Fiesta, ocio y diversión en la España del Siglo de Oro

Curso de Verano IULCE-UAM. 5, 6 y 7 de julio de 2021, Alcázar de San Juan

Desde una perspectiva interdisciplinar, se aborda en este curso el campo semántico relativo al ocio, poco estudiado desde un punto de vista histórico a pesar de su importancia no solo para el arte, sino también para la economía, la política y la sociedad de cada época, como ocurre ya en el Siglo de Oro. Pasatiempos, tiempo libre, entretenimientos, diversiones, espectáculos, fiestas y actividades recreativas, juegos y deportes, incluso el anglicismo hobby ya castellanizado, son términos asociados al disfrute del ocio como alternativa a las ocupaciones del trabajo y del negocio. Si en la primera de las tres sesiones que constituyen el curso se aborda el marco histórico de la sociedad cortesana donde se inscribe el creciente desarrollo de la cultura del ocio, las dos siguientes versan sobre diversos aspectos literarios y artísticos relevantes desde entonces en la historia española porque, parafraseando la Política de Aristóteles: “Este ocio es el fundamento de todo. Es preferible al trabajo y constituye su fin”.

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Curso de Verano IULCE-UAM: Fiesta, ocio y diversión en la España del Siglo de Oro

Carrascosa: el pasodoble que eclipsó al torero. Retrospectiva del matador de reses bravas Laurentino Carrascosa Peñuela y del pasodoble que le dedicó Jaime Teixidor

Imagen de Laurentino. Heraldo Manchego 20 de septiembre 1930

Miguel Antonio Maldonado Felipe

La profesión de torero, además de comprometida y sacrificada, ha estado tradicionalmente revestida de un categórico romanticismo que, complementado con la fama y fortuna económica que las grandes figuras revelaban, hizo en la primera mitad del siglo, que infinidad de jóvenes y adolescentes, la mayoría de condición humilde, con sueños de superación y triunfo, se lanzasen a probar suerte en ese arte.

La gran afición que desde niño profesaba Laurentino Carrascosa hacia el toro, la había conformado de modo propio, ya que provenía de una tradicional familia de labradores sin vinculaciones taurinas. Su padre, Eulalio Carrascosa, era un agricultor alcazareño de los considerados ricotes o de media costilla, con las necesidades económicas más que cubiertas a través de la explotación de sus tierras. Esto, junto al riesgo que suponía ponerse delante de un toro, resultaron determinantes para que su familia, en un principio, se opusiera a que fuese torero. Pero todo resultó inútil, la desmesurada afición de Laurentino le llevó a concebir firmemente, la idea de dedicar su vida profesionalmente, al mundo de los toros. De poco valieron los reparos y objeciones de sus amigos más íntimos, tratando de disuadirle cuando dio los primeros capotazos, ni las suplicantes lágrimas de su madre fueron bastante para desviarle de sus propósitos. Todo fue inútil, Laurentino sentía verdadero amor por la profesión, y a ella apelaba, no por necesidad, ni mucho menos, sino por amor al arte. Sus comienzos se revelan organizando y participando en becerradas y festivales para aficionados en la localidad. 

De la primera actuación como becerrista que se tiene constancia, es la que se produjo el 28 de mayo de 1922, en un Festival Taurino celebrado por aficionados. En aquel tiempo, la afición a los toros era muy significativa, todos los años se organizaban becerradas: de ferroviarios, del comercio y otros gremios. En esta ocasión, compartían cartel en la becerrada dominguera: Pablo Cuartero, Arturo Castellanos, Laurentino Carrascosa y Avelino Nieto, “Ostioncito”. Las reses eran de la cavada de Antonio Sánchez Tardío, de Añover de Tajo (Toledo).

Germen de esta afición por el toro, le llevó a vestirse de luces como profesional, haciendo su presentación el 19 de abril de 1925, en la novillada sin picadores celebrada en el antiguo coso de la Covadonga, de Alcázar de San Juan, compartiendo cartel con Manuel Rodríguez Rufo y Esteban Arias; lidiando una res cada uno de la ganadería de Sánchez Tardío. Completaron el cartel, los becerristas Juanito Martín Caro “Chiquito de la Audiencia”, y Joselito Miguelañez, con dos erales de la misma vacada. Destacar a este respecto que esa tarde que Laurentino se vestía por primera vez de torero, sus padres cerraron su casa ausentándose de la población; con lo que Laurentino, hubo de vestirse en el hostal Raboso.

Un lustro después, el cronista del Heraldo Manchego, recreaba en página de portada la indumentaria que portaba Laurentino en su puesta de largo como novillero: «empujado por su afición, va un muchacho, embutido en un traje mohoso y viejo, que en tiempos fue de oro (…) Fulge el sol al dar en su raído traje y chispean las falsas lentejuelas como brillantes verdaderos». Si bien el cochambroso vestido no fue óbice para que Laurentino sentara las bases de lo que sería su línea y recorrido como novillero, destacando de forma admirable en todos los tercios de la lidia, cortando trofeos y saliendo a hombros del coso, como así lo acredita la reseña del semanario taurino El Toreo que, resume la actuación de Laurentino Carrascosa en una sola palabra: «superior».

