra que Felipe II sentía que Dios le había encomendado para que los ingleses volvieran a la fe católica, por lo que con la ayuda de Dios no podía fracasar. Muestra de ello es que cuando la armada partió de Lisboa en su estandarte portaba la leyenda “Defensor Fidei”.

Si las consecuencias del desastre de 1588 pudieron ser sorteadas por don Alonso con cierto éxito, bajo el poderoso argumento de haber desaconsejado la expedición, la incapacidad de defender la costa encomendada a su custodia (saqueo de Cádiz en 1596) iba a generar un problema mayor para el duque, ya que hizo que se volvieran no pocos ojos acusadores hacia él. El éxito inglés fue entendido como un fracaso personal de Medina Sidonia.

Como consecuencia y con respecto al Algarve, Felipe II comunicó a Medina que había decidido nombrar al marqués de Gibraleón -más tarde también duque de Béjar (a quien dedicaría Cervantes la primera parte del Quijote)-, como capitán de los hombres que acudiesen a la defensa de Portugal, las tropas de las que Gibraleón dispondría procederían de los marquesados de Alcalá, Villamanrique, Villanueva del Fresno y Gibraleón, el condado de Niebla y la ciudad de Sevilla.

Otro aspecto enigmático es la dedicatoria de la primera parte de Cervantes al duque de Béjar, Don Alonso Diego de Guzmán VI duque de Béjar (marqués de Gibraleón) con quien no se conoce relación alguna, ni antes, ni después de la misma.

Los duques de Béjar desde 1565 vivían en una situación manifiesta de pobreza y alejados de la corte.

En 1567 Francisco Diego López de Zúñiga y Sotomayor, V duque de Béjar, casa con María Andrea Coronel de Guzmán, hermana mayor del VII duque de Medina, por lo que el VII duque de Medina y el V duque de Béjar se convirtieron en cuñados. Del matrimonio citado nace Alonso Diego López de Zúñiga y Sotomayor, que a la postre sería el VI duque de Béjar, sobrino de Alonso Pérez, al que Cervantes le dedica el Quijote.

La relación entre las casas de Medina y la de Béjar no parecía ser muy buena, además del episodio que comentábamos con anterioridad sobre que Felipe II tras el desastre de la pretendida invasión de Inglaterra en 1588 concede la vigilancia del Algarve al marqués de Gibraleón, (con posterioridad también duque de Béjar), en perjuicio de Medina Sidonia. En 1601 el recién nombrado VI duque de Béjar, tras una jornada de caza en posesiones del VII duque de Medina Sidonia, totalmente ofuscado, mata de tres arcabuzazos a un novillo, teniendo que pedir excusas por escrito de ello.

El hijo del VII duque de Medina Sidonia, que a la postre sería el VIII de su linaje en 1603 tras su matrimonio con la hija de Lerma fue nombrado Capitán General de Galeras, cargo que seguramente sería codiciado por el duque de Béjar…   

Otro de los grandes misterios Cervantinos es la autoría de la continuación del Quijote, obra publicada en 1614, el conocido como Quijote de Avellaneda. ¿Qué razón movió a su autor tantos años después a continuar la obra comenzada nueve años atrás por Cervantes?

Como saben, en 1614 se publicó una segunda parte de las aventuras de don Quijote por un hasta ahora desconocido autor, que salvando el prólogo en el que se ataca despiadadamente a Cervantes, es una continuación perfecta de la primera parte de don Miguel, por parte de uno de los mejores lectores-críticos de su época, que hizo terminar a Cervantes su casi ultimada segunda parte, la que ha pasado a la historia como el germen de la novela moderna.

Tema por aclarar también es a qué se refiere Avellaneda cuando escribe que Cervantes había abusado de los sinónimos voluntarios, y nos preguntamos si no serían los sinónimos los personajes reales en los que se inspira, siendo para la figura de don Quijote, el VII duque y Pedro de Salinas para la figura de Sancho. Pedro de Salinas, servidor que destacaba como preferido de la confianza del VII duque de Medina Sidonia y que era muy aficionado a dar consejos ¿Qué mejor manera de dar consejos que como lo hacía Sancho Panza, con refranes?

Pero aún queda por plantear una duda, un nuevo misterio, uno más de los que rodean a Cervantes en esos años ¿Qué movió a Alonso Fernández de Avellaneda o a quien se esconda detrás de este nombre (con una manifiesta enemistad personal hacia Cervantes), a llevar a cabo la continuación del Quijote tantos años después de publicada la primera parte? En 1605 estaba ya escrita la parodia del personaje de Ginés de Pasamonte, y en 1605 ya se difundieron las críticas a Lope de Vega y a su modelo de teatro, triunfante más a lo largo de estos últimos años ¿Por qué esperar nueve años si lo que quería era también desterrar la perniciosa lición de los vanos libros de caballerías, tan ordinario en gente rústica y ociosa y al mismo tiempo quitarle la ganancia de su segunda parte?

