Don Félix Sanz Roldán en Alcázar de San Juan

La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan ha recibido la visita de un invitado de lujo, el General de Ejército D. Félix Sanz Roldán que es parte de la historia reciente de este país ya que fue más de diez años director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y actualmente es presidente del Consejo Social de la Universidad de Castilla-La Mancha

Alcázar de San Juan, 25 de septiembre de 2022.- En la última edición de los “Almuerzos de don Quijote” celebrada el sábado 24 de septiembre, ha visitado nuestra ciudad D. Félix Sanz Roldán, un castellanomanchego nacido en Uclés (Cuenca) que por su formación y valía personal ha alcanzado puestos muy destacados en la vida pública española.

Sanz Roldán, militar de profesión, ingresó en la Academia General Militar en 1962 siendo promovido a teniente de Artillería en 1966 siendo su primer destino (a su petición) El Aaiún en el Sáhara Español. Tras una meritoria carrera militar y con el empleo de comandante estuvo destinado en la Embajada de España en Washington (como agregado militar) siendo el primer oficial que obtuvo su formación en EE.UU. que le fue convalidada posteriormente en España. Su estancia y aprendizaje en el ejército estadounidense le sirvió para preparar la evolución que necesitaba nuestro propio ejército, en el que alcanzó el grado de teniente general en 2004, poco después fue designado Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) ejerciendo este cargo hasta 2008. En 2009 fue nombrado director del Centro Nacional de Inteligencia con rango de secretario de Estado, donde permaneció hasta 2019 tras 10 años al frente de los servicios de inteligencia españoles.

En 2019 fue nombrado presidente del Consejo Social de la Universidad de Castilla-La Mancha, cargo que ejerce en la actualidad. Precisamente ha venido a Alcázar de San Juan acompañado de su secretario en el Consejo, el alcazareño Ignacio Gavira, quien en todo momento ha facilitado a la Sociedad Cervantina que esta visita se haya podido producir.

Tras una breve visita por el centro histórico de Alcázar y ya alrededor de la comida típica manchega los cervantistas alcazareños han podido exponerle al Sr. Sanz Roldán diferentes proyectos culturales que tienen preparados para ser puestos en marcha en el corto plazo, proyectos que desde el Consejo Social de la Universidad han sido muy bien acogidos ya que entre sus principales objetivos se encuentran tanto la promoción cultural en nuestra región como la difusión de la propia Universidad dentro de su territorio, por lo que es muy posible que se concreten en el futuro líneas de colaboración que pueden resultar muy interesantes para Alcázar de San Juan y su comarca.

Además de ser una persona afable y muy cercana, ha aportado a la Sociedad Cervantina parte de sus innumerables conocimientos, entre ellos un artículo titulado «Miguel de Cervantes: un soldado del siglo XXI» que en breve reproduciremos íntegro en nuestra web y blog, y en el que se asevera que el Tercio de don Lope de Figueroa, donde Miguel de Cervantes sentó plaza, es hoy el Regimiento de Infantería Mecanizada Córdoba 10, con base en Cerro Muriano (Córdoba).

Se ha tratado de una gratísima visita que ha dejado muy satisfechos a los cervantistas alcazareños y no será la última ya que Sanz Roldán se ha brindado a seguir colaborando con la Sociedad Cervantina en cuantos actos culturales le sean propuestos.

Sociedad Cervantina de Alcázar

La Sociedad Cervantina de Alcázar participó en las jornadas molineras de Criptana

Con la asistencia de nuestros socios Jesús Sánchez Sánchez, Marciano Ortega, Zacarías López-Barrajón Barrios y Carlos J. Martínez Santiago

En Campo de Criptana (Ciudad Real), los pasados días 16 y 17 de septiembre ha tenido lugar, en el recientemente inaugurado Centro de Interpretación del Molino Manchego, el curso «Patrimonio molinero Manchego»

Dicho curso ha estado organizado por el Vicerrectorado de Cultura, Deporte y Responsabilidad Social de la Universidad de Castilla – La Mancha, contando con la colaboración del ayuntamiento de Campo de Criptana. 

Como objetivos del curso figuraron el entender la importancia de los molinos de viento en la cultura e historia de la Mancha, analizar las características de este patrimonio y definir estrategias para su puesta en valor como herramientas de promoción cultural. Así pues, se reunieron especialistas de diferentes campos con el fin de tratar la importancia de los molinos de viento en el patrimonio cultural y el paisaje de la región de Castilla La Mancha. 

Bajo la dirección de José María Coronado Tordesillas, profesor de la E.T.S. Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos y Esther Almarcha Núñez-Herrador
Directora del Centro de Estudios de Castilla-La Mancha, el curso se compuso de tres elementos básicos: Las ponencias de los distintos especialistas, la celebración de una mesa redonda y, finalmente, una serie de actividades como la explicación detallada del funcionamiento del mecanismo del molino a cargo de Juan Bautista Sánchez Bermejo, así como visitas didácticas al patrimonio urbano de Campo de Criptana y en los elementos museísticos del citado Centro de Interpretación del Molino Manchego. 

La mesa redonda se denominó «Los molinos y su relevancia en la configuración de los paisajes culturales de La Mancha», moderada por José María Coronado, contó como ponentes con Diego Peris Sánchez, arquitecto, Fco. Javier Rodríguez Lázaro, Profesor de la UCLM especializado en Patrimonio cultural y obra pública,  Francisco Escribano Sánchez-Alarcos, cronista Oficial de la villa anfitriona y la codirectora del curso Esther Almarcha. 

El curso contó con la participación de varios arqueólogos, tales como Honorio Javier Álvarez , técnico de Patrimonio JCCM, viceconsejería de Cultura, Miguel Ángel Hervás Herrera y Víctor Manuel López-Menchero Bendicho

Cabe reseñar los buenos frutos de la colaboración y sinergia entre la Universidad de Castilla-La Mancha y las administraciones locales ayuntamiento de Campo de Criptana el cual desarrollo una decidida vocación en potenciar los bienes patrimoniales como palanca del desarrollo local en el caso que nos ocupa se trata principalmente de un potente elemento del paisaje cultural cómo son los molinos de viento. 

El curso constituyó un éxito y reflejó el interés por parte de la ciudadanía en estos elementos tan importantes y con tanta proyección de futuro. 

Jesús Sánchez Sánchez

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan. 

El laberinto de los azulejos de Matilda Geddings Gray

(para Mario Vargas Llosa)

«Cada persona que pasa por nuestra 
vida es única. Siempre deja un poco de 
sí y se lleva un poco de nosotros». 
—Jorge Luis Borges

Cuando alguien nos hace reír, nos comparte algo de su gracia, nos transforma de lejos. A veces esto sucede en el acto de comunicar algo no deseado. La sátira, por ejemplo, el género por excelencia de la risa, se burla primero del ser humano en general y sólo después le echa los brazos como un yugo al cuello de la mayor de sus víctimas. En ese sentido, la sátira es como una mujer que contempla el abanico de sus opciones. El mensaje humanizado de Apuleyo al final de El asno de oro (c.175 d.C.), también conocido como Las metamorfosis, es tanto antiimperialista como antibélico, pero solo después de mucha risa y amor.

Nacida en Lake Charles, Luisiana, Matilda Geddings Gray (1889–1971) —empresaria, coleccionista de arte y filántropa— viajó a Guatemala en 1935 donde compró una casa en la Antigua. Hasta que no me indiquen lo contrario, debo concluir que la Srta. Gray —retratada arriba vestida de estilo transgresor de las «flappers» de los años 20, con perlas alrededor de su magnífico cuello y con unos ojos tan grises e imperiosos como el Golfo después de un huracán— era la única persona capaz de haber colocado los azulejos que aún se ven en el muro de un patio de su casa a la sombra de los tres volcanes centroamericanos de Agua, Fuego y Acatenango. En algún momento o ella o su padre, John Geddings Gray de Nueva Orleans, era dueño el campo petrolero más productivo del mundo. La extrema riqueza producida por el Rancho Gray podría explicar la colección ridículamente extensa de huevos Fabergé de Matilda, colección que incluía el fantástico “Huevo napoleónico” que Nicolás II le había dado a su madre la Emperatriz María Fiódorovna Románova para conmemorar el centenario de la Batalla de Borodinó.

Según el estilo local, la antigua entrada de la Casa de las Mil Flores está pavimentada con cantos de río y huesos de vaca en forma de un enorme galeón español que todavía flota sobre las olas del Caribe. Reinan en ese lugar una calma, una confianza y un respeto por la vida y la historia que son una lección de humildad. Entonces te señalan el tiro de gracia. Para la pieza central del jardín de su nueva casa antigüeña, doña Matilda había elegido el toque de prueba de la literatura española. Determinó restaurar toda la casa, la estructura, así como las costumbres y los espíritus de los que una vez la habitaron. A dicho fin, hizo importar de España doscientos ochenta azulejos pintados a mano que representan las dos partes de Don Quijote de la Mancha, y los ubicó en cinco filas contra un fondo amarillo en un marco almenado pintado de blanco brillante, todo eso en un muro gris de unos seis metros de largo centrado sobre una pequeña fuente felina que escupe agua en un estanque azul.

A través de sus azulejos, doña Matilda creó con sus propios dedos, y de una manera más minuciosa de lo que podríamos haber esperado, una muestra maravillosa de su buen gusto, su abundante inteligencia y sí, incluso su visión moral de la vida. Es más, cierto entrecruzamiento orquestado por la Srta. Gray allí entre los azulejos cervantinos de su Casa de las Mil Flores ha logrado convertir el lugar en una especie de Palacio de Fontainebleau en el altiplano maya. Dicho de otra manera, unos muros son más importantes que otros.

En Mil Flores —llamémosla también la Casa de las Américas de esa asombrosa mujer de Luisiana— Matilda Geddings Gray hizo lo que Catalina de Médici mandó que se hiciera en Fontainebleau. No nos puede sorprender que la Srta. Gray también era propietaria de un chateau en las afueras de París, donde seguramente había aprendido a dejar rastro de su dignidad a través de la orientación de ciertos objetos de arte. El arte de comunicarse a través del tiempo. En el caso de Fontainebleau, la Reina de Francia comisionó un conjunto de pinturas que representaban escenas clave de Las etiópicas (¿220/370? d.C.) de Heliodoro. A través de los cristales del salón principal aún se puede divisar una estatua de la diosa Diana bañándose en una fuente. Todo ese programa hemos de suponer que le vino a la mente a la reina consorte en su urgencia para indicar que los asuntos delegados al corazón son tan serios como los asumidos por los gobernantes de una nación, y viceversa.