A partir de aquí, las intervenciones de Laurentino en el coso alcazareño se repitieron, con muy diferentes valoraciones al respecto. Hay que destacar que en esa época había festejos taurinos en Alcázar prácticamente todos los domingos. Así pues, un mes después de su debut, volvía a torear una novillada, esta vez con toros resabiados de Sánchez Tardío, en la que el talante y la falta de experiencia hicieron que sus actuaciones resultasen, a tenor de la crónica recogida en la revista satírica KChT, cómicas y desproporcionadas: «El torero local, Carrascosa, nos hizo reír un rato con sus extravagancias, y en algunos momentos se arrimó al toro, pero con ese valor que da la inconsciencia». Del mismo modo, en la novillada del 30 de agosto de 1925, actuando junto a Vizcaíno, la valentía de Carrascosa se vio nuevamente eclipsada por su inexperiencia, como así lo recoge la revista El Toreo: «Carrascosa, muy valiente, pero algo torpe». A tal efecto, su pundonor le hizo no aceptar la oreja del tercer novillo considerando que su actuación no había sido merecedora de dicho premio.

Fue la temporada siguiente cuando Laurentino comenzó a prodigarse fuera de la localidad, matando novilladas en las plazas de Linares, Almagro, Quintanar de la Orden, Villarrubia, Santa Cruz de Múdela, Tomelloso y Caravaca, donde termina la temporada, obteniendo un clamoroso éxito en todas ellas. En diciembre de 1926, la revista Valenciana defensora de la afición, La Reclam Taurina, ya se hacía eco de la valentía y arrojo del joven novillero, pronosticándole un futuro tremendamente prometedor: «Carrascosa es todo afición, muy valiente y desenvuelto, por lo que se colocará pronto».

Protegido e impulsado por el ganadero Luis Eizaguirre, Laurentino prepara la temporada en la finca que éste disponía en los Montes de Toledo, dando comienzo a la nueva campaña el 20 de marzo de 1927 con una novillada en la plaza de Linares, junto a Currito de la Cruz, al que supera con creces. El cronista de El Despertar resume su intervención con esta categórica frase: «Carrascosa en quien, la afición, el valor y el arte no escasean». Lidia corridas en numerosos pueblos de dentro y fuera de la comarca, pudiendo destacarse el categórico triunfo obtenido en Almagro, el 6 de agosto de 1927, donde corto las cuatro orejas y los dos rabos de sus novillos. La prensa nacional comienza a hacerse eco de los éxitos del incipiente novillero, originando cierto interés en el ambiente que rodeaba a la fiesta. Tanto es así que, con tan solo tres años de oficio, el compositor catalán Jaime Teixidor le dedica en 1928 un magnífico pasodoble en homenaje a sus triunfos como novillero.   

La primera partitura del pasodoble CARRASCOSA se publicada en Barcelona a mediados de 1928, formando parte de una colección de 10 bailables titulado “Alegrías” (BNE. Signatura MP/5105/23. Sala Barbieri), con litografía e impresión de música de Joaquín Mora. Por el mismo tiempo, el semanario alcazareño El Despertar anunciaba en sus páginas su estreno por la Orquesta del Teatro Moderno en la segunda sección de cine del 29 de julio de 1928. Se trataba de la orquesta de Manolo Iniesta, encargada de amenizar las funciones del Teatro en tiempos del cine mudo. Del mismo modo, la casa SÁIZ publicitaba la edición de la partitura del pasodoble a todo lujo.

Anuncio Manuel Saiz. El Despertar. 2 septiembre 1928

La notoriedad de Laurentino continua en aumento gracias a su valentía y buen hacer. El corresponsal de La Lidia, creyéndole uno de tantos, se ve sorprendido por la faena que el diestro coronó en La Carolina el día de Santiago Apóstol de 1928, afirmando que: «de seguir como le vimos este día, pronto será una figura». El cronista no escatima en alabanzas a sus maneras de torear: «posee un arte repleto de elegancia, acompañado de una valentía extremada», concluyendo con una intención que, como veremos más adelante, lamentablemente nunca se llevaría a cabo: «Su apoderado nos afirma que pronto le veremos por aquí» refiriéndose a la plaza de Madrid. La soberbia faena de Carrascosa en La Carolina le suponen la firma de tres corridas en Úbeda, Castellar y Santiesteban, sin dejar de lado las comprometidas en Almagro, Herencia y Campo de Criptana, que resultan memorables para el novillero. Si bien resulta digna de destacar la tarde en que se encerró él solo, en el coso de Pedro Muñoz, con cuatro novillos toros de Eizaguirre. De la bravura de los astados baste decir que el tercero tomo hasta seis puyazos. Relatan las crónicas que toreó con capa y muleta, banderilleó y mató a los cuatro morlacos de manera sobresaliente, obteniendo orejas, rabos y salida triunfal. El Dr. Mazuecos se hace eco en su obra de la anécdota protagonizada por Fernando González “Pitos”, amigo y seguidor infatigable de Carrascosa, en esa corrida:

«Pitos, como siempre iba detrás de Laurentino para retratarlo toreando, (…) uno de los toros, semental grandísimo, llamado Canastillo. Habían convenido que lo retratara entrando a matar, Fernando se acercó valerosamente y cuando ya estaba perfilado, dice Laurentino: ¡Ahora, Pitín! y Fernando disparó con decisión. Todos acudieron con gran interés a ver la fotografía, pero lo que sacó fue al chico de las gaseosas»

A raíz de su excelente actuación en Pedro Muñoz, Laurentino confiere poderes a Luis Estival “africano”, afamado representante taurino con el cual firma más de veinte novilladas en la comarca manchega. Tanto es así, que en una semana torea en Castellar, Villarrubia y Mota del Cuervo: «donde por negarse a torear la cuadrilla contratada, alegando el mucho peso de los toros, tuvo que ir allí requerido por la empresa, a lidiar tres novillos de arrobas y muy respetables», resultando superior en todos los tercios.