¿Acaso en estos nueve años no ha visto cómo la estrella editorial del Quijote ha decaído, desde el éxito inicial de 1605, ya que solo se reeditó en suelo hispánico en 1608, y sin mucha fortuna, con lo que hablar de ganancia tiene que ser más allá del éxito en las prensas?

En el Quijote de Avellaneda existen reiteradas citas alusivas tanto a la orden religiosa denominada los dominicos, así como a la devoción por el Rosario.

Martín de Riquer, como saben, reconocido cervantista, manifestó que Avellaneda tenía simpatía por la orden dominica y por el Rosario. Debido a las reiteradas alusiones varios autores han afirmado que el autor del Quijote de Avellaneda debía pertenecer a la orden de la iglesia católica denominada los dominicos.

Volviendo a la historia de los antepasados del duque de Medina Sidonia, a la dinastía de los Guzmanes, la Virgen se apareció en 1208 por primera vez en Francia al fundador de los religiosos dominicos, al que posteriormente fuera Santo Domingo de Guzmán (antepasado del VII duque de Medina Sidonia), fue en la iglesia de Prulla, en Languedoc (Francia), lugar considerado como la cuna de los dominicos, enseñándole a rezar el rosario.

En cuanto a las referencias a la Virgen del Rosario, el más preciado tesoro de la archicofradía de la Virgen del Rosario de Sanlúcar de Barrameda (lugar de residencia de los duques de Medina Sidonia) es una imagen tallada en 1556 de la Virgen del Rosario, conocida como la “Galeona”, que navegaba en la nao capitana protegiendo la flota de galeones en sus viajes de ida y vuelta a América.

Si la obra el Quijote de Avellaneda hipotéticamente hubiera sido un encargo del VII duque de Medina Sidonia, para -entre otras cosas- quitarle la ganancia a Cervantes y ajustar cuentas pendientes con él, tras conocer que este se encontraba finalizando su segunda parte ¿el autor de la misma no hubiera intentado congratularse con el duque para que quedase cuanto más satisfecho mejor con la obra, y qué mejor manera hacerlo que con continuas citas a los dominicos y al Rosario, dada la vinculación de ambos con la casa de Medina Sidonia?

Cuestión por aclarar también es que Cervantes a pesar de ser ignorado por sus contemporáneos, tras la autoría del Quijote, es desconocido el motivo por el cual fue ayudado por la familia más influyente de la época, primero por el conde de Lemos, virrey de Nápoles, sobrino y yerno del todopoderoso duque de Lerma, valido de Felipe III y posteriormente también fue apoyado por el cardenal e inquisidor general Bernardo Sandoval y Rojas, tío del duque de Lerma.

Para el duque de Lerma, casar a su hija con el heredero de la principal casa de Castilla fue un éxito sin apenas costos económicos, y que los 100.000 ducados de la dote los pagó como regalo de bodas, el mismísimo Felipe III. Apenas unas semanas después del ascenso al trono de Felipe III, concretamente el 16 de noviembre de 1598 se firmaron las capitulaciones matrimoniales.

El VII conde de Medina Sidonia,fue nombrado consejero de Estado y de Guerra, como consecuencia de la alianza matrimonial de su hijo con la hija de Lerma.En los primeros meses del nuevo reinado, tuvo lugar la sustitución de la llamada Junta de la Noche por un Consejo de Estado ampliado y fortalecido. De este modo el VII duque entraba a formar parte del que estaba proyectado a ser máximo órgano consultivo del reino.

Manuel Alonso (conde de Niebla) fue nombrado cazador del rey y gentilhombre de la cámara del rey, al parecer con la llave de oro que daba acceso a la persona real en 1599 y lugarteniente de su padre (VII duque de Medina Sidonia) y sucesor automático en la capitanía general en 1602.Al año siguiente , en 1603 también fue nombrado Capitán General de Galeras, aun así Niebla abandonó la corte muy a pesar de la opinión de su padre, desconociéndose el motivo, encontrándose su padre en 1603, muy deprimido.

La mayoría de las obras de Cervantes están dedicadas al conde de Lemos, durante el periodo en el que el conde de Lemos se encuentra en Nápoles ejerciendo el cargo de virrey; en esos seis años que terminarán un 8 de julio de 1616, con su vuelta a Madrid. Regreso provocado por ser reclamado por Lerma en su apoyo, ya que la situación política de este se había debilitado mucho, incluso su hijo el duque de Uceda estaba en su contra, habiendo perdido gran parte del prestigio que gozaba con Felipe III.

Quizás Lemos temeroso de que, en su ausencia en el virreinato de Nápoles, su cuñado Niebla (futuro VIII duque de Medina Sidonia, la casa señorial más poderosa de Castilla) le sustituyera como aspirante a valido, lanzó una campaña de desprestigio contra él, en forma de la segunda parte del Quijote de Cervantes, con el fin de ser el elegido por el suegro de ambos, Lerma, para su sucesión en el puesto de máxima confianza de Felipe III.