Cuatro siglos más tarde, y al otro lado del Atlántico, otra princesa llamada Matilda Geddings Gray hizo importar un juego de azulejos pintados con viñetas de la novela de Cervantes —en aquel entonces todavía de obligada lectura entre personas educadas— y los instaló en un muro en el jardín de su casa. Y a través de tres cambios que hizo en el orden normal de los azulejos, es decir, en el orden de los episodios del libro que hoy reconocemos como la primera novela moderna, la Srta. Gray logró lanzarnos una ingeniosa trampa basada en un significado particular que atribuyó a la obra de Cervantes.

Confieso que me sorprendió enterarme de la transformación que Gray había llevado a cabo en su interpretación de Don Quijote. Fue como despertar en una playa. Es que la Srta. Gray me parece un alma literaria de alta categoría. ¿Qué puedo decir? Unos somos más asnales que otros y por períodos de tiempo más largos. Solo digo que me rindo ante doña Matilda, como si fuese un ave repentina o el color rojo. He marcado con una piedra blanca el día que vi su obra por primera vez —los idus de octubre de 2018— y he marcado con arena negra todo el paso del tiempo anterior a ese momento.

La interpretación que plantea Gray en sus azulejos se encuentra entre las más acertadas que he visto en mi vida porque pudo describir el nexo entre los temas de la raza y la esclavitud en Don Quijote, nexo que en sus preciosas manos también señala la esencia de las contribuciones españolas a la evolución de la forma novelesca. Primero describamos lo que hizo Gray y luego contemplaremos lo que podría haber querido comunicarnos a través de su labor.

A continuación, se muestran por separado dos tiras de los azulejos de doña Matilda. Son las dos series que nos preocupan porque comparten una especie de triple error —digamos una trinidad de errores—, más concretamente un nudo formado por dos errores en la primera serie que luego nos lleva al error final en la segunda.

Al considerar las primeras dos terceras partes de los azulejos en la primera serie, estamos viendo un preámbulo bien ordenado del texto de Cervantes. Vemos: (1) la portada de la serie con la imagen del libro, (2) una apoteosis de la novela y el autor, (3) Cervantes, y luego los tres personajes principales de la obra: (4) don Quijote, (5) Sancho Panza y (6) Dulcinea del Toboso. Hasta aquí todo bien.

Pero ahora nos enfrentamos a tres azulejos claramente fuera de lugar: (7) don Quijote enloqueciéndose en su biblioteca, (8) Rocinante y (9) el hidalgo manchego en un campo durante su primera salida. Aquí hay confusión. Según el patrón de las flores azules en las esquinas de los azulejos con el autor y los personajes principales, después de Dulcinea deberíamos ver: (7) Rocinante, (8) el asno o “rucio” de Sancho (ausentado), (9) don Quijote enloqueciéndose en su biblioteca y (10) finalmente el caballero manchego en un campo durante su primera salida.

En suma, la primera tira de azulejos de la novela según la perspectiva de Matilda Gray contiene dos cambios obvios que requieren nuestra consideración: (a) Gray quitó el azulejo del rucio de Sancho de la serie inicial de personajes y (b) corrió el azulejo de Rocinante a la derecha de don Quijote enloqueciéndose en el acto de leer.

Podríamos explicar esos cambios de varias maneras. La Srta. Gray podría haber confundido a don Quijote enloqueciéndose en su biblioteca con una imagen que llevaba en su mente del narrador en el prólogo; entonces, podría haber metido Rocinante al final del primer capítulo donde aparece por primera vez. Continuando con la primera salida, pensando incluir el rucio cuando el escudero lo menciona en DQ 1.7, de alguna manera lo olvidó. Pero en tal caso, ¿por qué no dejar aparte también al escudero que aparece por primera vez en el mismo capítulo que su rucio? Y si lo pensamos bien, Dulcinea no aparece hasta DQ 1.25.

No, no y no. Ese desorden particular siempre escapará a todo intento de explicarlo como un error, y si insistimos en esa línea de investigación, corremos el riesgo de atribuirle un grado improbable de descuido a una sofisticada historiadora y coleccionista de arte.

No pudiera haber sido tan casual con sus azulejos doña Matilda. La teoría más plausible es que ella sí nos ha dicho algo, pero que no lo hemos podido entender porque ha quedado en nuestro punto ciego. Por ejemplo, en la segunda serie de azulejos bajo nuestra consideración colocó el rucio cerca del principio de DQ 2.25. En otras palabras, insertó el rucio justo en la primera mención de la Aventura del rebuzno por parte del portador de armas, es decir, justo donde Dios lo habría mandado, justo donde empezamos a aprender acerca de cómo y por qué dos tribus de idiotas están al borde de una guerra por determinar finalmente quiénes son los mayores asnos del mundo.

Propongo que la primera conclusión que podemos extraer de los azulejos de Matilda Geddings Gray, autora del Quijote, es que la Aventura del rebuzno es clave. Un corolario inmediato será que la novela satiriza la guerra y sobre todo la guerra civil. Pero la mejor teoría —por ser la más interesante diría Lönnrot— es que el enigma cervantino de la Srta. Gray siempre ha sido suyo, con lo que Dios no tuvo nada que ver con su azulejería y por sí sola la propia Matilda ya nos ha enseñado a desenredar su mensaje. Si esto no es milagroso, al menos se lo podría reclamar en nombre de lo misterioso.

A veces me siento invadido por la necesidad de restaurar el orden del universo según Matilda Geddings Gray. No hay nada de siniestro en eso. Propongo primero dejar que Rocinante haga un salto hacia la izquierda en la primera serie de azulejos, así ubicándose nuevamente después de Dulcinea. Pero antes de quitar el rucio de la segunda serie con la intención de devolverlo a la primera, ¿qué pasa si repetimos la primera función? ¿Y si volvemos a hacer con el rucio lo que por alguna extraña razón la Srta. Gray nos acaba de obligar a hacer con el rocín? Después de todo, si ella hubiera querido que atendiéramos solamente a DQ 2.25, entonces simplemente podría haber movido el rucio allí; no necesitaba haber cambiado la posición de Rocinante. Ergo, ¿qué pasa si en la segunda serie de azulejos, aunque solo sea por respeto a lo que la Srta. Gray nos ha mostrado hasta ahora, dejamos que el rucio imite el rocín saltando a la izquierda sobre el portador de armas que cuenta la Aventura del rebuzno?

El resultado sería colocar el asno de Sancho precisamente entre la alusión a la esclavitud de negros al final de DQ 2.24 y la alusión a la guerra civil al principio de DQ 2.25. Además, con esa maniobra añadida, nos habrá obligado doña Matilda a alejarnos de los dos azulejos con el “mono adivino” de Maese Pedro para en cambio poder reconsiderar a los negros africanos que Cervantes acaba de comparar con viejos soldados (cf. Plutarco sobre el maltrato de los esclavos por Catón el Viejo). Por último, estaríamos colocando el azulejo del rucio justo donde don Quijote ve por fin una posada en lugar de un castillo y justo donde el hidalgo trabaja con sus propias manos por primera y única vez en la novela. Según la Srta. Gray la novela de Cervantes indica que la solución a la esclavitud racial son los negocios y el mercado laboral.

El hercúleo análisis literario de Matilda Geddings Gray traza una magnífica lectura de la picaresca española que logra transmitir las claves de la novela moderna tal y como la inventó Cervantes. Restablece el nudo gordiano entre el simbolismo del asno, la sátira contra la guerra civil y la alusión a la esclavitud, rematando con el singular giro español contra la nueva forma de esclavitud basada en la raza. Además, parece que tenía todo eso en mente antes de colocar un solo azulejo en el muro. De ahí el encanto, el misterio del proyecto de esa mujer.

Es todavía dos veces más de misterioso. En primer lugar, yo mismo estuve más de un año escribiendo un ensayo largo y aburrido sobre el significado del asno en Don Quijote en el que argüí que el monte de Sancho es el símbolo clave de la novela y que tiene todo que ver con la raza y la esclavitud. Luego resulta que la Srta. Gray había revelado todo eso ya hace setenta y cinco años y con más gracia a través de su azulejería meticulosa en la Casa de las Mil Flores en la Antigua. Venciste, hermosa Matilda, venciste; que no es posible tener ánimo para negar tantas verdades juntas.

En segundo lugar, hay una moraleja que aclara la interpretación de la primera novela moderna que nos delegó la Srta. Gray. Al final, descifrar los azulejos entrecruzados de la Casa de las Mil Flores debe quedar como un acto abstracto, porque colocarlos en el muro correctamente implicaría tener que avanzar cada uno de entre DQ 1.1 y DQ 2.25, por lo que correríamos el riesgo de arruinar alrededor de 75% de los azulejos.

Del mismo modo no podemos volver a vivir lo que ya ha sido vivido por otros. El rompecabezas cervantino de Matilda Geddings Gray quedará siempre sin resolver. Nos insta a contemplar los problemas del pasado, pero aboga por la templanza a la hora de emprender su corrección. ¿Cómo pudo doña Matilda haber percibido ese compromiso alojado en el corazón de Don Quijote? Desde luego no lo sé, pero pudiera haber tenido algo que ver con el hecho de que no solo restauraba casas en Guatemala sino también en Luisiana. Otro ejemplo de su magistral vocación se puede ver en el pueblo de Wallace, donde permanece la mansión de Evergreen, una encomienda de azúcar que Gray mandó restaurar al estilo neogriego antebellum, el mismo estilo que se había elegido para su primera restauración en el año 1832. La habrás visto, querido lector, ya en la película Django desencadenado (2012). No estoy seguro de que puedas pasar la noche allí, pero definitivamente no es el castillo que alguna vez fue.

