Alcázar de San Juan «Corazón de la Mancha» y del mundo cervantino

Por primera vez, el III Congreso Internacional «Cervantes y el Quijote desde Alcázar de San Juan» (6 y 7 de noviembre) reunirá a ponentes de tres países hispanoamericanos: Costa Rica, Ecuador y República Dominicana, y el domingo 15 la ciudad se hará escenario: una ruta guiada y teatralizada por Franz Gómez llevará a los visitantes, tras las huellas de Cervantes en Alcázar

Alcázar de San Juan, 27-10-2026.- La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, el Excmo. Ayuntamiento de Alcázar de San Juan (a través de su Patronato Municipal de Cultura) y el Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO) del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra han cerrado ya el elenco de especialistas que participarán en el III Congreso Internacional «Cervantes y el Quijote desde Alcázar: Un legado universal patrimonio de la Humanidad», que se celebrará los días 6 y 7 de noviembre de 2026 en el Salón Noble del Ayuntamiento y en el Museo del Hidalgo. El congreso se celebra este año en memoria de Enrique Suárez Figaredo.

El encuentro se enmarca dentro de las XIII Jornadas Vino y Bautismo Cervantino, que Alcázar de San Juan celebra anualmente con motivo del bautismo de Miguel de Cervantes Saavedra, acontecido el 9 de noviembre de 1558, y cuenta con la colaboración del Instituto Almagro de Teatro Clásico (UCLM), el Instituto de Estudios Auriseculares (IDEA) y la D.O. La Mancha Vinos.

Una de las grandes novedades de esta edición es la presencia, por primera vez en el Congreso Internacional de Alcázar de San Juan, de ponentes procedentes de Costa Rica, República Dominicana y Ecuador: Jorge Chen Sham (Universidad de Costa Rica), Juan Miguel Madera (El Quijote de Madera, República Dominicana) y, desde Manta (Manabí, Ecuador), Vielka Navia Loor e Itamar Rodríguez Acuña, de la Corporación Cultural Club de Lectura El Quijote. Un paso más en la proyección internacional de un encuentro que ya reúne a cervantistas de ambos lados del océano.

La jornada del viernes 6 de noviembre, con Estrella Blanco Escalera como maestra de ceremonias, se abrirá a las 9:30 h con la bienvenida de la alcaldesa, Rosa Melchor, y la presentación de las actas del II Congreso. A lo largo de la mañana y la tarde se sucederán tres sesiones de ponencias.

La primera que será moderada por Manuel Rubio Morano (Sociedad Cervantina de Alcázar), tendrá como intervinientes a Félix Patiño (Sociedad Cervantina) «Leer para ser. El Quijote como factor de competencias básicas en la era de la pantalla ¿Un juego o un estudio?», Matías Barchino (Universidad de Castilla-La Mancha, España) «Cervantes, los saberes del campo y el retorno a la naturaleza», Luis Miguel Román Alhambra (Sociedad Cervantina) «Cartografía imaginaria o real en el Quijote».

En la segunda sesión, con la moderación de Zacarías López-Barrajón Barrios (Sociedad Cervantina) intervendrán Ana Suárez Miramón (UNED, España) «Luces, voces y sonidos en el caminar de don Quijote», Juan Miguel Madera (El Quijote de Madera, República Dominicana) «El Quijote de Madera: un proyecto de vida», Vielka Navia Loor (Corporación Cultural Club de Lectura El Quijote, Manta, Manabí, ECUADOR), «Del mucho leer: una aproximación cognitiva a Don Quijote de la Mancha».

Ya en la tarde, en el Museo del Hidalgo y en la tercera sesión de ponencias, moderada por Manuel Castellanos Tejero (Sociedad Cervantina) tomarán la palabra Jorge Chen Sham (Universidad de Costa Rica, COSTA RICA) «Amplificatio et emulatio en Juan Montalvo: los capítulos que se le olvidaron a Cervantes (1985) y la descortesía de los anfitriones», Mariela Insúa (GRISO-Universidad de Navarra, ESPAÑA) «Cervantes desde el exilio republicano: Dulcinea y Sancho Panza (1949) de José Venegas», y José Montero Reguera (Universidade de Vigo, ESPAÑA) «Palimpsesto y anacronismo al servicio del mensaje: Rinconete y Cortadillo en las manos de Alberto Conejero».

La jornada se cerrará con una visita al Museo del Hidalgo y una cata de vino a cargo de la D.O. La Mancha.

El sábado 7 de noviembre, con Estrella Blanco Escalera como maestra de ceremonias, las sesiones seguirán desarrollándose en el Museo del Hidalgo, con la bienvenida del presidente de la D.O. La Mancha Vinos, Carlos David Bonilla Merchante. En la primera de las sesiones y con la moderación de José Javier Blanch del Casar (Sociedad Cervantina) intervendrán Luis Gómez Canseco (Universidad de Huelva, ESPAÑA) «Mapuches en la Mancha. De la Araucana al Quijote», Patricia Marín Cepeda (Universidad de Valladolid, ESPAÑA) «Propone algo y no concluye nada. Lo inacabado en Cervantes».

A continuación, tendrá lugar la Mesa de presentación de publicaciones y proyectos cervantinos, moderados por Manuel Rubio Morano (Sociedad Cervantina) intervendrán Itamar Rodríguez Acuña (Corporación Cultural Club de lectura el Quijote, Manta, Manabí, ECUADOR) «Los proyectos de la Corporación cultural Club de Lectura el Quijote», Juan Bautista Mata Peñuela (presidente de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan) «Los XII del Quijote. Doce genios y su relación con la obra cumbre de Cervantes» y «Club de lectores del Quijote», Carlos Mata Induráin (GRISO-Universidad de Navarra) «Últimas publicaciones y últimos proyectos cervantinos de GRISO-Instituto Cultura y Sociedad».

Finalizarán las sesiones de ponencias con la quinta sesión, moderada por Luis Caballero Martínez (Sociedad Cervantina) con la intervención de Jesús Caballero Martínez (Sociedad Cervantina de Alcázar, ESPAÑA) «La caza en el Quijote» y Carlos Mata Induráin (GRISO-Universidad de Navarra) «Algo más sobre Cervantes y Lepanto en la novela histórica española actual».

La clausura del Congreso correrá a cargo del propio Juan Bautista Mata Peñuela, de Carlos Mata Induráin y de Carlos David Bonilla Merchante.

Además, el domingo 15 de noviembre, las actividades de la Sociedad Cervantina de Alcázar se verán incrementadas con la coordinación de una ruta guiada para mostrar a los visitantes la vinculación de nuestra ciudad con Cervantes y su obra. La ruta será teatralizada por Franz Gómez y la concentración de participantes y su origen, tendrá lugar en la estatua de Alonso con su gato, junto a Aguas de Alcázar.

Un año más, la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan agradece la inestimable colaboración de su Socio de Honor, Carlos Mata Induráin, siendo plenamente conscientes de que, sin su excelente y siempre comprometido trabajo, no podría llevarse a cabo la organización de este importante evento cultural que pone a nuestra ciudad en el foco cervantino mundial. También quiere agradecer la colaboración y el patrocinio prestado por las empresas locales Comino Gasóleos y TAQ Distinciones que han facilitado que el Congreso se desarrolle con la mayor brillantez. Y una mención especial merece Pedro Atienza,que grabará todas las sesiones de ponencias para que quienes no puedan asistir en directo, puedan después disfrutar del contenido de las mismas.

Desde la organización se invita a todos los cervantistas del mundo a seguir el congreso en directo a través de las redes sociales de la Sociedad Cervantina de Alcázar, donde se irá informando de los últimos detalles del programa y de la marcha de las ponencias.

La programación completa está disponible en:

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

La Legislatura del baciyelmo

El yelmo y la bacía de don Quijote. Dibujo de Daniel Urrabieta Vierge. BIQ

El próximo 29 de noviembre los españoles votaremos el modelo de política nacional que queremos para los próximos cuatro años. Unas semanas más tarde, en el Congreso de los Diputados se constituirá la XVI Legislatura. Antes veremos a los diputados elegidos pasar por el trámite de recoger su acta, un teléfono y una tablet de última generación. Afirman que este inevitable y caro kit tecnológico es necesario para que en todo momento estén comunicados y puedan tener a su disposición toda la información oficial que necesitan. Vale.

Propongo que, además, se les añada un Quijote. Quizás alguno de nuestros representantes ya se lo ha leído, pero la gran mayoría seguro que no. Para no generar un gasto más, además de los varios cientos de euros del kit de comunicaciones, en el teléfono y  en la tablet llevarán descargado el Quijote, que en la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan se puede descargar gratis. Una edición magníficamente preparada por Enrique Suárez Figaredo. Para quienes se manejen mejor en papel, es posible que en algunas cajas de algún almacén casi olvidado de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha todavía puedan quedar Quijotes a 1 € que, con tanto acierto, se imprimieron en 2005. Solo costará el traslado de Toledo a Madrid, un porte relativamente económico que seguro puede ser asumido. Tampoco hace falta que lo devuelvan al final de la legislatura; si consiguen leerlo en estos cuatro años, lo querrán volver a releer más veces en su vida.

No, no voy aquí a justificar esta propuesta con los famosos consejos de don Quijote a Sancho Panza antes de ir a ocupar su cargo de gobernador de Barataria, ya llegarán a leerlos y los entenderán, aunque esto ocurre muy avanzada la novela. El objetivo es que aprendan a discutir, qué tanta falta nos hace a los españoles, no el hecho de discutir, que lo hacemos casi a todas horas, sino las formas de discutir y el fin de cada discusión.

Cada sesión, cada pleno debe convertirse en un espacio de diálogo y discusión entre las distintas formas de entender nuestra sociedad, para que todos los españoles tengamos un presente y un futuro mejor. Y aquí es donde Cervantes nos deja en el Quijote la solución cuando las ideas estén en las antípodas unas de otras, como parece que están actualmente.

En el Quijote hay muchas escenas de discusión entre el hidalgo y el escudero, y entre otros personajes secundarios; diviértanse con su lectura. Pero hay una gran discusión que parece no tener solución si no es llegando a las manos. Hoy, la figura de don Quijote es reconocible en el mundo entero por llevar sobre su cabeza una bacía de barbero que él creía ser un famoso yelmo. Empecemos por el principio. En mitad de Sierra Morena, poco después de la aventura del batán, por el camino que llevaban vieron a un hombre montado sobre un borrico que llevaba sobre la cabeza una cosa que brillaba como si fuera de oro. Aquella visión no era otra que un barbero que, para protegerse de la lluvia, llevaba sobre su cabeza su propia bacía. Don Quijote se la arrebató por la fuerza creyendo que eso era el famoso yelmo de Mambrino.

De vuelta a la venta del manteo de Sancho, estando con los demás personajes que Cervantes puso en ella, llegó el maltratado barbero, que reconoció y demandó su bacía. Lógicamente, la discusión ya está servida y se barrunta una lluvia de golpes: lo que para uno es bacía, para otro es yelmo. Y no hay dudas de que hablan del mismo objeto:

Afirma don Quijote: «—Miren vuestras mercedes con qué cara podía decir este escudero que esta es bacía, y no el yelmo que yo he dicho; y juro por la orden de caballería que profeso que este yelmo fue el mismo que yo le quité, sin haber añadido en él ni quitado cosa alguna» (Q I, 44).

Y la solución a esta discusión, sin posible acercamiento entre posturas defendidas por el barbero y  don Quijote, nos la deja el simple pero eficaz Sancho, no es una bacía ni tampoco un yelmo sino un baciyelmo:

«—En eso no hay duda —dijo a esta sazón Sancho—; porque desde que mi señor le ganó hasta agora no ha hecho con él más de una batalla, cuando libró a los sin ventura encadenados; y si no fuera por este baciyelmo no lo pasara entonces muy bien, porque hubo asaz de pedradas en aquel trance». (Q I, 44)

Baciyelmo. Esta palabra, inventada por Cervantes en boca de Sancho, la recoge hoy el diccionario de la RAE. En una de sus acepciones dice: «Situación caracterizada por la pretensión de conciliar dos elementos dispares».

Ojalá esta próxima legislatura fuese recordada como la Legislatura del baciyelmo, de conciliación entre lo real y lo ideal, por ser la primera en la que a los diputados y senadores se les entrega el libro en español más leído y traducido del mundo, y en la que un neologismo cervantino se aplica al progreso de nuestra sociedad, más de cuatro siglos después de su creación y publicación en 1605.

No es la primera vez que España necesita conciliación política y económica. En 1977, ante la deriva de precios y el malestar social, dirigentes políticos y económicos de ideologías muy distintas acordaron y firmaron los Pactos de la Moncloa. Un año después, los españoles tuvimos nuestra actual Constitución, también consensuada y redactada por una selección de personas de muy distinta sensibilidad política. ¡Quizás ellos sí habían leído el Quijote!

Luis Miguel Román Alhambra

El milagro de El Pedernoso: un pueblo de 1.100 habitantes reúne a la élite de la novela negra e histórica de España

Mientras las grandes capitales se pelean por una firma, en plena Mancha conquense ocurre lo imposible. Del 20 al 24 de octubre de 2026, El Pedernoso con 1.113 habitantes en 2025, en la comarca de La Mancha de Cuenca, celebra la 3ª edición de su Festival Literario Quijote Negro e Histórico con más de 30 escritores en plena actualidad, desde Premio Planeta y Premio Azorín hasta un magistrado del Tribunal Supremo y el Jefe Superior de Policía de Murcia. Cinco días, entrada libre, café y pastas del Club de Lectura y un gran evento sorpresa final. Esto no es un festival. Es una declaración de amor a la literatura desde la España vaciada.

Hay pueblos que esperan a que la cultura llegue. Y hay pueblos que salen a buscarla, la invitan a casa y le ponen café y pastas. El Pedernoso pertenece a los segundos.

Con apenas 1.100 almas, 56 kilómetros cuadrados de llanura manchega y 772 metros de altitud, este municipio conquense ha entendido algo que muchas capitales han olvidado: la literatura no necesita alfombra roja, necesita lectores. Y de esos, en El Pedernoso, hay de sobra.

Del 20 al 24 de octubre de 2026, el pueblo ha acogido la 3ª Edición del Festival Quijote Negro e Histórico–Festival Literario de La Mancha. Un nombre que no es casual. Aquí el Quijote no es un monumento, es un anfitrión. No es de extrañar que su comisario sea Manuel Avilés y que la organización recaiga en Mª Carmen Saiz, con el impulso del Excmo. Ayuntamiento de El Pedernoso con Ana María Cantarero Fresneda, su alcaldesa) a la cabeza y, sobre todo, del Club de Lectura local, que es quien cada tarde ofrece el café.

El programa es sencillamente desbordante para un municipio de este tamaño.

El 20 de octubre arranca con un golpe sobre la mesa: inauguración y una primera mesa con Carmen Posadas presentando en exclusiva su último libro recién editado, ‘El misterioso caso del impostor del Titanic’ —aun secándose la tinta— junto a María Reig (Sonó un violín en París), Vanesa Monfort (La Toffana) y Sonia Valiente (El reloj del fin del Mundo). Esa misma tarde, segunda mesa con Miguel Noguera (Cuando el uniforme se convierte en piel), Mireia Gallego rescatando a Aspasia de Mileto, Cris Echegoyen, embajadora del Quijote en Hungría y Premio Alexandre Dumas por Blitz, y Alejandro Gallo con su distópico Vallekas 2084. Modera Laura Conesa, poeta y directora de la Semana de Novela Histórica de Cartagena.

Durante cuatro días el ritmo no decae. El día 21 reúne a Rosario Raro (Premio Azorín por La novia de la Paz), Elena Álvarez (Premio Odilo), Nieves Muñoz y Miriam Rivero, por la mañana; y por la tarde a Joaquín Hernández, Amelia Noguera (La hija de Goya), Eugenia Sánchez y Ulises Bértolo. El día 22 es el de las miradas transversales: Vicente Magro, magistrado del Tribunal Supremo, con Nunca me marcharé; Emilio González Ferrín preguntándose ¿Qué es el Islam?; Obdulio López, presidente de la Semana de Novela Histórica de Cartagena; y Angelique Pfitzner, comisaria del Lloret Negre. Por la tarde, Óscar Beltrán de Otálora, Susana Fortes, Lide Aguirre y Félix García Hernán. Modera Sandra Aza.

El día 23, clausura oficial, pero con dos mesas de altísimo nivel: Rafael Tarradas Bultó (La protegida, El falsificador), Jaime de los Santos (El evangelio según Caravaggio) y Manuel Ríos Sanmartín; y para cerrar, Ignacio del Olmo, Jefe Superior de Policía de Murcia, con El lanzadestellos, el Doctor Alfredo Corell y Pedro Simón (Peligro de derrumbe). Modera Isabel Egido, periodista de Antena 3 y Onda Cero.

Y el 24 de octubre, el guiño quijotesco: Gran Evento Sorpresa. Porque en La Mancha, como en la buena novela negra, siempre queda un último capítulo que no te esperas.

¿Qué hace grande a este festival? No es solo la cantidad —más de 30 autores de primer nivel en cinco días— es el modelo. Aquí no hay cordones de seguridad. Hay moderadores que son escritores y concejales de cultura, como Julio Pernía. Hay café cortesía del club de lectura. Hay un pueblo que convierte su plaza en ágora literaria.

En tiempos de macro eventos urbanos, El Pedernoso demuestra que la descentralización cultural no es una consigna, es posible. Que un pueblo de 1.100 habitantes puede ser capital de la novela negra e histórica de España durante una semana. Y que el Quijote, 400 años después, sigue encontrando molinos a los que enfrentarse: esta vez, el olvido de la España interior.

Si amas la novela negra, la histórica, o simplemente crees que la cultura vive donde hay gente que la cuida, hacia finales de octubre tienes una cita obligada en Cuenca. No en la capital. En El Pedernoso.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

«Los tapices vueltos del revés, Cervantes ante el oficio de traducir: trujamanes, moriscos e intérpretes en el Quijote y en otras obras cervantinas»

Ponencia de Constantino López Sánchez-Tinajero en el I Congreso Internacional «Traducir el Quijote» 16, 17 y 18 de octubre en Pedro Muñoz (Ciudad Real)

Distinguidas autoridades, amigos traductores, estimados ponentes del congreso, compañeros cervantistas, familiares, amigos, señoras y señores:

Permítanme empezar con una confesión que no es mía, sino de Cervantes: nada de lo que van a escuchar en los próximos veinte minutos lo digo yo por mi cuenta. Todo lo que voy a compartir con ustedes está ya en las páginas del «Quijote» y de otras obras de Miguel de Cervantes, esperando, precisamente, a que alguien lo traduzca del siglo XVII a nuestro presente.

Y me parece providencial que sea así, que estemos hoy aquí, en Pedro Muñoz, en un Congreso Internacional de Traducción, porque pocos escritores de la literatura universal pensaron tanto, y tan lúcidamente, sobre el oficio de ustedes como lo hizo Cervantes.

Empecemos por el principio, que en este caso es un principio muy particular: el «Quijote» no se presenta ante nosotros como una obra original, sino como una traducción. Cervantes construye toda su novela sobre una ficción que hoy llamaríamos, con toda propiedad, un artificio traductológico. En el capítulo noveno de la primera parte, el hidalgo narrador se encuentra en el Alcaná de Toledo con un muchacho que vende unos cartapacios viejos escritos «con caracteres que conocí ser arábigos».

Como no sabe leerlos, busca «un morisco aljamiado» que se los traduzca, y es ese traductor anónimo quien le revela el título del manuscrito: «Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo».

A partir de ese instante, toda la novela que leemos se nos presenta como el resultado de una traducción: el morisco «en mes y medio la tradujo toda», y Cervantes se limita, según finge, a ser el editor de ese trabajo ajeno.

Es un juego narrativo buscado, no un capricho. Con él, Cervantes hace algo que muy pocos autores de su tiempo se atrevieron a hacer: colocar al traductor, una figura casi siempre invisible, en el corazón mismo de la maquinaria narrativa. El traductor morisco no es un detalle decorativo: es, literalmente, la bisagra sin la cual no existiría el libro que tenemos entre las manos.

Pero Cervantes no se limita a construir esa ficción; también opina, y opina con contundencia, sobre la calidad de las traducciones que circulaban en su época. En el célebre escrutinio de la librería de don Quijote, capítulo sexto de la primera parte, el cura y el barbero repasan uno a uno los libros del hidalgo para decidir cuáles se salvan de la hoguera.

Cuando llega el turno del «Orlando furioso» de Ludovico Ariosto, el cura pronuncia una de las sentencias más citadas —y más severas— que se han escrito jamás sobre la traducción literaria: «al cual, si aquí le hallo, y que habla en otra lengua que la suya, no le guardaré respeto alguno; pero si habla en su idioma, le pondré sobre mi cabeza».

El barbero confiesa entonces que tiene el libro en italiano, «mas no le entiendo», a lo que el cura replica con ironía que tampoco sería bueno que lo entendiera, porque hubiera preferido perdonarle al traductor «el haberle traído a España y hecho castellano», ya que en esa operación «le quitó mucho de su natural valor».

Se está refiriendo, con toda probabilidad, a la traducción que el militar Jerónimo Jiménez de Urrea había hecho del poema de Ariosto, una versión muy popular en la España del XVI, pero que los lectores cultos consideraban empobrecida frente al original.

Lo que Cervantes pone en boca del cura es, ni más ni menos, la vieja y siempre viva tensión entre fidelidad y traición, ese «traduttore, traditore» que todos ustedes conocen mejor que yo. Para el cura del «Quijote», una obra poética pierde su alma cuando cambia de lengua; solo en su idioma original merece todos los respetos. Es una posición extrema, casi un dogma, pero Cervantes la pone en boca de un personaje, no la firma como propia, y eso ya nos avisa de algo importante: en esta novela, la traducción nunca es un tema neutro, sino un asunto que provoca discusión, matices y hasta enfado.

Avancemos hasta la segunda parte, publicada diez años después de la primera. Allí sucede algo asombroso, algo que muy pocas novelas se han permitido: don Quijote descubre que su propia historia ya se ha impreso, que ya circula, que ya la ha leído medio mundo. Es el bachiller Sansón Carrasco quien le trae la noticia, y al hacerlo recuerda que aquel libro fue posible gracias a «un curioso que tuvo cuidado de hacerlas traducir de arábigo en nuestro vulgar castellano para universal entretenimiento de las gentes».

Fíjense en la sutileza: en el capítulo tercero de la segunda parte, Cervantes no solo mantiene viva la ficción de que su novela es una traducción del árabe, sino que además convierte a su personaje en testigo del éxito editorial del propio libro que protagoniza. Don Quijote es, así, el único personaje de la historia de la literatura que puede leer sobre sí mismo en un libro que, según la broma cervantina, ha sido traducido para que él —y todos nosotros— pudiéramos disfrutarlo.

Cervantes juega con espejos, y en ese juego el traductor vuelve a ocupar un lugar de honor, aunque sea un lugar fingido.

Hay, sin embargo, un episodio del «Quijote» donde la traducción deja de ser un juego literario y se convierte en una necesidad vital, dolorosa, casi de vida o muerte. Me refiero a la historia del capitán cautivo, que Cervantes inserta en los capítulos que van del treinta y nueve al cuarenta y uno de la primera parte, y que todos los estudiosos coinciden en señalar como el episodio más autobiográfico de toda la novela. No en vano Cervantes había pasado cinco años cautivo en Argel, entre 1575 y 1580, y sabía perfectamente lo que significaba depender de un intérprete para sobrevivir.

En ese relato, cuando el capitán cautivo y la bella Zoraida logran comunicarse por primera vez, necesitan la mediación de Agi Morato, el padre de ella, que actúa como trujamán entre dos mundos, dos lenguas y dos religiones que apenas pueden entenderse.

Lo verdaderamente conmovedor de este pasaje es la distancia, casi un abismo, que separa las palabras que Agi Morato traduce en voz alta —palabras prudentes, vigiladas, aparentemente inocuas— del sentido oculto que en realidad viajaba entre los amantes: la fuga, la libertad, la promesa de un amor imposible. Cervantes nos enseña aquí, con una delicadeza extraordinaria, que traducir no es solo trasladar palabras: es, muchas veces, decidir qué verdad puede decirse y cuál debe esconderse entre líneas para que la comunicación, sencillamente, sobreviva.

Y no puedo dejar de recordarles que Cervantes no imaginó esta escena desde la distancia de un escritorio. Durante su cautiverio argelino convivió con auténticos trujamanes, con dragomanes de carne y hueso que mediaban a diario entre cautivos cristianos y captores otomanos, entre negociaciones de rescate y órdenes militares. Cuando Cervantes escribe sobre la traducción, no lo hace solo como un lector culto que ha leído mucho: lo hace también, y quizá, sobre todo, como un hombre que debió su libertad, en parte, a la palabra bien o mal trasladada de un intérprete.

Volvamos ahora a un registro más ligero, aunque no menos profundo, para hablar de uno de los episodios más deliciosos de toda la segunda parte: el retablo de maese Pedro, capítulos veinticinco y veintiséis.

Recordarán ustedes la escena: en una venta, el titiritero maese Pedro representa con marionetas la historia de don Gaiferos y Melisendra, mientras un muchacho, criado suyo, se coloca fuera del retablo «para servir de intérprete y declarador de los misterios» de aquella función. Cervantes llama a ese muchacho, expresamente, «trujamán», y con ese solo gesto convierte una escena de teatro de títeres en una reflexión sobre el oficio de traducir e interpretar.

El niño va narrando la historia y, en su entusiasmo infantil, comienza a apartarse del relato original, a añadir detalles, a exagerar. Don Quijote, que conoce bien el romancero, le interrumpe: «Niño, niño, seguid vuestra historia línea recta, y no os metáis en las curvas o transversales; que, para sacar una verdad en limpio, menester son muchas pruebas y repruebas».

Y maese Pedro, desde dentro del retablo, refuerza la advertencia con una frase que cualquier profesor de traducción firmaría hoy mismo: «Muchacho, no te metas en dibujos, sino haz lo que ese señor te manda […] sigue tu canto llano, y no te metas en contrapuntos, que se suelen quebrar de sotiles». Poco después, ante un nuevo exceso retórico del niño, remata: «Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala».

Ténganlo presente: estamos en 1615, y Cervantes ya está formulando, con la gracia de una escena costumbrista, un debate que sigue vivo en cualquier facultad de traducción del mundo: el equilibrio entre la literalidad y la libertad interpretativa, entre la fidelidad a la «historia línea recta» y la tentación, siempre humana, de embellecer, de añadir, de lucirse.

El trujamán de maese Pedro es, a su manera diminuta, el retrato de todo traductor que alguna vez ha sentido la tentación de mejorar el original.

Y llegamos, señoras y señores, al pasaje que sin duda conocen mejor que ningún otro, porque es la página que todos los manuales de historia de la traducción citan cuando hablan de Cervantes. Sucede en el capítulo 62 de la segunda parte, cuando don Quijote, ya en Barcelona, visita una imprenta —el equivalente, en la época, a lo que hoy sería una editorial— y encuentra allí a un hombre ocupado en traducir del toscano al castellano un libro titulado «Le bagatele», que el propio traductor explica que «es como si en castellano dijésemos “los juguetes”».

Don Quijote, tras lamentar que los traductores rara vez reciben el reconocimiento que merecen sus trabajos, pronuncia entonces la sentencia que ha dado la vuelta al mundo:

«me parece que el traducir de una lengua en otra, como no sea de las reinas de las lenguas, griega y latina, es como quien mira los tapices flamencos por el revés, que, aunque se veen las figuras, son llenas de hilos que las escurecen y no se veen con la lisura y tez de la haz».

Y añade, con una precisión que distingue registros de traducción como lo haría hoy un teórico contemporáneo:

«el traducir de lenguas fáciles ni arguye ingenio ni elocución, como no le arguye el que traslada ni el que copia un papel de otro papel».

Detengámonos un momento en esta imagen, porque es de una belleza y una exactitud extraordinarias. Un tapiz flamenco, visto por el derecho, muestra figuras nítidas, luminosas, de colores vivos. Visto por el revés, esas mismas figuras siguen ahí, reconocibles, pero veladas por una maraña de hilos que les resta claridad, que les roba brillo.

Esa es, para Cervantes, la traducción: no una falsificación ni una traición, sino una versión necesariamente más opaca del original, donde el dibujo se adivina, pero ya no se admira con la misma nitidez.

Es importante, sin embargo, no quedarnos solo con la parte pesimista de esta imagen, porque don Quijote —y Cervantes tras él— no termina ahí su reflexión. Justo a continuación añade una frase que muchas veces se olvida citar, y que a mí me parece la verdadera conclusión de todo su pensamiento sobre la traducción:

«Y no por esto quiero inferir que no sea loable este ejercicio del traducir, porque en otras cosas peores se podría ocupar el hombre y que menos provecho le trujesen».

Es decir: la traducción puede perder brillo respecto al original, sí, pero sigue siendo, para Cervantes, un ejercicio digno, honorable, útil, uno de los mejores oficios a los que un hombre —o una mujer— puede dedicar su ingenio.

Antes de terminar, quiero detenerme un instante en la propia palabra que Cervantes elige para nombrar al intérprete: «trujamán». Es un término que llega al castellano desde el árabe, a través del dragomán bizantino, una palabra de frontera, nacida precisamente en esos espacios de contacto entre culturas y lenguas que Cervantes conoció tan bien, primero como soldado en el Mediterráneo, después como cautivo en Argel.

No es casualidad que sea justamente él, entre tantos escritores del Siglo de Oro, quien recupere con más cariño y más frecuencia esta palabra castiza para dar nombre a sus intérpretes, desde Agi Morato hasta el muchacho del retablo de maese Pedro.

Y para cerrar, permítanme compartir con ustedes una última paradoja, quizá la más hermosa de todas. Cervantes, que había comparado la traducción con un tapiz vuelto del revés, que había puesto en boca de sus personajes tantas dudas y matices sobre este oficio, murió en abril de 1616 dejando terminada su última novela, «Los trabajos de Persiles y Sigismunda».

Pues bien: esa obra, publicada solo unos meses después de su muerte, se convirtió casi de inmediato en un fenómeno europeo. En apenas un par de años apareció traducida al francés, y poco después al inglés y al italiano, viajando por media Europa con una rapidez que muy pocos libros de su tiempo alcanzaron.

Así que el mismo autor que desconfiaba de mirar los tapices por el revés fue, él mismo, tejido y destejido en decenas de lenguas, generación tras generación, hasta convertirse en uno de los escritores más traducidos de la historia de la literatura universal.

Y ahí, creo yo, está la lección final que Cervantes nos deja a todos nosotros y especialmente a ustedes, traductores reunidos hoy en Pedro Muñoz:

que la traducción, con todos los hilos que a veces empañan el dibujo original, es también la única manera en que un tapiz, cualquier tapiz, cualquier historia, puede viajar más allá de su propia lengua y de su propio tiempo, y seguir, siglos después, contándose.

Muchas gracias.

+++

Nobel de Literatura 2008 Le Clézio: «El Quijote marcó mi vida a los diez años»                                   

Foto de Elena Gaytán, en «El Norte» de Monterrey

Artículo de:

Washington Daniel Gorosito Pérez

El escritor francés Jean-Marie Gustave Le Clézio, nacido en Niza el 13 de abril de 1940. Estudió en la Universidad de Bristol en el Reino Unido, dio clases en Estados Unidos y se doctoró en Letras por el Collége Littéraire Universitaire, es uno de los novelistas contemporáneos más leídos y respetados del mundo.

Su espíritu nómada lo ha llevado a estar presente en África, Asia y América, guardando un afecto muy especial por México, país en el que vivió entre 1970 y 1992. A lo largo de su fructífera carrera ha publicado más de 40 libros, entre ellos: “El sueño mexicano” (Le reve mexicain, 1988). En el año 2008 recibirá el Premio Nobel de Literatura.

Le Clézio de 86 años, participó como invitado especial en la Feria del Libro de Monterrey, en una conferencia organizada por la Cátedra Alfonso Reyes. Lo hizo vía virtual desde París, mediante proyección bidimensional con efecto de holograma, al tener que cancelar su viaje por indicación médica.

Su conferencia denominada; “En persecución de la realidad o Too good to be true” (así la tituló en inglés), el escritor reflexionó sobre la relación entre el mito y la realidad. El deseo de decir la verdad y la búsqueda de la realidad a través de la literatura, fueron los temas centrales de su exposición.

Compartió como la literatura combina la imaginación, el mito y las experiencias humanas para ofrecer distintas interpretaciones del mundo. Afirmó: “Todo arte está persiguiendo la realidad por las ideas, por la manera de expresar, por el medio de escribir o de pintar”.

El novelista, fue muy específico al expresar que una obra literaria que marcó su vida fue: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra, lectura que descubrió y disfrutó a los 10 años.

Conto que de su bisabuelo, recibió como herencia, un ejemplar de una edición francesa del año 1845, que por medio de sus personajes, historias e ilustraciones, le despertaron precozmente la fascinación por la literatura.

Remarcó: “Ahí encontré todos los ingredientes que podían lanzar a un niño a la aventura de la lectura, la burla, el riesgo, la mentira, la verdad”, sostuvo. Con la lectura de la joya más preciada de la literatura hispana, Le Clézio, descubrió un mundo mediante la imaginación, marcando tal influencia en él, que lo llevó a buscar en su entorno cotidiano personajes semejantes a los que Cervantes presentó en su obra magistral.

Durante su infancia en Niza, encontraba en las calles y comunidades de dicha ciudad escenas que relacionaba con las aventuras leídas de Don Quijote y Sancho Panza, recordó.

“El Quijote de la Mancha capturaba esta mezcla de géneros, era un libro total que abarcaba la totalidad de la vida y me hacía buscar su confirmación en la realidad”, expresó el autor francés.

Esa experiencia de buscar personajes del Quijote en su entorno, le permitió descubrir que los personajes literarios podían trascender las páginas de un libro y convertirse en una manera de observar e interpretar la realidad, reflexionó.

Sobre México, recordó la influencia que tuvo el escritor y diplomático regiomontano Alfonso Reyes, a través de sus escritos para acercarse a la historia y cultura mexicana.

Compartió que la lectura de Visión de Anáhuac fue la revelación que lo guio hacia las crónicas de la Nueva España y a comprender, como el pasado histórico puede convivir con la imaginación y el mito. De ahí que Le Clézio subrayó: “Alfonso Reyes fue el que me dio el sentimiento de que México está en la conjunción casi biológica entre mito y realidad”.

Dijo como sus experiencias en México, le permitieron encontrar en la vida cotidiana situaciones que anteriormente había conocido a través de los libros. Destacó la influencia del escritor jalisciense Juan Rulfo, su obra “breve y ardiente” Pedro Páramo y sus “cuentos revolucionarios” en El llano en llamas, lo ayudaron a comprender la realidad mexicana.

A través de esas obras literarias, el escritor descubrió como el pasado, las creencias y las experiencias humanas pueden entrelazarse en una misma relación.

Su retrato desesperado de la vida cotidiana en el México de la revolución de los Cristeros, me enteró de la complejidad de los que llamamos la realidad, cuando se atan el pasado fantástico más lejano, origen de la naturaleza humana, y el avance irresistible de la realidad moderna”, sostuvo el escritor galo.

También expresó su admiración por Carlos Fuentes y su novela La región más transparente, de la que dijo: “Es completa, perfecta. Para mí es una de las grandes novelas de la vida moderna de México”.

Voy a culminar este escrito, con que fue el inicio de la conferencia virtual de Jean- Marie Gustave Le Clézio; se le preguntó: ¿Qué significa México en su vida?

“Significa mucho. Llegué a México cuando tenía unos 26 años, y he regresado cuando puedo, no únicamente en Ciudad de México, fui a Michoacán, donde pasé seis años o siete años, también a Yucatán donde quería encontrar a los sobrevivientes de la guerra de Castas y de la rebelión de los que se llamaban “Los separados”, los mayas y para hacer la traducción de un librito que me encantó cuando yo tenía unos 25 años, que era las Profecías de Chilam Balam”, expresó.

En su estancia en Yucatán aprendió algo de maya y recordó que recibió ayuda de los habitantes de los pueblos para las traducciones.

Compartió: “Yo hablaba un poquito de maya, pero la gente de los pueblos me aconsejaba para la traducción de las Profecías de Chilam Balam. Todavía se acordaban del significado de algunas palabras antiguas de los mayas, así que podía averiguar la veracidad, la autenticidad de la traducción que yo hacía. Así que toda mi vida yo he pensado en algo que estaba conectado con México”.

Le Clézio informó que planea escribir una novela, cuya inspiración es un joven purépecha que conoció durante su estancia en Michoacán y que le enseñó su lengua.

Dicha novela dijo, “Se llamaría: “Las aventura de Juan Ventura”, el apellido que le doy a ese joven de la comunidad purépecha que me dijo que se iría a vender juguetes a Estados Unidos. Y yo pensaba: ¿por qué se van a vender juguetes en Estados Unidos? Pero él tenía curiosidad por el mundo, y se fue a la aventura.

“Por eso, siempre hay algo que me conecta con México”, afirmó el Premio Nobel de Literatura 2008 quien lo obtuvo según el jurado por ser: “el novelista de la ruptura, de la aventura poética y de la sensibilidad extasiada, investigación de una humanidad fuera y debajo de la civilización reinante”.

Cervantes, el primer gran teórico de la traducción: la Sociedad Cervantina de Alcázar lleva a Pedro Muñoz «Los tapices vueltos del revés»

¿Y si el Quijote no fuera una novela original, sino una traducción? Así lo plantea Cervantes en el capítulo IX de la primera parte, y a partir de esa audaz ficción construyó una de las reflexiones más lúcidas de la literatura universal sobre el oficio de traducir. Constantino López Sánchez-Tinajero, secretario de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, la ha desentrañado en el I Congreso Internacional «Traducir el Quijote», que se celebra en Pedro Muñoz los días 16, 17 y 18 de octubre.

Pedro Muñoz, 17 de octubre de 2026.- Bajo el título «Los tapices vueltos del revés. Cervantes ante el oficio de traducir», la ponencia propone un recorrido por los intérpretes y trujamanes que pueblan la obra cervantina: desde el morisco aljamiado que traduce el manuscrito de Cide Hamete Benengeli, auténtica «bisagra» sin la cual no existiría el libro, hasta el niño del retablo de maese Pedro, que se pierde en «curvas y transversales» y encarna la eterna tentación del traductor de embellecer el original.

El recorrido pasa también por el severo juicio del cura sobre las versiones de Ariosto y por la dimensión más humana y dramática del asunto: la experiencia de Cervantes como cautivo en Argel, reflejada en la mediación de Agi Morato entre el capitán cautivo y Zoraida, donde traducir significa decidir qué verdad puede decirse y cuál debe esconderse entre líneas.

El eje central es la célebre imagen del capítulo 62 de la segunda parte: la traducción como quien mira los tapices flamencos por el revés, una versión necesariamente más opaca del original, pero, como el propio don Quijote subraya, un oficio «loable», digno y necesario.

La charla se cierra con una paradoja: el autor que desconfiaba de la traducción fue, apenas dos años después de su muerte, traducido por media Europa, hasta convertirse en uno de los escritores más traducidos de la historia.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Cervantes no improvisó la locura del Quijote: la conocía al dedillo

La Biblioteca Municipal de Pedro Muñoz se quedó pequeña ayer para desvelar el secreto mejor guardado del Quijote. ¿Y si la parodia más famosa de la historia fue en realidad la obra de un experto absoluto en caballería?

Pedro Muñoz, 16 de octubre de 2026.- La biblioteca acogió ayer la presentación del libro «El Quijote doctrinales, textos y novelas de caballerías» de María José Manzanares Castellanos, bibliotecaria de la localidad y autora de un ensayo que cambia la mirada sobre Cervantes.

El libo se ha publicado dentro de la colección de la Biblioteca de Autores Manchegos impulsada por la Diputación provincial de Ciudad Real.

La presentación del libro corrió a cargo de Constantino López, secretario de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, y se desarrolló en forma de conversación cómplice y brillante. López, que se presentó como amante y apasionado del Quijote, definió el trabajo como un estudio examinado “con una lupa perfecta”.

Lejos de la idea de una simple sátira, el libro demuestra tres claves contundentes:

1. El contexto que lo hizo posible. Un análisis profundo del entorno histórico, social y cultural donde se gestó el Quijote.

2. Cervantes, lector voraz y genial. Un profundo conocedor de doctrinales y novelas de caballerías, desde el nombramiento de caballeros hasta sus armas y virtudes. Solo quien domina todas las reglas puede romperlas o transgredirlas.

3. La locura como pretexto. La pasión desmedida por las caballerías que enloquece a Alonso Quijano es el detonante que Cervantes usa para subvertir el género y crear la primera novela moderna.

A lo largo de diferentes e interesantes preguntas, el diálogo desgranó los anacronismos de la investidura de don Quijote, la liturgia del nombramiento, la simbología de las armas, los retos por amor a Dulcinea y, sobre todo, su verdad más cervantina: la del caballero como «mantenedor de la verdad, aunque le cueste la vida el defenderla».

“Esperamos que esta disección impulse su lectura íntegra, de la que les aseguro que no se van a arrepentir”, cerró Constantino López.

Un ensayo imprescindible para entender que El Quijote no está por debajo ni al lado de las novelas de caballerías: está muy por encima de todas ellas, precisamente porque las conoció todas.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Alcázar de San Juan, histórico nudo ferroviario y en la actualidad destino cultural que visitan maquinistas

La Sociedad Cervantina de Alcázar ofrece su ruta Cervantina a los maquinistas de la 38ª Promoción. La actividad, celebrada en la mañana del domingo 4 de octubre con 72 participantes llegados de toda España, ha sido coordinada por los tres socios fundadores de la entidad y promovida por el maquinista alcazareño Félix López

Alcázar de San Juan, 4 de octubre de 2026.- La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan ha celebrado en la mañana de hoy su ruta cervantina «Alcázar de Cervantes», en esta ocasión con motivo del encuentro cultural que la 38ª Promoción de Maquinistas Ferroviarios celebra este fin de semana en nuestra ciudad.

Un total de 72 personas entre maquinistas y sus familiares, procedentes de diferentes partes de España (Asturias, Madrid, Castilla y León -Soria y León-, Andalucía -Jaén, Sevilla y Huelva-, País Vasco, Extremadura, Cataluña y Comunidad Valenciana) han tomado parte en la actividad, que ha tenido como objetivo dar a conocer los vínculos que unen a Alcázar de San Juan con Miguel de Cervantes y su obra.

La ruta ha sido promovida por el maquinista alcazareño Félix López, que se ha encargado este año de la exitosa organización de las jornadas culturales de la promoción, con la ayuda y el soporte logístico de Miguel Ángel Martínez, de Viajes Nautalia de Alcázar de San Juan.

De forma excepcional y por la significación del grupo, la ruta ha estado coordinada precisamente por los tres socios fundadores de la Sociedad Cervantina de Alcázar: Luis Miguel Román Alhambra, Alonso Manuel Cobo Andrés y Constantino López Sánchez-Tinajero, que han compartido con los asistentes su conocimiento sobre la tradición cervantina alcazareña.

Con una numerosísima participación de asistentes, el recorrido se iniciaba en la estatua de Alonso Quijano con su gato, junto a Aguas de Alcázar, una de las pocas imágenes que hay en el mundo del hidalgo Alonso Quijano antes de convertirse en don Quijote.

En la visita al Quijote Cósmico, obra del escultor Santiago de Santiago, que tiene una hermana gemela en Guanajuato, los asistentes conocieron el significado de su mirada al universo. Posteriormente, transitaron por la calle San Antonio (pasando por la calle Pedro Díaz Morante, alcazareño, calígrafo y profesor de escritura muy reconocido en la época de Cervantes), donde se encuentra el Museo Formma y el callejón del Toro, y por la calle San Juan, donde conocieron la historia de la familia de don Juan López Caballero y su relación directa con personajes citados expresamente en el Quijote.

El grupo conoció en la Plaza de Cervantes el origen de la tradición cervantina alcazareña, que se remonta al hallazgo en 1748 de la partida de bautismo de Miguel de Cervantes, y finalizó el recorrido cervantino y quijotesco junto a las estatuas de don Quijote y Sancho Panza, obra del astorgano Marino Amaya, en la plaza de España, imagen icónica de nuestra ciudad y lugar especialmente vinculado al ferrocarril.

La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan quiere expresar su agradecimiento a Félix López y a Miguel Ángel Martínez por haber incluido a Alcázar de Cervantes en el programa cultural de la Promoción, y a los 72 maquinistas participantes por su interés, cercanía y por haber elegido Alcázar de San Juan, cruce de caminos y nudo ferroviario, para su encuentro anual.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Un libro, 87 almas solidarias y 1.740 euros para la Asociación Española Contra el Cáncer: la historia de «Sancho y sus refranes»

Un escritor que regaló su obra, dos empresas alcazareñas que creyeron en la causa y un pueblo entero que casi ha agotado dos ediciones en tiempo récord: así ha viajado el dinero de cada libro vendido hasta la Asociación Española Contra el Cáncer. La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, orgullosa de haber acompañado la iniciativa, cuenta cómo la generosidad, letra a letra y refrán a refrán, se ha convertido en ayuda real para quienes más lo necesitan

Detrás de cada refrán de Sancho Panza hay una lección de sabiduría popular. Detrás de este libro en concreto, además, hay una lección de generosidad.

El verdadero origen de esta historia solidaria está en Antonio Leal Jiménez, socio de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan residente en El Puerto de Santa María (Cádiz), autor de la obra «Sancho y sus refranes». Leal Jiménez, después de correr personalmente con los gastos de maquetación e impresión, decidió ceder de forma altruista la totalidad de los ingresos generados por su distribución a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), a la Asamblea de Alcázar de San Juan, renunciando así a cualquier beneficio personal en favor de una causa mayor.

Esa generosidad inicial encontró enseguida más manos dispuestas a sumarse. La primera edición, de unos 30 ejemplares, se agotó el mismo día de su presentación y generó una donación de 600 euros. El éxito fue tal que dos empresas alcazareñas, Aplicaciones Tecnológicas Alcázar y Centro de Conductores La Rondilla, decidieron sufragar de su bolsillo una segunda edición de 100 unidades, hoy prácticamente agotada, que ha sumado ya 1.140 euros más. En total, 1.740 euros que no habrían llegado a ningún sitio sin un último eslabón, el más importante de todos: las personas que, una a una, decidieron adquirir el libro.

Porque si algo ha demostrado esta iniciativa es que la solidaridad se construye entre muchos. La cesión de derechos de un autor, la apuesta de dos empresas y, sobre todo, el gesto sencillo de cada lector que llevó el libro a casa: esa es la cadena que ha permitido que el dinero llegara finalmente a su destino, la asamblea local de la AECC en Alcázar de San Juan, para ayudar a quienes conviven con la enfermedad en la ciudad y su Comarca.

La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, a través de su socio Enrique Lubián Pozo —también presidente local de la AECC—, ha colaborado en la canalización de estas donaciones hacia la asociación, acompañando así una iniciativa que nace, en realidad, de la generosidad de su autor, de las empresas colaboradoras y de todos los alcazareños y residentes en diferentes pueblos de España (a los que se les han enviado los ejemplares por correo) que han hecho suya esta causa.

Lubián ha querido trasladar su agradecimiento a «todas las personas que se han volcado en la adquisición» tanto de la primera edición, agotada el mismo día de su presentación, como de esta segunda tirada, ya casi agotada, subrayando que, sin la implicación de la empresa privada y el acompañamiento de personas particulares, iniciativas solidarias como esta difícilmente podrían prosperar.

Desde la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan se traslada su agradecimiento y reconocimiento a Antonio Leal Jiménez, a las empresas Aplicaciones Tecnológicas Alcázar y Centro de Conductores La Rondilla, y a cada una de las personas que han adquirido un ejemplar, verdaderos artífices de que este dinero llegue a quienes más lo necesitan; también felicitan y agradecen a la Asociación Española Contra el Cáncer por su incansable labor.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Miguel, el niño de Alcázar de San Juan que previsiblemente hoy celebraría su cumpleaños

Hoy, festividad de los arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel, se cumplen 468 años de una fecha que quizá fue la del nacimiento de un niño alcazareño. Su nombre, Miguel, apunta al santo del día. El documento que lo recuerda es un asiento bautismal de noviembre de 1558 en el libro de bautizos de la colegiata de Santa maría la Mayor de Alcázar de San Juan

En el libro de bautismos de Alcázar de San Juan, entre asientos de letra procesal y tinta virada al ocre, figura una anotación que ha dado mucho que hablar. El 9 de noviembre de 1558, el bachiller Alonso Díaz Pajares bautizó a un hijo de Blas de Cervantes Saavedra y de Catalina López, al que pusieron por nombre Miguel. Fue su padrino de pila Melchor de Ortega, y le acompañaron Juan de Quirós y Francisco Almendros con sus mujeres. Una mano (se cree que Blas de Nasarre) posterior escribió en el margen una nota que lo relaciona con el autor del Quijote.

Pero una partida de bautismo no es una partida de nacimiento. Da fe del día en que se administró el sacramento, no del día en que el niño vino al mundo. Y en el siglo XVI el nombre de pila solía elegirse por el santoral, por el santo del día del nacimiento o del bautizo. Por eso resulta tentador pensar que aquel Miguel nació el 29 de septiembre, día de san Miguel y de los arcángeles Rafael y Gabriel, y que sus padres le dieron el nombre del santo bajo cuya protección llegó a la vida.

Es solo una hipótesis, y hay que decirlo con claridad: lo habitual entonces era bautizar a los recién nacidos en pocos días, de modo que un intervalo de más de un mes entre el nacimiento y el bautizo sería inusual, aunque no imposible. La fecha del 29 de septiembre queda, pues, como una conjetura sugerente y no como un dato documentado.

Conocemos también que dos personas llamadas igual (Miguel Cervantes y Miguel de Cervantes) coincidieron en el hospital de Mesina recuperándose de sus heridas sufridas en Lepanto. Hemos leído en el Quijote la historia de un tal Vicente de la Rosa: «En esta sazón vino a nuestro pueblo un Vicente de la Rosa, hijo de un pobre labrador del mismo lugar, el cual Vicente venía de las Italias y de otras diversas partes, de ser soldado; llevole de nuestro lugar, siendo muchacho de hasta doce años, un capitán que con su compañía por allí acertó a pasar, y volvió el mozo de allí a otros doce vestido a la soldadesca, pintado con mil colores…» (Q I, 51); por lo que no resulta nada descabellado que un muchacho de 13 años pudiera haber estado presente en Lepanto.

Y aquí la imaginación histórica puede dar un paso más, siempre como hipótesis. Cabe pensar que aquel Miguel alcazareño creciera en la misma villa que otros dos personajes de su generación: el calígrafo Pedro Díaz Morante, maestro de la escritura cuyo nombre ha pasado a la historia de la caligrafía española, y el censor y poeta José de Valdivielso, a quien algunos vinculan también con Alcázar. Tres alcazareños, tres oficios de la letra —el nombre, la pluma y la censura— que podrían haber formado un grupo de amigos.

Conviene ser prudentes: no conocemos documentos que prueben esa amistad, y la tradición suele presentar a Valdivielso como toledano, conviene también recordar que Alcázar perteneció hasta 1833 a la provincia de Toledo (…dejó de pertenecer a la provincia de Toledo en 1833, tras la aplicación de la división provincial impulsada por Javier de Burgos). Se trata, por tanto, de un relato posible, no de un hecho demostrado. Pero a veces las hipótesis sirven para lo que sirven las buenas efemérides: para invitar a buscar en los archivos.

Quizá por eso la partida sigue fascinando. Nos recuerda que la historia local se escribe con documentos modestos, y que un asiento de tres líneas puede abrir preguntas más grandes que muchos tratados. Hoy, día de san Miguel, es buen momento para leer el Quijote de nuevo.

Sociedad Cervantina de Alcázar