 Quizás, solo quizás…

Alonso M. Cobo Andrés

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Refranes cervantinos para reflexionar

Desde este domingo 20 de septiembre la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan ha comenzado a difundir en sus redes sociales los refranes del Quijote en vídeo, adornados con imágenes de las obras del pintor alcazareño José Luis Samper

Figuras realizas por Alfarería Hermanos Peño de Villafranca

Alcázar de San Juan, 21 de septiembre 2020.- Con la cuidada locución de nuestro socio Manuel Castellanos Tejero, y utilizando la obra pictórica del alcazareño José Luis Samper, la Sociedad Cervantina de Alcázar ha acometido una nueva actividad consistente en la difusión de los refranes del Quijote en formato vídeo, dándolos a conocer a través de sus diferentes redes sociales, Instagram, Twitter y Facebook.

La serie ha comenzado este domingo 20 de septiembre y está previsto que tenga una periodicidad semanal, de forma que cada fin de semana los seguidores de la Sociedad puedan ir coleccionando cada uno de los refranes que se irán publicando y que además serán comentados explicando su significado.

En este tiempo que vivimos en que todo es agobio y prisas, parece necesario pararse un poco a reflexionar sobre estos refranes que nos transmiten las enseñanzas acumuladas por la experiencia y no encontramos mejor momento para ello que el fin de semana en que todos paramos un poco la velocidad de nuestra actividad semanal.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

View this post on Instagram

Refranes del Quijote

A post shared by SOCIEDAD CERVANTINA DE ALCÁZAR (@sociedadcervantinaalcazar) on

QuijotEpub gratis en cervantesalcazar.com

Las aventuras de don Quijote de la Mancha nunca así contadas’, un texto que ‘aligera’ la obra de Cervantes para acercarla a un público más amplio. Esta edición de Enrique Suárez Figaredo y la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan se encuentra ahora disponible en formato Epub para lectura en dispositivos electrónicos

Todas aquellas personas que quieren dejar de ser uno de esos ocho de cada diez que aún no han leído el Quijote se están quedando sin excusas para no hacerlo porque ahora la Sociedad Cervantina de Alcázar lo ha colgado gratis en su web cervantesalcazar.com y en formato epub para lectura en toda clase de dispositivos electrónicos.

Enlaces de descarga:

https://cervantesalcazar.com/web/pdf/primera_parte.epub

https://cervantesalcazar.com/web/pdf/segunda_parte.epub

Las aventuras de don Quijote de la Mancha nunca así contadas, una edición firmada por Enrique Suárez Figaredo, que aligera el texto original y lo circunscribe a las aventuras del hidalgo y su escudero.

Se trata de una versión que “no es para expertos cervantistas ni para estudiosos del Quijote”, que ya tienen a su disposición una amplia bibliografía, sino que es más bien una “versión de acceso” para quienes nunca lo han leído o para quienes no lo han terminado. El texto es un 25% menos voluminoso (aun así, roza las mil páginas) y en el que se han suprimido las novelas cortas intercaladas y “sólo han persistido las aventuras de don Quijote y Sancho Panza para que ambos permanezcan continuamente ante la vista del lector”.

Además, se han corregido erratas y eliminado “los trucos de los cajistas y componedores para adaptar el texto a cada plana” y se ha editado tanto la sintaxis cuando resultaba confusa como el vocabulario, ahora más asequible. Del mismo modo se ha homogeneizado el lenguaje de varios personajes, sobre todo Sancho Panza, y se han reordenado los capítulos en pos de una mejor organización del conjunto.

El objetivo, es proporcionar al lector un “camino fácil por donde llegar al producto principal” y hacer que la lectura resulte más fluida, porque “leer el Quijote no debe ser un sacrificio”. Quizás con esta versión más ligera se despierte en algún lector el gusanillo y el deseo de conocer la obra original de Cervantes.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Una curiosa asociación: la Singer Sewing Machine y el Quijote

La pequeña historia de las SINGER Sewing Machines es apasionante. El inventor y fundador de la empresa fue el polifacético Isaac Merritt Singer (1811-1875), y llego a tener su sede en el Singer Building de New York, que durante un año ostentó el récord de más alto del mundo. La verdad es que las máquinas de coser no eran una novedad en USA a mediados del siglo XIX: Elías Howe había patentado el primer prototipo en 1846 y se hallaba enzarzado en una guerra judicial con el verdadero inventor, Walter Hunt, que aún no la había patentado, pero aquel artefacto estaba lejos de ser un producto comercializable.

La verdadera vocación de Mr. Merritt era la de actor teatral, incluso montó una efímera compañía: The Merrit Players, pero tenía madera de inventor y había alquilado un espacio en una tienda de exhibición en Boston buscando compradores de su máquina para tallar piedra. Fue allí donde vio una Howe en funcionamiento y le bastaron unos minutos para detectar en qué debía mejorarse. Incluso es posible que ya entonces cayese en la cuenta de que su segundo apellido sería perfecto para la que iba a ser su nueva criatura. El modelo que patentó en 1851 funcionó muy satisfactoriamente, aunque su estética resultaba excesivamente industrial y se accionaba a manivela; pero el pedal del New Family model de 1865 permitía que la costurera se ayudase de ambas manos para desplazar la tela bajo la aguja (la manivela quedó relegada a la versión portátil), y eran hermosas, sencillas y prácticamente indestructibles. Su diseño estaba tan optimizado, que bien puede decirse que las de otras marcas posteriores no pasaron de réplicas.