Casi por casualidad hemos dado con la diferencia entre la pura sátira negra y la novela de color gris, un género intermediario o tercero. La picaresca se queda gris y triangular porque en ella siempre se pondera el amor a la par del poder político. Sí, de alguna manera el orden social consistirá en proporcionarles pan y circo a las masas; pero todo eso se defenestra cuando te enteras de la existencia de la Emperatriz del Universo. Al igual que Isis, María, Zoraida o Dulcinea, la sin par Matilda reclama un espíritu fuerte y libre del miedo a la muerte. Durante el Renacimiento, además de reconsiderar el tema de la esclavitud y resucitar el simbolismo del asno que se habían permanecido dormidos desde la antigüedad tardía, los novelistas españoles lograron devolver a la mujer a su justo lugar en la picaresca. La diosa, la madre y la amante celestial de la novela a menudo limpia la sangre de una hoja de caza con vino sagrado, porque ella también es una fundadora, una guerrera sacerdotisa, y si te encuentra indefenso en el bosque te atará el corazón y desatará laberintos en tu mente.

Eric Clifford Graf

Doctor en Literatura Española

Castellanomanchegos en la expedición de Magallanes-Elcano

La asombrosa expedición naval de descubrimiento que finalizó con la primera circunnavegación del mundo a cargo de Juan Sebastián Elcano contó con cinco castellanomanchegos, pero ninguno pudo completar el periplo

El único que sobrevivió a este viaje fue el albaceteño Juan de Chinchilla que desertó y volvió a Sevilla el 6 de mayo de 1521 a bordo de la nao San Antonio, que al mando de Jerónimo Guerra, desertó de la expedición

Alcázar de San Juan, 01-09-2022.- El próximo 6 de septiembre se cumplirán quinientos años de la llegada a Sanlúcar de la nao Victoria, única superviviente de la flota de cinco naves que componían la expedición española comandada por Fernando de Magallanes (Trinidad, San Antonio, Concepción, Victoria y Santiago), que habían partido tres años antes de ese mismo puerto con destino a lo desconocido en un viaje que significó la primera circunnavegación de la Tierra.

Desde la finalización del viaje y habiendo llegado totalmente exhausto, el propio Elcano fue consciente de la gesta que había realizado, por encima de haber descubierto el estrecho y por encima de haber llegado a las Molucas, como así se lo manifestaba al rey Carlos V en una misiva diciéndole: Más sabrá su Alta Majestad lo que en más avemos de estimar y tener es que hemos descubierto e redondeado toda la redondeza del mundo yendo por el occidente e viniendo por el oriente”.

Este fabuloso viaje significó no sólo el descubrimiento del paso austral al llamado Mar del Sur (que había descubierto por primera vez Vasco Núñez de Balboa el 25 de septiembre de 1513 –tan solo seis años antes- desde una cumbre en el istmo de Panamá, bautizándolo con este nombre), a través del estrecho de Magallanes, sino también el hecho de poder determinar la verdadera dimensión en leguas de este nuevo océano al que el capitán general portugués dio el nombre de Pacífico.

Pero sobre todo concluyó (gracias a la decisión de Elcano de seguir navegando desde el Maluco hacia el oeste) con la constatación más espectacular de todas, la de la redondez de la Tierra y que navegando siempre hacia el oeste se volvía por el este aunque con la desagradable  sorpresa de haber perdido un día en el calendario –Pigafetta anota en su testimonio del viaje que en Cabo Verde preguntó qué día de la semana era y le dijeron que jueves, cuando según sus cuentas y sin haber estado enfermo como para impedirle sus anotaciones, para él consta que es miércoles-.

Si bien la corona de Castilla fue la que financió la expedición, tomaron parte en ella marinos de muy diferentes nacionalidades, así como de diferentes lugares del territorio español. También del territorio de nuestra comunidad autónoma, que, si bien entonces no se conocía por este nombre, en la actualidad es conocida como Castilla-La Mancha.

Cinco personas del territorio que ahora ocupa nuestra Comunidad se embarcaron en esta expedición con una suerte nefasta ya que ninguno de ellos pudo completar el periplo alrededor del globo terráqueo.  Además, cuatro de ellos murieron en el intento. Tan sólo uno regresó vivo de la expedición a nuestro suelo patrio y como suele decirse, por la puerta de atrás.

En este V Centenario de la Primera Vuelta al Mundo quiero rendir a los cinco castellanomanchegos un homenaje y un recuerdo por la decisión que tomaron de embarcarse en esta formidable aventura que a casi todos les costó la vida:

Pedro García, herrero, natural de Ciudad Real, hijo de Antonio García de Quirós y María García vecinos de Ciudad Real, con un sueldo de 1.000 maravedís por mes a contar de agosto de 1519 (recibió 4.000 maravedís el sueldo adelantado de 4 meses) por embarcarse en la nao Victoria como criado y sobresaliente de Luis de Mendoza capitán de la nao y tesorero de la armada.  Fue muerto por los indios en la emboscada de Cebú (Filipinas) el 01-05-1521. No llegó a alcanzar las islas Molucas (objetivo del viaje) aunque se quedó muy cerca…

Antón de Escobar, natural de Talavera, hijo de Juan de Escobar y Leonor Méndez, vecinos de Talavera, con un sueldo de 1.500 maravedís por mes (recibió 6.000 maravedís el sueldo adelantado de 4 meses) por embarcar en la nao San Antonio (la mayor de la flota con 120 toneles vizcaínos de capacidad, unas 144 toneladas) como criado de Juan de Cartagena, capitán de la nao y veedor de la armada. Fallecido a causa de las heridas en la batalla de Mactán (Filipinas, en la que también murió el capitán general Fernando de Magallanes) el 28 de abril de 1521 dos días después de la batalla. Es curioso que a pesar de embarcarse inicialmente en la nao San Antonio, no regresó con ella en su viaje de deserción.

Juan de Chinchilla, natural de esta ciudad, hijo de Alcides de Oria y María de Quevedo, con un sueldo de 1.500 maravedís por mes (recibió 6.000 maravedís el sueldo adelantado de 4 meses) por embarcarse en la nao San Antonio, como criado de Juan de Cartagena, su capitán. La tripulación de esta nave se sublevó el 1 de noviembre de 1520 en el estrecho de Magallanes y retornó a Sevilla (desertando de la expedición) el 6 de mayo de 1521. El único superviviente de los castellanomanchegos.

Antón de Goa “Loro”, grumete, natural de Toledo, criado de la marquesa de Montemayor, con un sueldo de 800 maravedís por mes (recibió 3.200 maravedís el sueldo adelantado de cuatro meses) por embarcarse en la nao Trinidad, la capitana, que iba al mando del propio Fernando de Magallanes. Muerto por los indios en la emboscada de Cebú (Filipinas) el 1 de mayo de 1521. Al igual que el ciudadrealeño Pedro García tampoco llegó a las islas Molucas, quedándose a las puertas de la Especiería.

Juan de Ortega, marinero, natural de Cifuentes (Guadalajara), hijo de Pedro de Ortega y de María de Cifuentes (llamada María de Morón en otras fuentes), con un sueldo de 1.200 maravedís mes, recibió al embarcarse 4.800 maravedís, el sueldo adelantado de cuatro meses por embarcarse en la nao Concepción, al mando de Gaspar de Quesada.

Juan de Ortega fue el castellanomanchego que más lejos llegó en esta formidable aventura, ya que venía de regreso en la nao Victoria cuando murió de enfermedad el 20 de mayo de 1522, tan solo dos días después de haber rebasado el Cabo de Buena Esperanza, ya en pleno Océano Atlántico, en el camino de regreso.

Entre los documentos que se conservan hay una Provisión del Consejo de Indias para que se entregasen a María de Morón, como madre de Juan de Ortega, que había ido en la armada de Magallanes, cuatro ducados a cuenta del sueldo devengado (año 1531). Estos cuatro ducados equivalían a 1.500 maravedís, un mínimo adelanto del sueldo que le correspondía por el servicio a la corona a lo largo de sus 32 meses de travesía, estimado en 38.400 maravedís (algo más de 102 ducados).

No obstante, y para que sirva de comparación, el sueldo recibido por los diez marineros supervivientes llegados en la Victoria, fluctuó entre 46.080 maravedís (123 ducados) el que menos y 92.420 maravedís (246 ducados) el que más, en concepto de sueldos, cajas y quintalada.

El cifontino Juan de Ortega fue el castellanomanchego que navegó más leguas y tuvo las mayores experiencias de todos nuestros paisanos; descubrió el estrecho de Todos los Santos, (posteriormente llamado de Magallanes en honor al descubridor), llegó a las Islas Filipinas, donde vio morir a su capitán general Magallanes y tuvo la fortuna de llegar hasta las islas Molucas, a la Especiería, hito que ni siquiera estuvo reservado para el propio capitán general.

Después de superar las mayores dificultades, sobrevivir a la batalla de Mactán, esquivar la traición de Enrique de Malaca en la emboscada de Cebú (Filipinas) donde asesinaron a 24 compañeros, y tras atravesar las más duras jornadas de navegación por el Índico, evitando los puertos y las naves portuguesas; cuando ya se había doblado el Cabo de las Tormentas y apenas faltaban tres meses para la llegada a Sanlúcar, el cifontino entregó su alma, ya en el Océano Atlántico, imaginamos que totalmente exhausto.

Pigafetta, testigo directo y relator del viaje cuenta en este punto esta curiosa anécdota:

«En fin, con ayuda de Dios, el 6 de mayo doblamos este terrible cabo, siendo preciso acercamos a él hasta distancia de cinco leguas, sin lo cual no lo hubiéramos conseguido jamás.

Corrimos, en seguida, hacia el noroeste durante dos meses enteros, sin reposamos jamás, perdiendo en este intervalo veintiún hombres, entre cristianos e indios. Al arrojarlos al mar, notamos una cosa curiosa, y fue que los cadáveres de los cristianos quedaban siempre con el rostro vuelto hacia el cielo, y los de los indios con la cara sumergida en el mar. (Antonio Pigafetta. Primo Viaggio Intorno al Globo Terracqueo)«.

Este viaje tuvo una importancia política y estratégica fundamental en la lucha de poder entre los dos imperios navales del momento: Portugal y Castilla. Y facilitó una nueva y desconocida ruta hacia las islas Molucas (Indonesia) donde se producían especias como la nuez moscada, el clavo oloroso y la canela, que tenían un valor mayor que el propio oro y que el imperio otomano había hecho inalcanzables por tierra para las potencias europeas.