Titular “Toros en Pedro Muñoz”. El Despertar. 19 septiembre 1928

La experiencia de lidiar él solo una corrida completa le resulta muy atrayente, llevándolo a cabo nuevamente en Torralba; si bien, en esta ocasión el tamaño de los toros evidencia su principal limitación para la lidia: la poca altura, como así lo destaca la crónica de El despertar: «los toros eran muy grandes y el torero mu chico», valiéndose para someter a los morlacos, como siempre, de los tres grandes axiomas personales que le auxiliaban: habilidad, voluntad y mucho valor. Así, una vez más la actuación le supone un triunfo coronado con una merecida salida a hombros, que se repite en Madridejos, con toros de 4 años y 24 arrobas de peso, y en Las Mesas. Coyuntura que hace suponer a propios y ajenos que: «la temporada próxima será sin ningún género de dudas la temporada que le colocará en la cumbre», destacado así por la prensa local.

Pero no todo son elogios y felicitaciones para con Laurentino, después de tres años en el circuito profesional su nombre no ha sido visto en plazas de capital alguna. Hecho que, de manera peregrina, justifican sus paisanos no ser por falta de fama y contratos: «sino que repleto de conocimientos taurinos, quiere sostenerse en plazas de menor categoría, para que, llegado el momento de aceptar algunos de los ofrecimientos que tiene en plazas de primera fila, su presentación, no deje dudas a nadie y de una vez sentar la ejemplaridad de que es torero». Lo cierto y verdad es que Laurentino no pasaba de actuar en plazas de tercera, y no toda la afición le mantenía esa consideración de torero. Carrascosa, aun disponiendo de un lucido pasodoble, era en el ámbito nacional un novillero principiante e ignorado al que sus detractores descalificaban y menospreciaban. Hasta sus incondicionales mantenían que le faltaba mucho por aprender. De esa época precisamente se conserva el popular dicho atribuido a un aficionado que viendo torear a Laurentino en una de sus tardes más desafortunadas le profirió: «con lo mal que torea este tío y que pasodoble más hermoso tiene».

Pese a todo, para la prensa alcazareña Laurentino encaraba una nueva temporada con todas las garantías de triunfo, participando en las faenas de tienta y acoso de diferentes ganaderías en Algeciras, La Línea y Jerez de la Frontera, certificando el cronista, con verdadero alarde de optimismo, que las negociaciones para su presentación en las plazas de Valencia, Córdoba y Sevilla estaban prácticamente cerradas.

Anuncio Manuel Sáiz. El Despertar. 5 mayo 1929

Mientras que las ilusiones de triunfo del novillero se iban frustrando, a causa de intermediarios, comisionistas y negociantes, el éxito de la composición dedicada por el maestro Texidor al torero se hacía realidad. La calidad de la partitura era manifiesta y un año después de su composición, en abril de 1929, la casa discográfica REGAL edita el pasodoble flamenco “CARRASCOSA”, grabado por la Banda del Regimiento Wad-Ras de Madrid. Resultando insólito el hecho que el pasodoble fuese interpretado en plazas en las que Laurentino jamás toreará. Tanto es así que, debido a contrariedades entre empresarios y apoderados en la disponibilidad de fechas, su esperada aparición en la plaza de Vista Alegre de Madrid se ve truncada en los primeros meses de 1929. Cambios que le suponen, además de perder para siempre la ocasión de debutar en Madrid, la pérdida de un contrato en la plaza de Málaga, retrasando igualmente el comienzo de la temporada hasta la corrida de Santiago Apóstol en Tomelloso.

Disco de pizarra REGAL Disco de pizarra REGAL conteniendo el pasodoble “CARRASCOSA”, grabado en 1929 por la Banda del Regimiento Wad-Ras de Madrid, dirigida por Pablo. Cambronero

Pero lejos de perder el ánimo, en agosto torea en Pedro Muñoz, saliendo nuevamente a hombros de la plaza, triunfo que le permite firmar diez novilladas para el mes de septiembre en la comarca.

Por ese tiempo, aprovechando la inminente feria alcazareña, el conocido establecimiento de Manolo Saiz ponía a disposición de sus clientes las partituras para piano, banda y orquesta, así como los discos Regal del pasodoble flamenco “Carrascosa”, bastante popular ya entre rondallas y bandas de música. No pasa desapercibido que, meses antes, el diputado por la provincia de Ciudad Real, José Toribio, regalase a la Banda Provincial una colección de partituras entre las que se incluían: «el precioso pasodoble que Texidor ha dedicado al valiente diestro alcazareño Laurentino Carrascosa» como señalaba el diario capitalino El Pueblo Manchego. Obra con la que abrió su concierto de ferias la Banda de música del Hospicio Provincial y el Orfeón Manchego en el teatro Moderno de Alcázar el 9 de septiembre de 1929.

Anuncio de la casa M. Sáiz, Ferias y fiestas 1929 de Alcázar de San Juan

Laurentino concluye la temporada inaugurando el nuevo coso herenciano, compartiendo tarde con Cagancho y Reyes Vargas en una corrida mixta de ferias, concebida expresamente para él. La fenomenal faena que imparte al quinto novillo le supone cortar ambas orejas y rabo, saliendo en hombros por la puerta grande. Sin embargo continúa sin opción a torear en plazas importantes donde mostrar su oficio y poder ascender en el escalafón. El hecho de tener sobradamente cubiertas sus necesidades económicas hacían de Laurentino un novillero atípico y difícilmente manejable por intermediarios, a pesar de ser estos los verdaderos conseguidores de los ambicionados contratos en plazas de primera.  Destacaban los que le conocían, que su caso resultaba realmente insólito, pues solo le preocupaba su arte, como a cualquier artista. Carrascosa se resistía a ese mercantilismo que imperaba en la fiesta, siendo incapaz de pordiosear una corrida, aunque fuese en la plaza de Madrid. A este respecto, el semanario valenciano La Reclam Taurina justificaba la conducta del diestro a que: «su modestia le alzo rehusar contratos en plazas de categoría hasta estar más hecho». Por ese tiempo, la mayoría de los novilleros mantenían un desmesurado afán por doctorarse sin estar en condiciones perfectas para ello. Lo que suponía que, lejos de conseguir un aumento en sus ingresos, pasaran a abaratar sus cachés si querían hacerse hueco en la nueva categoría.  