En pocos años las SINGER Sewing Machines se vendían en todo el mundo occidental. El mercado español parecía poco atractivo a los altos ejecutivos de la sede central, pero las hacendosas españolas iban a propinarles una gran sorpresa. Y habría sido mayúscula si las máquinas se hubiesen fabricado en nuestro país (se importaban desde el Reino Unido). SINGER buscó colaboradores locales y montó muchísimas tiendas de exposición dispersas por nuestra geografía, siempre en emplazamientos muy céntricos y con llamativos escaparates. El mueble sí se fabricaba en España, y las clientas elegían el que creían conveniente. En el periodo 1915-1925 llegaron a venderse una media de 75.000 unidades al año. El éxito se debió a la posibilidad de adquirirlas a plazos, a las demostraciones casa por casa (con nutrida asistencia de vecinas y amigas) y a los cursillos que se impartían en las numerosas tiendas (todo como en USA). En definitiva, un producto imprescindible en su tiempo, práctico, fiable y auxiliado de una ejemplar comercialización.

SINGER dominó el mercado español hasta que la empresa armamentística eibarresa ALFA fabricó una máquina de coser prácticamente idéntica, si bien con una decoración espartana. La producción fue modesta en las primeras décadas y la empresa estuvo a pique de desaparecer en los años siguientes a la Guerra Civil Española (había nacido como cooperativa sindical), pero resultó muy beneficiada de la II Guerra Mundial, porque las factorías de sus competidoras hubieron de fabricar suministros para sus ejércitos. Luego las ALFA llegaron a venderse en medio mundo.

Pero en los primeros años del siglo XX la  gran competidora de SINGER (incluso en el apartado decorativo) fue la alemana WERTHEIM, cuyo fundador Joseph Wertheim (1834-1899) había trabajado como aprendiz en la fábrica SINGER de New York. La gran factoría estaba en Frankfurt, pero a partir de 1915, con la industria alemana volcada en la I Guerra Mundial, Karl Gustav Wertheim (1868-1945) llegó a un acuerdo con los otros herederos y empezó a producirlas en Barcelona, donde residía desde 1888, con la marca WERTHEIM RÁPIDA S.A. La empresa siguió el exitoso modelo comercial de SINGER: muchas sucursales, impartición de cursillos y venta a plazos. Con menores dificultades de abastecimiento y mano de obra que en la Alemania de postguerra, y exentas de impuestos de importación, las WERTHEIM españolas pudieron venderse con la misma cuota semanal que las SINGER: dos pesetas y media.

La fábrica fue colectivizada por los anarquistas durante la Guerra Civil Española, y Karl Gustav Wertheim aceptó ser un simple oficinista. Finalizada la guerra, en aquella España que simpatizaba con el nazismo, Karl Gustav podría haber sido detectado y reclamado por la Gestapo (el apellido paterno era llamativamente judío); pero bien fuese porque años antes había pasado a llamarse Carles Vallín y Ballín, bien porque la España franquista cuidaba del empresariado catalán, logró evadir semejante peligro.

Poco después de su fallecimiento, y por una de aquellas piruetas del destino (si no fue cosa de la justicia divina), la fábrica barcelonesa pasó a producir máquinas de la marca SINGER. De la escasez a la abundancia: en los años cincuenta del pasado siglo hubo cuatro fábricas de máquinas de coser en España, porque a las SINGER (antes WERTHEIM) y ALFA se sumaron las REFREY, fabricadas en Vigo, y las SIGMA, fabricadas en Elgóibar, a escasos diez kilómetros de Éibar, por la empresa Estarta y Ecenarro. Con el tiempo, algunas de esas firmas acabaron dedicándose más al sector industrial que al doméstico.

Olvidábaseme de decir que el bueno de Mr. Singer tenía una pésima opinión del intelecto femenino (se llegó a decir que la gran ventaja que vio en su invento era que prometía mantener calladas un rato a las esposas), pero vivió rendido con armas y bagajes a sus encantos, al punto que acumuló 24 hijos con cinco mujeres distintas. Una de sus hijas, Winaretta (1865-1943), mecenas y musa parisina, fue quien encargó en 1918 a Manuel de Falla  su obra El retablo de Maese Pedro, representada cinco años después en el palacete de la Princesse de Polignac, es decir, Winaretta Singer, que, aunque lesbiana, estuvo casada con Edmond de Polignac (1834-1901), un noble venido a menos y mucho mayor que ella: perfecto matrimonio de conveniencia, pues Edmond era homosexual. Eso fue en segunda nupcias: su primer matrimonio fracasó porque ella se negó a consumarlo (entre la haute société parisina se rumoreó que, la misma noche de bodas, Winaretta amenazó de muerte a su flamante esposo si osaba ponerle las manos encima).