A pesar de que se haya dicho que se trata de una gesta global, es totalmente incierto.

Esta hazaña corresponde única y exclusivamente a la corona de Castilla, que fue quien la patrocinó e impulsó, mientras que Portugal puso el mayor empeño posible con todos los medios a su alcance, legales e ilegales, para que este viaje fracasase. El propio Magallanes se consideraba un español más y un fiel servidor del rey de Castilla a quien había jurado lealtad. Pero no hay que olvidar que Magallanes murió sin haber alcanzado las Molucas y sin siquiera saber dónde se encontraban (o al menos murió sin decirlo).

El mérito único y exclusivo de haber llegado a las Molucas es de Juan Sebastián Elcano quien se sirvió de pilotos locales y de su gran pericia y valía como marino.

Desde la partida de Brunéi, cuando relevaron del mando a Juan López de Carvalho, tomaron el mando un cuarteto de personas que permitieron enderezar el rumbo de la expedición:

«Acompañando a Elcano y a Espinosa (Gonzalo Gómez de Espinosa, el gran olvidado de esta gesta) hubo otras dos personas de especial relevancia en la nueva organización: el escribano Martín Méndez y el maestre Juan Bautista de Punzorol. Elcano, Espinosa y Juan Bautista fueron los “gobernadores” de la armada, mientras que Méndez fue su escribano y tesorero. En su faceta de escribano, Martín Méndez fue quien escribió el documento clave para conocer muchos de los detalles importantes que ocurrieron en esos meses de contactos con pueblos tan diversos del sureste asiático. Es el conocido como Libro de las Paces del Maluco» (Tomás Mazón Serrano. – Elcano, viaje a la historia).

Elcano fue quien, consensuándolo con Gómez de Espinosa, tomó también la arriesgada decisión de volver hacia el oeste atravesando por completo el Océano Índico en la mayor singladura sin escalas en tierra (5 meses y 15 días) que se había hecho hasta la fecha. Teniendo en mente en todo momento que de este modo circunnavegaría el globo terrestre.

Sirva nuestro recuerdo para tener siempre frescos en la memoria a estos valientes marinos y especialmente a los cinco castellanomanchegos.

Constantino López Sánchez-T.

Emitido el fallo ganador del XX Certamen Literario ‘Lorenzo Serrano’ Vinos de La Mancha

Los ganadores se conocerán en la ceremonia de los premios Vino & Cultura el próximo 19 de octubre, en San Clemente (Cuenca)

El jurado del XX Concurso literario ‘Lorenzo Serrano’ Vinos de La Mancha se reunió en la sede del Consejo Regulador durante la jornada del pasado 30 de agosto para dilucidar los ganadores del certamen. Una convocatoria, realizada por vía digital a través de la plataforma mundoarti.com y la que han respondido unos 97 autores participantes, con un total de 107 trabajos presentados.

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Se han deliberado un Primero y un Segundo Premio, valorados en 1.000 y 750 euros, respectivamente, junto a dos accésit, de 500 euros cada uno. Como ha subrayado, Juan Bautista Mata, Presidente de las Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan y miembro del jurado junto a Ana Belén Serrano y Ana Barrajón, “el nivel de los relatos ha sido muy elevado destacando su brillantez lo cual ha hecho bastante complicado elegir a los cuatro ganadores.”

Temática común: los vinos de La Mancha

Una edición más, volvieron a ser recurrentes, como temas más habituales, las escenas de la vendimia, la nostalgia pretérita, el suspense y los romances pasados o las historias de giro rocambolesco y divertido inspiradas en el vino de La Mancha. Especial mención cabe resaltar en el relato ganador, que tuvo unanimidad del jurado por su calidad literaria, técnica y narración además de una buena adecuación y respeto a las bases, evocando, en palabras de Mata, “los sabores de los vinos de La Mancha y transmitiendo con gran originalidad desde la primera hasta la última línea”.

XX Concurso literario de Vinos de La Mancha 'Lorenzo Serrano'

La entrega de los galardones del Certamen Literario ‘Lorenzo Serrano’ se realizará el 19 de octubre, dentro de los Premios Vino & Cultura que supondrán el broche final a la IV Fiesta de la Vendimia de Onda Cero organizada  por los vinos DO La Mancha para este próximo otoño.

Publicado en Vinos de La Mancha – El Origen del Vino – DO La Mancha

Don José María Rivas Valero – Rivas de Alces

En el trabajo, recientemente difundido por la Sociedad Cervantina de Alcázar, dedicado a “La plaza de las Rubias y los Rosqueros”, que iniciábamos con una poesía de Don José María Rivas, enviada en 1953 desde la barcelonesa ciudad de Vic a la revista UNIDAD, manifestábamos desconocer la identidad de esta persona y su relación con Alcázar; suponiendo que, por los muchos conocimientos que de esa plaza trasladaba en su poema, esta ciudad sería su patria chica.

Tras ser divulgado el trabajo recibimos noticias de un familiar de Don José María en las que nos dice que su nombre completo es José María Rivas Valero, nacido en Alcázar de San Juan en 1922, que escribía bajo el seudónimo de Rivas de Alces. Una vez, que, a través de su seudónimo, nos ha sido desvelada su identidad, hemos tenido ocasión de conocer otros trabajos suyos, todos ellos firmados como Rivas de Alces.

De profesión ferroviario, se proclamaba autodidacta y se presentaba como un poeta popular enamorado de la cultura y de la poesía.

Un año después de su muerte, acaecida en el año 1990, la Casa Municipal de Cultura de Alcázar, junto a su Universidad Popular, recopiló algunos de sus trabajos en el libro:

Del Centro al Sur

(Coplas, Poemas y Canciones) 

Rivas de Alces

El libro no recoge el poema – homenaje dedicado en 1953 a la “Antigua plaza de la Rubia del Rosquero, hoy de Cervantes”, ya que, tras unos pocos poemas, ocho en total, el libro está dedicado, casi por completo, a las coplas y canciones que compuso, algunas de ellas destinadas a Don Quijote, a Sancho Panza o a Dulcinea del Toboso, sin olvidar a la patrona de Alcázar, Nuestra Señora la Virgen del Rosario.

Tras consultar las hemerotecas hemos encontrado una frase suya en la que, en línea con lo transmitido en su poesía “Antigua plaza de la Rubia del Rosquero”, resume con nitidez su sentir alcazareño y cervantino; dice así: “Nací en un lugar de La Mancha… tan quijotesco como sea posible imaginar, donde más de una razón e incluso bastantes, abundan en el hecho de que allí viera la luz el más destacado escritor, orgullo nuestro y admiración del mundo. Todos saben que me refiero a Miguel de Cervantes Saavedra…”

Queda pues enmendado, mediante estas líneas, el desconocimiento con el que comenzamos nuestro trabajo. De justicia es sacar del anonimato, al que involuntariamente lo habíamos relegado, a Don José María Rivas Valero, de seudónimo Rivas de Alces.

                                                                          Manuel Rubio Morano

Sociedad Cervantina de Alcázar

Pregón de las Fiestas en Honor a San Lorenzo

Alameda de Cervera, 9 de agosto de 2022

El pregonero, José Manuel Zarco Tejada

Distinguidas autoridades: señora alcaldesa de Alcázar de San Juan, doña Rosa Melchor; señor alcalde pedáneo de Alameda de Cervera, don José Ángel Jiménez; señor alcalde de Cinco Casas, don Miguel Ángel Rosado; señor alcalde de Daimiel, don Leopoldo Sierra; señoras y señores
concejales de nuestro Ayuntamiento de Alcázar de San Juan; presidente, junta directiva y miembros de la Hermandad de San Lorenzo; presidente, junta directiva y miembros de la Asociación de Vecinos de Alameda de Cervera; alamedeñas, alamedeños y visitantes que nos acompañáis en estas fiestas. Muy buenas noches a todos.

No quisiera comenzar el presente pregón sin expresar la satisfacción que siento, como miembro de la Hermandad de San Lorenzo, por haber sido designado pregonero de las fiestas de este año en honor de nuestro excelso patrón. Satisfacción y orgullo que se mezclan con una cierta
preocupación por saber si seré capaz de transmitirles mi mensaje en este entrañable acto, de indudable responsabilidad para mí.

Haciendo un poco de memoria, cuando José Ángel me llamó un día por teléfono y me comunicó su interés en que yo fuese el pregonero, hizo que echase la mirada atrás y escudriñara en mis recuerdos. Por unos momentos me vi de nuevo en el año 1997, recién llegado a La Mancha,
con mi mujer y un niño de poco más de un año y medio. Y cómo dos años después, en mayo de 1999, comenzábamos a mirar en las inmediaciones de Alcázar de San Juan para cumplir nuestro sueño de tener un terrenito en el que descansar los fines de semana. La casualidad hizo que el día que vinimos por primera vez a Alameda de Cervera nos encontráramos aparcada en una calle la furgoneta de Antonio Izquierdo, que durante esos días nos arreglaba el parqué del piso alquilado en Alcázar. «¿Que estáis buscando un terreno para comprar?», —nos preguntó con cierta sorpresa al conocer el motivo de nuestro viaje. «¡Pues ya habéis encontrado el sitio,
no tenéis necesidad de ir a ninguno más!», —nos recalcó categóricamente.

Y concluyó: «El ambiente familiar y acogedor de los vecinos de La Alameda os va a encantar, ya lo veréis».

Solo unos días después de aquello hacíamos un nuevo viaje junto a nuestro ya amigo, que se ocupó de enseñarnos, una a una, todas las calles de la pedanía y los solares que había en venta, que no eran muchos. Como anécdota, cuando llegamos a la Cooperativa San Lorenzo, un dato,
aparentemente superfluo, no pasó desapercibido para nosotros: justo debajo del nombre, en letras de gran tamaño, aparecía escrito textualmente «Fundada en 1954». «¡No puede ser tanta casualidad!», —le dijimos a nuestro amigo, que nos miraba un tanto sorprendido. Y le
aclaramos: «Ese es el año de fundación de mi querido y sufrido Córdoba Club de Fútbol, ¡esto es una premonición!».

Pasaron las semanas y los meses y poco a poco fuimos conociendo los productos más característicos de La Alameda, como el pan moreno y las riquísimas tortas de pico de la Panadería; las exquisitas sandías, melones «piel de sapo» y pimientos, de venta en la Cooperativa, además del conocido vino «Gran Prior Alameda», blanco y tinto; alguna caldereta de cordero a la que fui invitado en el Casino; y el sabroso arroz con liebre que probé por primera vez en esas fechas preparado por Pedro Izquierdo, padre de Toni, que ya no está entre nosotros.

Y llegó la hora de la verdad. Desde un primer momento nos quedamos prendados de la franja de terreno que había bajo la Gasolinera y, concretamente, de la parcela más alejada de la misma, situada en las inmediaciones de una encina majestuosa y centenaria, que comprábamos
por fin en noviembre de ese año 99. ¡Qué alegría, ya éramos alamedeños!

El siguiente paso no tardó en llegar, y nuestro amigo Antonio nos ponía en contacto con Pepe Escribano, «el albañil de toda la vida de La Alameda» en palabras de aquel, para proceder al vallado del terreno. No lo sabíamos entonces, y es que iniciábamos así la amistad con nuestros queridos amigos Pepe y Mari. Me quedaría corto si me dedicara a enumerar todas las experiencias vividas junto a ellos desde entonces. De Pepe, que junto a su hijo nos construyó con tanto cariño la casa, aprendimos una temida frase cuyo significado, un tanto extraño para nosotros la primera vez que lo oímos, no tardamos en comprender: «¡José Manuel, que me quedo sin corte!». Esto nos obligaba a mi mujer y a mí a dejarle los niños unas horas
a Mari y salir corriendo al almacén de los materiales de obra en Tomelloso para encargar, con la máxima celeridad posible, esas baldosas o azulejos que tanto se hacían de rogar. Además, me viene a la memoria la excelencia de dos platos típicamente manchegos, las gachas y el arroz con
liebre, que tantas veces he visto preparar con esmero a Pepe y que luego hemos degustado, juntas, las dos familias. Gracias a ellos hemos conocido la vendimia, me he subido al tractor y al remolque cargado de uvas, hemos presenciado cómo se pesa en la Cooperativa y cómo se mide el famoso grado, y cómo comienza a correr el mosto cuando la carga del remolque cae finalmente en el foso…

Asimismo me gustaría hablarles de mi amistad con Inocencio Rubio, cuya prodigiosa memoria nos ha sacado en no pocas ocasiones de la duda que teníamos y nos ha arrojado luz sobre una afición que jamás pensé que llegaría algún día a tener: la etnografía. Y es que con el paso de los años hemos ido sabiendo las diferencias que hay entre el arado de una mula y el de dos; el de reja y el de vertedera; qué son y para qué se usaban la media fanega, la cuartilla, el celemín y el costal; la zoqueta de siega; la redina y las alforjas; la romana; el azumbre, el cuartillo, la media arroba y la arroba, todos ellos forrados de esparto; la trilla y los pedernales; ¡ah, se me olvidaban el zaque, la noria y el carro! De todos ellos, y de muchos más, nos ha dado el bueno de Inocencio exhaustivas y pormenorizadas explicaciones, que constituyen un verdadero tesoro de una época ya pasada, ampliamente superada por la tecnificación agrícola de hoy, cuya memoria para las generaciones venideras hemos de conservar.

Continuando con esta afición recuerdo igualmente a mi amigo Esteban Izquierdo, que tampoco está ya entre nosotros. Una mañana me enseñó con infinita paciencia cómo lañar un antiguo cangilón de barro, roto tras caérsenos al suelo al mover una tinaja, para que se quedara «exactamente igual que si la operación de lañado se hubiese hecho hace cincuenta años»,
en palabras del propio Esteban. Y también he de referirme a otro buen amigo, Paco Arias «el herrero», que cuando tenía el carro en la fragua para tratar de solucionarle un problema del eje de las ruedas, y me vio llegar, me dijo muy solemne una frase, categórica, que no se me ha olvidado desde entonces: «Ya tiene usted su carro. Puede llevárselo a su casa cuando quiera, porque ya le he arreglado lo del eje. Pero debe saber que este carro no está completo porque le falta una cosa: el farol». Estas palabras nos dejaron confusos y un tanto desalentados, porque ni
sabíamos que los carros tuvieran faroles, ni cómo eran estos. Hicimos una rápida búsqueda en internet, encontramos cuatro o cinco faroles de carro en venta, nos terminamos comprando el que Paco nos identificó como idéntico a los que él recordaba de su infancia en La Alameda, y unos días después nos lo dejaba felizmente instalado en el carro. ¡Ya está completo, Paco!

Poco a poco vamos avanzando y me gustaría ahora resaltar el inmejorable ambiente que vivimos los vecinos de Alameda de Cervera, y que queda reflejado en numerosos eventos a lo largo del año. Comienzo con los actos solidarios del mes de febrero organizados por Manos Unidas, que tienen su colofón con la esperada cena. El ambiente familiar que se vive ese día lo impregna todo de generosidad y hace que los jamones asados en la Panadería, buenísimos, no tengan rival en la comarca. ¡Y para terminar jugamos al entrañable bingo solidario hasta bien entrada la madrugada!

Continúo con el recogimiento y devoción de las procesiones del Corpus y de San Lorenzo, que hoy festejamos. Tampoco puedo olvidarme de las famosas vaquillas, que algún año han dado más de un susto a los más atrevidos, y de la posterior comida de hermandad en el Parque Ramón Fernández Urrutia. Y para concluir con las fiestas, el esperado Certamen de Pintura al Aire Libre, que tanta expectación despierta, y la concurrida subasta de San Lorenzo, recién acontecida, que con tanto acierto dirige nuestro amigo Boni. ¡Qué barbaridad, qué precio llegan a alcanzar las estrellas de la noche, los riquísimos hornazos de la Panadería! Por supuesto que no puedo olvidarme, en esta época veraniega, de la piscina y barbacoa, en las que tantos y buenos ratos hemos echado. En su cuidado césped recuerdo que dio sus primeros pasos mi hijo pequeño. Y, ya metidos en Navidad y Año Nuevo, me viene a la memoria el ambiente de
desmesurada ilusión, reflejada en la cara de todos los niños, cuando en la tarde del día 5 de enero reciben a sus majestades los Reyes Magos de Oriente en el Salón Grande. El Rey Baltasar del año 2005, hoy pregonero, da fe de ello.

¿Y qué decir de nuestros amigos de la Gasolinera? No solo nos llenan el depósito del coche cada vez que lo necesitamos, sino que además se han convertido en recepcionistas de cartas, envíos y paquetes de todo tipo, motivo por el que les estamos muy agradecidos. «¿Dónde puedo dejarle el paquete?». Cuántas veces hemos tenido a esta pregunta que responder la consabida frase «Por favor, déjelo en la Gasolinera, que abre todo el día, y allí lo recogeré yo». Y antes de pasar al siguiente apartado, y para finalizar este, quisiera darle la enhorabuena a nuestros amigos de la Cooperativa San Lorenzo por los recientes premios «Gran Selección Campo y Alma 2022» obtenidos por dos de nuestros vinos, que ponen el colofón al reciente triunfo cosechado en los décimos premios «Airén por el Mundo». Y es que todos los vecinos hacemos nuestros estos reconocimientos, que consideramos como propios.

Me gustaría a continuación dar una pincelada histórica, pues no en vano Alameda de Cervera, o Cervera a secas entonces, albergó varios molinos de pólvora durante los siglos XVII y XVIII, pertenecientes a la Real Hacienda. En la fabricación de este compuesto era necesario el salitre, que se extraía en Alcázar de San Juan. A finales del siglo XVIII la fábrica de pólvora fue trasladada a Ruidera. Y también tuvimos batanes, esos ruidosos artilugios que tanto asustaron a don Quijote en el capítulo XX de la primera parte de la inmortal obra de Cervantes. ¿Pudo don Miguel haber tenido conocimiento de primera mano de su existencia? ¿Por qué no?

Además, los vecinos de La Alameda estamos muy orgullosos de tener un patrimonio histórico de excepcional importancia, como son los vestigios del Canal del Gran Priorato de San Juan, obra del célebre arquitecto Juan de Villanueva. El más conocido de todos, hasta haberse convertido en el símbolo de la pedanía, es el famoso puente situado en las inmediaciones de la iglesia de San Lorenzo, que fue construido entre los años 1797 y 1979.

En dirección a los antiguos molinos de pólvora, aguas abajo de los mismos, hay un segundo puente, compuesto de dos arcos de medio punto. De las mismas fechas que el anterior, es el llamado puente del Vado Lancero, y sobre él se han realizado recientemente unas más que
necesarias obras de excavación y consolidación. Como soñar es gratis, y tenemos en nuestra presencia a la alcaldesa de Alcázar de San Juan, a la vez que le damos públicamente las gracias por esta actuación, no nos resistimos a hacerle una petición. Resulta que había un tercer puente, de la misma época de la Ilustración que los dos anteriores —finales del siglo XVIII—, llamado puente del Rey, que en los últimos años del siglo XX se desmontó parcialmente y cuyos sillares fueron depositados en las inmediaciones de la barbacoa. He de confesarles que llevo más de veinte años mirando con pesar estas piedras. Con la tecnología que hay hoy, ¿no sería posible volver a construir ese puente, en su lugar original, sobre el antiguo cauce del río Guadiana? A fin de cuentas, las piedras han estado 200 años juntas y solo llevan 25 o 30 separadas, y pienso que se merecen estar para la posteridad como las proyectó Juan de Villanueva.

Nos acercamos al final y todavía no hemos dicho nada de San Lorenzo, nuestro querido patrón. Todos sabemos que la primitiva imagen del santo fue un regalo de la comunidad de monjas mercedarias de Villacentenos, que durante la Guerra de la Independencia fueron acogidas como hijas por los vecinos de la colonia de Alameda de Cervera. Pero gracias a la documentada tesela de Francisco José Atienza y María del Pilar Sánchez Mateos, que hemos estudiado a fondo estos días, hemos descubierto que la devoción viene de atrás, pues ya en el siglo XVIII aparece nombrada la ermita de San Lorenzo en el término de Cervera.


A San Lorenzo hemos levantado nuestra mirada más de una vez cuando nos hemos tenido que enfrentar a una situación de gravedad en la familia o a una operación de especial dificultad, en la que está en juego la visión de nuestro paciente. Y a él le pedimos hoy su protección y que bendiga estas fiestas que en su honor se celebran para que reinen en ellas la alegría, el descanso y el buen ambiente entre todos los vecinos y las personas de otros lugares que nos visitan. Quiero también darles las gracias por la acogida que desde un primer momento tuvimos, que nos han hecho, a mi familia y a mí, sentirnos como uno más durante estos veinticuatro años. Deseo de todo corazón que el pregón de este cordobés de nacimiento, alcazareño de adopción y alamedeño de sentimiento haya sido del agrado de todos ustedes y, para terminar, permítanme concluir con unos sentidos

¡¡¡VIVA SAN LORENZO y VIVA ALAMEDA DE CERVERA!!!
Muchas gracias.

José Manuel Zarco Tejada

Sociedad Cervantina de Alcázar

Ruta Cervantin@lcazar noctámbula

Enmarcada en la programación del Fin de Semana del Patrimonio, la Sociedad Cervantina de Alcázar coordinó una ruta guiada en la que mostró a un numeroso grupo de personas los lugares de Alcázar de San Juan que tienen vinculación con el escritor y su obra

Alcázar de San Juan, 7 de agosto de 2022.– La noche del sábado 6 de agosto y dentro de la programación del Fin de Semana del Patrimonio (que el Ayuntamiento de Alcázar programó para los días 6 y 7 de agosto), ha tenido lugar una ruta Cervantin@lcazar noctámbula en la que miembros de la Sociedad Cervantina de Alcázar han mostrado a un numeroso grupo de personas -procedentes de diversos lugares de España y otras venidas de Chile- los lugares de nuestra ciudad que tienen vinculación con Miguel de Cervantes y su obra literaria.

La ruta tuvo comienzo en la escultura “Alonso con su gato” del escultor valdepeñero Antonio Lillo Galiani, situada en la Av. de Herencia frente a Aguas de Alcázar, que ya es punto de encuentro habitual de la ruta guiada y que en esta ocasión, debido a las numerosas actividades programadas, coincidió con los bailes de la Asociación de Coros y Danzas “Tierra Llana” que tiene su sede en el museo del Traje Manchego.

A continuación, los asistentes conocieron -mediante las explicaciones de Luis Miguel Román- la historia que encierra el Quijote Cósmico, en la plaza de Palacio, busto que Eulalio Ferrer (español exiliado en México tras la Guerra Civil y padre de la Fundación Cervantina de México) regaló a la ciudad de Alcázar de San Juan y del que existe otro ejemplar exactamente igual en Guanajuato, México.

La relación de amor e interés de Eulalio Ferrer por la ciudad de Alcázar de San Juan se remonta a la época en la que estuvo funcionando la “Orden de los Escuderos Sanchos” a la que el publicista español residente en México perteneció. (Justo es reconocer, que aquella Orden de los Sanchos, con sus escasos medios y su mucha ilusión y trabajo, puso con sus diferentes actividades a Alcázar de San Juan en el mapa del turismo español e internacional y en aquella época consiguieron para nuestra ciudad la denominación geo-turística “Alcázar de San Juan, corazón de la Mancha” de la que tanto nos enorgullecemos y de la que el pasado día 4 de agosto se cumplían  56 años de su publicación en la Gaceta de Madrid (Aprobado por Orden Ministerial de fecha 11-07-1966).

Posteriormente y en el atrio de la Iglesia de Santa María, parroquia fundada en 1226, conocieron la existencia de la partida de bautismo de un niño llamado Miguel, hijo de Blas de Cervantes Saavedra y Catalina López, hecho acontecido en esta misma parroquia el 9 de noviembre de 1558 y que fue el inicio de la tradición cervantina de Alcázar de San Juan, que perdura hasta hoy. Pocas personas saben que, en un breve periodo durante la República, nuestra ciudad cambió su nombre de forma oficial por Alcázar de Cervantes, siendo identificada así en toda documentación oficial correspondiente a este periodo.

Los asistentes hicieron una breve parada en la calle San Juan, justo en el lugar en el que Constantino López Rubio explicó a los presentes que estuvo la casa de don Juan López Caballero, que del matrimonio con Inés de Cabrera tuvo tres hijos, Catalina Vela, Pedro Barba y Juan Barba (nótese la diferencia de apellidos entre hermanos ya que entonces no era obligatorio registrarse con el primer apellido del padre y el primero de la madre, como en la actualidad). Según las crónicas de la época dos caballeros llamados Pedro Barba y Gutiérrez Quesada, salieron de Castilla para cumplir una misión de armas en la corte de Felipe de Borgoña, midiéndose en duelo con los hijos bastardos del conde San Polo, y en el capítulo XLIX Primera Parte del Quijote, refiriéndose a estos dos personajes dice don Quijote:  «de cuya alcurnia yo desciendo por línea recta de varón».

También se explicó a los asistentes a  la ruta que un bisnieto de Juan López Caballero, que vivía en la misma casa, llamado Alonso Gutiérrez de Quijada había perdido la razón y su mujer, Teresa de Mendoza, pide en su testamento que la justicia nombre a su yerno Pedro de Cervantes -primo hermano de Miguel de Cervantes-, tutor de su hija Clara de 8 años, para proteger su patrimonio de la demencia de su padre: «que no tiene juicio y le está defendida la administración de los bienes» tal y como Cervantes describe en el capítulo I a Don Quijote.

En la Plaza de Cervantes antiguamente llamada de los Rosqueros y de las Rubias, frente al lugar donde se encontraba la casa natal de Cervantes, se recordó la figura del moteño Fray Alonso Cano Nieto quien fue uno de los grandes valedores de Alcázar de San Juan como cuna del Quijote por la tradición oral que le había llegado, transmitida de forma directa a través de personas que habían vivido en la época del escritor, como fueron los abogados Rodrigo Ordóñez de Villaseñor (coetáneo de Miguel de Cervantes), Francisco de Quintanar y Úbeda, que fue pasante del anterior  y Juan Francisco Ropero y Tardío, quien puso al corriente de Fray Alonso Cano de la tradición cervantina de Alcázar que se había ido transmitiendo desde la época del propio nacimiento de Miguel, como queda recogido en el Proemio a la edición de 1870 de la Real Academia Española realizado por el militar y académico Vicente de los Ríos.

La ruta finalizó en esta misma plaza dando un repaso al resto de los lugares del recorrido, como el Museo del Hidalgo donde se recrea la vivienda y el modo de vida de un hidalgo manchego del siglo XVII, o dando un repaso a los azulejos quijotescos del Parque Cervantes que contiene una reproducción única en España, donde se pueden ver gráficamente representadas todas las aventuras de la Primera y Segunda Parte del Quijote y que están colocadas en perfecto orden cronológico.

Antes de despedirse de los asistentes y agradecerles su participación en la ruta, se comentó la inspiración del escultor leonés, Marino Amaya, en la persona de Tico Medina para la estatua de Sancho Panza en la Plaza de España, donde junto con don Quijote, forman desde 1971 la imagen icónica de Alcázar de San Juan que acoge a nuestros visitantes.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Plaza de las Rubias y los Rosqueros

En el nº 7 de la revista UNIDAD, septiembre de 1953, que en esos años se publicaba mensualmente en Alcázar de San Juan, aparecía esta poesía enviada por Don José María Rivas desde la ciudad barcelonesa de Vich, hoy Vic

Personalmente desconocemos la identidad de esta persona y su relación con Alcázar, es de suponer que su patria chica, pero nos resulta muy curioso, sorprendente, casi enternecedor, que hace 69 años alguien, desde Cataluña, se acordase del primitivo nombre de una emblemática plaza de Alcázar, la actual plaza de Cervantes, pero que en ese año de 1953 hacía ya un siglo que no se le llamaba por este apelativo y, además, que le quisiera rendir su particular homenaje en forma de poesía.

La que hoy en día aparece en el callejero de Alcázar de San Juan como Plaza de Cervantes era conocida desde el siglo XVI como Plaza de las Rubias y los Rosqueros; situada en los aledaños del barrio de Santa María, al final de la calle de San Juan, constituye el auténtico epicentro en donde convergen algunas de las realidades y tradiciones cervantinas más importantes de la ciudad. En ella habitaron, de forma simultánea, familias apellidadas Cervantes, Saavedras, Barchinos o del Pozo.

Hay cierta imprecisión documental sobre el nombre exacto con el que se ha conocido históricamente a esta plaza; según Don Ángel Ligero (T-I, pág. 214 de su obra La Mancha de Don Quijote) era la plaza de las Rubias y los Rosqueros, aunque en otro momento (T-II, pág. 349, Índice de Topónimos de dicha obra) la nombra como plaza de la Rubia del Rosquero, tal y como la llama en su poesía Don José María Rivas.Otro cervantista alcazareño Don Francisco Lizcano y Alaminos, padre del pintor Ángel Lizcano Monedero, en su libro “Historia de la Verdadera Cuna de Miguel de Cervantes Saavedra y López”, Madrid 1892, también la cita en singular. Sin embargo, elDoctor Mazuecos (Hombres, lugares y cosas de La Mancha, fascículo XXVII, pág. 16) la llama placeta de la Rubia, pero en el fascículo XXIV, pág. 13, hace referencia a unos documentos del año 1827 que la cita como plaza del Rosquero.

Hecha esta necesaria reseña, fruto de la prudencia con la que estos temas deben tratarse pero que en nada alteran lo que a continuación expondremos, seguiremos refiriéndonos a ella por el nombre con el que mayoritariamente nos ha sido dada a conocer: de las Rubias y los Rosqueros.

Monolito erigido en el año 2009 en la histórica plaza de las Rubias y los Rosqueros en memoria de Miguel de Cervantes Saavedra (lamentamos el grafiti). En la placa se lee:
“Alcázar de San Juan a su excelso hijo Miguel de Cervantes Saavedra”

Advirtamos que el actual monolito no es el primer monumento que en memoria de Miguel de Cervantes Saavedra se ha levantado en esta plaza, en donde la tradición alcazareña, siglo tras siglo, ha situado su casa de nacimiento, ya que el 9 de noviembre de 1879 Don Juan Álvarez Guerra y Peña, gran defensor de este sentimiento, erigió un pedestal de mampostería de forma piramidal en cuyo interior depositó una caja de zinc con diversos objetos y sobre el que colocó un busto del insigne escritor.

En el suplemento, agregado posteriormente a esa fecha, de su libro “Sol de Cervantes Saavedra, su verdadera patria Alcázar de San Juan”, el propio Don Juan Álvarez Guerra nos describe los objetos que contenía dicha caja: “En esta caja se han colocado las copias de las partidas de bautismo de Miguel de Cervantes Saavedra, hijo de Alcázar, y de Miguel de Carvantes, hijo de Alcalá, y todos los demás documentos que acreditan esta verdad… El dibujo del gran escritor, encerrado en la cárcel de Argamasilla, escribiendo el Quijote… Un ejemplar del libro Sol de Cervantes Saavedra Las monedas de los Reyes y Reinas de España desde el año del nacimiento de Cervantes hasta Alfonso XII… Copias testimoniadas de los acuerdos y actas del Ayuntamiento de Alcázar, de los años 1878 y 1879, sobre este asunto… Recortes periodísticos y copias de los discursos y conferencias que él mismo había pronunciado en defensa de la opción alcazareña…”.  

Parece ser que este monumento solo se mantuvo en pie durante 15 años, pues el 5 de enero de 1894 el pleno del Ayuntamiento acordó: “demoler la pirámide que existe en la plazuela de Cervantes, que se construyó para colocar una estatua del insigne escritor, sin merito arquitectónico alguno y que más bien es un estorbo para el tránsito de carruajes, se acordó demolerla y al mismo tiempo que se ponga una lápida en la esquina de la casa en que nació el inmortal Cervantes, con su nombre y la fecha de su nacimiento”. (Hombres, lugares y cosas de La Mancha, fascículo XXIV, pág. 7).

No sabemos si la demolición del monumento piramidal levantado por Don Juan Álvarez Guerra en 1879 se realizó de inmediato o lo mantuvieron en pie durante unos años más, pero lo cierto es que, en 1905, año en el que se conmemoró el III Centenario de la publicación de la primera parte de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha, ya existía en la plaza un segundo pedestal, en este caso en forma de torreón, dedicado al ilustre escritor.

Según leemos en el número 10 de la revista “La Cuna de Cervantes”, 18 de mayo de 1905, entre los numerosos eventos que durante tres días se celebraron en Alcázar para conmemorar este III Centenario, se llevó a cabo una gran cabalgata en la que “participaron más de siete mil personas que recorrió las calles de la ciudad… Toda la carrera estaba engalanada, rivalizando en lujo y buen gusto, destacándose la plaza de Cervantes, donde existe la casa en que nació el inmortal autor del Quijote… El pedestal de Cervantes se había revestido con follaje y flores naturales y artística iluminación… Al día siguiente se entregaron medallas conmemorativas y ejemplares del Quijote a todos los niños de las escuelas públicas… y bonos de comida a los pobres con cargo a la comisión organizadora de los festejos…”.

Otro de los actos importantes que tuvieron lugar durante estas celebraciones fue la instalación en la iglesia parroquial de Santa María de una lápida conmemorativa del bautismo de Miguel de Cervantes Saavedra, lápida que actualmente está ubicada en una de las paredes laterales del baptisterio de esta parroquia.

“Aquí fue bautizado el día 9 de noviembre de 1558 Miguel de Cervantes Saavedra.   Alcázar en el III Centenario del Quijote”
MCMV

Al cabo de unos años este segundo monumento, el del III Centenario, corrió la misma suerte que el primero, ya que, en julio de 1914, los vecinos de la plaza presentaron una instancia en el Ayuntamiento solicitando: “la demolición del torreón levantado en la plaza de Cervantes para perpetuar la memoria del autor del Quijote, por el estado indecoroso en que se encuentra y servir solo para estorbar el tránsito de carruajes, pudiendo sustituirse dicho torreón por una lápida de mármol que diga – Casa donde nació Miguel de Cervantes Saavedra, autor del Quijote –  cuya lápida podría colocarse en la fachada de la casa que existe en dicha plaza en que tuvo lugar su nacimiento”. La solicitud fue tomada en consideración, este segundo monumento también fue derruido y la lápida propuesta instalada definitivamente.

Lápida colocada sobre la puerta de la casa natal de Cervantes, que ha llegado hasta nosotros tras recuperarla del derribo de la misma. Se encuentra almacenada, que no expuesta, en dependencias del Museo Municipal

Fue en el último tercio del siglo XIX cuando oficialmente se le dio el nombre de Plaza de Cervantes, porque en la solicitud que Don Juan Álvarez Guerra cursa al Ayuntamiento, el 25 de mayo de 1879, pidiendo permiso para levantar a su costa el monumento piramidal anteriormente descrito se lee: “… frente a la casa donde nació este gran hombre, y dando al sitio el nombre de Cervantes”. No obstante, aunque es probable que durante esos años ya fuese más conocida popularmente con este nombre, en unos documentos de defunciones fechados en 1863 aparece mencionada como de la Rubia o como del Rosquero.

En esta misma época, segunda mitad del siglo XIX, Alcázar de San Juan también tenía una calle dedicada a la memoria de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Esta calle, inicialmente llamada de los Yeseros por la actividad que en ella se ejercida, hoy la conocemos como del Doctor Mazuecos.

Pero retrocedamos al siglo XVI, a nuestra histórica plaza de las Rubias y los Rosqueros la llamaban así porque, según relata Don Ángel Ligero en su obra La Mancha de Don Quijote, en ese siglo vivían en ella algunos miembros de una familia conocida popularmente como los Rubios y/o las Rubias; en concreto, en una de sus casas vivía Isabel López Romero la Rubia, también conocida como la Romera, casada con Don Pedro Hidalgo de Saavedra y en otra su hermana María, igualmente apodada la Rubia, esposa del arriero Juan del Pozo.

El edificio familiar de Don Pedro Hidalgo Saavedra lindaba con una de las casas de la poderosa familia de los Barchinos, también hijosdalgo, familia igualmente emparentada con los Hidalgo Saavedra, ya que María Díaz, la Barchina, casó y enviudó de Don Juan Hidalgo Saavedra, primo de Don Pedro Hidalgo Saavedra.

Como anteriormente se ha dicho, también vivía en esta plaza el arriero Juan del Pozo, esposo de María la Rubia. Juan del Pozo pertenecía a otra extensa y conocida familia alcazareña.

Sobre el porqué de llamarse también del Rosquero o de los Rosqueros lo desconocemos, pues lo cierto es que no hemos podido encontrar ninguna referencia documentada, más allá de su mera denominación, que nos permita argumentar esta circunstancia.

Observemos que era toda una serie de personajes portadores de importantes apellidos alcazareños, muchos de ellos unidos por vínculos familiares, los que residieron en esta histórica plaza, pero sin duda la más feliz coincidencia de las que se daban en ella es que en una de sus esquinas, la que da a la actual calle de Santo Domingo, entonces conocida por Alonso Pérez de Villarta, estuvo ubicada la casa en la que una antigua tradición de la ciudad sitúa el nacimiento de Miguel de Cervantes Saavedra, hijo de Blas de Cervantes Saavedra y de Catalina López, para muchos alcazareños el verdadero autor del Quijote.

Esta antigua tradición ha llegado hasta nosotros al ser recogida por el académico y militar Don Vicente de los Ríos, miembro de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia Española en Madrid, en los proemios que escribió, a petición de la primera de ellas, para las ediciones del Quijote publicadas en los años 1780 y 1787.

En el proemio de 1780 dice Don Vicente de los Ríos: “En virtud de las razones expuestas se inclinaron muchos sujetos de sólido juicio a creer que Alcázar de San Juan fue la patria de Cervantes. Entre estos merece un distinguido lugar el erudito Ilustrísimo Señor Don Fray Alonso Cano, Obispo de Segorbe, que inquirió con la exactitud propia de su sabia crítica el origen e historia de la mencionada tradición, la cual se propagó y se conserva entre los hombres más hábiles de aquella villa y más desviados de los caprichos y credulidad del vulgo”.

Fray Alonso Cano y Nieto, religioso trinitario calzado, (Mota del Cuervo, 1711 – Segorbe, 1780), Ministro Provincial de Castilla de la Orden de la Santísima Trinidad, Académico de número de la Real Academia de la Historia y Teólogo de Su Majestad en la Real Junta de la Inmaculada Concepción fue Obispo de Segorbe, dignidad a la que fue promovido por el rey Carlos III como reconocimiento por haber redimido a más de mil cautivos de Argel, entre ellos a los que repoblaron la alicantina isla de Tabarca, debió de conocer en primera persona esta antigua tradición alcazareña a su paso por el convento que su Orden había fundado en esta villa un siglo antes (1635).

Con las siguientes palabras nos transmite Fray Alonso Cano la tradición alcazareña que Don Vicente de los Ríos menciona en sus proemios:

“Don Juan Francisco Ropero, Agente Fiscal de la Cámara de Castilla, que en Alcázar de San Juan, su patria, fue pasante de un célebre abogado llamado Quintanar, aseguraba haberle dicho éste repetidas veces al pasar por una de las casas del lugar: esta es la casa donde nació Miguel de Cervantes Saavedra autor del Quixote, y le prevengo a Vm. con el mismo fin con que a mí, siendo mozo y pasante del Doctor Ordoñez, me lo decía éste, pasando igualmente por aquí, es a saber, para que se conserve la tradición. El mismo Don Juan Francisco Ropero averiguó que la pasantía de Quintanar con el Doctor Ordoñez fue por los años de 1690, siendo éste ya muy anciano, de lo que se infiere que pudo haberlo oído y entendido de los mismos que conocieron a Miguel de Cervantes, que murió ya entrado el siglo XVII”.

Creemos conveniente resaltar algunos aspectos de la vida de los tres personajes mencionados por Fray Alonso Cano, con el fin de enmarcar correctamente sus personalidades y la importancia y el valor de sus afirmaciones.

Don Juan Francisco Ropero y Tardío nació en Alcázar en el año 1708, por lo tanto era coetáneo de Fray Alonso Cano. Hijodalgo, agente Fiscal de la Cámara de Castilla, abogado en los Reales Consejos y administrador en ésta del Serenísimo Infante Don Gabriel Antonio de Borbón, Gran Prior de la Orden de San Juan, fue también Alcalde Mayor de la villa en 1742.

Don Francisco Quintanar y Úbeda, eclesiástico, asesor Real e igualmente abogado en los Reales Consejos. Legó sus numerosos bienes para la construcción de un pósito de cereales con el fin de abastecer de grano a los agricultores pobres de Alcázar, la llamada Obra Pía del Pósito del Monte de Piedad, popularmente conocida como Pósito Quintanar.

Don Rodrigo Ordoñez de Villaseñor, abogado del Santo Oficio de la Inquisición de Toledo, también abogado en los Reales Consejos. Fue uno de los dos abogados que defendieron a Alcázar en el pleito que ésta sostuvo con la villa de Herencia por la propiedad de la dehesa de Villacentenos, pleito que acabó con la firma del decreto de Concordia entre ambas villas en el año 1669.

Fachada de la casa situada en la plaza de las Rubias y los Rosqueros, esquina a calle de Santo Domingo, en la que la tradición alcazareña recogida por Fray Alonso Cano y Nieto atribuye el nacimiento de Miguel de Cervantes Saavedra. Debido a su estado ruinoso fue demolida en los años 60

El dibujo es de Doña Elvira Samper y aparece en la portada del fascículo XVIII de Hombres, lugares y cosas de La Mancha del Dr. Rafael Mazuecos.

Otra importante coincidencia cervantina que pone directamente el foco en la plaza de las Rubias y los Rosqueros es la que nos señala que al final de la calle de San Juan, a unos 50 metros de esta plaza, estuvo ubicada la casa solariega de Don Juan López Caballero.

Esta casa solariega, de arquitectura típicamente manchega, hoy tristemente desaparecida, se mantuvo en pie como casa de vecinos hasta la década de los años 70. Con ella desapareció un testigo importantísimo de nuestra historia, pero sobre todo uno de los vínculos más importantes de Alcázar con Cervantes y el Quijote.

Casa solariega de D. Juan López Caballero. Acuarela de José Luis Samper

Don Juan López Caballero, personaje distinguido al servicio de Don Juan de Valenzuela, Gran Prior de la Orden de San Juan, casó con Doña Inés de Cabrera, hija del Marqués de Moya, con la que tuvo tres hijos: Pedro Barba, Juan Barba y Catalina Vela.

Un nieto suyo, Jerónimo de Ayllón, desposa con Ana Gutiérrez de Quesada,de cuyo matrimonio nace Alonso de Ayllón Gutiérrez de Quesada.

Don Alonso de Ayllón Gutiérrez de Quesada contrae matrimonio con Doña Teresa de Mendoza, con la que tiene tres hijas: María, Isabel y Clara. Una de ellas, Isabel, es la esposa de Pedro de Cervantes, primo hermano de Miguel de Cervantes Saavedra.

Doña Teresa de Mendoza declara en su testamento, dictado en 1601, estar seriamente preocupada por el estado mental de su marido Alonso de Ayllón Gutiérrez de Quesada, del que dice: “que no tiene juicio y tiene la hacienda perdida… y “…pide y suplica a las justicias y jueces competentes que provean de tutor de su hija Clara, de ocho años de edad, a su yerno Pedro de Cervantes, esposo de su hija Isabel”. En el testamento también leemos que nombra albaceas al mismo Pedro de Cervantes y al padre de éste, Don Antonio de Cervantes, hermano de Blas de Cervantes, padre de nuestro Miguel de Cervantes Saavedra.

Es muy importante recordar como Cervantes (DQ 1, 1) describe la figura de Don Quijote: “Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada…” y seguimos leyendo: “Es, pues, de saber, que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso -que eran los más del año- se daba a leer libros de caballerías con tanta afición y gusto, que se olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aún la administración de su hacienda”.

Curiosamente tal y como nos relata Doña Teresa de Mendoza en su testamento que le ocurría a su esposo, también de nombre Alonso y de apellido Gutiérrez de Quesada.

Y otra coincidencia más, en su enciclopédica obra Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra (Tomo IV, capítulo XLV) el eminente cervantista Don Luis Astrana Marín relata cómo salieron del reino de Castilla dos caballeros, el uno llamado Gutierre Quesada y el otro Pedro Barba, primo suyo, con destino a la Corte del Duque Felipe de Borgoña para batirse en armas con los caballeros Micer Pierres y Micer Jaques, hijos bastardos del Conde San Polo; por enfermedad de Pedro Barba, solo Gutierre Quesada pudo cumplir la misión batirse en duelo con Micer Pierre al que derrotó en la liza. Volvió Gutierre Quesada a Castilla con todos los honores y el rey Juan II le concedió el privilegio de colocar en la parte inferior de su escudo de armas el busto del borgoñón al que había vencido como testimonio de esa hazaña.

Esta aventura nos lleva a referir lo que Don Quijote responde al canónigo de Toledo cuando éste le cuestiona la existencia de los caballeros andantes: “Si no dígame también que no es verdad que fue caballero andante el valiente lusitano Juan de Merlo… y las aventuras y desafíos que también acabaron en Borgoña los valientes españoles Pedro Barba y Gutierre Quijada (de cuya alcurnia yo desciendo por línea recta de varón), venciendo a los hijos del conde San Polo…” (DQ 1, 49).

Dos personajes, Pedro Barba y Gutierre Quijada, y dos nombres especialmente ligados a la historia de Alcázar; uno el primogénito de Don Juan López Caballero y el otro portador del apellido de una de las familias más importantes de esta villa, los Gutiérrez Quijada.

La vinculación histórica del linaje de los Gutiérrez Quijada con Alcázar de San Juan es antiquísima, pues según vemos en el contenido de un pergamino del año 1417, que se conserva en el Archivo Histórico Municipal de Alcázar referenciado como “Documento nº 4”, el rey Juan II y la reina Doña Catalina, su madre y tutora, confirman el privilegio que otorgó en 1308 a la villa de Alcázar Frey Arias Gutiérrez Quijada, Lugarteniente del Gran Maestre de la Orden de San Juan de Castilla y León. En el dorso de este pergamino alguien escribió en algún momento dado: “Privilegio que otorgó a la villa de Alcázar Frey Arias Gutiérrez Quijada al que otros llaman Quesada”, curiosamente los sobrenombres de Don Quijote.

Nos dice Don Ángel Ligero (T-I, pág. 150 de La Mancha de Don Quijote) que en una puerta de madera proveniente de la casa solariega del Mayorazgo de los Quijada de Alcázar, se encontró tallado un escudo de armas en el que se ven dos leones trepantes por una torre, que en heráldica significa pertenecer a un caballero andante, y el busto de un personaje con la cabellera peinada al estilo borgoñés lo que, sin duda, responde al privilegio que el rey Juan II concedió a Gutierre Quesada por haber vencido al hijo del Conde San Polo, en el hecho de armas memorado por Cervantes en su Don Quijote. Esta puerta se instaló en la entrada de uno de los molinos que se rehabilitaron en el cerro de San Antón, allí permaneció hasta su total destrucción a finales de la década de los 70.

Tras lo expuesto hay que añadir, dada su importancia, que, en la localidad toledana de Esquivias, en donde Miguel de Cervantes Saavedra contrajo matrimonio con Doña Catalina de Salazar y Palacios, tenía su casa solariega otra rama de los Quijadas, para la cual el Sr. Astrana Marín reivindica la pertenencia del personaje principal de esta aventura, pero sin mencionar, suponemos que por no encontrar su linaje en esa localidad, al otro artífice de la misma, Pedro Barba.

Estos son algunos de los acontecimientos, personajes y apellidos históricos, ligados a la rica tradición cervantina de Alcázar de San Juan, que engalanan la Plaza de las Rubias y los Rosqueros, a la que Don José María Rivas dedicó, hace ya casi siete décadas desde Vic, su poético homenaje.

                                                                                         Manuel Rubio Morano

Sociedad Cervantina de Alcázar

Maigual pasó por Alcázar y nos dejó su impresionante “Quijote Project”

El dúo fundado en Barcelona nos deleitó el sábado con su primer trabajo Quijote Project en el auditorio Corazón de la Mancha, al pie de los molinos

Alcázar de San Juan, 31 de julio de 2022.- El sábado 30 de julio, en la hora mágica del atardecer y ante un público entregado a sus ritmos, el dúo Maigual formado por los productores musicales Fran Sánchez (oriundo de Alcázar de San Juan) y Stefan Schwarz (chileno-alemán), presentaron su primer trabajo Quijote Project interpretando los diez primeros temas basados en el Quijote.

Acompañados por Bartan a la guitarra, y con breves intervenciones del actor gaditano Chico Zambrana interpretando a Miguel de Cervantes, pusieron en escena una mezcla de literatura clásica, teatro y bajos contundentes que marcaron el pulso del track.

En este magnífico escenario ofreciendo unas vistas de 360 grados de la llanura manchega, los asistentes al concierto pudieron vibrar de la música mientras veían esconderse el sol tras el horizonte inabarcable.

El día anterior al concierto, la Sociedad Cervantina de Alcázar recibió en su sede al dúo Maigual, acompañados del guitarrista Bartan, así como de Astrid Bosch (mánager del grupo), donde tuvieron ocasión de conocer las actividades que esta asociación cultural lleva a cabo. Diego Vaquero, en representación del Patronato de Cultura de Alcázar de San Juan, estuvo también presente compartiendo esta agradable velada previa al concierto.

Mientras degustaron el vino “Hideputa” y un aperitivo de queso manchego, los músicos adelantaron a los cervantistas alcazareños el contenido del concierto y cómo había sido el proceso de elaboración de sus temas musicales, inspirándose directamente en la lectura del Quijote, metiéndose en los personajes y tratando de averiguar lo que pasaba por la cabeza del escritor al crear los personajes y las aventuras en que se ven inmersos. Los cervantistas pusieron a disposición de Fran y Stefan sus recursos habituales, artículos, estudios, documentación, etc… que les pueda ayudar a seguir trabajando en su interpretación musical del Quijote.

Para la Sociedad Cervantina de Alcázar ha supuesto un enorme placer acoger al dúo Maigual en su sede y les desean los mayores éxitos, que sin duda van a alcanzar por la seriedad con que se toman su trabajo musical.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan