Un libro, 87 almas solidarias y 1.740 euros para la Asociación Española Contra el Cáncer: la historia de «Sancho y sus refranes»

Un escritor que regaló su obra, dos empresas alcazareñas que creyeron en la causa y un pueblo entero que casi ha agotado dos ediciones en tiempo récord: así ha viajado el dinero de cada libro vendido hasta la Asociación Española Contra el Cáncer. La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, orgullosa de haber acompañado la iniciativa, cuenta cómo la generosidad, letra a letra y refrán a refrán, se ha convertido en ayuda real para quienes más lo necesitan

Detrás de cada refrán de Sancho Panza hay una lección de sabiduría popular. Detrás de este libro en concreto, además, hay una lección de generosidad.

El verdadero origen de esta historia solidaria está en Antonio Leal Jiménez, socio de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan residente en El Puerto de Santa María (Cádiz), autor de la obra «Sancho y sus refranes». Leal Jiménez, después de correr personalmente con los gastos de maquetación e impresión, decidió ceder de forma altruista la totalidad de los ingresos generados por su distribución a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), a la Asamblea de Alcázar de San Juan, renunciando así a cualquier beneficio personal en favor de una causa mayor.

Esa generosidad inicial encontró enseguida más manos dispuestas a sumarse. La primera edición, de unos 30 ejemplares, se agotó el mismo día de su presentación y generó una donación de 600 euros. El éxito fue tal que dos empresas alcazareñas, Aplicaciones Tecnológicas Alcázar y Centro de Conductores La Rondilla, decidieron sufragar de su bolsillo una segunda edición de 100 unidades, hoy prácticamente agotada, que ha sumado ya 1.140 euros más. En total, 1.740 euros que no habrían llegado a ningún sitio sin un último eslabón, el más importante de todos: las personas que, una a una, decidieron adquirir el libro.

Porque si algo ha demostrado esta iniciativa es que la solidaridad se construye entre muchos. La cesión de derechos de un autor, la apuesta de dos empresas y, sobre todo, el gesto sencillo de cada lector que llevó el libro a casa: esa es la cadena que ha permitido que el dinero llegara finalmente a su destino, la asamblea local de la AECC en Alcázar de San Juan, para ayudar a quienes conviven con la enfermedad en la ciudad y su Comarca.

La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, a través de su socio Enrique Lubián Pozo —también presidente local de la AECC—, ha colaborado en la canalización de estas donaciones hacia la asociación, acompañando así una iniciativa que nace, en realidad, de la generosidad de su autor, de las empresas colaboradoras y de todos los alcazareños y residentes en diferentes pueblos de España (a los que se les han enviado los ejemplares por correo) que han hecho suya esta causa.

Lubián ha querido trasladar su agradecimiento a «todas las personas que se han volcado en la adquisición» tanto de la primera edición, agotada el mismo día de su presentación, como de esta segunda tirada, ya casi agotada, subrayando que, sin la implicación de la empresa privada y el acompañamiento de personas particulares, iniciativas solidarias como esta difícilmente podrían prosperar.

Desde la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan se traslada su agradecimiento y reconocimiento a Antonio Leal Jiménez, a las empresas Aplicaciones Tecnológicas Alcázar y Centro de Conductores La Rondilla, y a cada una de las personas que han adquirido un ejemplar, verdaderos artífices de que este dinero llegue a quienes más lo necesitan; también felicitan y agradecen a la Asociación Española Contra el Cáncer por su incansable labor.

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Miguel, el niño de Alcázar de San Juan que previsiblemente hoy celebraría su cumpleaños

Hoy, festividad de los arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel, se cumplen 468 años de una fecha que quizá fue la del nacimiento de un niño alcazareño. Su nombre, Miguel, apunta al santo del día. El documento que lo recuerda es un asiento bautismal de noviembre de 1558 en el libro de bautizos de la colegiata de Santa maría la Mayor de Alcázar de San Juan

En el libro de bautismos de Alcázar de San Juan, entre asientos de letra procesal y tinta virada al ocre, figura una anotación que ha dado mucho que hablar. El 9 de noviembre de 1558, el bachiller Alonso Díaz Pajares bautizó a un hijo de Blas de Cervantes Saavedra y de Catalina López, al que pusieron por nombre Miguel. Fue su padrino de pila Melchor de Ortega, y le acompañaron Juan de Quirós y Francisco Almendros con sus mujeres. Una mano (se cree que Blas de Nasarre) posterior escribió en el margen una nota que lo relaciona con el autor del Quijote.

Pero una partida de bautismo no es una partida de nacimiento. Da fe del día en que se administró el sacramento, no del día en que el niño vino al mundo. Y en el siglo XVI el nombre de pila solía elegirse por el santoral, por el santo del día del nacimiento o del bautizo. Por eso resulta tentador pensar que aquel Miguel nació el 29 de septiembre, día de san Miguel y de los arcángeles Rafael y Gabriel, y que sus padres le dieron el nombre del santo bajo cuya protección llegó a la vida.

Es solo una hipótesis, y hay que decirlo con claridad: lo habitual entonces era bautizar a los recién nacidos en pocos días, de modo que un intervalo de más de un mes entre el nacimiento y el bautizo sería inusual, aunque no imposible. La fecha del 29 de septiembre queda, pues, como una conjetura sugerente y no como un dato documentado.

Conocemos también que dos personas llamadas igual (Miguel Cervantes y Miguel de Cervantes) coincidieron en el hospital de Mesina recuperándose de sus heridas sufridas en Lepanto. Hemos leído en el Quijote la historia de un tal Vicente de la Rosa: «En esta sazón vino a nuestro pueblo un Vicente de la Rosa, hijo de un pobre labrador del mismo lugar, el cual Vicente venía de las Italias y de otras diversas partes, de ser soldado; llevole de nuestro lugar, siendo muchacho de hasta doce años, un capitán que con su compañía por allí acertó a pasar, y volvió el mozo de allí a otros doce vestido a la soldadesca, pintado con mil colores…» (Q I, 51); por lo que no resulta nada descabellado que un muchacho de 13 años pudiera haber estado presente en Lepanto.

Y aquí la imaginación histórica puede dar un paso más, siempre como hipótesis. Cabe pensar que aquel Miguel alcazareño creciera en la misma villa que otros dos personajes de su generación: el calígrafo Pedro Díaz Morante, maestro de la escritura cuyo nombre ha pasado a la historia de la caligrafía española, y el censor y poeta José de Valdivielso, a quien algunos vinculan también con Alcázar. Tres alcazareños, tres oficios de la letra —el nombre, la pluma y la censura— que podrían haber formado un grupo de amigos.

Conviene ser prudentes: no conocemos documentos que prueben esa amistad, y la tradición suele presentar a Valdivielso como toledano, conviene también recordar que Alcázar perteneció hasta 1833 a la provincia de Toledo (…dejó de pertenecer a la provincia de Toledo en 1833, tras la aplicación de la división provincial impulsada por Javier de Burgos). Se trata, por tanto, de un relato posible, no de un hecho demostrado. Pero a veces las hipótesis sirven para lo que sirven las buenas efemérides: para invitar a buscar en los archivos.

Quizá por eso la partida sigue fascinando. Nos recuerda que la historia local se escribe con documentos modestos, y que un asiento de tres líneas puede abrir preguntas más grandes que muchos tratados. Hoy, día de san Miguel, es buen momento para leer el Quijote de nuevo.

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La Sociedad Cervantina de Alcázar presenta ante la Junta de Comunidades el expediente para declarar Bien de Interés Cultural el legado universal de don Quijote y Sancho Panza

En manos de la viceconsejera de Cultura y Deporte, D.ª Carmen Teresa Olmedo Pedroche, ya se encuentra una extensa memoria que documenta la importantísima huella que han dejado ambos personajes cervantinos en la literatura, las artes y las ciencias de todo el mundo, primer paso de un camino que la Sociedad Cervantina aspira a culminar con el reconocimiento de la UNESCO

Alcázar de San Juan, 23 de septiembre de 2026.- La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan ha presentado a la viceconsejera de Cultura y Deporte de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, D.ª Carmen Teresa Olmedo Pedroche, el dossier con el que solicita formalmente la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) de carácter inmaterial para «El legado de don Quijote y Sancho Panza», el conjunto de valores literarios, humanos y culturales que estos dos personajes universales han dejado a la literatura, las artes y las ciencias de todo el mundo desde que Miguel de Cervantes les diera vida en 1605 y 1615.

La propuesta se apoya en la Ley de Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha (2013/6396), que reconoce como Patrimonio Cultural aquellas manifestaciones inmateriales de valor histórico, artístico o científico para la región, y reivindica a don Quijote y Sancho Panza como la manifestación inmaterial más universal nacida en tierras castellano-manchegas.

El dossier, elaborado por la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, recuerda que el Quijote es, tras la Biblia, la obra más editada y traducida de la historia, y documenta los motivos por los que don Quijote y Sancho Panza han trascendido las páginas de la novela para convertirse en arquetipos reconocibles incluso por quienes nunca han leído el libro.

La memoria repasa su presencia en la literatura, el teatro, la ópera, el cine, la pintura, la escultura o el cómic, y recuerda que su huella llega incluso a la ciencia, con el nombramiento de la estrella Cervantes (astronomía) o el de las especies «Carex Quixotiana» (una planta endémica perteneciente a la familia de los papiros) y «Pimelia Quixotiana» (una nueva especie de escarabajo), dedicadas respectivamente por la botánica y la zoología a los personajes cervantinos.

La propuesta subraya también el vínculo entre los dos personajes y la identidad castellano-manchega, su presencia en el paisaje a través de monumentos y esculturas, la pervivencia de los refranes de Sancho Panza como compendio de la sabiduría popular de la región y su papel como motor de la gastronomía, el turismo cultural y las industrias creativas del territorio.

El expediente entregado a la Junta de Comunidades incluye más de una treintena de colaboraciones firmadas por cervantistas, académicos, instituciones y asociaciones culturales de España, Argentina, México, Ecuador, Costa Rica, Portugal, Italia y Estados Unidos, entre ellas las de relevantes cervantistas del panorama nacional e internacional entre las que destaca la del propio José Manuel Lucía Megías, recién nombrado «Gran Sancho Panza» por la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan.

A ellas se suman las adhesiones recibidas de la Diputación Provincial de Ciudad Real, de ayuntamientos —Alcázar de San Juan, Campo de Criptana, Mota del Cuervo, Valdenuño Fernández, Villaescusa de Haro y Villares del Saz— y de una veintena de instituciones culturales, educativas y sociales de España, Italia, México, Venezuela y República Dominicana, siendo verdaderamente importante la del Museo Iconográfico de Guanajuato (México) donde se encuentra el mayor museo dedicado al Quijote en el mundo. También se entregaron las adhesiones de cerca de 1.100 personas de España y otros países.

Acompañan también al dossier tres volúmenes gráficos donde se han documentado las imágenes de monumentos y esculturas dedicados a don Quijote y Sancho Panza en Castilla-La Mancha, en el resto de España y en otros países del mundo.

La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan defiende que la declaración de BIC por parte de la Junta de Comunidades sería el primer paso de un camino más largo: una vez reconocido el legado como Bien de Interés Cultural, la entidad confía en que la propia Junta inste al Ministerio de Cultura a promover ante la UNESCO su declaración como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, garantizando así su salvaguarda en todo el mundo.

Con la entrega de este dossier, la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan da continuidad a una campaña que inició en marzo de 2025 y que, a lo largo de año y medio, ha sumado apoyos institucionales y adhesiones de particulares de todo el mundo, en su empeño por que el territorio que vio nacer a don Quijote y Sancho Panza sea también el que impulse el reconocimiento internacional de su legado.

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Gran acogida de la ruta cervantina organizada por la Sociedad Cervantina de Alcázar para los familiares de la Titán de la Mancha 2026

La actividad, celebrada en la mañana del sábado 19 en colaboración con la organización de la prueba ciclista Titán de la Mancha, se iniciaba a la 9:00 de la mañana con gran afluencia de familias con niños que han disfrutado con la historia de los personajes cervantinos y con la vinculación de Alcázar de San Juan con Cervantes y su obra

Alcázar de San Juan, 21 de septiembre de 2026.- Un año después de su estreno, la ruta cervantina organizada por la Sociedad Cervantina de Alcázar para los familiares de los participantes en la Titán de la Mancha ha vuelto a celebrarse esta mañana, con la misma vocación de amenizar la espera de quienes acompañan a los corredores mientras estos completan el recorrido ciclista.

Con una asistencia muy numerosa, la ruta comenzaba en la estatua de Alonso Quijano con su gato, junto a Aguas de Alcázar, una de las pocas imágenes que hay en el mundo del hidalgo antes de convertirse en el afamado caballero don Quijote de la Mancha.

En la visita al Quijote Cósmico, obra del escultor Santiago de Santiago, que tiene una hermana gemela en Guanajuato, los asistentes conocieron el significado de su mirada al cielo por la que el hidalgo está pensando en solucionar todos los entuertos del Universo, una vez resueltos todos los de la Tierra.

Posteriormente, pasaron por la calle San Antonio donde se encuentra el Museo Formma de la Cerámica y el callejón del Toro, una de las calles más estrechas de Alcázar de San Juan. A continuación, en la calle San Juan. Conocieron la historia de la familia de don Juan López Caballero y como sus descendientes tienen relación directa con el Quijote donde son nombrados de forma expresa.

En la Plaza de Cervantes conocieron el origen de la tradición cervantina alcazareña que se remonta al nacimiento del propio Miguel de Cervantes que nació y vivó en una casa ubicada en esta plaza también conocida antiguamente como plaza de la Rubia y los Rosqueros.

Finalizaron el recorrido cervantino y quijotesco junto a las estatuas de don Quijote Y Sancho Panza, obra del astorgano Marino Amaya, en la plaza de España, que es la imagen icónica de nuestra ciudad. En esta edición, y a diferencia de 2025, la salida de la ruta se adelantaba a las 9:00 de la mañana.

La Sociedad Cervantina de Alcázar reitera su agradecimiento a todos los familiares que, un año más, se han acercado hasta nuestra ciudad para conocer, junto a los miembros de la asociación, los lugares que vinculan a Alcázar de San Juan con Miguel de Cervantes y el Quijote, y trabajará para que esta Ruta se asiente con la mayor calidad posible en próximas ediciones.

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«Liquidación»: la voz de un labrador manchego, relato ganador del III Concurso Internacional «El legado de Sancho Panza»

Manuel Rubio Morano, secretario, dando lectura al acta del jurado

Manuel Campos de la Flor con un relato que convierte una comparecencia notarial en una reflexión sobre la dignidad frente al poder se ha impuesto entre 543 obras procedentes de 26 países. El fallo se ha dado a conocer en el Salón Noble del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan, en el mismo acto en que el cervantista José Manuel Lucía Megías ha sido investido Gran Sancho Panza

Alcázar de San Juan 20 de septiembre de 2026.- La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, con el patrocinio de la Diputación Provincial de Ciudad Real, ha dado a conocer el fallo del jurado de la tercera edición del Concurso Internacional de Relatos «El legado de Sancho Panza», que este año ha batido su propio récord de participación con 543 trabajos presentados desde 26 países de todo el mundo.

El anuncio se ha producido en el Salón Noble del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan, en el marco del acto de nombramiento de Gran Sancho Panza, distinción que en esta edición ha recaído en el reconocido cervantista José Manuel Lucía Megías.

El primer premio, dotado con 500 euros y diploma, ha sido para el escritor valenciano Manuel Campos de la Flor (Museros), autor de «Liquidación», un relato que el jurado ha calificado de «planteamiento conceptual brillantísimo»: un notario liquida, cuatro siglos después, la deuda de la ínsula prometida a Sancho, quien responde que lo que en realidad recibió no fue la isla, sino el no haberse acostumbrado al poder. El jurado ha destacado especialmente su «diálogo depurado, sin un adjetivo de más», capaz de convertir una escena notarial en una honda reflexión sobre la dignidad y el valor de lo vivido frente a lo poseído, y de reivindicar el saber campesino frente al saber letrado.

Manuel Castellanos, socio y actor de doblaje, puso su voz al relato ganador que, con su perfecta dicción emocionó a todos los presentes, leyéndolo con énfasis y una gran sensibilidad. 

El segundo premio, dotado con 300 euros y diploma, ha sido para la mexicana Brenda Lunar Villanueva (Tamaulipas), por «El legado que no volvió», una relectura combativa y emancipadora del escudero que reescribe el final canónico de la novela: Sancho no regresa a la aldea, sino que funda su propia voz en una venta, enseñando a leer y a alzar la frente.

Ambos relatos, junto con los ocho restantes seleccionados para la fase final, recibirán un diploma acreditativo. Los ocho finalistas, por orden de clasificación, son: Enrique Manuel Milanés León, de Córdoba, Argentina con «El ingenioso escudero Sancho Panza de la Mancha»); Paulo Nascimento Guerra, de Lisboa, Portugal con «La última piedra; Israel Box Hernández, de Archena-Murcia, España con «El hombre que volvía»; Félix López Rodríguez, de Roquetas de Mar-Almería, España con «Los perros de Alcázar»; Yudith Bertha Iriondo Torrez, de La Paz, Bolivia con «Pensamiento de Sancho Panza sobre las ínsulas que ya no existen»; Diana de Lourdes Bes, de San José-Entre Ríos, Argentina con  «La herencia de la tierra nueva»; Eva Freire Seoane, de Ponferrada-León, España con «La medida»; y Tomás Jorge Pérez, de Los Realejos-Tenerife, España) con «Sin escuderos no hay héroes».

El jurado, presidido por Juan Bautista Mata Peñuela, presidente de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, y compuesto por Carlos Mata Induráin, Estrella Blanco Escalera, Luis Miguel Román Alhambra, Alonso M. Cobo Andrés, Enrique Lubián Pozo y Constantino López Sánchez-Tinajero, con Manuel Rubio Morano como secretario, seleccionó catorce relatos para la fase final tras la lectura de los 543 trabajos presentados. En su acta, el jurado quiso destacar «la alta calidad literaria» de los textos recibidos, que «abordan desde múltiples perspectivas la esencia del personaje creado por Cervantes, demostrando su permanente actualidad y su capacidad para inspirar nuevas lecturas del mundo moderno».

Con esta tercera edición, el certamen consolida su proyección internacional, tras haber recibido en esta convocatoria relatos procedentes de España, Argentina, Colombia, México, Chile, Cuba, Uruguay, Ecuador, Perú, Venezuela, Costa Rica, Bolivia, Brasil, Puerto Rico, República Dominicana, Alemania, Canadá, Estados Unidos, Guatemala, Bélgica, Grecia, Guyana, Italia, Luxemburgo, Nicaragua y Portugal.

La Junta Directiva de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan se pondrá en contacto de forma individual con los finalistas para comunicarles el resultado del concurso, tal y como establecen las bases de la convocatoria. La lectura íntegra del acta del fallo podrá consultarse en el perfil de YouTube de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan.

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José Manuel Lucía Megías, investido Gran Sancho Panza 2026 por la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Foto de Manchainformación

El acto, celebrado en el Salón Noble del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan y patrocinado por la Diputación Provincial de Ciudad Real, ha incluido también el fallo del III Concurso de Relatos «El legado de Sancho Panza»

Alcázar de San Juan, 20 de septiembre de 2026.- El Salón Noble del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan acogió ayer sábado el acto de nombramiento del Gran Sancho Panza 2026, distinción con la que la Orden del Legado de Sancho Panza reconoce a las personas que encarnan los valores de lealtad, sentido común y humanidad del escudero de don Quijote. En esta primera edición, el título ha recaído en el cervantista José Manuel Lucía Megías, quien ha sido investido con el tradicional blusón negro y el pañuelo manchego, recibiendo además un pergamino con el título de Gran Sancho Panza 2026.

El acto, organizado por la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, ha incluido igualmente la lectura del fallo del jurado del III Concurso de Relatos «El legado de Sancho Panza» y la lectura del relato ganador de esta edición, que ha realizado Manuel Castellanos, actor de doblaje y miembro de la Sociedad cervantina de Alcázar de San Juan. Poniendo su espléndida voz al extraordinario relato merecedor del Primer Premio.

En el nombramiento ha estado presente una nutrida representación de concejales de todos los grupos políticos que forman la Corporación Municipal, que han apoyado con su presencia este importante acto, valorando con su asistencia el valor que para la ciudad de Alcázar de San Juan supone ser el centro del universo cervantino, por la categoría y el prestigio personal del nombrado Gran Sancho Panza.

Gonzalo Redondo en representación de la alcaldesa D.ª Rosa Melchor, abría el acto dando la bienvenida a los presentes y felicitando a la Sociedad Cervantina por su trabajo incansable en la difusión de la obra cervantina.

El Gran Maestre de la Orden del Legado de Sancho Panza, Emilio Gavira Tomás, glosó a través de un vídeo, las virtudes y méritos del nombrado Gran Sancho Panza que fue la elegido de forma unánime entre el Gran Maestre y los miembros de la junta directiva.

Ya investido, José Manuel Lucía Megías ha pronunciado un discurso de altísima calidad literaria centrado en la figura de Sancho Panza, inspirado en la aventura de los batanes, recogida en el capítulo XX de la primera parte del Quijote. Lucía Megías ha explicado cómo Cervantes reinventa esta aventura nocturna —presente en la mayoría de los libros de caballerías anteriores al Quijote—, para ofrecer una mirada mucho más humana y realista: en ella, don Quijote y Sancho Panza quedan situados por primera vez en un mismo plano, compartiendo una conversación íntima y emotiva que rompe con la tradicional distancia entre caballero y escudero.

El homenaje ha contado con el respaldo institucional del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan y de la Diputación Provincial de Ciudad Real, patrocinadora de esta actividad cultural.

María Jesús Pelayo García, vicepresidenta 1ª de la Diputación provincial de Ciudad Real y responsable del área de Impulso Sociocultural y Turístico, cerraba el acto con unas palabras en las que ponía en valor el esfuerzo de esa entidad por aprovechar nuestro espacio geográfico cultural tan vinculado con la figura del Quijote y tratar de alcanzar bajo su cobertura el mayor número de destinos posibles para captar visitantes y generar riqueza, objetivos que se han visto logrados con el récord alcanzado en visitas a alojamientos rurales.

El acto se ha cerrado con una visita a las icónicas estatuas de don Quijote y Sancho Panza en la Plaza de España, así como con unas fotografías de recuerdo en el sillón de Sancho Panza de la Platera, donde el nuevo Gran Sancho Panza ha compartido el mismo trono en que importantes e influyentes personalidades del pasado siglo, también nos visitaron y tuvieron asiento en él.

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José Manuel Lucía Megías, catedrático y una de las voces cervantistas más autorizadas del mundo, será nombrado «Gran Sancho Panza» en Alcázar de San Juan

El acto de nombramiento tendrá lugar el sábado 19 de septiembre de 2026 a las 12:30 horas en el Salón Noble del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan. En el trascurso del mismo, se darán a conocer los ganadores del Tercer Concurso Internacional de Relatos «El legado de Sancho Panza»

Alcázar de San Juan, 13 de septiembre de 2026.- La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, con la colaboración de la Diputación de Ciudad Real y el Patronato Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan, hará entrega el próximo 19 de septiembre a las 12:30 horas, en el Salón Noble del Consistorio, del nombramiento de «Gran Sancho Panza» al catedrático, escritor y cervantista José Manuel Lucía Megías.

Nacido en Ibiza en 1967 y afincado desde niño en Madrid, José Manuel Lucía Megías es Doctor en Filología por la Universidad de Alcalá —con Premio Extraordinario de Doctorado por su edición crítica del Libro del cavallero Zifar— y catedrático de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid desde 2011. Fue coordinador académico del Centro de Estudios Cervantinos entre 1999 y 2014 y vicedecano de la Facultad de Filología de la UCM entre 2014 y 2022.

Está considerado uno de los cervantistas más importantes e influyentes de las últimas décadas, con una trayectoria investigadora desplegada en cuatro grandes ámbitos: los libros de caballerías, la crítica textual, las humanidades digitales y la iconografía quijotesca. Ha sido presidente de la Asociación de Cervantistas, es presidente de Honor de dicha asociación, vicepresidente de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval y, desde 2017, director y promotor de la Red de Ciudades Cervantinas.

Como comisario, ha dirigido más de veinte exposiciones, entre ellas cuatro en la Biblioteca Nacional de España, incluida Miguel de Cervantes: de la vida al mito (1616-2016), la muestra más visitada de la historia de esa institución. Es autor de una extensa obra científica sobre Cervantes —entre la que destaca su trilogía biográfica La juventud de Cervantes, La madurez de Cervantes y La plenitud de Cervantes (EDAF)— y compagina su labor filológica con una prolífica carrera como poeta, dramaturgo y ensayista, reconocida con galardones como el Premio Internacional de Poesía Juan Alcaide (2022), el Premio Estandarte (2023) o el Premio Dámaso Alonso de la Academia Hispanoamericana de Buenas Letras (2025). En 2016 recibió la Encomienda de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio por su labor de difusión de la vida y obra de Cervantes.

La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan concede el reconocimiento de «Gran Sancho Panza» a José Manuel Lucía Megías por el conjunto de una trayectoria que ha puesto, como pocas, el legado de Miguel de Cervantes al alcance de la sociedad de nuestro tiempo. Su trabajo como filólogo y como divulgador ha tendido puentes entre la investigación académica más rigurosa y un público amplio, a través de exposiciones, ediciones críticas, proyectos digitales y una obra biográfica sobre Cervantes que ha renovado la manera de contar la vida del autor del Quijote.

Se reconoce, asimismo, su papel como impulsor de redes de colaboración entre instituciones y territorios cervantinos —singularmente al frente de la Red de Ciudades Cervantinas—, una labor que enlaza de manera directa con el espíritu que anima a Alcázar de San Juan como localidad vinculada a la memoria de Cervantes y a la difusión de los valores humanos que encarna la figura de Sancho Panza: la lealtad, el sentido común, la lengua viva del pueblo y la sabiduría que nace de la experiencia.

Con este nombramiento, la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan quiere honrar a una de las figuras que con mayor rigor, constancia y pasión ha dedicado su vida profesional a que Cervantes y su obra sigan leyéndose, estudiándose y, sobre todo, disfrutándose, dentro y fuera de nuestras fronteras.

Enmarcado en el acto de nombramiento de José Manuel Lucía Megías como «Gran Sancho Panza», tendrá lugar también el anuncio de los ganadores del Tercer Concurso Internacional de Relatos «El legado de Sancho Panza» organizado por la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan y una vez conocidos los nombres de los dos premiados, se procederá a la lectura del trabajo ganador.

La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan agradece sinceramente a la Diputación de Ciudad Real, el Ayuntamiento de Alcázar de San Juan y el Patronato Municipal de Cultura, la colaboración que han ofrecido para llevar a cabo este importante acto cultural, que una vez más, pone a nuestra ciudad en el foco del cervantismo mundial.

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Vida y legado de Frutos López Parra: el Sancho que sentó al mundo en un sillón de piedra

El 18 de julio de 1967, el Ministerio de Información y Turismo condecoró con la Medalla de Bronce al Mérito Turístico a un hombre que, desde una huerta a las afueras de Alcázar de San Juan, había convertido la amistad en diplomacia y a Sancho Panza en embajador universal

Hay hombres que no necesitan escudo de armas para hacer historia: les basta una huerta, un pozo, una silla de piedra y una idea. Ese fue el caso de Fructuoso López Parra, conocido cariñosamente en Alcázar de San Juan como Frutos López, propietario de la finca La Platera, teniente de alcalde, cronista de actas, guardián del Libro de Honor y, sobre todo, alma mater y Secretario Perpetuo de la Orden de los Escuderos llamados Sancho —la célebre Orden de los Sanchos—, cuya labor silenciosa y tenaz mereció el reconocimiento oficial del Estado español con la Medalla al Mérito Turístico.

La finca que heredó tomó su nombre, dice la tradición local, de una antigua propietaria conocida como «la platera». Pasó después a manos de Juan Parra, abuelo de Fructuoso, y de su hijo Justo, apodado «el Carcelero». Pero fue el nieto, Frutos, quien supo entender mejor que nadie el destino de aquella tierra: no como simple huerta de recreo, sino como umbral de acogida a la entrada de Alcázar de San Juan, el lugar donde la ciudad tendía la mano a quien llegaba de fuera. La prensa de la época ya lo señalaba con precisión: gracias a él y a su complicidad con el periodista Tico Medina, La Platera alcanzó «fama universal».

Corría febrero de 1964. En una tarde ventosa y fría, ocho alcazareños entusiastas de la figura de Sancho Panza se reunieron junto al periodista granadino Tico Medina en la finca La Platera. De aquel encuentro nació la Orden de los Escuderos llamados Sancho, con un ideario que hoy suena tan vigente como entonces: exaltar la figura de Sancho, tantas veces vilipendiada y sin embargo esencial en la obra inmortal de Cervantes; promover la amistad entre los pueblos de buena voluntad; y proyectar al mundo los valores espirituales de La Mancha.

Fructuoso López Parra fue uno de esos ocho fundadores. Y no un fundador cualquiera: aportó la casa, el pozo, la Silla y, sobre todo, la secretaría perpetua de la institución. Mientras Tico Medina, nombrado Gran Maestre, ponía la voz y la proyección mediática, Frutos López ponía la memoria: era él quien levantaba las actas, custodiaba el Libro de Honor y organizaba los capítulos nocturnos junto al pozo, bajo la luna, donde los nuevos escuderos juraban honor sobre un viejo ejemplar de El Quijote.

En el corazón de La Platera se alzaba —y se alza aún hoy— la Silla de Sancho: una pirámide escalonada de piedra coronada por un sillón con tronera, descrita recientemente como «uno de los tronos más codiciados de España». Allí, bajo la batuta organizativa de Fructuoso López Parra, el Gran Maestre tomaba juramento a los nuevos Sanchos y les entregaba la Carta de la Amistad, credencial que reconocía a su portador como acreedor de la amistad de todos los escuderos.

Por aquella silla de piedra pasaron nombres que hoy resultan difíciles de imaginar reunidos en un mismo lugar: el ministro León Herrera Esteban; los periodistas Alfredo Amestoy, Julio Camarero, José Luis Peker, Jesús Álvarez o Luis Ángel de la Viuda (director de TVE); Gustavo Cubas Urquijo (conde de la Almudena);  Lucien Múller-Schmidt exjugador y entrenador de fútbol; Heinz Standenat embajador de Austria en España, Pedro Chicote Serrano hostelero; actrices como Mari Carrillo, Josita Hernán, Ana Mariscal o Nati Mistral, actores como Manolo Morán o Javier Escrivá: Luis Mesquita Chavarri ministro plenipotenciario de Paraguay en España, el alcalde de Barcelona José María de Porcioles, que regaló una farola fernandina de hierro fundido de las Ramblas a la ciudad de Alcázar de San Juan; el compositor Federico Moreno Torroba; el torero Paco Alcalde e incluso el excanciller alemán Ludwig Erhard, investido Sancho de Honor. Con 125 socios de pleno derecho documentados —21 de ellos en Barcelona y 24 residentes fuera de España— y agencias como Wagons-Lits, Viajes Meliá e Iberia incluyendo La Platera en sus rutas cervantinas, Alcázar de San Juan se situó en el mapa turístico internacional mucho antes de que existiera el turismo de masas.

La entrega de Fructuoso López Parra no se agotaba en la Orden. En 1966 ejerció como teniente de alcalde en la Comisión Permanente del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan, con responsabilidades tan concretas como gestionar el local destinado a la Agencia de Extensión Agraria. Fue también, en enero de 1967, uno de los cuatro «buenos amigos» —junto a Juan Nieto, Ramón Alcázar y Lucio Sahagún— que se volcaron en la edición de los fascículos «Hombres, lugares y cosas de La Mancha», de Rafael Mazuecos. Un hombre de despacho municipal por la mañana y de pozo, silla y capítulo nocturno por la noche.

En julio de 1967 el ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, firmó en Madrid el diploma que otorgaba a Fructuoso López Parra la Medalla al Mérito Turístico en su categoría de Bronce, al amparo del Reglamento aprobado por Orden de 21 de enero de 1963. Una medalla acuñada con el bisonte de Altamira y la leyenda «Al Mérito Turístico», reservada a quienes hubieran prestado servicios relevantes al fomento y desarrollo del turismo español.

Pero, en realidad, aquella distinción no premiaba un establecimiento ni una infraestructura: premiaba una idea. Premiaba haber convertido una huerta privada, sin subvención alguna, en destino turístico internacional; haber generado, capítulo tras capítulo, un ejército de embajadores voluntarios de Alcázar de San Juan; haber sabido que la hospitalidad, el relato y la lealtad sanchopancesca eran, también, una forma legítima —y eficacísima— de hacer turismo.

La Orden mantuvo su actividad hasta comienzos de los años ochenta y languideció después, no sin un último y melancólico homenaje: el artículo «La Orden de los Sanchos cumple sus bodas de plata», publicado en el diario Ya en septiembre de 1987. El libro de firmas de La Platera siguió recibiendo visitantes hasta 1997. Pero la memoria de Fructuoso López Parra y de sus siete compañeros fundadores no se ha apagado: desde 2020, la Sociedad Cervantina de Alcázar ha reivindicado la figura de la Orden y está tratando de dar la visibilidad y la importancia histórica que tiene el paraje a través de su actividad El Legado de Sancho Panza, con Emilio Gavira Tomás como Gran Maestre y con la Silla de Sancho cuyo uso es cedido de forma generosa, como siempre, por la familia López Parra.

Sin Fructuoso López Parra, Alcázar de San Juan no habría tenido Ínsula. Sin Ínsula, medio mundo no habría oído hablar de Sancho como embajador de la amistad. Sus hijos pueden estar hoy bien orgullosos, la Medalla de Bronce que hoy luce enmarcada en casa de sus descendientes es, en el fondo, de oro para su ciudad: el testimonio imperecedero de un secretario perpetuo que, actas en mano y silla de piedra por trono, hizo universal el nombre de Alcázar de San Juan.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Alcázar de Cervantes; el pueblo donde el Quijote se toca con las manos

No hace falta abrir un libro para entrar en el Quijote. En Alcázar de San Juan se pisa, se fotografía y se vive. Queremos enseñarte los monumentos, las azulejerías y la partida de bautismo que demuestran por qué aquí, desde hace siglos, muchas personas de sólido juicio siguen creyendo que nació Cervantes

Alcázar no siempre fue Alcázar de San Juan. Fue Alcázar de Consuegra y, entre 1936 y 1939, oficialmente Alcázar de Cervantes. ¿Por qué? Porque aquí late desde el siglo XVII una tradición cervantina que no se ha apagado.

Es lo que Azorín llamó en 1905, al cerrar aquí su viaje, «la capital geográfica de La Mancha», y lo que hizo que Rubén Darío viniera expresamente a defenderla en su crónica La cuna del manco: una batalla «donde los cañones ‘Maxim’ quedan sustituidos por razones de a folio».

La iglesia más vieja de Alcázar, Santa María la Mayor —del siglo XII, con ábside románico, la que Alfonso X El Sabio cantó en la Cantiga 246 y que guarda a la Virgen del Rosario del Naval, la de Lepanto— es el kilómetro cero. La colegiata, que en 1226 fue designada como parroquia, acaba de cumplir 800 años y es la más antigua de la diócesis.

En su Libro Primero de Bautismos, en 1748, el bibliotecario mayor del rey Fernando VI, Blas Antonio Nasarre y Férriz, enviado por el VII duque de Híjar a buscar rastros manchegos de Cervantes, encuentra esto:

“En nueve días del mes de noviembre de mil quinientos y cincuenta y ocho bautizó el reverendo señor Alonso Diaz Pajares un hijo de Blas de Cervantes Sabedra y de Catalina López que le puso de nombre Miguel, fue su padrino de pila Melchor de Ortega acompañados de Julián de Quirós y Francisco Almendros y sus mujeres de los dichos».

Y al margen, de su puño y letra: «Este fue el autor de la historia de Don Quixote».

Un año después encontraría en Madrid la partida de defunción de 1616. Por fin sabíamos algo: un Miguel nace en Alcázar en 1558 y muere en Madrid en 1616.

En 1753 aparecería la otra partida, la de Miguel hijo de Rodrigo Cervantes y Leonor Cortinas, bautizado el 9 de octubre de 1547 en Alcalá.

¿Incompatible? El padre Sarmiento dijo que el alcazareño no pudo estar en Lepanto por tener 13 años. El propio Cervantes le responde en el Quijote I, 51, cuando cuenta que Vicente de la Rosa se fue de su pueblo a ser soldado «siendo muchacho de hasta doce años» llevado por un capitán. A los 13 se podía ser grumete, mozo o paje de rodela.

En 2016, un documento del Archivo de Simancas —relación de heridos de Juan de Austria en Messina, marzo de 1572— ha vuelto a poner el foco: allí aparecen dos Migueles de apellido Cervantes heridos y posiblemente mancos.

Delante de la iglesia, desde el 23 de abril de 1999, nos mira el Cervantes de bronce de Teresa Guerrero y Javier Martínez: 2,35 metros, 450 kilos, con pluma y pergaminos de escritor, espada de soldado y talega de recaudador, la imagen preside el lugar donde arranca, documentalmente, la historia cervantina de Alcázar.

Junto a las instalaciones de la empresa Aguas de Alcázar nos recibe una de las esculturas más entrañables de la ciudad: Alonso Quijano, sentado sobre el borde de un pilón, absorto en la lectura, mientras uno de sus gatos apoya las patas sobre los libros e interrumpe su concentración.

Hidalgo y felino se observan con curiosidad, casi en diálogo. Es obra del escultor José Lillo Galiani, realizada en bronce a la cera perdida en 2007, y representa el origen mismo de la historia: un hidalgo manchego que, de tanto leer libros de caballerías, termina perdiendo el juicio y se echa al camino convertido en Don Quijote.

En la Plaza de Palacio se levanta un busto de Don Quijote con la mirada fija en el firmamento, obra del escultor Santiago de Santiago realizada en 1992.  Su historia es tan bonita como su factura: fue un encargo de Eulalio Ferrer, mecenas cántabro afincado en México, que mandó fundir dos bustos gemelos en bronce. Uno lo donó a la ciudad de Guanajuato y el otro a Alcázar de San Juan, instalándose aquí en 1993.

Sin saberlo —o quizá sabiéndolo muy bien—, Ferrer tendió con este gesto un puente entre La Mancha y México que hoy sigue vivo: Alcázar de San Juan y Guanajuato son ciudades hermanadas oficialmente desde 2014.

La relación de Eulalio Ferrer con nuestra ciudad venía de lejos: fue nombrado Sancho de la Orden de los Escuderos en los años setenta, y su pasión por el Quijote —que él mismo contaba haber cambiado por una cajetilla de tabaco a un miliciano en el campo de refugiados de Argelès-sur-Mer, en 1939— le llevó después a fundar en Guanajuato el Museo Iconográfico del Quijote, el más importante del mundo dedicado al hidalgo manchego.

No podía faltar en este recorrido el grupo escultórico más fotografiado de la ciudad: Don Quijote a lomos de Rocinante y Sancho junto a su rucio, instalado en 1971, obra del escultor astorgano Marino Amaya. Un dato curioso: la cara de Sancho está inspirada en la del periodista Tico Medina, muy vinculado en aquella época a la Orden de los Sanchos y propietario de uno de los molinos de viento de Alcázar, el molino «Sancho Panza».

Alcázar de San Juan atesora también tres conjuntos de azulejos dedicados al Quijote que son, sencillamente, excepcionales.

El primero, y verdaderamente único en toda España, es la serie del Parque Cervantes. A diferencia de las azulejerías quijotescas que pueden verse repartidas por otros lugares del país —procedentes en su mayoría de fábricas trianeras sevillanas y que apenas alcanzan hasta el capítulo 20 de la primera parte—, la del Parque Cervantes representa el Quijote completo, las dos partes de la novela. Los azulejos originales, de la fábrica Ramos Rejano (1925-1929), se deterioraron con el paso del tiempo, por lo que los actuales, de 15 x 15 centímetros, se realizaron a principios de este siglo en una Escuela Taller creada expresamente para ello en nuestra ciudad, inspirándose en los dibujos de José Jiménez Aranda para la edición madrileña de 1905-1908 (la conocida como «Quijote del Centenario») y en los de Salvador Tusell y Gustave Doré para la segunda parte. La serie principal cuenta con 290 azulejos.

El segundo conjunto, no menos importante, decora la Fonda y la Sala de Espera de la Estación de Alcázar, y su origen se remonta a 1920, obra de la fábrica sevillana Mensaque Rodríguez y Cía. Estos azulejos, de 14 x 14 centímetros, alcanzan solo hasta el capítulo 20 de la primera parte —la famosa aventura del yelmo de Mambrino— y están colocados sin ningún orden cronológico, pero suman un total impresionante de 3.824 piezas entre ambos espacios. Por su valor patrimonial, fueron declarados Bien de Interés Cultural por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha en 2016. Un detalle que enorgullece a nuestra Sociedad Cervantina: sus propios estudios han identificado hasta 396 azulejos dedicados al Quijote en este conjunto, dieciocho más de los que recogía el estudio previo del Patronato de Cultura.

Y el tercero se encuentra en el Pozo de las Aguas, donde en 1928 la sala de máquinas del Pozo de las Perdigueras se remodeló y sus paredes se embellecieron alicatándolas con valiosos azulejos con el escudo de Alcázar, el nombre de las personas que componían el Consejo de Administración, fechas alusivas y preciosos motivos inspirados en El Quijote. La cerámica, en azul y amarillo, es de Talavera y está firmada por J. Ruiz de Luna.

Este paseo por algunos de nuestros monumentos y huellas cervantinas es solo una muestra de todo lo que Alcázar de San Juan guarda para quien quiera descubrirlo. Desde 2014, la Sociedad Cervantina de Alcázar organiza, en colaboración con el Patronato Municipal de Cultura, la Ruta Cervantina «Alcázar de Cervantes», un recorrido guiado por estas y otras muchas paradas —la Colegiata de Santa María, el Museo Casa del Hidalgo, el lugar donde estuvo la casa de don Juan López Caballero, la plaza de Cervantes y tantos otros rincones— que ayuda a entender por qué, cuatro siglos después, seguimos sintiendo tan cerca a Don Quijote y a Sancho Panza. Con la Feria a las puertas, no hay mejor momento para redescubrir, paseando, lo que Cervantes dejó sembrado en nuestras calles.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Ida y vuelta (1)

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En la segunda salida de don Quijote, ya con su escudero Sancho, el lector viajero que seguirá mi guía Tras los pasos de Rocinante sabe que se va a encontrar con una contradicción en el espacio-tiempo recorrido en ella entre la aventura del vizcaíno en Puerto Lápice y el encuentro con los pastores cerca ya de Sierra Morena.

Hay otros descuidos más, según sus primeros lectores más críticos, como el olvido de contar quién, cómo y cuándo le robaron el burro a Sancho, o qué pasó con los cien escudos que se encontraron en la maleta junto a una mula muerta, pero, ante el revuelo formado especialmente en los mentideros madrileños, a estos ya les contesta en la Segunda Parte de su historia.

Sigamos a Rocinante hacia Sierra Morena. Don Quijote es vapuleado por las aspas de uno de los molinos de viento de Campo de Criptana. Medio repuesto decide poner rumbo a Puerto Lápice «porque allí decía don Quijote que no era posible dejar de hallarse muchas y diversas aventuras, por ser lugar muy pasajero» Caminan ese día y pasan la noche en medio de un bosque y al día siguiente ven Puerto Lápice a las tres de la tarde. Allí se encuentran con la comitiva de unos frailes de la orden de San Benito y un coche con varios jinetes a caballo que iban a Sevilla. Después de golpes y más golpes, especialmente en las costillas de Sancho, don Quijote se enfrenta a uno de los jinetes que acompañaban a la señora vizcaína ante su negativa a darse la vuelta e ir a El Toboso. Don Quijote vence, pero en el combate una cuchillada del vizcaíno le deja una oreja casi partida.

El narrador cuenta que sin despedirse de la señora vizcaína «se entró por un bosque que allí junto estaba». Caminan, comen lo poco que llevaba Sancho en las alforjas y siguen caminando buscando donde alojarse esa noche y poder hacer un bálsamo con qué curar la herida. Llegan a unas chozas de cabreros donde invitados comparten cena, cuentos y música hasta que llega un mozo con la noticia de la muerte de Grisóstomo, y su entierro que sería a la mañana siguiente cerca de allí.

A este entierro acude la pastora Marcela, por la que Grisóstomo se había quitado la vida. Después del entierro y de que don Quijote quisiera volver a encontrar a Marcela entre aquellos montes llegan al final del día a la venta de Sierra Morena, no sin antes ser apaleados por los yangüeses. Esta venta en la que pasan tantas cosas puse su localización y nombre en 2012: la Venta del Alcalde hoy conocida como Venta de la Inés.

Desde Puerto Lápice hasta esta venta, por caminos, hay unos 128 km. En jornada y media recorren este espacio, y Rocinante no volaba precisamente. Sin embargo, no surgieron críticas de sus primeros lectores ante este «descuido» de Cervantes en la ida a Sierra Morena y quizás fuese porque en la vuelta a casa los tiempos y las distancias concuerdan perfectamente, o porque lo entendían perfectamente.

Sigamos ahora a Rocinante de vuelta a su cuadra desde esta venta. El cura trama la forma de llevar a casa a don Quijote de esta manera:

«Y lo que ordenaron fue que se concertaron con un carretero de bueyes que acaso acertó a pasar por allí, para que lo llevase en esta forma: hicieron una como jaula de palos enrejados, capaz que pudiese en ella caber holgadamente don Quijote, y luego don Fernando y sus camaradas, con los criados de don Luis y los cuadrilleros, juntamente con el ventero, todos, por orden y parecer del cura, se cubrieron los rostros y se disfrazaron, quién de una manera y quién de otra, de modo que a don Quijote le pareciese ser otra gente de la que en aquel castillo había visto» (Q1, 46)

Así, con don Quijote enjaulado sobre una carreta tirada por bueyes, encantado según él creía, comienza el regreso hacia su pueblo. Ir de esta guisa no era muy de entender por nuestro caballero, no por ir encantado sino por lo despacio que sería el traslado. Esto le dice a Sancho nada más ser acomodada la jaula en el carro de los bueyes:

«Muchas y muy graves historias he yo leído de caballeros andantes; pero jamás he leído, ni visto, ni oído, que a los caballeros encantados los lleven desta manera y con el espacio que prometen estos perezosos y tardíos animales; porque siempre los suelen llevar por los aires, con estraña ligereza, encerrados en alguna parda y escura nube, o en algún carro de fuego,…» (Q1, 47)

Así nos describe el narrador de la historia la salida lenta y parsimoniosa de la comitiva de la venta cervantina, teniendo que ir todos al paso del tiro de bueyes contratado:

«Subió a caballo, y también su amigo el barbero, con sus antifaces, porque no fuesen luego conocidos de don Quijote, y pusiéronse a caminar tras el carro. Y la orden que llevaban era ésta: iba primero el carro, guiándole su dueño; a los dos lados iban los cuadrilleros, como se ha dicho, con sus escopetas; seguía luego Sancho Panza sobre su asno, llevando de rienda a Rocinante. Detrás de todo esto iban el cura y el barbero sobre sus poderosas mulas, cubiertos los rostros, como se ha dicho, con grave y reposado continente, no caminando más de lo que permitía el paso tardo de los bueyes. Don Quijote iba sentado en la jaula, las manos atadas, tendidos los pies, y arrimado a las verjas, con tanto silencio y tanta paciencia como si no fuera hombre de carne, sino estatua de piedra» (Q1, 47)

En la Historia de los caminos de España, volumen I, de don José I. Uriol Salcedo, encontramos descrito cómo era en aquella época el transporte de mercancías en carros o carretas tiradas por bueyes, y sus privilegios de paso y pasto:

«Sobre las carreterías sabemos que, además de efectuar transportes privados, prestaban ordinariamente servicios de carácter público,…; que la velocidad de marcha de estas cuadrillas era del orden de unas tres a cuatro leguas al día;…», teniendo en cuenta si la jornada se hace en camino abrupto o de montaña o en camino fácil y llano. En esta parte de la Mancha los caminos son eminentemente llanos para este tipo de transporte. Por tanto, el paso del carro de bueyes con don Quijote enjaulado es de cuatro leguas por jornada, el mismo paso que el bueno de Rocinante.

«Y así con aquel espacio, y silencio, caminaron hasta dos leguas, que llegaron a un valle, donde le pareció al boyero, ser lugar acomodado para reposar, y dar pasto a los bueyes.» (Q1, 47)

Este paso lento y la necesidad de parar para dar de comer y descanso a los bueyes, es también tenido en cuenta por Cervantes en su descripción del regreso de don Quijote a su pueblo. El día de la partida, desde la venta cervantina, sobre mediodía la extraña comitiva llega a una zona donde al boyero le parece adecuado para realizar el descanso de media jornada, habiendo avanzado en su camino dos leguas.

«Fue de parecer el barbero que caminasen un poco más» a una zona conocida por él, con mejor hierba para los bueyes, siendo entonces alcanzados por seis o siete jinetes, que llevaban la misma dirección y camino que ellos, y con la intención de llegar a una venta ya cercana, “que menos de una legua de allí se parecía”, para comer, descansar y hacer la siesta:

«En esto, volvió el cura el rostro, y vio que a sus espaldas venían hasta seis o siete hombres de a caballo, bien puestos y aderezados, de los cuales fueron presto alcanzados, porque caminaban no con la flema y reposo de los bueyes,

sino como quien iba sobre mulas de canónigos y con deseo de llegar presto a sestear a la venta, que menos de una legua de allí se parecía» (Q1, 47)

Como después se sabe, «era canónigo de Toledo y señor de los demás que le acompañaban», que al ver esta singular imagen en el camino se interesó por la extraña figura de don Quijote. El canónigo y el cura, mientras caminan juntos, tienen una larga conversación sobre la idoneidad o no de los libros de caballerías hasta que llegan al lugar donde decía el barbero: «—Aquí, señor licenciado, es el lugar que yo dije que era bueno para que, sesteando nosotros, tuviesen los bueyes fresco y abundoso pasto». Paran allí y el canónigo manda ir a la «venta que no lejos de allí estaba» a por comida para todos.

Para cualquier lector-viajero de la época, la descripción de esta primera jornada de vuelta a casa es realmente de una precisión poco habitual en aquella época, lo que indica el gran conocimiento que Cervantes tenía de esta zona del sur de la Mancha. Por el camino de Sevilla a Toledo, desde la Venta del Alcalde a la Venta de Tartanedo, hoy en el pequeño núcleo de La Estación de Brazatortas-Veredas, hay unos diez y siete kilómetros, casi tres leguas de camino. Cuando lleva la comitiva con don Quijote andadas dos leguas llega a ella el canónigo que iba a sestear a la venta «que menos de una legua de allí se parecía» Siguen el camino hasta que el barbero indica el apropiado para hacer la parada. Aquí dejan a don Quijote salir de la jaula para hacer sus

«aguas mayores o menores, como suele decirse». Comen lo que de la venta los criados del canónigo habían traído y llega Eugenio el cabrero con el que don Quijote, después de escuchar el cuento que el cabrero allí les regaló, se muele a golpes y no se matan porque llega a aquel paraje donde estaban una procesión de rogativas. Desafíos y más golpes dejan a don Quijote con el hombro maltrecho y de nuevo dentro de la jaula camino a su casa.

Como puedes apreciar, desocupado lector interesado por los caminos reales por donde Cervantes hace caminar a Rocinante, esta primera media jornada de regreso a casa no puede estar mejor descrita, para los lectores del siglo XVII y para nosotros en el siglo XXI:

-La distancia entre la Venta del Alcalde y la Venta de Tartanedo es de casi tres leguas.

-Cuando llevan andadas dos leguas les alcanza el canónigo de Toledo que iba a sestear a la venta «que menos de una legua de allí se parecía»

-Siguen caminando un poco más hasta el paraje indicado por el barbero, donde paran a comer. El canónigo manda a sus sirvientes a la «venta que no lejos de allí estaba» a por comida para todos.

Pero, como pasó en la ida, desde aquí en la vuelta hay un gran salto en el territorio manchego sin suceder ninguna aventura ni nada que el autor considerarse dejar por escrito, solo el tiempo en llegar a su pueblo:

«El boyero unció sus bueyes y acomodó a don Quijote sobre un haz de heno, y con su acostumbrada flema siguió el camino que el cura quiso, y a cabo de

seis días llegaron a la aldea de don Quijote, adonde entraron en la mitad del día, que acertó a ser domingo, y la gente estaba toda en la plaza, por mitad de la cual atravesó el carro de don Quijote» (Q1, 52)

El espacio recorrido desde la Venta del Alcalde hasta su pueblo es de cinco jornadas y media al paso de los bueyes, lo que hace un total recorrido de veintidós leguas.

¿Qué distancia separa la Venta cervantina de Sierra Morena y Alcázar de San Juan, el lugar de don Quijote? Veamos las distancias que en tiempo de Cervantes se manejaban:

-Venta del Alcalde a Almodóvar del Campo: cuatro leguas y media. Reportorio de Caminos de Juan de Villuga, 1546.

-Almodóvar a Caracuel: tres leguas. Reportorio de Caminos de Juan de Villuga, 1546.

-Caracuel a Ciudad Real: tres leguas. Reportorio de Caminos de Juan de Villuga, 1546.

-Ciudad Real a Villarrubia de los Ojos: seis leguas. Relaciones Topográficas de Villarrubia de los Ojos, 1575:«… que yendo por el camino derecho desde esta villa a Ciudad Real hay seis leguas»

– Villarrubia de los Ojos a Herencia: cuatro leguas. Relaciones Topográficas de Herencia, 1575: «… al poniente de esta villa está un pueblo que se dice Villarrubia, cuatro leguas de esta villa de las ordinarias»

-Herencia a Alcázar de San Juan: dos leguas. Relaciones Topográficas de Herencia, 1575: «… que desde esta villa está hacia la parte donde sale el sol la villa de Alcázar dos leguas ordinarias camino derecho»

DISTANCIA ENTRE LA VENTA DEL ALCALDE Y ALCÁZAR DE SAN JUAN
DESDEHASTALEGUAS
VENTA DEL ALCALDEALMODÓVAR DEL CAMPO4,5
ALMODÓVAR DEL CAMPOCARACUEL3
CARACUELCIUDAD REAL3
CIUDAD REALVILLARRUBIA DE LOS OJOS6
VILLARRUBIA DE LOS OJOSHERENCIA4
HERENCIAALCÁZAR DE SAN JUAN2
TOTAL22,5

Es de una precisión increíble el texto de la novela con el espacio real. Solo es posible por quien conoce perfectamente el camino de Toledo a Sevilla y el camino que lleva a Alcázar de San Juan. Cervantes no llevaba en la mula ningún dispositivo de posicionamiento por satélite, pero el caminar al paso creó un mapa mental, una abstracción del territorio por el que viajaba, con una precisión casi al que nos dan hoy los navegadores. ¿Para qué inventarse un camino, un paraje por dónde llevar a Rocinante, si recordaba perfectamente esas imágenes guardadas en su mente? Solo tenía que crear el cuento, el escenario ya lo tenía.

¡Tanto detalle y cuidado en los tiempos y distancias en la vuelta y un descuido tan importante en la ida a la venta!, como lector curioso me surgen algunas preguntas, como esta:

¿Es posible que quitase de su manuscrito alguna o algunas aventuras en la ida, entre Puerto Lápice y el encuentro con los cabreros, para insertar El curioso impertinente o El capitán cautivo? Si fue así ¿por motu proprio o por indicación del librero? ¡Ufff, esto es harina de otro costal!

Con solo haber añadido “… en esto se les pasó aquella noche y al cabo de cinco días, al final del día vieron unas chozas de cabreros…” los encantadores buscadores de contradicciones, descuidos e incoherencias en el texto cervantino, del siglo XXI, habrían pasado de largo.

Me comentaba un ciclista-viajero cervantino al que le he adelantado parte de los caminos de esta segunda parta de la guía que «…entre Puerto Lápice y Almodóvar del Campo el camino se me hizo bola». No disponer de un paraje o un lugar donde pararse y leer esa parte del Quijote que lo describe lo echamos en falta quienes andamos los caminos siguiendo a Rocinante. Sí, las huellas

están en el camino, pero faltan esas aventuras que Cervantes quizás no “quiso” acordarse y así poder parar y sacar el Quijote de la mochila. Ni en la ida ni en la vuelta.

Hoy comienzan las Ferias y Fiestas en el lugar de don Quijote. Si alguien quiere reconocer a los modelos vivos de Sancho del siglo XXI, solo tiene que pasar por las demostraciones gastronómicas que durante estos días los cocinillas manchegos harán, ocultando la parte de la receta que su abuela solo a ellos le contó: pipirrana, ensalá de limón, machacón, asadillo, pisto, migas, gachas y el sábado ¡duelos y quebrantos!, y zurra que no falte. Los Quijotes pasarán de largo, solo comen lo que en casa su ama les hace, con la intención de ser los primeros en probar esas atracciones que les recuerde al cerrar los ojos al vuelo de Clavileño o la barca encantada.

¡Felices Ferias y Fiestas!

Luis Miguel Román Alhambra

Artículo publicado en Alcázar Lugar de don Quijote