Winaretta tuvo algún que otro affaire con mujeres casadas, lo que dio lugar a otra jugosa anécdota. En el transcurso de una soirée, uno de los maridos afectados se planto ante ella y con voz estentórea le dijo algo similar a esto: Si vous êtes aussi viril que vous le paraissez, sortez et combattez avec moi. Estas anécdotas pueden ser tan falsas como un duro sevillano, pero evidencian que doña Winaretta fue mujer de armas tomar y que vivió como le vino en gana (favorecida de su posición económica y social), y si las encendidas feministas de nuestros días llegasen a conocer su vida y milagros, le erigirían, cuando menos, un templete.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es siner-2-1.png

Otro de los seis hijos del ya cincuentón magnate y la veinteañera francesa Isabella Eugénie Boyer (1841-1904), fue Paris Singer (1867-1932) Este hermano de Winaretta cojeó del mismo pie que su progenitor, pues, aunque casado, mantuvo un tórrido romance (hijo incluido) con la famosa y desdichada bailarina norteamericana Isadora Duncan (1877-1927), fallecida por estrangulamiento cerca de Niza cuando el larguísimo foulard que llevaba al cuello se enredó en los radios de una rueda del automóvil en que viajaba.

Pasemos ahora a lo que interesará a los quijotistas. En 1905, III Centenario del Quijote, aparecieron en España las diez exquisitas (y descaradamente publicitarias) tarjetas postales de SINGER, estampadas por el litógrafo madrileño Bernardo Rodríguez. Las ilustraciones no llevan firma, pero en algunas de ellas salta a la vista que su autor se inspiró en las ya muy conocidas del barcelonés Jaume Pahissa i Laporta (1846-1928), divulgadas en los cromos que acompañaban los productos de Chocolates Amatller. Fue mi amigo y consocio Constantino López Sánchez-Tinajero quien me dio a conocer su existencia, y las que obtuve de la página web Biblioteca Histórica Municipal de Madrid sólo han precisado un ligerísimo retoque para darles algo más de viveza. En las postales se muestran los modelos fijo y portátil (no tanto, pues pesaba más de 10 kg) y el comentario al pie de cada postal no tiene desperdicio (mi preferida es la núm. 4). Ni siquiera se desaprovechaba el dorso, pues en él se indicaba la cuota semanal para la compra de una de sus máquinas. Todo indica que sólo se distribuyeron en Madrid; del resto se encargaría el servicio de Correos: idea genial que el avispado fundador habría aplaudido. 

 

                                                                                          Enrique Suárez Figaredo

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Las primeras postales de tema quijotesco en España (II)

Constantino López Sánchez-Tinajero

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

La segunda serie en orden cronológico fue impresa en 1902 y se trata de una colección de 20 tarjetas postales editada por Hauser y Menet, que reproducen escenas de la primera parte del Quijote, dibujadas por García Sampedro, acompañadas de un breve párrafo alusivo al pasaje correspondiente de la novela de Miguel de Cervantes.

Tienen un tamaño de 9 x 14 cm, y están impresas en tinta sepia sobre cartulina beige. Se realizaron mediante fototipia (recordamos que es una técnica consistente en la impresión de láminas estampadas con un procedimiento en el que se reproduce un cliché formado por relieves de gelatina entintada sobre un soporte de vidrio, que posteriormente se imprime por presión sobre el papel).

La serie de 20 postales fue puesta en circulación en 1902 por la imprenta de artes gráficas española constituida en Madrid en 1890 por los fotógrafos suizos Oscar Hauser Müller y Adolfo Menet Kurstiner. La imprenta destacó por sus trabajos en fototipia y por la impresión de tarjetas postales (llegando a producir 500.000 mensuales), algunas de cuyas colecciones se guardan en diversas instituciones internacionales.

Luis García Sampedro (Barcelona, 1872-Madrid, 1926), pintor e ilustrador español que estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Jorge de Barcelona, y en la de San Fernando de Madrid. Se especializó en la pintura decorativa y costumbrista. Prolífico dibujante, fue autor de numerosos carteles publicitarios, como los dedicados al Círculo de Bellas Artes de Madrid. Como ilustrador trabajó en el libro Tradiciones de Toledo, de Eugenio Olaberría (Fernández, D. en E.M.N.P., Madrid, 2006, tomo IV, p. 1133).

La colección de postales abarca los veinte primeros capítulos del Quijote de 1605 -en esto no se diferencian demasiado de las series de azulejos cerámicos que proliferaron en las diferentes fábricas de Triana (Sevilla) a comienzos del siglo XX-, como ya se ha referido se acompañan de un breve texto descriptivo de la imagen y el capítulo al que pertenecen, de modo que hay una postal por cada capítulo entre el 1 y el 20 de la novela, coincidiendo la numeración de las postales con la de su capítulo correspondiente.

Su particularidad es que no han formado parte de la ilustración de ninguna edición del Quijote, tan solo se imprimieron como postales para darles uso, que normalmente era el de ser circuladas en los envíos postales, en una serie propia que esta casa de impresores creó con este motivo, como lo hizo con muchas otras series dedicadas por ejemplo a Retratos de los reyes, Vistas y monumentos de España, Costumbres y tipos españoles, Cuadros del Museo del Prado, etc…

Es tan poco conocida esta colección, que no la hemos encontrado catalogada en ninguna publicación. En la obra Iconografía popular de El Quijote, publicada por la Empresa pública don Quijote de la Mancha 2005, S. A. que editó la JCCM y coordinó Óscar Fernández Olalde, se hace somera referencia a esta colección y recoge la imagen de sólo dos postales: las identificadas con los números 3 y 5.

El único lugar donde la hemos encontrado referenciada con algo más de detalle ha sido en la Biblioteca Nacional de España, donde se conserva la colección completa junto con la mayor colección de postales de España y que nos la ha facilitado para este artículo.

La colección consta de las siguientes tarjetas:

1.- Don Quijote leyendo libros de caballerías (DQ I, 1)

Imágenes propiedad de la Biblioteca Nacional de España

2.- Don Quijote llega a la venta (DQ I, 2)

Imágenes propiedad de la Biblioteca Nacional de España

3.- Don Quijote es armado caballero (DQ I, 3)

Imágenes propiedad de la Biblioteca Nacional de España

4.- Don Quijote ordena desatar a Andrés del árbol (DQ I, 4)

Imágenes propiedad de la Biblioteca Nacional de España

5.- El labrador lleva de vuelta a casa a don Quijote (DQ I, 5)

Imágenes propiedad de la Biblioteca Nacional de España

6.- El escrutinio de la librería de don Quijote (DQ I, 6)

Imágenes propiedad de la Biblioteca Nacional de España

7.- Segunda salida de don Quijote (DQ I, 7)

Imágenes propiedad de la Biblioteca Nacional de España

8.- Aventura de los molinos de viento (DQ I, 8)

Imágenes propiedad de la Biblioteca Nacional de España

9.- La batalla de don Quijote con el vizcaíno (DQ I, 9)

Imágenes propiedad de la Biblioteca Nacional de España

10.- Don Quijote y Sancho conversan tras la aventura del vizcaíno (DQ I, 10)

Imágenes propiedad de la Biblioteca Nacional de España

11.- Discurso de don Quijote a los cabreros (DQ I, 11)

Imágenes propiedad de la Biblioteca Nacional de España

12.- Don Quijote y Sancho en la choza de los cabreros (DQ I, 12)

Imágenes propiedad de la Biblioteca Nacional de España

13.- Los cabreros transportan el cuerpo de Grisóstomo (DQ I, 13)

Imágenes propiedad de la Biblioteca Nacional de España

14.- El entierro de Grisóstomo (DQ I, 14)

Imágenes propiedad de la Biblioteca Nacional de España

15.- Aventura de los yangüeses (DQ I, 15)

Imágenes propiedad de la Biblioteca Nacional de España

16.- Disputa en la habitación de la venta por Maritornes (DQ I, 16)

Imágenes propiedad de la Biblioteca Nacional de España

17.- El manteamiento de Sancho (DQ I, 17)

Imágenes propiedad de la Biblioteca Nacional de España

18.- Aventura de los carneros (DQ I, 18)

Imágenes propiedad de la Biblioteca Nacional de España

19.- Don Quijote y la aventura de los encamisados (DQ I, 19)

Imágenes propiedad de la Biblioteca Nacional de España

20.- Aventura de los batanes (DQ I, 20)

Imágenes propiedad de la Biblioteca Nacional de España

En la obra Iconografía popular de El Quijote, publicada por la Empresa Pública Don Quijote de la Mancha 2005, S. A. que editó la JCCM, coordinada por Óscar Fernández Olalde, se hace somera referencia a esta colección y recoge la imagen de sólo dos de sus postales, las identificadas con los números 3 y 5.

No hemos encontrado más referencias a estas postales. Casualmente quien nos ha suscitado interés por esta colección ha sido el coleccionista Jesús Senén Heras de Puebla de Almoradiel (Toledo), quien posee 16 tarjetas originales de esta colección, es el coleccionista privado del que tenemos noticia que tenga un mayor número de unidades conservadas.

Tarjeta postal nº 16 (anverso) de la colección de Hauser &Menet de 1902, propiedad de Jesús Senén
Tarjeta postal nº 16 (reverso) de la colección de Hauser &Menet de 1902, propiedad de Jesús Senén
Cuadro donde Jesús Senén Heras expone su colección

Le faltan las tarjetas números 4, 15, 18 y 20 para completar la colección, pero aun así, su colección es digna de admiración.

De esta colección poseen también el ejemplar nº 7 Laura Valeriano y Paco de la Torre, coleccionistas citados anteriormente, esta tarjeta postal está circulada desde La Habana el 15-09-1902.

Anverso
Reverso

También posee el ejemplar nº 4, el que se refiere a Andrés atado a un árbol al que azota Juan Haldudo, nuestro consocio Zacarías López-BarrajónBarrios de Quintanar de la Orden.

Como se puede comprobar, hay en Castilla-La Mancha y en el propio seno de nuestra Sociedad, coleccionistas de toda clase de iconografía quijotesca y concretamente de tarjetas postales.

Espero que este trabajo pueda llenar el vacío existente que yo me encontré cuando buscaba información sobre estas primeras colecciones de postales sobre el Quijote en España.

De este modo hago justicia a los pioneros que apostaron por este medio (llamado efímero) y que hoy, 120 años después, todavía nos siguen hablando de la historia de su época, constituyéndose en su día en un medio tan dinámico y viajero de intercambio de correspondencia con el que lograron dar difusión a la obra de Cervantes, objetivo que la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan comparte plenamente, no en vano, es uno de sus objetivos fundacionales, siendo la propagación del conocimiento de su obra el motivo impulsor de la escritura de este artículo.

BIBLIOGRAFÍA

  • Catálogo de las primeras tarjetas postales de España impresas por Hauser y Menet (1892-1905). Casa Postal. Madrid, 1992
  • España en la tarjeta postal. Un siglo de imágenes. Bernardo Riego Amézaga. 2010
  • Fotografía y patrimonio. II Encuentro en Castilla-La Mancha. Lucía Crespo Jiménez y Rafel Villena Espinosa
  • Iconografía popular de El Quijote, publicada por la Empresa pública don Quijote de la Mancha 2005, S. A. JCCM. Coordinada por Óscar Fernández Olalde.
  • La imagen del Quijote en el mundo. Carlos Alvar
  • La tarjeta postal como documento. Estudio de usuarios y propuesta de un modelo analítico. Aplicación a la colección de postales del Ateneo de Madrid. Marina López Hurtado. 2013. (Tesis Doctoral)
  • Las tarjetas postales en España. Francisco Carreras y Candi. 1903
  • “No me mandes más vistas: los poetas decimonónicos en las series de tarjetas postales de Hauser y Menet (1901-1906)”. Marta Palenque. Artículo incluido en el volumen colectivo: Álvaro Ceballos Viro (ed.), La retaguardia literaria en España (1900-1936), Madrid, Visor, 2014, 271-302.

Las primeras postales de tema quijotesco en España (I)

Constantino López Sánchez-Tinajero

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Las primeras tarjetas postales vieron la luz en la ciudad de Viena en 1869 y posteriormente llegaron a España hacia finales del año 1873. En un primer momento se trataba de enteros postales (es decir, una tarjeta de cartulina con un sello ya impreso de la Dirección General de Correos) y no llevaban dibujos ni imágenes.

A partir de 1875 se comienzan a generalizar los paisajes en las ilustraciones, estableciéndose en 1878 durante el Convenio de Paris su tamaño estandarizado de 14 x 9 cm. En la década de 1890 se activó la producción y puesta en circulación de postales ilustradas que, adoptando el reglamente de la Unión Postal Universal, tenían una imagen en el anverso, mientras que en el reverso guardaban el espacio para anotar la dirección del destinatario, por lo que el texto escrito del emisor debía ir sobre el dibujo o aprovechando posibles márgenes. Este auge coincide con el desarrollo de la fotografía y fueron las llamadas tarjetas postales de vistas, aquellas que consagran instantáneas de ciudades y de monumentos, las que alcanzaron una mayor difusión y popularidad.

Desde ese momento la postal adquirió mayor importancia, dejó de ser un mero elemento de correspondencia para convertirse en documento (ya que tenía información plasmada en un soporte) y comenzó a ser un objeto atesorado por coleccionistas de todo el mundo, que empleaban este tipo de comunicación postal para conocer el estado de otros países y también para intercambiárselas y aumentar sus respectivas colecciones.

A partir de 1897 en que apareció la fototipia, se impulsó la difusión y circulación de la tarjeta postal ya que este medio de impresión fotomecánica (creado por J. Joubert en 1860 y perfeccionado por Josef Albert en 1869) permitía reproducir fotografías sobre cartulina con una gran nitidez y calidad, y posibilitaba realizar tiradas de hasta quinientas copias con precios muy económicos. En España, la primera empresa de tarjetas fue la fundada en Madrid por los suizos Oscar Hauser y Adolf Menet, propietarios de un taller de fototipia que terminó por especializarse en este flamante mercado con un importante y extenso catálogo iniciado en 1892. En 1901 cuando el negocio se había ampliado a otras nuevas firmas (entre ellas las de Laurent), su marca era signo de calidad y prestigio, llegando a producir en diciembre de 1902 la cantidad de medio millón de tarjetas mensuales, lo que les permitía hacer frente a la demanda existente.

Esta época coincidió con la Edad de Oro de la tarjeta postal comenzando en 1901 y se caracterizó por el auge del coleccionismo, por el nacimiento de las primeras asociaciones cartófilas y por el inicio de las primeras publicaciones especializadas en la materia.

Por lo que respecta al Quijote, coincidiendo con el tercer centenario de la publicación de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha en 1905, Jaime  Pahissa y Laporta llevó a efecto una muy conocida colección de 25 postales que tuvo amplia repercusión en la época y mucha difusión ya que este pintor y litógrafo era conocido por haber realizado estampas y cromos, así como por ser uno de los notables ilustradores del Quijote, obra para cuya edición de Fidel Giró en 1897 realizó una serie de ilustraciones.

Pero yo me quiero centrar en las dos colecciones de postales pioneras en España, que son grandes desconocidas y de la que apenas hay información escrita, por lo que me permito a continuación hacer un estudio y análisis de ambas.

Comienzo con la primera colección de postales con tema quijotesco impresa en España que corrió a cargo de J. Lacoste sucesor de Antigua Casa de Laurent en 1901 (o posiblemente en 1900, ya que se han encontrado postales circuladas -escritas y enviadas por correo- en este mismo año 1901),  que la llamó serie H-1ª, titulada Don Quijote de la Mancha Primera Parte, compuesta de 10 postales de cartulina, impresas en fototipia con tinta negra,  se presentaban guardadas en un sobre rosado con impresión en el anverso, donde informa de las otras colecciones de la casa y en el reverso donde se ofrece publicidad de la casa comercial. Se trata de una colección de postales basadas en fotografías tomadas a cuadros de diferentes pintores que plasmaron episodios de la novela y que se encuentran en diferentes museos, donde fueron cuidadosamente fotografiados.

Quien me puso sobre la pista verdadera de que esta fue la primera colección de tema quijotesco en España fue la Dra. Mariana López Hurtado que en la página 82 de su interesante tesis doctoral “La tarjeta postal como documento. Estudio de usuarios y propuesta de un modelo analítico. Aplicación a la colección de postales del Ateneo de Madrid”, incluye un anuncio de la Casa Laurent donde se publicita esta y otras colecciones de su amplio catálogo.

Tengo que mencionar expresamente al Museo Cerralbo que es el lugar de donde he obtenido las imágenes y que además de esta serie, atesora un excepcional patrimonio cultural que recomiendo visitar. 

Sobre (Anverso) [Estudio fotográfico, J. Laurent & Cía.] Museo Cerralbo. Madrid
Sobre (Reverso) [Estudio fotográfico, J. Laurent & Cía.] Museo Cerralbo. Madrid

Nº 1. Anónimo. Retrato de Cervantes. Academia de la Historia

[Estudio fotográfico, J. Laurent & Cía.] Museo Cerralbo. Madrid

Nº 2. Lizcano Monedero. Cervantes y sus modelos

[Estudio fotográfico, J. Laurent & Cía.] Museo Cerralbo. Madrid

Nº 3. M. Carbonero. Primera salida de don Quijote (DQ I, Cap. 2)

[Estudio fotográfico, J. Laurent & Cía.] Museo Cerralbo. Madrid

Nº 4. M. Hispaleto. Entierro del pastor Grisóstomo. (DQ I, Cap. 14)

[Estudio fotográfico, J. Laurent & Cía.] Museo Cerralbo. Madrid

Nº 5. G. Bolívar. Presentación de Dorotea a don Quijote (DQ I, Cap. 29)

[Estudio fotográfico, J. Laurent & Cía.] Museo Cerralbo. Madrid

Nº 6. M. Hispaleto. Discurso de las armas y las letras (DQ I, Cap. 27)

[Estudio fotográfico, J. Laurent & Cía.] Museo Cerralbo. Madrid

Nº 7. Hispaleto. Casamiento de Basilio y Quiteria (DQ II, Cap. 21)

[Estudio fotográfico, J. Laurent & Cía.] Museo Cerralbo. Madrid

Nº 8. Gisbert. Don Quijote en casa de los Duques (DQ II, Cap. 31)

Nº 9. M. Domínguez. Plática de Sancho con la Duquesa (DQ II, Cap. 33)

[Estudio fotográfico, J. Laurent & Cía.] Museo Cerralbo. Madrid

Nº 10. M. Jadraque. Testamento de don Quijote (DQ II, Cap. 74)

[Estudio fotográfico, J. Laurent & Cía.] Museo Cerralbo. Madrid
Serie H – 1ª (Reverso) [Estudio fotográfico, J. Laurent & Cía.] Museo Cerralbo. Madrid

De esta colección que es la más antigua de España y a través de nuestra investigación a través de las redes sociales, hemos tenido conocimiento de que el matrimonio formado por Laura Valeriano y Paco de la Torre, conquenses pero afincados en Toledo, bien conocidos en todo el territorio nacional por ser extraordinarios coleccionistas de tarjetas postales y estudiosos del mundo cartófilo, poseen dos ejemplares, los identificados con los números 2  (Cervantes y sus modelos, del pintor alcazareño Lizcano Monedero) y 7 (Casamiento de Basilio y Quiteria, de Hispaleto, DQII, Cap. 21), está ultima circulada de Madrid a Lisboa el 1 de abril de 1902. Seguidamente las reproduzco con su permiso:

  • Continuará en la segunda parte…