En la tienta celebrada por el ganadero Bernardino Giménez en Nava Redonda (Linares), Laurentino conoce al responsable de la plaza de Ciudad Real, procurándole su esperado debut en la capital manchega semanas después, resultando triunfador.  

Al igual que la temporada anterior, en 1930 los éxitos se multiplican, toreando, después de Ciudad Real, en la fiesta grande de Villacañas, junto al niño de la audiencia, actuación que le supone repetir cartel en el Corpus. En los previos a la corrida relata BITORIO, cronista de El Despertar que: «mientras la garrafa hacia su primer recorrido, llega la música y nos enjareta el pasodoble del matador». Y efectivamente, la popularidad del pasodoble es creciente entre las bandas de música de la comarca, haciéndolo sonar allí donde el novillero actuaba. En este sentido hay que destacar que Alcázar no dispone de banda de música municipal en todo este tiempo. Es a finales de junio de 1930 cuando el consistorio presenta a Juan González Paramos, ganador de la plaza de director, comenzando los ensayos un mes después.

Laurentino continúa lidiando corridas en las plazas habituales como Almagro, Herencia, Pedro Muñoz o Tomelloso; repitiendo en esta ocasión igualmente en Ciudad Real, donde participa en un festival organizado a beneficio de la Unión de Hermandades.

El Despertar 20 de julio 1930

El 26 de octubre se programa una novillada en la recientemente restaurada plaza alcazareña y sorprendentemente el nombre de Laurentino se cae del cartel, a pesar de la demanda del público, sin poder determinar las razones que ocasionaron esta inexplicable ausencia. Llevando todos los indicios a sospechar que se trata de discrepancias con el consistorio, ya que meses después, Laurentino se presenta a las elecciones municipales de abril de 1931 como independiente en la candidatura de la Concentración Agraria y Administrativa por el distrito de la Estación, su barrio de toda la vida, como vecino del Cristo que era. Los agrarios constituían agrupaciones sociales del ámbito de la derecha tradicional, integrados por medianos y pequeños agricultores de ideología monárquico-conservadora. Defendían el derecho a la propiedad privada, el cumplimiento de los principios de la religión católica, la protección de la familia, el orden social y, fundamentalmente, sus intereses agrícolas más directos. Debemos subrayar en este punto que Laurentino pertenecía a una familia acomodada de agricultores alcazareños. El hecho salta a la prensa nacional, como así lo destacaba El Imparcial del 16 de abril de 1931:

«Nos dicen que entre los aspirantes a concejal del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan figura el matador de novillos Laurentino Carrascosa. ¿Es que se retira de los toros o que aspira a figurar en los carteles de una manera original y llamativa? Por ejemplo: Laurentino Carrascosa, matador de novillos y concejal del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan».

De todos es sabido el resultado de dichas elecciones municipales, que supusieron el cambio de régimen en España con la proclamación de la Segunda República. A partir de aquí, la trayectoria profesional de Laurentino entra en declive, dejando de ser solicitado en las plazas que tanto le aplaudieron. Tanto es así, que el 14 de mayo de 1931, Laurentino mata su última novillada en Alcázar de San Juan, compartiendo cartel con Aldeano y toros de su amigo Eizaguirre, sin haber podido ascender de escalafón, ni tan siquiera tomando la alternativa circunstancialmente, como hacían otros, para retirarse de “matador de alternativa”. Así, el recorrido profesional de Laurentino Carrascosa podía resumirse en unas pocas temporadas de triunfos, alternando con matadores de toros en corridas mixtas y novilleros punteros, matando, eso sí, todo lo que salió por los chiqueros. Le faltó Madrid y las capitales taurinas más señaladas para granjearse el tan ansiado reconocimiento. Decían los que estimaban la profesionalidad de nuestro paisano que algunos grandes mataban toros medio citando a recibir, haciéndose millonarios por ello, mientras que Laurentino lo hacía regularmente, sin apenas fallar y con ello no se había hecho rico.

Por las páginas del semanario El Despertar hemos podido constatar que en las veladas musicales que la Banda Municipal realiza durante el verano de 1931 en la Plaza de la República alcazareña, dirigida por el flamante maestro Palamox, no figuró nunca el pasodoble Carrascosa en el repertorio programado. Una evidencia más de la desconsideración para con Laurentino y lo que había representado.

Una vez cortada la coleta, contrae matrimonio con Carmen Gómez, hija de Joaquín Gómez Moreno, Jefe de Estación Principal de la MZA, sin desligarse del mundo taurino, realizando escarceos en función de apoderamiento de novilleros y organizando festejos y corridas de toros como empresario. Es en julio de 1932 cuando intenta culminar el sueño de hacerse con una ganadería propia, personándose en la subasta de la vacada portuguesa de Alves do Rio, valorada en setecientos cincuenta millares de escudos, que Laurentino cubrió inicialmente sin dificultad. La hacienda que el diestro había ido atesorando en sus años de bonanza como novillero, junto al capital familiar que le correspondía, posicionaban a Laurentino como un acaudalado empresario. Siendo finalmente adjudicada en remate de un millón de escudos al opulento ganadero lusitano Infante da Cámara.

Sería después de la Guerra Civil, cuando se iniciará como ganadero, tomando en arriendo la finca de su bienhechor, Luís Eizaguirre. En aquel tiempo los Montes de Toledo acogían numerosas ganaderías de bravo, la de Veragua, la de Marcial, la del Conde de Casal o la del propio Eizaguirre. En 1947 Laurentino compra la vacada de Ignacio Covaleda Gajate, acreditándose como titular de su propia ganadería en “Los Manantiales, con divisa verde, oro y encarnada. Muchas fueron las tardes de gloria que el Carrascosa ganadero obtuvo con sus toros en la década de los cincuenta. Así, los seis ejemplares lidiados en la plaza de Alcázar en junio de 1950, a los que se dio la vuelta al ruedo por las mulillas. Del mismo modo, en la temporada de 1955 resultaron ovacionados en su arrastre los seis novillos lidiados en Tetuán, así como otras dos corridas li­diadas en Palma de Mallorca, en junio y julio d ese mismo año. En 1956 adquiere la vacada de Garro y Díaz Guerra, puro Santa Coloma, conformando así una de las ganaderías de bravo más punteras del país, con la que alcanzó cotas importantes en las décadas de los sesenta y setenta. Toros que, a decir de “El Cordobés”, serían los mejores para la lidia por lo pastueños y bravos.

Después de toda una vida dedicada en cuerpo y alma al toro, fallecía Laurentino Carrascosa Peñuela un 15 de abril de 1970. Al funeral, oficiado en San Francisco el Grande de Madrid, asistieron toda clase de personalidades del mundo taurino, así como de entidades sociales y financieras, dando medida de la gran categoría en lo económico y lo social que alcanzó nuestro admirado paisano.

Los años y las circunstancias le brindaron la oportunidad de ser testigo de la enorme proyección que su pasodoble adquirió en la segunda mitad de siglo XX, interpretándose dentro y fuera de las plazas de toros. Teixidor compuso además de Carrascosa otros pasodobles dedicados a novilleros incipientes como el de Silvino Zafón, el Niño de la Estrella, pero en ningún caso contaría con la repercusión y popularidad del dedicado a nuestro paisano. Tras la guerra civil el compositor reedito la partitura del pasodoble en varias ocasiones (Ediciones Texidor – Baracaldo). Además, con la adaptación del carácter musical y cierta celeridad en el ritmo, la composición paso a identificarse plenamente con las estudiantinas universitarias, incluyéndolo como banda sonora en diversas películas en las que la tuna aparece con mayor o menor protagonismo, como sucede con «Historias de Madrid» (1957), «La casa de la troya» (1959), «Pasa la tuna» (1960) y «El curso que amamos a Kim Novak» (1979). Del mismo modo, el pasodoble “Carrascosa” se encuadra entre los temas que conformaron el primer vinilo de tuna editado, «Cuando los “tunos” pasan» (Referencia: PHILIPS 421 282 PE), grabado por la Estudiantina de Madrid en 1958, acrecentando con ello su popularidad entre las formaciones de instrumentos de púa, tan proliferas por ese tiempo en el país.

Pasodoble CARRASCOSA, reeditado por el propio compositor (Ediciones Texidor) en Baracaldo, en la década de los cincuenta.

El pasodoble, según palabras de su propio hijo, continuador en la ganadería de bravo, es digno de auténtica figura del toreo, aunque Laurentino nunca llegara a serlo ya que su trayectoria como novillero fue corta y no demasiado brillante, es por ello que, llegados a este punto, podemos aseverar que el pasodoble eclipsó al torero.

Publicado en SALITRE – REVISTA DIGITAL DE HISTORIA

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Miguel Antonio Maldonado Felipe es un alcazareño que desde hace décadas compagina sus labores profesionales, con el estudio y divulgación de la cultura tradicional manchega y la guitarra. Dedicación que le ha llevado a realizar ponencias y seminarios, así como publicar numerosos artículos sobre música popular y temática costumbrista. En este tiempo ha sido premiado con diferentes becas de investigación, publicando cinco ensayos. En el espacio musical destacar el trabajo de recopilación y divulgación que desde 2005 viene realizando con La CaMeRaTa CeRvAnTiNa, del que es director musical y autor de todos los arreglos. Proyecto que ha servido de plataforma para la divulgación y puesta en valor del patrimonio musical popular de La Mancha, obtenido con el grupo numerosos reconocimientos, premios y galardones. Y además es miembro de esta Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan.

NOTA DE LA SOCIEDAD CERVANTINA DE ALCÁZAR DE SAN JUAN: Enlace al pasodoble “Carrascosa”

¡A soslayo!

Las dos primeras salidas que hace don Quijote de su pueblo tienen en común el camino elegido. La primera la emprende solo llegando al final de la larga jornada a una venta, donde es fingidamente y entre burlas armado caballero andante por el ventero. Siguiendo los consejos de éste sobre «las prevenciones tan necesarias que había de llevar consigo» en su oficio de caballero, emprende el camino de regreso a casa por el mismo camino. La segunda salida está ya acompañado por su vecino Sancho Panza como escudero. Así nos describe el narrador esta segunda salida y cómo vuelve a salir por el mismo camino:

“Todo lo cual hecho y cumplido, sin despedirse Panza de sus hijos y mujer, ni don Quijote de su ama y sobrina, una noche se salieron del lugar sin que persona los viese, en la cual caminaron tanto, que al amanecer se tuvieron por seguros de que no los hallarían aunque los buscasen.

Iba Sancho Panza sobre su jumento como un patriarca, con sus alforjas y su bota, y con mucho deseo de verse ya gobernador de la ínsula que su amo le había prometido. Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje, que fue por el campo de Montiel, por el cual caminaba con menos pesadumbre que la vez pasada, porque, por ser la hora de la mañana y herirles a soslayo, los rayos del sol no les fatigaban.” (Q1, 7)

El camino y dirección que había seguido don Quijote en estas dos salidas de su pueblo está implícitamente definido en la aventura de los mercaderes toledanos. Esta acontece en este camino, de vuelta desde la venta:

“Y habiendo andado como dos millas descubrió don Quijote un grande tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia. Eran seis, y venían con sus quitasoles, con otros cuatro criados a caballo y tres mozos de mulas a pie.” (Q1, 4)

Si don Quijote camino a casa se encuentra de frente con estos «mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia», él caminaba por este mismo camino dirección a Toledo, hacia el oeste. Es, por tanto, el antiguo Camino de Toledo a Murcia, en alguna de sus variantes existentes en esta zona de la Mancha,  el camino elegido por don Quijote para iniciar sus aventuras en las dos primeras salidas, caminando por él hacia el este. Sin embargo, aunque el narrador nos afirma que «Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje», también nos indica que «por ser la hora de la mañana y herirles a soslayo, los rayos del sol no les fatigaban». En una simple lectura de la novela hay lectores que pretenden ver aquí un posible error geográfico de Cervantes en la elección del escenario, argumentando que «si don Quijote y Sancho iban por un camino dirección al este, por donde sale el sol, al amanecer los primeros rayos del sol les darían de frente, no de lado o por su costado como significa “a soslayo”».

En principio parece que llevan razón en apuntar un error a Cervantes, porque ¿quién no ha aprendido en la escuela que el sol sale por el este «todas las mañanas» y se esconde por el oeste? Esta afirmación geográfica elemental que llevamos interiorizada de por vida, una vez que profundizamos en esta ciencia advertimos que es cierta pero ¡solo dos días al año!, durante los equinoccios de primavera y otoño cuando los días y las noches tienen la misma duración. El resto del año el sol va desplazando su salida, hacia el norte o al sur, según la estación climatológica. En el hemisferio norte, donde nos encontramos, desde el día siguiente al equinoccio de primavera el sol se va trasladando en su salida hacia el norte, llegando en nuestra latitud de 39º N a los 30º el día del solsticio de verano, y hacia el sur, con la misma declinación, desde el equinoccio de otoño hasta día del solsticio de invierno. Un ejemplo claro para los observadores cervantinos curiosos:  Viajando por la carretera CM-3166 o por el antiguo camino de Alcázar de San Juan a la villa molinera de Campo de Criptana, éste en un buen tramo orientado precisamente al este, el día del solsticio de verano veremos salir el sol mucho más al norte de la sierra de sus molinos. Sin embargo, si este viaje lo hacemos el día del solsticio de invierno el sol lo veremos salir muy hacia el sur de Campo de Criptana.

Esto que hoy casi se nos pasa desapercibido no lo era así en tiempos de Cervantes para quienes viajando a lomos de una caballería, incluido él mismo, observaban a diario salir el sol por el horizonte, percibiendo su declinación con referencia a hitos conocidos de observación como torres de iglesias, cerros o montañas, según el día del año.

Las dos primeras salidas de don Quijote de su pueblo se producen en verano. La primera en un día «de los calurosos del mes de Julio» y la segunda aproximadamente en mitad del mes de agosto, en el «tiempo de la siega» como afirmaba Sancho Panza. En esta latitud y fechas el sol sale desplazado del este unos 25º hacia el norte, oblicuo a gran parte del Camino de Toledo a Murcia por esta comarca cervantina.

¿Qué significaba «a soslayo» para Cervantes y los lectores de su época? El término “soslayo” en el Diccionario de Cobarrubias (1611), coetáneo a Cervantes no aparece reflejado en él. Sí en el Tomo VI del  Diccionario de Autoridades (1739), primer diccionario de la RAE:«Soslayo. Voz, que solo tiene uso en los modos adverbiales, al soslayo, ù de soslayo, que valen oblicuamente, al través.» El término oblicuo tampoco aparece en el  Diccionario de Cobarrubias, sí en el de Autoridades: «Obliquo: Torcido, atravesado, no recto. Se aplica también al plano ò línea que cae fobre otro, y hace con él ò ella ángulo que no es recto: afsi los ángulos agudos y obtúfos fe llaman ángulos obliquos.»

Además de en este capítulo del Quijote, Cervantes utiliza en otras cinco ocasiones la palabra “soslayo” entre todas sus obras publicadas:

“Somos astrólogos rústicos, porque, como casi siempre dormimos al cielo descubierto, a todas horas sabemos las que son del día y las que son de la noche; vemos cómo arrincona y barre la aurora las estrellas del cielo, y cómo ella sale con su compañera el alba alegrando el aire, enfriando el agua y humedeciendo la tierra; y luego tras ellas el sol dorando cumbres (como dijo el otro poeta) y rizando montes; ni tememos quedar helados por su ausencia cuando nos hiere a soslayo con sus rayos, ni quedar abrasados cuando con ellos particularmente nos toca; un mismo rostro hacemos al sol que al yelo, a la esterilidad que a la abundancia.” La gitanilla, 1613.

“Todos los circunstantes estaban atentos mirando el estraño y gozoso recibimiento. Sólo en el corazón de Pirro andaba la melancolía, atenaceándole con tenazas más ardiendo que si fueran de fuego; y llegó a tanto estremo el dolor que sintió de ver engrandecido y honrado a Periandro que, sin mirar lo que hacía, o quizá mirándolo muy bien, metió mano a su espada, y por entre los brazos de Seráfido se la metió a Periandro por el hombro derecho, con tal furia y fuerza que le salió la punta por el izquierdo, atravésandole, poco menos que al soslayo, de parte a parte.” Los trabajos de Persiles y Sigismunda, 1617.

“¡Apostaré que la ánima del muerto,
por gozar este sitio, hoy ha dejado
el cielo, de que goza eternamente!
Esto oyó un valentón y dijo: ¡Es cierto
lo que dice voacé, señor soldado,
y quien dijere lo contrario miente!
Y luego encontinente
caló el chapeo, requirió la espada,
miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.” Al túmulo del rey que se hizo en Sevilla, 1598.

“Al volver de una esquina sentí un brazo
que el cuello me ceñía, miré cúyo,
y más que gusto me causó embarazo,
por ser uno de aquellos (no rehúyo
decirlo) que al contrario se pasaron,
llevados del cobarde intento suyo;
otros dos al soslayo se llegaron,
y con la risa falsa del conejo
y con muchas zalemas me hablaron.
Yo, socarrón; yo, poetón ya viejo,
volvíles a lo tierno las saludes,
sin mostrar mal talante o sobrecejo.” Viaje al Parnaso, 1614.

“Canten lo que quisieren.

Vivanco La música ha sido hereje;
si el coloquio así sucede,
antes que la rueda ruede,
se rompa el timón y el eje.

En acabando la música, dice el sacristán (Todo cuanto dice agora el sacristán, lo diga mirando al soslayo a Cauralí):

Sacristán ¿Qué es esto? ¿Qué tierra es ésta?…” Comedia los baños de Argel, 1615

Leyendo estas últimas cuatro citas cervantinas: «atravésandole, poco menos que al soslayo, de parte a parte», «miró al soslayo, fuese, y no hubo nada», «otros dos al soslayo se llegaron» y «lo diga mirando al soslayo a Cauralí», el significado de la palabra «al soslayo» en todas ellas es similar, hacia un lado o de lado.

Sin embargo, en la novela de La gitanilla Cervantes utiliza este término en referencia a los rayos del sol, similar a la cita del Quijote que nos interesa: «ni tememos quedar helados por su ausencia cuando nos hiere a soslayo con sus rayos, ni quedar abrasados cuando con ellos particularmente nos toca». En estas latitudes, el día del solsticio de invierno el sol al mediodía alcanza una altura sobre el horizonte de unos 27º, sube muy poco, y en el solsticio de verano llega hasta los 73º, casi en la perpendicular de nuestras cabezas. El gitano viejo está haciendo referencia al frío del invierno «cuando nos hiere a soslayo con sus rayos» al calentar el sol poco por estar muy bajo todo el día, y al calor del verano al «quedar abrasados cuando con ellos particularmente nos toca», o «perpendicularmente nos toca» como anotan varios editores, por ejemplo Francisco Rodríguez Marín, director de la Biblioteca Nacional y de la Real Academia Española, en su edición de Las Novelas Ejemplares.

Volvamos al Quijote. «Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje, que fue por el campo de Montiel, por el cual caminaba con menos pesadumbre que la vez pasada, porque, por ser la hora de la mañana y herirles a soslayo, los rayos del sol no les fatigaban». Estas dos primeras salidas de don Quijote de su casa son en verano, con la diferencia que en la primera sale poco antes de amanecer  ̶ «una mañana, antes del día, que era uno de los calurosos del mes de julio» ̶   y en la segunda en mitad de la noche  ̶ «…una noche se salieron del lugar sin que persona los viese»  ̶  Es verano en la Mancha y a las pocas horas desde el amanecer el sol sube muy alto, siendo el calor asfixiante en el campo, ¡te dé por donde te dé!, como describe el narrador en la primera salida: «Con esto caminaba tan despacio, y el sol entraba tan apriesa y con tanto ardor, que fuera bastante a derretirle los sesos, si algunos tuviera».

En la segunda salida el momento de la escena es justo al amanecer, «la hora de la mañana», que «es lo mifmo que la aurora» según el Diccionario de Covarrubias, o la «primera luz del día con que el áire fe iluftra y empieza à refplandecer, por la cercanía del Sol, que por otro nombre fe dice Alba» como indica el Diccionario de Autoridades, cuando los rayos del sol están muy bajos con respecto al horizonte y,  aunque es verano, no calientan todavía. Así, aunque en estas fechas el sol sale por el Este-Noreste, ligeramente por el lado izquierdo si se camina hacia el este, «a soslayo» en esta cita cervantina tiene el significado de darles los rayos del sol a don Quijote y a Sancho muy bajos, casi planos con respecto al horizonte, coincidiendo así con el narrador: «… por el cual caminaba con menos pesadumbre que la vez pasada, porque, por ser la hora de la mañana y herirles a soslayo, los rayos del sol no les fatigaban».

Sí, a don Quijote y Sancho Panza les daban los rayos de sol «a soslayo» en este  amanecer de un día de agosto igual que durante todo el invierno, como afirma el viejo gitano en La gitanilla, cuando el sol se eleva muy poco sobre el horizonte. De esta misma manera también era percibido y entendido por viajeros, arrieros, labradores, pastores y sus lectores coetáneos.

Cervantes, sin duda alguna, iniciaba sus jornadas de viaje en el verano durante la «hora de la mañana» o al «alba», cuando la claridad del nuevo día es ya suficiente para la visión del camino y, además, los rayos del sol cuando despuntan sobre el horizonte aún no calientan en los veranos manchegos. Su experiencia de vida en los caminos queda reflejada en el texto cervantino, siendo muy preciso en la descripción de la posición del sol en el camino que llevaban sus protagonistas en ese momento. Cervantes no era geógrafo, pero sí un experto viajero que al paso de una mula de alquiler observaba y guardaba en su memoria cuánto el territorio le ofrecía.

Este artículo lo termino y publico el día 21 de junio de 2021, solsticio de verano, mientras parece detenerse el sol sobre mi cabeza. Hoy el pueblo maya eleva las manos hacia el padre Sol exclamando: ¡Loq´laj Saq´Q´ij, loq´laj K´ichich Ajaw, loq´laj Tat, loq´laj Tex!  ̶ ¡Bendito verano, bendito K´ichich Ajaw, bendito ser supremo, bendito Padre! ̶

                                                                       Luis Miguel Román Alhambra

«Hideputa», el vino de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

La Sociedad Cervantina de Alcázar ha presentado a los medios de comunicación el vino «Hideputa», se trata de un crianza de doce meses en barrica, embotellado por Bodegas Alort de esta ciudad, con el que se quiere agasajar a los invitados a los “Almuerzos de don Quijote” y que hable de Alcázar de San Juan por el mundo

Alcázar de San Juan, 15-06-2021.- En la tarde-noche del lunes 14 de junio, ha tenido lugar en la Bodega Alort el acto de presentación del vino «Hideputa» elaborado por esta conocida bodega de la ciudad para la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Se trata de un tinto de crianza, cabernet, envejecido 12 meses en barrica francesa de tostado medio, que transmite de forma intensa la personalidad de sus variedades Cabernet Sauvignon y Franc Moderno, equilibrado, sedoso y brillante. Con esta esmerada selección la asociación cultural alcazareña quiere agasajar a los invitados que recibe en su actividad denominada “Almuerzos de don Quijote”.

Se ha elegido el nombre «Hideputa» al ser la exclamación que pronuncia Sancho Panza cuando le da a beber una bota de vino el escudero del Caballero del Bosque, ensalzando sus cualidades, y reconociendo como buen mojón (catador) que se trata de un vino de Ciudad Real, es decir, de su propia tierra (Cap. 13 de la Segunda Parte del Quijote).

Estrella Cobo Andrés ha sido la diseñadora de la etiqueta en la que ha tenido en cuenta todos los aspectos representativos del vino y de la tierra: criado en la Mancha bajo cielos azules y nacido de los ocres del terruño, la etiqueta contiene además la simbólica imagen del molino de viento manchego y al mojón Sancho bebiendo y alabando el caldo, a tal efecto se acompaña de la frase expresada por el famoso escudero para reconocer las bondades del vino de Ciudad Real, ya conocido por toda España y podemos decir por todo el mundo.

Precisamente lo que pretende la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan es que este vino sea una carta de presentación, tanto de la cultura, como de la gastronomía de la ciudad y que hable de ella por el mundo ya que todos los visitantes que nos honren con su presencia se llevaran en su corazón y su estómago un recuerdo de su paso por Alcázar de San Juan.

El acto fue una reunión entrañable de amigos al que asistieron una nutrida representación de miembros de la Sociedad Cervantina, estuvo presentado y conducido por Marcos Galván Vela, locutor de Onda Cero y en el que intervinieron el socio Manuel Castellanos que hizo una magnífica lectura del pasaje del capítulo 13 de la Segunda Parte del Quijote que da nombre al vino, también habló Santiago Alonso, el enólogo de las Bodega Alort, para explicar las características del vino: un caldo de capa alta de tonalidades violáceas, de aromas frescos, minerales, con matices a cacao y fruta roja escarchada de equilibrada acidez, sabroso y de tanicidad elegante y lo más importante, que marida muy bien con gastronomía del Quijote.

También el presidente, Juan Bautista Mata Peñuela, intervino para explicar a los presentes el proceso de elección del nombre y como la Junta Directiva de la Sociedad tomó la decisión de emprender esta aventura.

El acto -en cuanto a intervenciones- lo cerró Rosa Melchor, la alcaldesa de Alcázar de San Juan y presidenta de la ACEVIN (Red de Ciudades del Vino), para elogiar esta iniciativa que no sólo es cultural, sino que afecta también a las vertientes gastronómica y turística de la ciudad y aplaudió que las fuerzas culturales de la ciudad emprendan este tipo de acciones que no pretenden otra cosa que situar a Alcázar de San Juan en el lugar que le corresponde en el mundo turístico y cervantino.

El acto de presentación terminó con la actuación de Toni Maldonado, miembro de la Sociedad que interpretó a la guitarra la “Entradilla Castellana”, de Agapito Marazuela, un arreglo realizado por él mismo para La CaMeRaTa CeRvAnTiNa, grupo de música tradicional de La Mancha (del que forma parte),  galardonado con el Premio de Nueva Creación Musical “Agapito Marazuela” 2017 (https://youtu.be/NWgf99ChyIw).

A la finalización de la actuación musical, los asistentes pudieron disfrutar de la degustación del vino y de unos aperitivos con productos manchegos en un maravilloso ambiente social en el que estuvieron presentas algunas de las autoridades de la ciudad y con una temperatura muy agradable que hizo que todos disfrutasen del evento.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan