Cerbantes: del Renacimiento al Barroco

Álvaro Espina

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La tercera parte de mi trilogía Cerbantes (El combate de las letras, Suma, 2025) recorre los 35 últimos años de la vida de Cervantes, captando como en un friso el tránsito desde la literatura renacentista a la literatura barroca. En el caso de Cervantes eso importa menos, porque Miguel encarna en si mismo esa transición, como dijo Ortega. Pero no así en el de los otros contendientes en el combate literario que se entabló entonces.

Luis de Góngora: del renacimiento al barroco

El caso más conspicuo es el de Luis de Góngora, nuestro mejor poeta de todos los tiempos: primero, en Salamanca como discípulo de Fray Luis de León, escribiendo los romances y poemas que el gran maestro renacentista recomendaba para la renovación del romancero, sublimando la tradición greco-latina y hebraica.

Tras participar en la academia de Toledo, en la que se enemista con Lope de Vega, Góngora pasa a Córdoba como racionero de la catedral, y desde allí desarrolla una actividad poética febril, aunque ve cómo van mermando sus ingresos, sintiendo en sus carnes las carencias de rentas que acucian a toda la monarquía, consecuencia de la política demencial de Felipe II, hasta el punto de que Góngora acabará convirtiéndose en un “pretendiente en corte”, lisonjeando primero al secretario de Felipe II, Cristóbal de Moura.

Más tarde cambia de bando y escribe el Panegírico del duque de Lerma, valido del nuevo rey Felipe III, autor de la Pax Hispánica. Todo esto al mismo tiempo que escribe Las Soledades, una enorme silva pastoril que lleva a su cima la poesía española, verdadera síntesis de la poesía renacentista y barroca, así como El Polifemo, signo de distinción de nuestro siglo de Oro.

En Madrid Góngora solo alcanzará el mísero puesto de miembro de la capilla Real, protagonizando la pugna más feroz entre los mayores escritores de entonces reflejada en la enemiga entre Góngora y Lope, que acabará llevando a Quevedo, discípulo del Fénix, a comprar la casa de Góngora y a desahuciarlo, mandándolo a morir a Córdoba.

Al mismo tiempo, la contienda entre Góngora (y Cervantes) contra Lope (y Quevedo), es la mejor síntesis del tránsito entre el Renacimiento y el Barroco: dos críticos acérrimos del sistema vigente contra dos “adoctrinadores” del mismo, como estableció don José Antonio Maravall.

De la mano de Fray Luis, Góngora apareció primero como el campeón de la poesía clásica, trasladada al nuevo romancero, e incluso a la égloga arcádica heredada de Garcilaso y de la nueva poesía petrarquista, cultivada en las academias de Salamanca y Toledo, en donde se gestó el nuevo romancero y la poesía pastoril. En esa órbita se situaba también el primer Cervantes, con su Galatea, publicada a los cuatro años de su vuelta a Madrid, siendo imitado enseguida por Lope, con su Arcadia, más ramplona.

La comedia clásica y la novela griega frente a la “comedia nueva” y la novela realista.

En su pretensión de preservar el aliento de la comedia y la tragedia clásicas de Plauto y Terencio, Cervantes sucumbe enseguida ante la irrupción de la “comedia nueva” de Lope.

Siguiendo a Horacio, los clásicos, querían enseñar y deleitar al mismo tiempo, bajo las reglas conocidas por todos. En cambio, Lope solo pretendía halagar al vulgo, dándole las vulgaridades que le gustaban, extraídas en buena medida de su experiencia de “prechulillo, rufián y precharrán:

“Un Lope prepinturero que tenía la desvergüenza de hacer reclamo de sus propias debilidades”, como dijo F. C. Sainz de Robles, aunque todo ello revestido de la mejor capacidad versificadora de la historia de nuestra literatura.

Miguel se atuvo al canon renacentista. Rodríguez Adrados identificó la pauta inicial del Quijote con la Vita de Esopo, el esclavo frigio, feo y gordinflón, capaz de dar lecciones a sus dueños, mucho más doctos. García Gual consideró también como rasgo típicamente clásico la oposición entre lo apolíneo y lo epicúreo. En mi Cerbantes esta oposición se observa entre el Apolo-Quijote y el Sancho-Sileno —el ayo de Dioniso—. Por no hablar de su novela póstuma, El Persiles, que trajo a la edad moderna la obra de Heliodoro, que Miguel consideró su mayor legado a la literatura española.

En suma, al fundar la novela moderna Cervantes se erigió en el continuador de la antigüedad clásica greco-romana, mientras que sus oponentes barrocos renegaban de ella, en busca de una modernidad desmediada y vacía, cuyo referente era el dictado del poder establecido. Mientras tanto, Góngora se mantenía en una estética propia de la utopía aristocrática y Miguel optaba por la oposición radical al régimen austracista, que mantenía en un cautiverio oprobioso a su adorada Ana de Mendoza y de la Cerda, quien estableció como su legado personal la sustitución de la dinastía Habsburgo por la de Borbón. Así, mi obra compendia el tránsito entre el Renacimiento y el Barroco, como le prometí a Maravall.

No cabe buscar en las grandes obras de Miguel el más mínimo respeto a la ortodoxia religiosa tridentina, pues no hay otra religión en La Galatea que el paganismo de la Arcadia, ni en el Quijote otra que el código de la caballería andante, ni en el Persiles otra que las de las mitologías nórdicas.  Precisamente el único tropiezo de Cervantes con la Inquisición (portuguesa) fue el de la bendición del bálsamo de fierabrás con “más de ochenta paternóster y otras tantas avemarías, salves y credos, acompañando a cada palabra con una cruz”. La Inquisición la entendió como una burla al rosario y la censuró. Y es que la piedad cervantina era la de la religiosidad interior del primer Loyola, que fue la de los Éboli, del padre Nadal y de doña Juana de Austria.

En cambio, la piedad tridentina es una de las características del Quijote de Avellaneda, que parece pensado para tridentizar a nuestros dos personajes, lo que concuerda con que el autor oculto fuera el confesor del rey.

En realidad, Cervantes combatió con armas renacentistas contra la llegada del barroco, aunque él mismo quedó atrapado por las redes del tiempo nuevo, creando la novela moderna: como Shakespeare y Lope, él también le dio al vulgo lo que quería entregándole el primer Quijote.

Bien es verdad que Miguel lo hizo espoleado por la urgencia económica de escribir que le trasmitía Robles, su editor, netamente moderna, aunque movido por reflejos e instintos que solo se explican por el inmenso misterio de la creación literaria, que nada ni nadie ha sabido explicar: los antiguos los imputaban a las musas, y Cervantes también.

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De la Mancha a la UNESCO pasando por Madrid

La Oficina de Turismo de Castilla-La Mancha en Madrid acogerá la presentación del proyecto de declaración del legado de don Quijote y Sancho Panza como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

Alcázar de San Juan, 18 de enero de 2026. La Oficina de Promoción Turística de Castilla-La Mancha en Madrid será el escenario, el jueves 29 de enero a las 11:30 horas, de la presentación del ambicioso proyecto impulsado por la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan para que la UNESCO reconozca el legado de don Quijote y Sancho Panza como Bien Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Un legado universal con respaldo internacional

Los personajes cervantinos, presentes en el imaginario colectivo de prácticamente todas las culturas del mundo, representan las dos actitudes básicas del ser humano: el idealismo y compromiso de don Quijote frente al realismo y fidelidad de Sancho Panza. Desde su publicación en 1605 y 1615, la obra ha sido traducida a 140 lenguas y ha influido en autores, artistas, filósofos y pedagogos de todos los continentes.

La iniciativa cuenta ya con el respaldo de más de 850 personas de 25 países, incluyendo a más de cuarenta cervantistas de reconocido prestigio internacional como Abraham Madroñal, Alicia Villar Lecumberri, José Manuel Lucía Megías, Alfredo Alvar, James Iffland, Ruth Fine, Carlos Mata, Aurelio Vargas Díaz-Toledo, Santiago López Navia, Francisco Henrique Dacal, Jesús Duce, Jordi Aladro, Manuela Sáez González, Jorge García López, Pilar Serrano de Menchén, José Cabello, Santiago García Clairac, Hassan Aslafy, Eduardo Alberto Reynoso, Eduardo Aguirre y Hans Christian Hagedorn, además de instituciones culturales de todo el mundo.

Más de 250 monumentos en el mundo

Como parte del dossier que se está elaborando, la Sociedad Cervantina ha catalogado más de 250 esculturas de don Quijote y Sancho Panza repartidas por España y países como Japón, Estados Unidos, Italia, Francia, Rusia, Grecia, Turquía, Guinea Ecuatorial, México, Argentina, Perú, Bolivia y República Dominicana, entre otros.

El camino hacia la UNESCO

El primer paso de este «sueño quijotesco» será solicitar a la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) del legado de los personajes cervantinos, conforme a la Ley 4/2013 de Patrimonio Cultural. Este reconocimiento regional constituirá el punto de partida para el posterior proceso de candidatura ante la UNESCO, que desde 2003 protege el patrimonio cultural inmaterial en la categoría de «tradiciones y expresiones orales».


Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan



Actividad gratuita – Aforo limitado Inscripción: infoopclm@jccm.es
Más información: Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan cervantinaalcazar@gmail.com https://cervantesalcazar.com/adhesiones/

Crónica desde el Madrid del Quijote: 16 de enero de 1605

Cuando don Quijote salió a conquistar las calles más sucias de Europa

Amanece en Madrid y ya huele mal. No es el olor del pan recién horneado ni el del romero que venden las mujeres en la plaza. Es el hedor dulzón y penetrante de una ciudad que vive amontonada sobre sus propias miserias.

Camino por la calle de Atocha sorteando charcos sospechosos —mejor no preguntar qué los ha formado— cuando escucho el grito que marca el ritmo de esta villa: «¡Agua va!». Me aplasto contra la pared justo a tiempo. Desde un segundo piso, una criada acaba de vaciar un orinal. Bienvenido al Madrid de 1605.

Hoy, 16 de enero, sale a la venta en las librerías de la Corte un libro que promete ser distinto. Se titula El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, y su autor es un tal Miguel de Cervantes, soldado viejo, manco de Lepanto, con más experiencia en cárceles que en salones. No es Lope de Vega, desde luego. Lope sí que es alguien: sus comedias llenan los corrales, las damas suspiran por él y su bolsa siempre está repleta. Cervantes, en cambio, vive a unos pasos de aquí, en una casa modesta del barrio, sobreviviendo a base de encargos y esperanzas.

Me dirijo hacia la imprenta de Juan de la Cuesta, en el número 87 de esta misma calle. El ruido me guía antes que la vista: el golpeteo metálico de los tipos de plomo, las voces de los oficiales gritándose instrucciones, el chirriar de la prensa. Dentro, el aire es denso, cargado de tinta y sudor.

Aquí se ha gestado el Quijote, letra a letra, pliego a pliego, en una carrera contra el tiempo y el presupuesto. Las prisas se notan: me cuentan que el libro tiene más erratas que una conversación en un mentidero. En una página, a Sancho le roban su rucio; páginas después, cabalga sobre él como si nada hubiera pasado. Cervantes no tuvo dinero —o quizá paciencia— para supervisar las correcciones. ¿Pero qué importan los detalles cuando la historia promete tanto?

Salgo de la imprenta con un ejemplar bajo el brazo. Me ha costado doscientos noventa maravedíes y medio. Sin encuadernar, claro. Si quisiera tapas decentes, tendría que añadir más monedas que no llevo. Hago cuentas mentales: esto equivale al jornal de casi una semana de trabajo para un albañil, o a veinte kilos de carne en el mercado. No es prohibitivo, pero tampoco cualquiera puede permitírselo.

Por eso, esta noche, en la posada de la calle del León, alguien leerá el libro en voz alta para los que no saben descifrar las letras o no pueden pagarlo. Así funciona la cultura en estos tiempos: compartida, ruidosa, colectiva.

Las calles del barrio son un hervidero. En apenas unas manzanas viven los mayores ingenios de España, aunque no todos se saludan. Lope de Vega, la verdadera estrella de esta época, pasa por aquí a menudo, rodeado de admiradores. Más allá, Quevedo y Góngora se cruzan y se ignoran, o peor aún, se dedican sonetos envenenados. Sus peleas literarias son el entretenimiento gratuito de Madrid: poesía como arma blanca, insultos con métrica perfecta.

Me detengo en uno de los famosos mentideros, esos corrillos donde la gente se reúne a murmurar sobre política, teatro y escándalos. Hoy se habla del nuevo libro de Cervantes. «Un caballero loco que cree ser héroe de libros de caballerías», dice alguien con desdén. «Pura sátira», añade otro. Un veterano de Flandes, con la barba gris y la mirada cansada, interviene: «Pues a mí me parece que ese hidalgo somos todos nosotros, fingiendo grandeza mientras nos caemos a pedazos».

Tiene razón, pienso. Este Madrid está lleno de nobles arruinados que visten de terciopelo raído, de soldados que vuelven de las guerras sin un ardite, pero con el orgullo intacto, de pícaros que sobreviven con ingenio y apariencias. El Quijote no es solo la historia de un loco: es el espejo de una España que vive entre la gloria del pasado y la miseria del presente.

Cae la tarde y las calles se oscurecen. No hay alumbrado público, solo alguna antorcha temblorosa en las esquinas. Madrid se vuelve peligroso cuando el sol se esconde: rateros, bravucones, amantes furtivos. Me apresuro hacia la posada, abrazando el libro contra el pecho.

Esta noche, cuando el posadero lea en voz alta las primeras aventuras de don Quijote y Sancho, entenderemos que Cervantes no solo ha escrito una novela.

Ha capturado el alma de este lugar imposible, esta ciudad de contrastes donde conviven la genialidad y la inmundicia, la risa y la desesperación.

Mañana, el Quijote empezará su propio viaje, más largo y extraño que cualquiera de los de su protagonista. Pero esta noche, en el Madrid de 1605, el libro es solo un montón de pliegos frescos de imprenta, una apuesta arriesgada de un escritor que ha conocido la derrota demasiadas veces.

Ojalá, pienso mientras me pierdo entre las sombras de la calle, ojalá esta vez la fortuna le sonría.

Al fin y al cabo, -aunque pensemos que sean gigantes en lugar de molinos de viento-, todos necesitamos creer en nuestros sueños de vez en cuando.

Constantino López Sánchez-Tinajero

Sociedad Cervantina de Alcázar

Un libro olvidado conquista el corazón del jurado de la Sociedad Cervantina de Alcázar

De izquierda a derecha: Luis Miguel Román (vicepresidente), Manuel Rubio (secretario del jurado), el rey Monago (en el escenario), Juan Bautista Mata (presidente) y Manuel Castellanos, miembro de la Sociedad Cervantina y doblador

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Araceli Fernández Suárez de Málaga, gana con el trabajo: «Carta del libro que aún no existe» el 5º Concurso de Cartas a los Reyes Magos convocado por Café Monago y patrocinado por las empresas Comino Gasóleos y MacmaOil

Alcázar de San Juan, 11 de enero de 2026.- La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan ha hecho público el fallo de la quinta edición de su ya emblemático concurso de cartas, celebrado en el tradicional Café Monago.

Un año más, los textos -en lengua española- han trascendido las fronteras nacionales y se han recibido desde diferentes partes del mundo. El jurado ha valorado muy especialmente la originalidad y la sensibilidad de las cartas, que con su calidad consolidan este certamen como un referente de la imaginación literaria.

La edición de este año ha destacado por un buen nivel medio y una extraordinaria imaginación en las propuestas presentadas. El acto ha sido presentado por Luis Miguel Román Alhambra, vicepresidente de la Sociedad Cervantina de Alcázar, ha intervenido también Manuel Rubio Morano de la Junta Directiva y secretario del jurado que ha dado lectura al acta del fallo, y finalmente, Juan Bautista Mata Peñuela ha dado a conocer los nombres de los galardonados, que han sido:

1º Puesto: Araceli Fernández Suárez (Málaga), con “Carta del libro que aún no existe”, Premio de 100 euros y Diploma.

2º Puesto: Alfonso de Terán Rivas (Alcázar de San Juan), con “Tiempo”, Premio de 50 euros y Diploma.

3er Puesto: Carlos Javier Martínez Santiago, (Alcázar de San Juan), por “Sueños y aventuras de la Mancha infinita…”, Premio de 50 euros y Diploma.

4º Puesto: Laura Pérez Martínez (Cangas de Morrazo, Pontevedra), por “Epístola de don Quijote a sus majestades los Reyes Magos”. Diploma.

5º Puesto: Mela Ortiz Arbones-Dávila, (Madrid), por “Desde el cielo”. Diploma.

El trabajo ganador titulado “Carta del libro que aún no existe” de Araceli Fernández Suárez, de Málaga, se ha alzado con el primer premio gracias a una propuesta profundamente lírica y emocional, que hacen de esta carta una pieza excepcional, destacando por su originalidad en la perspectiva.

En el relato, la autora cede la voz a un objeto inanimado -un archivo digital olvidado en un ordenador viejo-, dotándolo de una consciencia humana conmovedora.

Es el «libro sin editar» quien toma la pluma para expresar su anhelo de existir. El texto explora el miedo al fracaso y la duda del creador desde el punto de vista de la obra. No pide fama, sino ser útil y servir de compañía para un lector que lo necesite.

La narrativa brilla al describir los deseos físicos del libro: el sonido de los dedos al pasar las páginas, el tacto del papel o la luz de una lámpara de madrugada. El jurado ha valorado especialmente el mensaje de esperanza y valentía que la carta envía al autor original, instándolo a rescatar sus sueños de la oscuridad digital.

Todos los participantes en el concurso, así como aquellas personas que siendo amigos o seguidores de esta Sociedad Cervantina de Alcázar, lo han deseado, han tenido la oportunidad de seguir desde las 18:30 horas, la transmisión en directo a través del canal de Facebook, tanto de la lectura oficial del acta del fallo del jurado, como la relación de los cinco primeros puestos y la lectura de la carta ganadora en la voz de Manuel Castellanos Tejero, locutor especializado en doblaje y miembro de esta asociación cultural, que ha puesto voz al “libro que aún no existe”.

Enlaces para ver el acto completo:

Facebook:           https://www.facebook.com/share/v/1ACk27T7mm/

YouTube:            https://youtu.be/ZWvOe819agY

 

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

El cautivo, de Miguel de Cervantes a Alejandro Amenábar

Cervantes en los baños de Argel. Imagen creada con IA (google.gemini.com)

EDUARDO ALONSO FRANCH, Sociedad Cervantina de Alcázar

Argel en la época de Cervantes

   La piratería en La Odisea la practicaban los héroes más dignificados y venerados. Y, si se caía en manos de los corsarios, lo que importaba era poder pagar el rescate fijado por los captores. Las ganancias conseguidas por la venta o rescate de cautivos trajeron consigo un floreciente negocio y la formación de importantes organizaciones piratas en puntos concretos del litoral mediterráneo. En aquel maldito mar se las tuvieron que ver frente a frente los Imperios español y otomano. Por este turbulento mar se moverán los corsarios y los cautivos. Las descripciones más perfiladas que existen de la época de Argel se deben posiblemente a Miguel de Cervantes y a fray Diego de Haedo. Cervantes nos da una imagen muy abigarrada de este importante enclave, sobre todo en Los baños de Argel, donde al parecer existía una enorme mezcla de razas, costumbres dispares y oficios múltiples de gentes llegadas de muy diversos países. Lo buen observador que era el autor del Quijote, junto a los cinco años de cautiverio que permaneció en Argel (1575 – 1580), hacen muy fiables sus observaciones. El fraile, por su parte, hace un retrato más aterrador, pero muy agudo y de gran valor etnográfico en su Topografía e historia general de Argel (1692). Los habitantes de la ciudad de Argel, nos dice Haedo, se dividían en tres clases de etnias: moros, turcos y judíos, sin contar a los cautivos de todas las naciones cristianas que bogaban en galeras o los que permanecían en tierra, ya en los baños o en las casas particulares. Haedo estima que había en Argel unos 25.000 cautivos de todas las naciones cristianas. El negocio de la trata de esclavos debió ser muy lucrativo para los corsarios berberiscos. En Los baños de Argel, la mezcla de razas, costumbres, oficios y habilidades hacía a esta ciudad muy heterogénea. Desde la anexión de Argel al Imperio otomano, se convirtió en punto estratégico para las acciones de los corsarios turcos. Una de las costumbres musulmanas que más horrorizaban era la sodomía[1].

     A cada cautivo se le imponía un precio. Los ruidos de campanillas y cadenas arrastrándose por el suelo inundaban las calles de Argel. Un renegado recién convertido era el peor enemigo de los cautivos. Cinco largos años estuvo Miguel de Cervantes cautivo en Argel (1575 – 1580). Miguel de Cervantes fue hecho prisionero a los 28 años, cuando el 16 de septiembre de 1575 viajaba en la galera El Sol de Nápoles a España. Su apresamiento se produjo casi al final del trayecto, frente a las costas catalanas, no lejos de Cadaqués o Palamós. En el momento de la captura, iba acompañado de su hermano Rodrigo, que también fue apresado. Al mando de las tres galeras corsarias que atacaron a la española iba un renegado albanés de nombre Arnaut Mamí. Todos los tripulantes de la galera española fueron hechos prisioneros y llevados rumbo a la ciudad de Argel. Sus captores, al comprobar que Cervantes llevaba dos importantes cartas de recomendación, una de ellas de Don Juan de Austria y otra del Duque de Sesa, pensaron que se debía tratar de un hombre principal del Imperio español.

    También en la primera parte del Quijote el autor describe minuciosamente la historia de un cautivo, en el que parece que refleja su propia vida en los baños. Se sabe que Cervantes intentó fugarse de los baños al menos en cuatro ocasiones. El primer intento lo hizo en 1576 y parece que el último fue en 1579. Por fin, es trasladado a la cárcel de los moros, que estaba en el palacio real. El 29 de mayo de 1580 llegan a Argel los padres trinitarios Juan Gil y Antón de la Bella. El padre trinitario Juan Gil paga el precio convenido. El rescate costó 500 escudos de oro de España. Miguel de Cervantes fue desembarcado de la galera del bajá que estaba preparada para dirigirse a Constantinopla, el 9 de septiembre de 1580. Casi todos los testigos confirman los malos tratos que el autor del Quijote recibió en Argel. El 24 de octubre de 1580, catorce días después de su rescate, parte de Argel. El 27 de ese mismo mes llega a las costas españolas. El manco de Lepanto había sido capturado a los 28 años, sufriendo en su cautiverio todo tipo de desdichas, y a los 33 fue puesto en libertad. El cautiverio dejó huella muy fuerte en la vida de Cervantes y fue una constante en casi todos sus libros. Solo hay que recordar títulos significativos como Los baños de Argel, Los tratos de Argel o La gran sultana. Pero el tema del cautiverio o las referencias a los corsarios y a la piratería en el Mediterráneo los encontramos en mayor o menor medida en obras como El capitán cautivo del Quijote, La ilustre fregona, El amante liberal, El gallardo español, Trabajos de Persiles y Segismunda, La española inglesa, Rinconete y Cortadillo, entre otras.

    La primera organización europea para la redención de cautivos en tierras del Islam fue la Orden de los Trinitarios. Franciscanos y dominicos se unieron posteriormente a esta labor redentora. La Orden de la Merced se fundó en la catedral de Barcelona en 1218. La mayoría de los esclavos tendrían que seguir esperando. Cuando los frailes hacían su aparición en el puerto de Argel, era una fiesta para todos los cautivos. Si los cautivos eran pobres, los vendían en el mercado de esclavos. El propio Cervantes en Los baños de Argel cuenta los continuos intentos de evasión de los españoles. Lo hace en tono jocoso, pero la realidad debió de ser mucho más dramática. Entre 1560 y 1570 los piratas berberiscos, con predominio de los argelinos, eran una especie de plaga en las costas mediterráneas.  

Cervantes en Argel

   Los “renegados” eran uno de los puntales de aquella nueva sociedad que medio siglo después Cervantes conocería muy bien. Los abundantes españoles e italianos cautivos en la ciudad, que podían evaluarse en más de una decena de miles – en tiempos de Cervantes y Sosa serían entre 20 y 25.000 -, engrosaron el número de “renegados” que se dedicaron al corso. El gallardo español de Cervantes se desarrolla en tiempo de Hazán Bajá. Los miles de cautivos de 1558 fueron los informantes mejores con que contó Antonio de Sosa, cautivo con Cervantes y amigo suyo, el excepcional testigo y gran narrador de la Berbería de aquel tiempo. Cervantes abandonaba precipitadamente Madrid, huyendo de la justicia, e iniciaba su viaje a Italia y seis años después desembarcaba en Argel. Y de Hasán Bajá todos recalcaron su gobierno despótico y corrupto. Cervantes denomina sultán al rey Hasán. Los moriscos instalados en las ciudades costeras se dedicaron también al corso. Los judíos magrebíes se vieron acrecentados con los recién venidos también de España después de la expulsión de 1492. Este conglomerado social y cultural daba lugar a una sociedad muy abierta y de gran movilidad. El cautiverio de ribereños del Mediterráneo es uno de los vehículos para ese aporte nuevo de “renegados” a la sociedad berberisca. Fue en Argel donde esta nueva sociedad berberisca alcanza su máximo esplendor. A ellos habría que añadir unos 6.000 moriscos también de origen vasco[2].

     Había una élite urbana de ricas familias que emparentaron entre sí y que controlaron recortes importantes del poder. La gran permisividad en lo sexual hacía que se pudiera contraponer la poligamia, facilidad de divorcio, matrimonio entre primos o tolerancia de la homosexualidad; libertad de cultos; alta valoración de las habilidades artesanales; la inmediatez en la administración de justicia y en las medidas de gobierno; la misma violencia instintiva y primaria; los mismos modelos a admirar e imitar, de siempre tan mitificados en los medios populares. Un verdadero arquetipo podía ser el grumete veneciano Andretta convertido en bajá, Hasán Veneciano, de quien Cervantes resalta su crueldad. Parientes de Hasán Bajá – Hasán Veneciano – participaron también en los negocios de este personaje, muy enriquecido en sus años de gobierno argelino. El terror a la gran armada cristiana contra sus costas fue obsesivo en los años finales de cautiverio cervantino.

    Cervantes, cautivado cerca de la costa catalana por los corsarios berberiscos cuando volvía a España en la galera Sol, en septiembre de 1575, iniciaba un periodo de cautiverio que no había de concluir hasta septiembre de 1580. Tenía 28 años cuando inició ese cautiverio de cinco años y volvería a España con 33. Hasán Bajá – Hasán Veneciano – era un año mayor que el escritor – tenía 31 años en 1576 –. A finales de 1575, Cervantes iniciaba su cautiverio argelino. En julio de 1577 llegó a Argel el nuevo rey Hasán Veneciano. En la campaña del año 1575, a finales de septiembre, Arnaut Mamí y el renegado griego Dalí Mamí apodado El Cojo, trajeron a Argel, entre los cautivos, a los hermanos Miguel y Rodrigo Cervantes. En el reparto, Miguel de Cervantes pasó a poder de Dalí Mamí y su hermano Rodrigo entró en el lote que le correspondía al rey de cada presa corsaria. El hecho de que a Miguel de Cervantes le encontraran cartas de Juan de Austria y del duque de Sesa, le convertían en un activo singularizado y valioso. El relevo en el gobierno de Argel llegó en junio: era Hasán Veneciano. Nacido hacia 1544, siendo mozo del escribano de una nave eslava o ragusina fue hecho cautivo por Dragut y llevado a Trípoli, en donde pasó a poder de un soldado de galera, quien le hizo renegar. Cervantes se hizo eco de su fama de crueldad en el Quijote. Nada más llegar a Argel, Hasán Veneciano encaró el gobierno con una prioridad clara, la de acrecentar rápidamente su fortuna personal. Se adueñó de los cautivos de rescate que había en Argel. Su justicia fue autoritaria y los castigos demasiado crueles.

      Situaciones inspiradas en el planteamiento de la operación corsaria de septiembre de 1577 se encuentran en el teatro cervantino. El 24 de septiembre de 1577 los redentores vuelven a España con los cautivos redimidos, entre ellos Rodrigo de Cervantes. El griego Dalí Mamí pudiera ser el amo de Cervantes. Pero también hubo una fiebre de intentos de huida de la ciudad por mar. Tal vez Cervantes estuviera al tanto de estos intentos de fuga, puesto que su cuarto proyecto de fuga colectiva se parece mucho a ellos y se puede fechar en octubre de 1579. Su prisión de cinco meses a raíz del intento fallido entraría dentro de la normalidad para Hasán Veneciano. Al término del mandato argelino de Hasán Veneciano, Cervantes regresó a España también. El 29 de mayo de 1580 desembarcaron en Argel fray Juan Gil y fray Antón de la Bella y prácticamente hasta la salida de Hasán Veneciano para Estambul, el 19 de septiembre, se prolongaron las transacciones de la campaña de redención. Cervantes tenía 33 años.

    Hasán Bajá pasa a ser rey de Argel en junio de 1577. En junio de 1581 Cervantes viaja a Orán. Desembarca en Orán para un viaje corto, pero peligroso. A finales de junio estaba en Cartagena de vuelta. Antonio de Sosa, el buen amigo de Cervantes, es posible que abandonara Argel en septiembre o en octubre de este año. Ambos iban a dedicar mucho tiempo del resto de su vida a la elaboración de una obra literaria excepcionalmente rica. A gentes como el ex – cautivo Cervantes también su largo cautiverio entre infieles les convertía en sospechosos. La experiencia del cautiverio debió ser básica en El curioso impertinente, relato del Quijote. Cervantes llega a Argel en el inicio del otoño de 1575. El verano de 1579 es el tiempo en el que Cervantes preparó y vio fracasar una vez más su cuarto intento de fuga. En las fuentes españolas se alude al pecado nefando casi siempre que se aborda el mundo de los corsarios. Hasán Veneciano había de llegar a ser un hombre muy poderoso y con miles de esclavos; Sosa le evoca casado y con dos hijos.

    El relato 25 de la serie de 30 que constituye el Diálogo de los mártires de Argel de Antonio de Sosa es el de “la cueva de Cervantes” en Argel, en donde se escondieron unos quince cautivos a la espera de la llegada de un barco que habían concertado. Cervantes pasó cinco meses encadenado en el baño del rey, en prisión. En octubre de 1579, Cervantes ve fracasar su cuarto y último intento de fuga. Destaca la amistad de Cervantes con el redentor Juan Gil. La homosexualidad pudiera ser una componente más del perfil biográfico de Miguel de Cervantes, en particular durante sus cinco años de vida en Berbería. Dos son las ocasiones en las que, según los textos, Hasán Veneciano y Miguel de Cervantes se encuentran cara a cara, en octubre de 1577 y de 1579, y en ambas ocasiones en circunstancias dramáticas para Cervantes. En la primera ocasión Cervantes acabaría de cumplir los treinta años y en la segunda los 32. Hasán Veneciano debía de tener en torno a dos más que Cervantes. Hasán Bajá, el veneciano Andretta, pudo sentir curiosidad por un cautivo prestigioso en aquel medio difícil, tal vez admiración ante un comportamiento valeroso y solidario, y sin duda interés por un objeto caro, un cautivo cuya redención se había tasado alta. El móvil económico parece obvio en una posible explicación de la “piedad” en el rey Hasán. Rossi dice que en Cervantes, si no homosexualidad abierta, cabría afirmar “fantasías” homosexuales. En la novela El cautivo, integrada en el Quijote, el cautivo cristiano rapta a la belleza de Berbería, la hija de Agi Morato.

   Los testimonios literarios del cautiverio argelino se repiten a lo largo de toda su obra. Al menos en dos ocasiones, Hasán Pachá le perdonó la vida. Los cinco años pasados en los baños (prisiones) de Argel (1575 – 1580) dejaron una huella imborrable en su obra. Desde las primeras creaciones dramáticas y narrativas escritas después de su liberación, El trato de Argel (ca. 1581 – 1583) y La Galatea (1585), hasta su novela póstuma, Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617), la historia de esta experiencia traumática habla continuamente a través de la obra de Cervantes. Cuando Cervantes regresó a España en 1580, emprendió una carrera multifacética como escritor que abarcó todos los géneros literarios, desde el drama a la poesía y la prosa narrativa. En El trato de Argel, Cervantes asocia las mazmorras de Argel con el Inferno de Dante. El elevado número de cautivos cristianos, que constituía entre el 20 y el 25 por ciento de la población de Argel, calculada aproximadamente en 125.000 habitantes alrededor de 1570, evidencia el próspero negocio de los mercados de esclavos de la Bebería. La piratería en el Mediterráneo está en Boccaccio y más tarde en Cervantes[3].

   La década de 1570 coincide con la consolidación de la famosa ciudad corsaria de Argel como la capital del corso en el Mediterráneo del siglo XVI. Sosa relata que, durante casi cuatro años, Cervantes compartió con él numerosas conversaciones sobre poesía y literatura y que a menudo le enviaba sus composiciones literarias para que las leyera. La tragicomedia El trato de Argel probablemente fue compuesta entre 1581 y 1583, poco después de su regreso a la Península. Los baños de Argel, comedia subsiguiente de Cervantes, dramatiza los sufrimientos de los esclavos cristianos en Berbería. Más fundamental aún es La historia del cautivo en 1589. En el relato surge la imagen de Zoraida, la mujer argelina que organiza la fuga del capitán cautivo y de sus amigos. El papel de la mora, cuya aparición generalmente está ligada a los recuerdos de Argel en la obra de Cervantes, es especialmente fascinante. Idealizada, la mora es a menudo la portavoz del autor.

      Desde los albores del siglo XIX, la experiencia histórica del cautiverio y su expresión artística han atraído la atención de los biógrafos y estudiosos de Cervantes. Los decenios finales del siglo XX y los primeros años del nuevo milenio han confirmado el interés de la crítica por esos cinco años (1575 – 1580) pasados por Cervantes en Argel. Las obras de teatro El trato de Argel, Los baños de Argel y El gallardo español, así como La historia del cautivo, interpolada en Don Quijote, y El amante liberal, entre otras creaciones de Cervantes, ofrecen una rica información sobre el destino de los cautivos cristianos en Berbería. En Lepanto, el 7 de octubre de 1571, Cervantes recibió tres heridas de arcabuz, dos en el pecho y una tercera en la mano izquierda. En cuanto al febril y malherido arcabucero Cervantes, este se recuperó a bordo de la Marquesa y luego en el hospital de Mesina, donde permaneció seis meses. Después de tres heridas recibidas en Lepanto, tres campañas contra los turcos y cuatro años de servicio militar, el soldado aventajado Miguel se embarcó en Nápoles, en la galera Sol, con su hermano Rodrigo, soldado como él. El 26 de septiembre de 1575, cerca de la costa catalana, la galera Sol fue atacada por corsarios turco – berberiscos y los supervivientes, tanto pasajeros como marinos, fueron capturados y llevados a Argel. Atados de pies y manos, fueron trasladados a los barcos argelinos. Miguel cayó en manos de Dalí Mamí.

    La asombrosa ciudad de Argel dejaría su huella indeleble en Cervantes. Al llegar Cervantes a Argel, en 1575, encontró un próspero centro urbano de cerca de 125.000 habitantes, entre hombres libres y esclavos. La población de Argel se había triplicado en más de medio siglo bajo el poder otomano. En 1575, ese sofisticado conglomerado urbano era habitado por un grupo multiétnico constituido por musulmanes argelinos, moriscos exiliados, bereberes, turcos, renegados cristianos de todos los países de Europa y judíos. Como capital corsaria del Mediterráneo, Argel debía su prosperidad al corso. Fuentes contemporáneas aducen que, a fines de la década de 1570, había alrededor de 25.000 cristianos cautivos en Argel. A Antonio de Sosa le fue escamoteada la autoría del más importante tratado historiográfico del siglo XVI sobre Argel. Más de la mitad de los renegados eran corsarios que se dedicaban al corso en el Mediterráneo. Algunas de estas figuras desempeñaron posiciones importantes en el período del cautiverio de Cervantes. Como otros cautivos, Miguel de Cervantes estaba preso en el baño – prisión o corral de esclavos – del “rey” (gobernador) de Argel. Los cautivos de rescate estaban encerrados en el baño real ubicado en la calle del Zoco Corso, donde en la época de Cervantes había entre 1.500 y 2.000 cautivos cristianos que pertenecían al bey Hasan Veneciano. Como el Cautivo, el soldado Cervantes fue ubicado al lado de los caballeros. Aunque Cervantes nunca fue ascendido a capitán, sus descripciones del baño en La historia del cautivo coinciden con su testimonio acerca de su propio cautiverio. Cervantes intentaría evadirse cuatro veces durante sus cinco años de cautiverio en Argel.

    Apenas cuatro o cinco meses después de captura, en enero o febrero de 1576, Cervantes trató de alcanzar el presidio español más cercano, en Orán, caminando unos 400 km a través del desierto, evasión evocada en su comedia El trato de Argel. El segundo intento de fuga fue puesto en marcha por Cervantes en 1577. Cervantes tomó a catorce principales cautivos cristianos de Argel y, con la ayuda de un jardinero cristiano navarro, los escondió en una cueva en las afueras de la ciudad. Los cautivos pasaron cinco meses escondidos en la cueva. Rodrigo Cervantes acaba de ser liberado en agosto de 1577. Miguel convenció a los frailes mercedarios que habían llegado a rescatar cautivos de comprar la libertad de Rodrigo primero. Durante dos noches, los fugitivos esperaron en vano. Un renegado español apodado El Dorador delató a los fugitivos ante el nuevo bey de Argel, Hasán Pachá. Cervantes, esposado y cargado de cadenas, fue encerrado en el baño real por cinco meses. En marzo de 1578, Cervantes intentó fugarse otra vez. Los efectos mediadores de “buenos terceros” ante el renegado Hasan Veneciano aparentemente le salvaron la vida a Cervantes en dos ocasiones. En su cuarto intento de fuga, realizado en septiembre de 1579, Cervantes intentó persuadió a un renegado español llamado Girón para que comprase una fragata armada a través de un mercader veneciano que se encontraba en Argel en ese tiempo. En los primeros días de octubre de 1579, los rebeldes fueron delatados. Cervantes disfrutaba de cierto grado de libertad para caminar por la ciudad. En una prisión para delincuentes moros que había en el palacio de Hasán Pachá, permaneció el cautivo cinco meses.

    El trato de Argel pone en escena un diálogo iluminador entre un personaje autobiográfico llamado Saavedra y un cautivo español llamado Pedro. Esta faceta de Cervantes, amante de la poesía, es confirmada por otros poemas que compusiera en Argel en 1576. El doctor Antonio de Sosa, eclesiástico portugués posiblemente vinculado a la Iglesia hispano – italiana, fue teólogo y seguramente doctor en Derecho Canónico. En 1577 Sosa era ya un hombre viejo y con achaques, que frisaba en los 60 años más o menos. Topografía e historia general de Argel fue publicada en 1612. El manuscrito perdido del historiador Antonio de Sosa vio la luz bajo el nombre de otro. El modo en que se trataba a los cautivos dependía de quiénes fueran sus amos. Los hermanos Sosa eran portugueses.   

   Cervantes había sido liberado en octubre de 1580 y había permanecido en Madrid desde diciembre de aquel año. El doctor Sosa habría de ser liberado hacia finales de 1581. Al parecer, el doctor Sosa fue rescatado antes de octubre de 1581. Varios documentos localizan a Antonio de Sosa en Madrid entre diciembre de 1581 y febrero de 1582. Es probable que durante estos meses viera a su amigo Cervantes, quien estaba de vuelta de su viaje de reconocimiento a Orán, realizado en 1581 en servicio secreto de Felipe II. Aunque los libros eran probablemente escasos en la Argel del siglo XVI, muchos cautivos españoles e italianos eran hombres de letras. La Argel del siglo XVI era una pujante sociedad, distinguida por su mestizaje cultural y por su híbrida lengua franca, mezcla de todas las lenguas mediterráneas. Hasán Pachá fue también descrito como un hombre cultivado. En junio de 1577, Hasan Veneciano retornó a Argel como nuevo beylerbey nombrado por el sultán otomano. En cuanto al “muy leído” Hasán Pachá, su lengua materna era la toscana.

    La hija del poderoso funcionario otomano Agi Morato en Argel fue la belleza histórica que inspiró los personajes de Zoraida y Zahara en La historia del cautivo y Los baños de Argel. Aunque solo una pequeña minoría de la población otomana podía leer, había excelentes historiadores. Los renegados eran considerados por su conocimiento de diversas lenguas y culturas y por cruzar barreras geográficas y religiosas, sirviendo de traductores, secretarios o agentes de varios gobernadores magrebíes o europeos. Algunos de los esclavos cristianos educados intentaban adquirir los raros libros existentes en Argel.

    Los hombres y mujeres que salían de su lugar originario para adentrarse en territorios musulmanes, voluntaria o involuntariamente, ya sea como renegados o cautivos, eran vistos con recelo a su regreso a su viejo mundo. Miguel de Cervantes aparece en la Información de Argel como un cautivo amigable y generoso, dispuesto a ayudar a sus camaradas. Su amor por la poesía y la literatura se percibe en las relaciones de Cervantes con poetas, estudiosos y hombres de letras en Argel, tales como el doctor Sosa y otros amigos suyos de los baños. Rodrigo dejó Argel el 24 de agosto de 1577 con un contingente de 106 cautivos rescatados. Fray Juan Gil corrió a comprar el oro español de los mercaderes judíos, volviendo justo a tiempo para liberar a Cervantes. Hasán era aparentemente bisexual, como muchos otros renegados en Berbería. Las declaraciones más elocuentes del cautiverio de Cervantes son los testimonios literarios insertos en su obra, empezando por La Galatea y El trato de Argel. Cervantes fue quien primero representó en la España del siglo XVI las duras experiencias de los cautivos en Berbería. El trato de Argel es quizás la primera obra que Cervantes concibió después de su liberación y retorno a España. Cervantes escribió poesía durante su confinamiento.

    Su posterior misión a Orán para los servicios secretos de Felipe II fue posterior, entre mayo y junio de 1581. Desplazamientos, intrigas y requerimientos poblaron el año 1582, pero sobre todo una intensa actividad literaria del incipiente escritor. Estas actividades, según Canavaggio, sitúan la composición de El trato de Argel entre 1581 y 1583. Floreció en España durante esos años un entusiasmo ferviente por el teatro. La comedia El trato de Argel, también conocida como Los tratos de Argel, inauguraba la carrera de Cervantes como dramaturgo. Los baños de Argel fue adaptada en 1980 por el dramaturgo Francisco Nieva y montada con enorme éxito en Madrid, en tanto que La gran sultana fue representada por primera vez en España por la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Dirigida por Adolfo Marsillach, la obra fue inaugurada en Sevilla en 1992. El trato por primera vez da testimonio de los padecimientos de los cautivos cristianos en Berbería. El trato contiene detallados cuadros de la vida en Argel. Debió de atraer una concurrencia numerosa. El trato de Argel se ocupa de las vidas de los cautivos en Argel. En Los baños de Argel, comedia compuesta entre 1589 y 1590, Cervantes confronta a su auditorio con una nítida representación de estas torturas.

    Sosa nos recuerda que la población esclava cristiana en Argel se elevaba a cerca de 25.000 personas en las últimas décadas del siglo XVI. Los esclavos cristianos constituían entre el 20 y el 25% de la población de la ciudad. Esta lengua franca era una mezcla de varios idiomas, básicamente italiano y español, con algo de portugués. La afluencia de esclavos del mundo entero hizo que todos en Argel – turcos, árabes, mujeres y niños por igual – usaran la lengua franca, hecho que a su vez obligó a los cristianos a emplear esta jerga. En cuanto al primer intento de fuga de Cervantes, este fue maltratado y mantenido en severo confinamiento, cargado de grilletes y de cadenas. El primer león del teatro español fue el que introdujo Cervantes en El trato de Argel.

     Cervantes adoptó el apellido Saavedra a partir de 1586 y 1587. Cervantes compuso poemas y cartas mientras estaba confinado en los baños de Argel y algunos de sus compañeros en esa prisión turco – berberisca también escribieron relaciones históricas, poemas y otros textos en prosa. Las marcas de la prisión no solo inauguran la obra magna de Cervantes, sino que además reaparecen en su novela póstuma el Persiles, surgida literalmente en una mazmorra. Las novelas El amante liberal y La española inglesa retornan obsesivamente al tema del cautiverio. Comenzando con la captura de los protagonistas, ambas obras representan ataques corsarios en el Mediterráneo, así como nombres de personajes históricos que corresponden al mundo argelino de Cervantes. La historia del cautivo no solo presenta un resumen de la carrera militar de Cervantes en el Mediterráneo, que se amplía con una extraordinaria representación de la vida de los cautivos cristianos en Berbería, sino que también desvela uno de los más hermosos textos de la obra de Cervantes, la historia de la conversa argelina Zoraida. La narración del Cautivo se puede situar en 1589.

     El apellido Saavedra aparece por primera vez en El trato de Argel. Si Saavedra encarna los valores de la España de Felipe II, también representa claramente al ex cautivo Miguel de Cervantes. Cervantes otorga de nuevo el nombre de Saavedra al héroe de El gallardo español. Entre mayo y junio de 1581, Cervantes viajó a Orán en una misión realizada por los servicios secretos de Felipe II. A partir de 1586, Cervantes comenzó a añadir el apellido Saavedra a su nombre. La adopción del apellido Saavedra surgió durante un fértil período de producción literaria.

    En las dos últimas tentativas de evasión, el cautivo estuvo a punto de perder la vida. El tercer intento de fuga de Cervantes ocurrió en marzo de 1578. Agi Morato pudo haber intervenido ante el Pachá para salvar la vida a un cautivo. Sosa confirma que Agi Morato era el primero y más rico de los alcaides que vivían en Argel en 1581; su casa era la más lujosa de la ciudad. Su hija, inmortalizada por Cervantes en La historia del cautivo, reaparece en Los baños de Argel con el nombre de Zahara. La bella mujer argelina que inspiró dos de las más hermosas creaciones de Cervantes era nieta de cristianos, tanto por el lado del padre como el de la madre. Cervantes puede haber conocido a la legendaria belleza argelina durante sus salidas de los baños o durante sus visitas al recinto privado de Agi Morato. La hija de Agi Morato se casaría con el gobernante Hasán Pachá, quien se convertiría, un año más tarde (1579), en el amo de Cervantes. Los personajes de Zoraida en La historia del cautivo y de su doble Zahara en Los baños de Argel están apuntalados por hechos históricos. Tanto en el relato como en la comedia, el cautivo es salvado por una bella mora argelina criada en la fe cristiana, una muchacha que ha sido identificada como la hija del personaje histórico Agi Morato. Si Agi Morato juega un papel importante en La historia del cautivo, es Zoraida quien está en el corazón de este relato. El dinero surge como una imagen obsesiva y dominante en este texto. Zoraida aporta los fondos para el rescate del Cautivo por medio de los “milagrosos” paquetes repletos de monedas que deja caer a sus pies desde la ventana. Los 500 escudos de oro fueron recogidos después de cinco años con la ayuda de los frailes trinitarios. Ninguna otra criatura en el mundo cervantino, excepto la mítica Dulcinea, ha sido representada en términos tan elevados, con tanta brillantez como Zoraida.

    En la comedia El trato de Argel, Zoraida surge en el mismo momento en que el Cautivo relata las peores experiencias de su cautiverio en Argel: las crueldades que su amo Hasán Pachá (el último amo de Cervantes) infligía a sus esclavos cristianos. Zoraida es la milagrosa aparición que transforma esta escena de muerte en una fantasía de fuga. Cervantes reelaboró su experiencia argelina a través de una asombrosa diversidad de medios, desde el drama y la poesía hasta las cada vez más complejas ficciones. Después de 1589, cuando fue compuesta La historia del cautivo, Cervantes inició un período de productividad extraordinaria. El tema del cautiverio ocupa un lugar central en la ficción del escritor alcalaíno. La historia de la embarcación arrastrada mar adentro por una tormenta violenta evoca la propia travesía de Cervantes al zarpar en la galera Sol rumbo a Barcelona en septiembre de 1575. El 26 de septiembre, mientras la galera se aproximaba a la costa catalana, no lejos de Cadaqués o de Palamós, fue atacada por una escuadra de corsarios turco – berberiscos. Los fantasmas de Argel reaparecen a lo largo de la obra de Cervantes, desde El trato de Argel (1581 – 1583) y La Galatea (1585), hasta La historia del cautivo, La española inglesa, El amante liberal, Los baños de Argel y su novela póstuma el Persiles. Entre las Novelas ejemplares, La española inglesa representa una exploración intensa del tema del cautivo. Pero en La española inglesa el autor se presenta de cuerpo entero bajo la imagen visual de un cautivo recién liberado. La orden de los frailes trinitarios es la que rescató a Cervantes en 1580. Al final de la novela, los personajes adoptan el papel del autor y narran una historia acorde con la propia vida de Cervantes. La imagen de la captura retorna obsesivamente a los textos de Cervantes. El tema de la repatriación es relevante para Cervantes.

    Información de Argel es como se conoce el documento con el que en 1580 regresó Cervantes de su cautiverio. Muchas veces aparecen los cautivos de Argel en las obras de Miguel de Cervantes. Este Miguel de Cervantes tiene 33 años. Este Cervantes, aunque ya haya escrito algunos versos, es el arcabucero de Lepanto, el preso de Argel. Es posible que Cervantes volviera de Argel traumatizado. Se trata de lo sucedido a Cervantes durante sus cinco años de cautiverio. Para los presos liberados, la información era un documento importantísimo porque no solo permitía la repatriación y la reinserción social en territorio cristiano, sino que debía servir para pedir un favor o una merced real, un destino, un trabajo[4].

     Lo que pasó en Argel lo cuenta el doctor Antonio de Sosa, un culto eclesiástico portugués preso entre 1577 y 1581. El religioso portugués dice que había 25.000 cristianos presos en Argel hacia 1575. Argel se había convertido en la mayor ciudad corsaria del Mediterráneo. El soldado Cervantes era uno de los 93.000 cristianos que lucharon y vencieron aquel 7 de octubre. Cervantes recibió dos arcabuzazos, quizá tres, en el pecho y en el costado; una mano le quedaría tullida. Y de esas heridas estuvo casi seis meses convaleciente en el hospital de Mesina. La victoria fue espectacular, aunque el triunfo de Lepanto fue poco productivo en términos políticos y militares. Hasta que en 1575, tras cuatro años de servicio, tres campañas y tres heridas, quiso regresar a España. El 7 de septiembre, Cervantes se embarcó en Nápoles con su hermano Rodrigo en la galera Sol. El 26 de septiembre y ya cerca de las costas catalanas – quizá a la altura de Cadaqués o de Rosas, quizá cerca de Palamós – tuvo que enfrentarse al ataque de tres galeras corsarias turco – berberiscas capitaneadas por un renegado albanés, Arnaut Mamí, y su lugarteniente de origen griego, Dalí Mamí, apodado El Cojo. Los cautivos vivían encerrados en los baños (prisiones privadas donde iban a parar los presos susceptibles de ser rescatados) o en cárceles comunes. El baño era un patio con un sistema de agua en el centro y algunos con una construcción a modo de iglesia, rodeado por pequeñas celdas a dos niveles, en los que los hombres estaban encadenados, algunos con los pies en cepos. El baño real de Hasán Bajá Veneciano tenía unos 1.500 a 2.000 cristianos de rescate. Los presos tenían cierta capacidad de movimiento dentro y fuera del baño, porque por lo general debían encontrar por sus propios medios la forma de mantenerse y alimentarse. Eso, posiblemente, hizo Cervantes más de una vez. Los presos y esclavos circulaban por las calles de Argel arrastrando sus cadenas y cepos para trabajar o para buscarse el sustento. Cervantes gozaba de una sorprendente movilidad.

     El tan cruel Hasán Veneciano, capturado de niño, había sido esclavo de un soldado de galera, con quien apostató. En la Berbería se vivía mejor que en muchas zonas de la Cristiandad. Muchos renegados eran corsarios, y también muchos de ellos llegaron a desempeñar importantes cargos de gobierno en la ciudad. Eran extremadamente crueles. Antonio de Sosa tenía unos sesenta años y fueron especialmente duros sus cuatro años de cautiverio. Durante los años de prisión de Antonio de Sosa (1577 – 1581), había entre 1.500 y 2.000 cautivos de rescate que pertenecían Hasán Veneciano y estaban encerrados en su gran baño. El promedio temporal de cautiverio de un preso de rescate era de cuatro a veinte años. El rescate era enormemente complicado. El redentor general había de ser alguien con capacidad política y diplomática, y asimismo competencia en los sistemas de transacción comercial, y todo ello en diferentes lenguas.

    El trato de Argel será una denuncia de la situación de los cautivos y, a su vez, de la incomprensible pasividad del rey Felipe II. Hasán Bajá, el Veneciano, de conocida homosexualidad, era refinado en cultura (a la europea y a la otomana), aunque también de afamada barbarie. El Cautivo del Quijote – cuya historia de amor con la bella Zoraida (la Zahara de Los baños y de El trato, la hija del renegado murciano Agi Morato) ha dado que pensar al verla como posible intercesora -, también habla del perdón al preso. Cervantes se relacionaba con conversos y lo hacía con normalidad, pero es evidente que ese hecho no debía quedar reflejado en la Información. El 29 de mayo de 1580, los trinitarios Juan Gil y Antón de la Bella llegan a Argel y se encuentran que Hasán Bajá está en plenos preparativos para viajar a Constantinopla tras ceder el gobierno de la ciudad al nuevo gobernador Djafer Bajá. Los presos de Hasán Bajá son carísimos, son caballeros. Es el 19 de septiembre de 1580. De España había salido antes, en 1569, rumbo a Italia bastante a trompicones, dado que le iban a cortar la mano derecha; también lo desterraban durante diez años, por haberlo declarado culpable en la reyerta a espada con el maestro de obras Antonio de Sigura. Aquel Miguel de Cervantes tenía 22 años. A los 23 o 24 años Cervantes se alistaba en los Tercios de Italia. El autorretrato que ofrece Cervantes (y el retrato que aportan sus testigos) traza la radiografía íntima de un hombre valiente, terco, temerario y seductor: es el arcabucero, el soldado aventajado Miguel de Cervantes.

    Fray Juan Gil, procurador general de la orden trinitaria y nombrado redentor general de la provincia de Castilla en 1579, llevaba casi un año recogiendo limosna para la redención de 1580. Juan Gil pasó siete meses y medio en la ciudad y consiguió rescatar 186 cautivos de 1580. Juan Gil pasó siete meses y medio en la ciudad y consiguió rescatar 186 cautivos que fue mandando a España y a Italia de forma escalonada. El 12 de marzo de 1581, zarpaba de Argel con el último grupo, 25 liberados, entre los que estaba Miguel de Cervantes. Tanto en El trato de Argel como en Los baños de Argel, Cervantes recoge la presencia y los hechos del fraile mercedario fray Jorge de Olivar. Por lo general, los cautivos habían de buscar por sus propios medios su sustento diario, y el trabajo o los préstamos eran los medios para conseguir dinero; también la ayuda desinteresada de otros presos.

    Al desembarcar en Argel después de su captura, en septiembre de 1575, Cervantes descubrió una ciudad de 150.000 habitantes, cuya animación no dejaba de recordarle a la de Nápoles y cuya prosperidad se comprobaba por todas partes. Todos los síntomas de un desarrollo que, medio siglo más tarde, llevaría a la ciudad a su apogeo. En aquel momento, Argel debía lo esencial de dicho desarrollo al corso. Las galeras argelinas – una treintena en la época de Cervantes – eran la punta de lanza de su economía. Cada regreso a puerto era ocasión de alborozo y, en el mercado de esclavos, examinados cuidadosamente por sus eventuales compradores. Los cautivos eran vendidos en subasta al mejor postor. Durante los primeros meses de su cautiverio, Miguel, como cautivo de rescate, hubo de conocer cierta ociosidad. Confinado en el baño del crepúsculo al alba, su invalidez debió de permitirle, durante el día, ir y venir por la ciudad.  En la parte baja de la sociedad estaba la masa de los cautivos. Pero el entrecruzamiento sentimental entre amos y esclavos, así como los amores del Cautivo y Zoraida, hija del renegado Agi Morato, permiten adivinar, más allá de sus implicaciones literarias, la convivencia de estas comunidades. En cuanto a la curiosidad que Miguel sintió por el Islam, esta se trasluce en la abundancia de términos y expresiones árabes empleados en sus obras[5].

    Agi Morato aparece mencionado en Los baños de Argel, una de las Ocho comedias publicadas en 1615, aunque escrita tal vez varios años antes. En el relato del Cautivo, intercalado en la Primera Parte del Quijote, Zoraidadesempeña un papel esencial en la aventura. Ella se enamora del capitán Ruy Pérez de Viedma, el Cautivo, y más adelante Agi Morato viene a ser testigo del encuentro de los amantes en el jardín que tiene lugar en las afueras de Argel. Al descubrir a los fugitivos en el momento en que van a embarcar, es obligado a acompañarlos. Agi Morato ocupó una posición importante en Argel. Había nacido en Ragusa (hoy Dubrovnik). Agi Morato se ha separado de su referente histórico para adaptarse a las necesidades de la fábula. La verdad histórica de Agi Morato, a quien Cervantes le debió tal vez el poder escapar del suplicio tras el fracaso de su tercer intento de fuga, se resuelve finalmente en su verdad poética.

   La captura – ocurrida el 20 de septiembre de 1975 – tuvo lugar frente a las costas catalanas, no lejos de Cadaqués o Palamós, en un momento en que los desventurados pasajeros estaban casi al término de su viaje. El que perpetuó el ataque al frente de tres galeras fue Arnaut Mamí, un renegado albanés. Al cabo de una resistencia de varias horas, los supervivientes fueron trasladados, atados de pies y manos, a los navíos de los asaltantes. Tres días más tarde, las galeras de Arnaut Mamí avistaron Argel. En el reparto de los esclavos, Cervantes cayó en manos del segundo corsario, Dalí Mamí, un renegado griego apodado el Cojo. En enero de 1576, hizo su primera tentativa de evasión en compañía de algunos de los que más tarde declararían a su favor. A petición de Miguel, rescataron primero a su hermano. A principios del mes de mayo de 1577, llevó fuera de la ciudad a catorce cautivos y los ocultó en una garita situada al fondo de un jardín. Gracias a la complicidad del jardinero, los catorce cautivos pasaron cinco meses en su escondrijo, a la espera del navío salvador. Miguel y sus compañeros la esperaban el 28 de septiembre, pero el día acordado la nave no acudió a su cita. Sorprendidos la mañana del 30 en su gruta, los desventurados no pudieron oponer resistencia. Miguel dio muestras de su valor declarándose el único culpable de su comparecencia ante el bajá. En cuanto a Cervantes, cargado de grilletes y cadenas, fue encarcelado durante cinco meses en el baño del rey. El papel que desempeñó en esos cuatro intentos de fuga le puso cada vez en peligro. Encarcelado en el propio palacio del rey, permaneció allí cinco meses antes de ser comprado por Hazán a Dalí Mamí al precio de 500 escudos de oro. El 19 de septiembre de 1580, fray Juan Gil entregó, en escudos de oro español, el monto del rescate. El 24 de octubre, Cervantes embarcó con otros cinco redimidos. El 27 estaba a la vista de las costas españolas; su cautiverio había durado cinco años y un mes y dejó una profunda huella en su obra, especialmente en cuatro de sus comedias (El trato de Argel, Los baños de Argel, El gallardo español y La gran sultana), así como en el cuento del Cautivo, intercalado en la Primera Parte del Quijote, y en dos episodios del Persiles.

    Rodrigo Cervantes, hermano menor de Miguel, había nacido en 1580 en Alcalá de Henares. Después de su convalecencia, Miguel, al acercarse el invierno, abandonó Palermo por Nápoles. Embarcaron juntos en la galera Sol, rumbo a España, en Nápoles el 7 de septiembre de 1575. El 26, a la vista de las costas catalanas, la galera fue sorprendida por unos corsarios y sus pasajeros, llevados cautivos a Argel. A comienzos de 1577, tres religiosos mercedarios fueron designados por su orden para realizar una redención de cautivos. Los tres monjes – fray Jorge de Olivar, fray Jorge de Ongay y fray Jerónimo Antich – partieron hacia Argel. Miguel convenció a los redentores para que rescatasen primero a su hermano. Se armó una fragata en Mallorca que partió en busca de Miguel y de sus compañeros. Estos la esperaban el 28 de septiembre, pero el día acordado la nave no acudió a la cita. A mediados de diciembre de 1580, tras cuatro intentos frustrados de fuga, Miguel llegó por fin a Madrid. Rodrigo, que había vuelto tres años antes del cautiverio, había decidido proseguir la carrera de las armas.

    Entre el 10 y el 22 de octubre de 1580, al poco de haber sido rescatado por el trinitario Juan Gil, se redactó en Argel una Información hecha a petición de Miguel de Cervantes. Constituye un testimonio de primer orden sobre el cautiverio cervantino y proporciona un conjunto de datos referidos a los acontecimientos que, entre 1571 y 1580, marcaron la vida del demandante. Una primera formulación de ciertos temas que luego sufrirían nuevas formulaciones desde La Galatea hasta el Persiles.

     Durante el siglo XVI, la presencia trinitaria en España llegó a ser muy significativa. El 29 de mayo de 1580, fray Juan Gil llegó a Argel en compañía de fray Antón de la Bella, uno de sus correligionarios. El 19 de septiembre de 1580, fray Juan Gil entregó el monto del rescate. En febrero de 1615, los trinitarios exigieron el retorno a costumbres más austeras. Fue enterrado Miguel de Cervantes según la regla de la Orden, en el convento de las Trinitarias Descalzas de San Ildefonso.

    Cuando Miguel de Cervantes embarcó en la galera Sol rumbo a España en septiembre de 1575, era ya un veterano de guerra. En 1575 decidió regresar a España. El 26 de septiembre, a la altura del cabo de Palamós, aparecieron cuatro galeras berberiscas al mando del corsario Arnaut Mamí. La Sol fue apresada tras breve resistencia y sus propios pasajeros encadenados. Según los cronistas, podía haber entre 20.000 y 25.000 esclavos en la ciudad en determinados momentos, la mayoría españoles, italianos y portugueses. Las calles de Argel resonaban en lenguas diversas: árabe, turco, castellano, catalán, italiano. Pero la riqueza y la vida cotidiana giraban en torno al negocio de los cautivos. En los baños, grandes edificios donde se hacinaban los cautivos, bajo vigilancia estricta y con pocas pertenencias, convivían soldados, campesinos, nobles arruinados, clérigos y mercaderes. Los baños eran galerías húmedas y mal ventiladas, con esteras en el suelo, un hedor insoportable y una vigilancia permanente. La vida en los baños era dura y monótona. Se dormía hacinado, se comía mal y la suciedad era constante. Los prisioneros de alto valor podían quedar bajo custodia personal de un corsario o del propio dey y gozaban de cierta movilidad a la espera de rescates. La espera podía prolongarse años, y no todos tenían la suerte de ser redimidos[6].

    El primer intento de fuga se produjo en 1576. El segundo intento fue más ambicioso. En 1577 organizó un plan que involucraba a sesenta cautivos. Los fugitivos fueron apresados y Cervantes se declaró único culpable. El tercer intento tuvo lugar en 1578. Su cuarto y último plan, en 1579, fue quizá el más arriesgado. El rescate de cautivos cristianos en el Mediterráneo del siglo XVI fue una tarea ingente que absorbió recursos de familias, comunidades religiosas y de la propia monarquía. La Orden de la Merced y la de la Santísima Trinidad se dedicaban desde el siglo XIII a rescatar cautivos cristianos. El 19 de septiembre de 1580, Miguel de Cervantes fue liberado. Sus compañeros lo despidieron como un héroe.

     Cervantes transformó la experiencia del cautivo en Argel en materia literaria. La experiencia del cautiverio en Argel dejó una huella indeleble en la obra cervantina. En varias comedias tempranas, como El trato de Argel y Los baños de Argel, recrea la vida de los prisioneros, las negociaciones de rescate, las tensiones entre musulmanes y cristianos y la esperanza siempre frustrada de la fuga. También en Don Quijote arranca la sombra de Argel. El célebre episodio del “cautivo” en la primera parte es una trasposición literaria de su propia experiencia. Su experiencia en Argel le enseñó el valor de la resistencia individual frente a la adversidad, la ironía como refugio ante el sufrimiento y la dignidad del ser humano incluso en la esclavitud. La literatura posterior – incluyendo el episodio del “cautivo” en el Quijote – refleja una notable sensibilidad hacia la fraternidad masculina en situaciones extremas.

La polémica sobre la definición sexual de Cervantes

    Miguel de Cervantes estuvo cautivo en Argel cinco años de su vida, desde 1575 a 1580. Argel tiene una gran fuente de ingresos: el pago de los rescates. Pero también un mercado inmenso que hay que alimentar, cubrir sus necesidades y lujos. En octubre de 1580 Cervantes termina llegando a Valencia, después de cinco años de cautiverio en Argel. Un viaje a Orán en 1581 para servir de correo al servicio de Felipe II será su última incursión en aguas mediterráneas. A principios de septiembre de 1575, parte de Nápoles una flotilla de cuatro naves. En una de ellas, la galera Sol, viajaban Miguel de Cervantes y su hermano Rodrigo. Una tormenta dispersa el escuadrón y la galera Sol es apresada el 26 de septiembre por el corsario argelino Arnaute Mamí cerca de las costas catalanas. Rodrigo fue rescatado por los mercedarios en 1577 y Miguel, tres años después por los trinitarios. Tuvo distintos amos: desde 1575 a 1577, Dalí Mamí, el capitán de la galera que interceptó la suya, y luego Hazán Bajá, que fue nombrado gobernador de Argel en junio de 1577. El 19 de septiembre de 1580, el trinitario Juan Gil consigue pagar el rescate de 500 ducados de oro a Hazán Bajá. Hasta el 24 de octubre, Juan Gil no consiguió barco para poder llevar a los últimos ocho redimidos a España. Tres días después desembarcaron en el puerto de Denia. Un nuevo apellido, Saavedra, remite al apodo como se le conocía en los baños de Argel: “el tullido”[7].

     La biografía de Cervantes es una construcción a lo largo de los siglos, donde se han entrelazado, de manera inevitable, la escasez de datos documentales con la necesidad de convertirlo en modelo de conducta según los patrones imperantes en cada momento histórico. Solo el éxito editorial de las Novelas ejemplares estaba la altura de la difusión del Persiles. Aún hoy en día tenemos que seguir haciendo esfuerzos por reivindicar al Cervantes poeta o al Cervantes dramaturgo. 1580 es el año en que volvió a Madrid con 33 años. En los primeros meses de 1581, llega a Madrid. La literatura de cautivos es muy popular en aquella época y gusta, sobre todo, en los recién creados corrales de comedias. Cervantes ha permanecido cinco años cautivo; su escritura puede enriquecerse con sus propias experiencias. No debe extrañarnos que el Cervantes escritor introduzca a personajes con el apellido Saavedra en algunas de las obras que escribe a su vuelta de Argel. Con solo citar “Saavedra”, Miguel incorpora como apellido lo que no era más que un mote en tierras argelinas[8].

    Comencemos con Los tratos de Argel, una de las comedias que Cervantes estrena en los corrales de comedias a su vuelta del cautiverio en 1580. Con el ropaje como valedor de la fe cristiana en tierras de moros se viste el primer personaje de Saavedra. La segunda de las apariciones saavedrianas aparece en la Historia del cautivo en el capítulo 40 de la primera parte del Quijote. Una obra que los críticos defienden que pudiera estar ya escrita alrededor de 1590. El valiente soldado español solo busca la libertad, aun jugándose la vida en el intento. La Topografía e historia general de Argel será el primer libro conocido que habla de Cervantes en Argel. Y lo hará en unos términos muy semejantes a los del Cervantes personaje que el propio autor complutense había diseñado en su Historia del cautivo en la primera parte del Quijote. La Topografía e historia de Argel termina publicándose en 1613, cuando todavía Cervantes está vivo.

     Las tres obras cervantinas sobre el tema de la sodomía son la Historia del cautivo en la primera parte del Quijote – publicada en 1605, pero escrita hacia 1590 – y las obras de teatro Los tratos de Argel – hacia 1583 – y Los baños de Argel – 1615 -. Antonio de Sosa dejó constancia de la cotidianeidad pública de la sodomía, de las relaciones amorosas entre hombres. Miguel de Cervantes llega al cautiverio con 28 años. Todos en esta ciudad hacen demostración pública de sus relaciones sodomitas y se acompañan de sus novios. Y entre todos, los que corren más peligro son los cautivos más jóvenes. El reniego ofrece a un cautivo cristiano poder dejar de ser un esclavo y convertirse en un hombre libre. Pero además poder gozar de una sexualidad más libre y abierta. Y poder tener la oportunidad de ascenso social. Todo está reglado en el secuestro de personas y bienes en el Mediterráneo. Todo está organizado bajo la supervisión del imperio turco, que es quien nombra al rey de Argel cada tres años. Los jóvenes y las mujeres hermosas eran los más solicitados. Los cautivos de rescate se guardaban en los baños del rey o de los grandes señores, sin tener que hacer otra cosa que estar a la espera de un rescate. Un esclavo, un cautivo podía llegar a ser rey de Argel. Así le sucederá a Hazán Bajá. Hazán Bajá fue rey de Argel durante los últimos años de cautiverio de Cervantes.

    Hazán el Veneciano, el rey de Argel desde 1577 a 1580 y el último de los amos de Miguel de Cervantes, es un rey joven que llega a Argel recién cumplidos los treinta años. Hazán Bajá y Cervantes tienen la misma edad. Tomó para sí a todos los cautivos de rescate que había en Argel. Durante los tres años de su reinado, se hace necesario fortalecer las fortificaciones de la ciudad. Son también años de malos resultados en el corso y de una gran hambruna en la ciudad. La noticia de los orígenes de Hazán Bajá será recordada por el capitán Viedma en la Historia del cautivo.

    Después de Lepanto, pasa a ser Cervantes un soldado aventajado, por lo que recibirá un aumento de su soldada, así como una ayuda para curarse de sus heridas. El siglo XIX va a comenzar con el descubrimiento de la Información de Argel. La Información de Argel es el documento que está en la base de buen número de las teorías sobre la homosexualidad de Cervantes. Miguel de Cervantes la realizará en Argel, unos días antes de tomar el barco que le devolverá a España.

    Argel es una oportunidad para personajes inquietos e ingeniosos, como el propio Cervantes. Argel es un canto a la libertad sexual, donde el sexo es algo cotidiano y público. Nos encontramos a finales de 1577. Estamos ante el primer encuentro entre Hazán Bajá y Miguel de Cervantes. Hazán Bajá lleva solo unos meses en Argel, pero es una ciudad que conoce muy bien. Miguel de Cervantes lleva más de doce años cautivo en el baño de Dalí Mamí, el capitán de la nave que lo capturó ante las costas catalanas en 1575. Hazán Bajá y Cervantes tienen casi la misma edad. Los ricos ropajes del rey contrastan con las pobres vestimentas del cautivo. A partir de este momento, Miguel de Cervantes pasa a ser esclavo de Hazán Bajá y a vivir en su baño. Y desde este momento hasta instantes antes de que Hazán Bajá abandone Argel en septiembre de 1580 rumbo a Constantinopla, el cautivo Miguel de Cervantes será uno de los cautivos más solicitados, más queridos y admirados en el espacio más privilegiado e importante entre los cautivos argelinos: el baño de Hazán Bajá.

    Volvemos a 1578. Uno de los hombres más influyentes, ricos y necesarios del Mediterráneo berberisco, Agi Morato aparece como un personaje en la Historia del cautivo quijotesca: el padre rico de Zoraida. Su hija, al quedarse viuda en 1578, contrajo matrimonio con Hazán Bajá.

     Fernando VII será el promotor de la primera estatua de Cervantes en una plaza madrileña. Y la estatua de Cervantes se volvió bronce y mármol en julio de 1835 en Madrid. Está frente a las Cortes. Un Cervantes mito que se ha consolidado en cientos de estatuas en tantas plazas de todo el mundo, en nombre de avenidas, calles, teatros, bibliotecas, centros culturales y hasta un parque temático en la Mancha. En 1879 se inauguró la estatua que preside la plaza de Cervantes en Alcalá de Henares. Los archivos y bibliotecas comenzaron a proporcionar nuevos documentos cervantinos.

     El tiempo de las teorías “queer” sobre Cervantes tendrá su momento en los años ochenta del siglo XX. Y será en este momento cuando aparezcan los primeros estudios sobre Cervantes que querían leer de otro modo su vida heroica y ejemplar. Y los nuevos aires procedentes de Francia y de Italia se adentran en la sexualidad de Cervantes. Arrabal dedicó un libro a algunos aspectos de la biografía cervantina en 1996: Un esclavo llamado Cervantes en su traducción española de este mismo año. Estamos ante el primer libro que en español se atreve a hablar de la homosexualidad de Cervantes. A la hispanista italiana Rosa Rossi le debemos, con solo dos ensayos, el haber dado forma final al mito de la homosexualidad de Cervantes. Rosa Rossi, en su Tras las huellas de Cervantes, cree ver en la aparición de Hazán Bajá en varias obras de Cervantes una de las condiciones básicas del enamoramiento. Un enamoramiento que viene de un territorio común: el amor por la literatura. El ingenio de Miguel de Cervantes por crearla, la pasión de Hazán Bajá por consumirla. Así se lo ha imaginado el siempre genial Alejandro Amenábar en su película El cautivo.

    Las acusaciones de sodomía son un lugar común también en la literatura erótica del Siglo de Oro.

Alejandro Amenábar y El cautivo

       Emma Lira ha hecho una novelización a partir del guion de Amenábar. Al igual que Rodrigo, Miguel estaba asustado y agotado. Argel era el refugio de aquellas hordas de piratas berberiscos que atacaban barcos españoles y robaban mercancías genovesas. Era el baluarte otomano más cercano a España. El comerciante levantó el brazo desnudo, que caía como sin vida a su costado y observó las cicatrices aún rojizas y la mano que pendía de él, delgada y sin fuerza. Miguel acababa de identificarse como soldado de la escuadra que había infligido a los otomanos la mayor derrota de los últimos tiempos. Los baños del bajá eran aquel recinto anexo a su palacio, donde los rehenes esperaban, hambrientos y humillados, el rescate o la muerte. Desde su rinconcito rodeado de libros y legajos, el padre Antonio de Sosa los observó con curiosidad mal disimulada. Era un hombre anciano y no era conflictivo. Frente al desánimo de sus compañeros, Miguel se había aferrado desde el primer momento a las letras como a una tabla de salvación[9].

    Amanecía. Miguel alzó la vista hacia aquella ventana desde la que, el día de la visita de los trinitarios, una mano finamente enjoyada le había negado la libertad. La celosía estaba cerrada y se adivinaba el flamear de una vela detrás. Un aplauso espontáneo coreó su actuación. Cervantes saludó a su público como en una representación teatral. Miguel podía oír incluso esa voz grave, melosa y levemente teñida de acentos árabes que imaginaba en Zoraida. El personaje era ya tan real en su imaginación como en la febril mente de sus compañeros. Joven, de ojos oscuros, melancólicos y exquisitamente maquillados. Su mano se movía inquieta empuñando una pluma invisible escribiendo unos versos sobre su muslo, alternando las frases de la hija del bajá y el cautivo, cuyas vidas acababan de cruzarse fugazmente en el escenario de los baños de Argel. Los baños de Argel no era un mal título. En teatro sonaría exótico y sugerente. Fijó su vista en la misteriosa ventana abierta en la fachada. Frente a él, a contraluz de alguna tea colocada en el interior, una esbelta figura se recortaba detrás de la celosía de madera. Como si tampoco ella pudiera dejar de estar pendiente de lo que sucedía en el patio.

    Un auténtico hidalgo español; pobre, prepotente y orgulloso. Estaba sentado a la otomana, escribiendo sobre unos pliegos mugrientos. Caminó lentamente, con sus viejas botas rotas y polvorientas y esa mirada perpetua de asombro. Y luego limpio, con jubón nuevo, con un calzado digno y una barba cuidada. Bien formado. Filoso. Algo más joven que Hasán. Ahora estaba arriba, detrás de la ventana de celosía que él veía desde el patio. Tenía sangre en el cuello y la barbilla, ojos de loco y el oscuro pelo alborotado.

    En breve el sol caería inclemente sobre Argel, pese a la época del año. Y volvió imperceptible el rostro hacia la fortaleza que se alzaba amenazante en la colina. Parecía que Miguel se encontrara en un sueño. En su interior, la barbería era un espacio fresco y acogedor. Miguel relató parcialmente a Abderramán la historia de su captura, el rescate de su hermano y su libertad fugaz y repentina. Sucio, tullido, andrajoso, con cadenas en los pies y mirada perdida, no destacaba en absoluto en aquel abigarrado puerto que acogía de grado o por fuerza gentes de diferentes razas, físicos, sexos, credos y condición.

    Su representación había gustado. Su historia había tocado el corazón de los espectadores hasta el punto de que habían sufrido, llorado, reído y amado con todos y cada uno de los personajes. Cervantes sonrió ligeramente azorado, pero estrechó la mano del morisco Sidi Ahmed, con calor. Miguel abría y cerraba volúmenes, revolvía algunos de ellos o acariciaba portadas con mimo. Y así fue como Miguel de Cervantes empezó a buscar las mejores historias para el bajá. Era fácil saber cuándo la historia había sido de su agrado, porque Miguel volvía sonriente y ufano. Depositaba el libro elegido en el parco escritorio de Antonio de Sosa para quedara protegido hasta su regreso. Por cada historia que le complacía, el bajá le regalaba un día de libertad. Miguel debía volver a los Baños al anochecer. Y cada vez que se acercaba al puerto para ver el mar y el trasiego de barcos, buscando noticias desde España de manos de cautivos nuevos o de marinos libres. Quien no siempre era fácil de complacer era el bajá. Crítico, sagaz y meticuloso, escuchaba cada relato, diseccionando a los personajes y la trama.

    La embarcación se mecía en alta mar, surcando las olas en mitad de la oscuridad, tripulada por ocho remeros cristianos. El cautivo y sus compañeros estaban a bordo, repartidos por el escaso espacio. Volvían a casa, pero el ambiente a bordo era de absoluta tristeza. Un puñado de cristianos cautivos huía de Argel. Era deslenguado e ingenuo. El zoco constituía otro de los lugares que frecuentaba siempre. La librería de Sidi Ahmed era una parada imprescindible. Su mente viajaba en los relatos que dejaba a medias de un día para otro, en ideas en las que sustentar nuevas historias o en los libros que se llevaba para leerle al bajá.

    El patio se levantaba con un aire distinto cada mañana. Treinta cautivos cada día. Cervantes salía cada día con ellos y dirigía el grupo. Con el tiempo se había liberado de los pudores cristianos. El mundo lleno de experiencias sensoriales de los baños le sorprendía. Antonio de Sosa entró en la barbería guiado por Miguel. El muchacho no se atrevió a alzar el rostro frente a De Sosa. Bernardo le miró con los ojos bañados en lágrimas. Su Bernardo, ahora ya sí, había muerto para él.

    El paso de Miguel se volvió aún más vacilante a la vista de la horca. Cervantes detectó la presencia del bajá y fijó en él su mirada. Le sorprendió el dolor que irradiaba su rostro. El cuerpo de Miguel se separó del suelo y comenzó a contorsionarse en el aire, con las manos atadas a la espalda. Muley destensó inmediatamente la soga y el cuerpo de Miguel cayó pesadamente al suelo. Hasán, famoso por su crueldad y su falta de compasión, había mandado detener una ejecución. Sus heridas habían sanado. Estaba limpio, bien vestido. Me miró con aquellos ojos oscuros y tristes. Mulay trajo a Miguel, maniatado.

    El epílogo de la novelización se fecha en enero de 1605. Cervantes escribió la historia de El Cautivo. Y la de Los baños de Argel. Y las llenó de los personajes que había encontrado allí. El país al que volvió no era el que había dejado. Encontró a Abderramán y le visitó en su venta junto a los molinos. Sus obras se publicaron. Se llenaron las plazas.

    En la novelización de Emma Lira, aparece un primer capítulo que Amenábar no incluyó en la película, fechado en Constantinopla, en abril de 1605. En la novelización y el guion, De Sosa está en el patio de los baños del Bajá cuando los Cervantes llegan, pero en realidad el portugués llegó a Argel después de que lo hiciesen los Cervantes y también se fue después de ellos. Además, se atribuye a Sidi Ahmed el papel de suministrador de libros e historias para Cervantes, pero en la película esa misión es el religioso Antonio de Sosa quien la desempeña.

    Amenábar cree que “Argel marcó a Cervantes como víctima, pero lo enriqueció como artista”. Su nueva película promete abrir un debate sobre la sexualidad de Miguel de Cervantes. El director culmina con El cautivo un proceso de ocho años. Amenábar ignoraba cuando empezó a trabajar en la película que Cervantes pudiera haber mantenido allí una relación homosexual. “Todo empezó hace años. Esta es una película multigénero y, como la obra de Cervantes, con toques de humor. Esta es la época interesante de su vida, cuando se revela su genio. La historia conecta muchísimo conmigo porque habla de la libertad individual”. El español Julio Peña es Cervantes y el italiano Alessandro Borghi, el bajá de Argel. Amenábar explora en esta película la relación entre ambos. El tema no es la posible homosexualidad de Cervantes, sino el trauma del cautiverio. Es un trauma recurrente en su obra, lo que ningún historiador rebate es que hubo una conexión especial entre él y Hasán Bajá, y que este se acostaba con hombres. “De hecho, Cervantes se resiste. Será el público quien decida si sentía una atracción por el bajá o se dejó querer para salvar la vida. El plano del beso no estaba en el guion. Argel era infinitamente más libre, con una cultura abierta y donde el deseo homosexual no estaba perseguido”. La octava película de Amenábar está salpicada de referencias (unas más sutiles que otras) a la obra de Cervantes[10].

    Como es habitual, dirige, escribe, produce y compone la banda sonora de este drama carcelario y de aventuras que propone un melodrama gay para hablar de la necesidad eterna de soñar y contar historias. El cautivo (España, Italia, 2025, 134 minutos). Drama. “Parte de la película es un drama carcelario para el que tuve de referencia Cadena perpetua. En contraposición a esta vida en la cárcel trabajamos mucho la escena en la que Miguel se permitió abandonar por primera vez la prisión y la fascinación que le provocó el exterior. Necesitaba mostrar lo exuberante y cosmopolita de ese Argel en pocos planos”. Miguel Rellán “tiene 83 años y no para de trabajar. Rodar con él es maravilloso. Interpreta a Antonio de Sosa. Conocemos la topografía de Argel por sus documentos, en los que nos hemos basado para construir la prisión donde ocurre la parte de la trama. Hemos recreado ese mundo en Alicante y alrededores”[11].

    Fue Fernando Bovaira, productor habitual de Alejandro Amenábar, quien le habló por primera vez de la vida de Cervantes durante su cautiverio en Argel. Hace ocho años comenzó su inmersión en Cervantes leyendo libros de historia, algunos ensayos y biografías del escritor, pero también su propia obra, Quijote incluido. Julio Peña nació en San Sebastián en 2000[12].

    El cautivo se basa en una historia de Alejandro Amenábar y Alejandro Hernández. Música de Alejandro Amenábar. Blanco de Paz fue interpretado por Fernando Tejero. El Dorador, por Luis Callejo. Diego Castañeda fue incorporado por José Manuel Poga. Y Abderramán, por Roberto Álamo. Se estrenó el 12 de septiembre de 2025. Duración: 134 minutos. Versión original en español, árabe e italiano con subtítulos en castellano. Julio Peña es un actor italiano que ha trabajado en A través de mi ventana, A través del mar, A través de tu mirada… Alessandro Borghi es un actor italiano que ha colaborado en títulos como Suburra, Una historia de amor italiana… Miguel Rellán es un actor y guionista que ha trabajado, entre otras películas, en El crack, Asesinato en el comité central, La colmena, Las bicicletas son para el verano, Tasio, Luces de bohemia, El viaje a ninguna parte, ¡Ay, Carmela!… Fernando Tejero es un actor cordobés que, entre otras muchas películas, ha participado en Días de fútbol, El penalti más largo del mundo, Modelo 77…[13]

 Cada película de Alejandro Amenábar (Santiago de Chile, 53 años) es un acontecimiento, pero el runrún que ha precedido a El cautivo no tiene precedentes. Una película que planteaba la posibilidad de que Miguel de Cervantes, al que da vida Julio Peña, fuera homosexual o bisexual. “Al principio me lo planteé como una historia de aventuras, pues todas las peripecias parecían salir de una novela de Alejandro Dumas”. “Yo creo que Pérez – Reverte puede haber conectado con esta historia porque, aunque no hacemos más que hablar del lado sexual, es un homenaje al arte de contar historias y Arturo es un maestro en eso”[14].

    Carlos Boyero asegura que “Solo me despierto cuando aparece el notable y creíble Miguel Rellán dando vida, cercanía y humanidad a un personaje que puede conmover”[15]. Fernando Tejero afirma que Cervantes es un “homosexual homófobo”. En el siglo XVI, la homosexualidad era un problema, pero hoy en día no lo debería ser, según Alejandro Amenábar. Fernando Tejero dice que soñaba trabajar con Amenábar. Tejero se fue a Madrid a estudiar arte dramático con 27 años. Lorca le apasiona como actor y como persona. López Vázquez dijo que él era un actor de los de antes, intuitivo[16].

    José Manuel Lucía Mejías, biógrafo de Cervantes, interviene en el guion de la película. Lleva más de veinte años trabajando sobre su vida. Sobre Cervantes solo tenemos documentación administrativa. En 1613 se autorretrataba en sus Novelas ejemplares. Cervantes nunca dejó de escribir y de leer, pero lo que publicó en sus tres últimos años de vida es lo más importante de su obra. La Galatea tuvo cierto éxito. Veinte años después, lo tiene también el Quijote, pero decae entre 1608 y 1613. En 1613, empieza a publicar las Novelas ejemplares, con las que se reivindica como narrador. Es el primer escritor que publica sus obras teatrales. En 1615, sale la segunda parte del Quijote. Cervantes muere en 1616. No llegó a terminar el Persiles. Juan de Jáuregui hizo el que se considera su mejor retrato. La segunda parte del Quijote fue un gran éxito. Cervantes hizo la Información de Argel para demostrar que no tuvo tratos con el enemigo. Cada personaje de ella cuenta cómo se ha comportado el protagonista. Sancho se comunica en el Quijote a base de refranes. Don Quijote, en cambio, habla como un libro. La imagen emblemática del autor es la del retrato del siglo XVII, descubierto en 1911, pero se había modificado. Miguel Rellán lo interpretó en Las gallinas de Cervantes, basada en un relato de Sender. Las teorías del homoerotismo de Cervantes vienen de la historia. Arrabal escribe Un esclavo llamado Cervantes en 1991, donde fabula sobre el tema. La película de Amenábar lo humaniza desde la fantasía. Lucía Mejías le insistía en algunos temas a Amenábar. El término Saavedra arranca de su época en Argel, pero luego lo abandona. Según Luce López – Baralt, un filólogo árabe le dijo que Saavedra significa “brazo torcido”. “Bien barbado, alto y con el brazo estropeado” lo describieron los trinitarios que lo rescataron. Saavedra pudo venir de allí o bien de los Montes de León (los Saavedra), pero más adelante Cervantes abandona este segundo apellido. Cortina era el apellido materno[17].

    Miguel de Cervantes tuvo una vida de novela, una vida de aventuras y de constante construcción…, materiales idóneos para cualquier ficción, como lo es El cautivo, de Amenábar. José Manuel Lucía Mejías es asesor filológico y cervantista. Ha trabajado en el guion para que los diálogos fluyeran como necesita una película actual, con el cuidado de que todo lo que se escuchara pudiera haberse oído también en los Siglos de Oro. Y también ha trabajado con la Dirección de Arte para ambientar la película[18].

    La película es una buena reconstrucción histórica de la época. La dirección, el guion y la música son de Amenábar. Lo más duro son los castigos infligidos a los presos. Julio Peña hace un joven Cervantes, delgado y con su lado izquierdo maltrecho. La historia comienza cuando ya Cervantes es vendido. Son buenas las secuencias que figuran la ciudad de Argel y se hace un estudio de la vida social, sexual, económica, política y de costumbres de la época. El reparto está bien elegido, con mención especial a Julio Peña, Miguel Rellán, Fernando Tejero… Y las escenas marítimas, no demasiadas, están bien rodadas, en especial las de Zoraida y su padre.

    Hay guiños al Quijote: el trinitario que le libera y su compañero, la bacía del barbero, los molinos de viento y las tierras de la Meseta agostadas al final… Contrasta el lujo del Bajá con el patio pobre y triste en donde malviven los prisioneros. Pero Cervantes disfruta de especial trato por su gracia para inventar y contar historias (una referencia a Las mil y una noches, de Pasolini) y por su apostura. Julio Peña hace un Cervantes sobrio, incluso borracho o en el burdel de Alonso, que al final se fuga. Fray Antonio de Sosa, interpretado por Miguel Rellán, es de lo mejor de la película, siempre rodeado de libros y mapas e impulsando a Cervantes a escribir. Le pronostica que será un hombre de letras. Miguel se beneficia de la buena voluntad del Bajá y, a su vez, beneficia a sus compañeros.

    La acción de la película comienza con la venta de esclavos en un mercado público de Argel. Se elude la etapa inicial de la captura de Cervantes, tripulantes y demás viajeros de su barco, capturados por los corsarios cerca ya de la costa catalana y llevados a Argel. Las escenas marítimas fueron rodadas con cielo cubierto y mar en calma. Hasán Bajá es un personaje matizado: suele ser despiadado y llega a enamorarse del cautivo. Es ambiguo sexualmente y, en su origen, era cristiano y vio cómo de niño los moros mataban a su madre. Nació en Venecia, pero fue capturado y adoptado, renegó y terminó como bey de Argel, antes de marcharse a Constantinopla al final de su mandato.

    El tema de la religión está muy presente. Los renegados gozaban en Argel de libertad, más permisividad sexual y podían ascender socialmente y adquirir bienes y propiedades, e incluso trabajaban como traductores o secretarios de sus nuevos dirigentes. Hay cierto maniqueísmo en el tratamiento de los personajes: Cervantes y el fraile que le rescata son buenos y valientes. Antonio de Sosa, que fue capturado poco después de Cervantes y liberado unos años más tarde, es el hada buena de Miguel, pero tuvo un hijo que se prostituyó en una barbería de Abderramán (Alonso), otro renegado al que Cervantes convence de que huya.

    Su actividad valiente y su imaginación y el don de contar historias le hacen ser apreciado por sus compañeros y por Hasán Veneciano. Contrasta la suciedad, pobreza y malos tratos que sufren los cautivos con la abundancia y comodidades de que disfrutan el escritor de Alcalá y el Bajá. El patio de los baños está cercado por murallas, pinchos, guardianes y una puerta que Cervantes consigue traspasar, así como lo hacen cada mañana treinta compañeros de cautiverio para salir a trabajar. De Sosa goza del privilegio de tener su escritorio con material de escritura y libros. Cervantes le pide prestados ejemplares y allí encuentra el Lazarillo de Tormes, que hace las delicias de Hasan y sus más allegados, que se ríen de las travesuras de Lázaro que sufre el ciego.

    Destaca la interpolación del relato del cautivo, que fue incluido en el Quijote y que aparece en la acción de la película. Zoraida está enamorada del cautivo, pero traiciona a su padre y a su religión por aquel. La música puede ser dramática o festiva. Las escenas más escabrosas están sugeridas, pero la brutalidad está muy presente (ahorcamiento, mutilación de orejas, apaleamientos…). Personaje interesante es Dorador (Luis Callejo), que destaca que también los cristianos persiguen a los musulmanes y maltratan a sus cautivos, lo que por otro lado era cierto. Se destaca que Cervantes valía más como narrador de historias y escritor que como militar. De Sosa será su apoyo moral y recopila datos y conocimientos sobre Argel para sus propias obras. Su obra apareció atribuida a Diego de Haedo, editor que era sobrino de un obispo, pero acabó siendo reconocido como su autor.

    Cervantes volvió al norte de África a los pocos meses de ser liberado, en labores de espionaje. La película tuvo gran repercusión tras su estreno, tanto entre el público como en la crítica. Los molinos de los últimos planos recuerdan la serie de Gutiérrez Aragón.

    Hasta el 24 de octubre de 1580, el trinitario Juan Gil no consiguió embarcación para llevar a los últimos redimidos hasta Denia y dar fin a sus años de cautiverio con unas celebraciones religiosas en tierras valencianas. En 1580, Cervantes cuenta 33 años. Cervantes nunca conocerá una ciudad más cosmopolita, más abierta, más generosa que Argel. Argel sorprende por su riqueza, por su variedad, por su grandiosidad… y también por la libertad sexual. Los mejores cautivos esperarán la llegada del pago del rescate en el baño del Bajá, el más importante y prestigioso. Y allí estará Miguel de Cervantes en 1577, cuando llega el nuevo Bajá, Hazán el Veneciano, que será su amo en los últimos tres años de su cautiverio[19].

    La debutante Luna Berroa forma parte del reparto de la película, estrenada el 12 de septiembre de 2025 en los cines. Amenábar comenzó a trabajar en ella hace ocho años. Una película que ha contado con José Manuel Lucía Mejías como asesor cervantista.

Los lugares de rodaje

   Amenábar ha rodado El cautivo, sobre lo que pasó Miguel de Cervantes prisionero en Argel, en lugares como el castillo – fortaleza de Santa Pola, el castillo de Santa Bárbara de Alicante, el palacio de los condes de Cervellón de Anna o el Real Alcázar de Sevilla. Un homenaje a la supervivencia y a la capacidad fabuladora de quien años después crearía el Quijote, que no ha dejado de alimentar fantasías sobre el papel, la pantalla y cualquier otro formato[20].

                                                                   


[1] TEMPRANO, Emilio: El mar maldito. Cautivos y corsarios en el Siglo de Oro.   Madrid: Mondadori, 1989.

[2] SOLA, Emilio; DE LA PEÑA, José F.: Cervantes y la Berbería (Cervantes, mundo turco – berberisco y servicios secretos en la época de Felipe II).    México: Fondo de Cultura Económica, 1995.

[3] GARCÉS, María Antonia: Cervantes en Argel. Historia de un cautivo.    Madrid: Gredos, 2005.

[4] SOLER, Isabel: Miguel de Cervantes. Los años de Argel.    Barcelona: Acantilado, 2016.

[5] CANAVAGGIO, Jean: Diccionario Cervantes.   Madrid: Centro de Estudios Europa Hispánica, 2020.

[6] IZQUIERDO, José María: “El cautivo de Argel. Cervantes y sus cinco años de cadenas y memoria”.    Clío, nº 287 – 288, pp. 74 – 85.

[7] LUCÍA MEGÍAS, José Manuel: “En Argel. Un cautivo llamado Miguel de Cervantes… Saavedra”.    Cervantes, el príncipe de las letras.    Madrid: Muy Interesante, 2024.

[8] LUCÍA MEGÍAS, José Manuel:  Cervantes íntimo. Amor y sexo en los siglos de oro.    Barcelona: Plaza & Janés, 2025.

[9] LIRA, Emma: El Cautivo. Basada en un guion de Alejandro Amenábar.   2ª ed.   Barcelona: Planeta, 2025.

[10] GOITIA, Fernando: “Amenábar”.   XL Semanal, 31 de agosto al 6 de septiembre de 2025.

[11] PÉREZ, Laura: “Alejandro Amenábar”.    Fotogramas, nº 2.183, septiembre 2025.

[12] BERMEJO, Andrea G.: “El cautivo”.   Cinemanía, nº 360, septiembre 2025.

[13] El Cautivo. Una película de Alejandro Amenábar. Renoir.

[14] CORTÉS, Iker: “Alejandro Amenábar: ‘Tratar la homosexualidad de Cervantes en el siglo XXI no debería ser polémico’”.    El Norte de Castilla, 11 septiembre 2025, p. 40.

[15] BOYERO, Carlos: “Desconcertado, aunque indiferente, ante el cautiverio de Cervantes”.    El País, 12 septiembre 2025, p. 43.

[16] Días de cine, 13 septiembre 2025.

[17] LUCÍA MEJÍAS, José Manuel: Conferencia en la Casa de Cervantes de Valladolid, 17 de septiembre de 2025.

[18] LUCÍA, José Manuel: “La sexualidad en el Siglo de Oro debía estar más presente en la vida cotidiana de lo que creemos”.   El Norte de Castilla, 17 septiembre 2025, p. 43.

[19] LUCÍA MEJÍAS, José Manuel: “Un cautivo llamado Cervantes”.    La Aventura de la Historia, nº 324, octubre 2025, pp. 24 – 31.

[20] PIÑEIRO, Raquel: Un país en la pantalla. España a través del cine y las series.    Barcelona: geoPLaneta, 2025.

«Ni Wells, ni Verne, ni Kepler: El primer astronauta de la literatura fue español»

El español que viajó a la Luna un siglo antes que la ciencia

Imagen creada con IA (Gemini.Google.com)

Si hiciéramos una encuesta sobre quién fue el primero en imaginar un viaje a la Luna o una sociedad utópica en las estrellas, los nombres de H.G. Wells, Julio Verne o incluso el astrónomo Johannes Kepler saldrían a relucir de inmediato.

Sin embargo, la historia oficial tiene una deuda pendiente con el humanismo español. Es un error común olvidar las raíces hispánicas en la proto-ciencia ficción. Mucho antes de que la ciencia ficción fuera un género con nombre propio, y casi un siglo antes de que Kepler escribiera su famoso Somnium, un conquense llamado Juan Maldonado ya había puesto sus pies en el satélite terrestre a través de la pluma.

En 1532, su obra homónima no solo rompió las barreras de la gravedad, sino que fundó las bases de lo que hoy llamamos ciencia ficción: el uso de mundos lejanos para diseccionar los pecados y las esperanzas de la humanidad. Aunque la historiografía oficial suele citar a Kepler, la obra de Maldonado de 1532 ya contenía todos los ingredientes: viaje, observación planetaria y el encuentro con «lo otro» (la utopía).

ObraAutorAñoHito principal
Historia VerdaderaLuciano de Samósata125-180 d.C.Primer viaje a la Luna.
SomniumJuan Maldonado1532Viaje a la luna y contacto con otras civilizaciones
SomniumJohannes Kepler1634Ciencia ficción astronómica real.
FrankensteinMary Shelley1818El uso de la ciencia para crear vida.
De la Tierra a la LunaJulio Verne1865Hard Sci-Fi (matemáticas y física).
La máquina del tiempoH.G. Wells1895El tiempo como cuarta dimensión.

La ciencia ficción no nació con Star Wars ni con los robots de Asimov; sus raíces son profundas y se mezclan con la filosofía, la sátira y el deseo humano de explorar lo desconocido.

Cierto es que la pionera absolutaen el viaje espacial en la literaturafue la obraHistoria Verdadera de Luciano de Samósata (Siglo II d.C.).  Aunque parezca increíble, en el siglo II ya se escribió sobre viajes a la Luna. Luciano de Samósata escribió esta sátira donde los protagonistas -mientras navegan en su barco- son arrastrados por un huracán hasta la Luna, donde encuentran una guerra entre el Rey de la Luna y el Rey del Sol por la colonización de «Lucero» (Venus).

Al medio día, cuando ya habíamos perdido de vista la isla, se levantó de repente un huracán que hizo girar la nave y la alzó cosa de trescientos estadios, y ya no la dejó caer al mar sino que el viento, empujando la vela e hinchando la lona, la llevaba hacia arriba en volandas por los aires. Tras correr por los aires siete días y otras tantas noches, al octavo día divisamos en el cielo cierta tierra enorme (la luna en realidad, como más adelante se indica) como una isla, brillante y esférica, resplandeciente de luz. Fuimos arrastrados hacia ella, atracamos y desembarca­mos.

Por tanto, esta obra contiene al menos dos ingredientes que caracterizan a las obras de ciencia ficción: un viaje espacial y contacto con civilizaciones alienígenas (extrañas y surrealistas, en este caso).

Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley (1818) es considerada por muchos historiadores la primera novela de ciencia ficción real. A diferencia de los mitos, aquí el «milagro» de la vida no ocurre por magia, sino a través de la experimentación científica y la electricidad. Su temática es la ética científica y la creación de vida artificial (precursora de los androides).

No obstante, por mucho que se empeñen los anglosajones, la literatura de ciencia ficción no empieza con ellos, de hecho, el cuadro temporal de este tipo de literatura es el que se ha expuesto con anterioridad.

Tenemos que recordar que incluso Tomás Moro escribió en 1516 su obra Utopía, acuñando el término para describir una isla con un sistema social, político y jurídico perfecto. Aunque es más un tratado político, sentó las bases para imaginar sociedades alternativas, careciendo de las otras características distintivas de las novelas de ciencia ficción.

El gran pionero olvidado: Juan Maldonado (Bonilla, Cuenca 1485-1554)

Juan Maldonado es el gran pionero olvidado, tan sólo ha sido recordado por Daniel García Valdés en su artículo “Somnium de Juan Maldonado: ¿primera novela de ciencia ficción de la historia?” artículo muy completo publicado en La Soga (revista cultural) el 13 de enero de 2020, artículo que me ha inspirado en poner en valor al clérigo conquense.

El conquense ha sido ampliamente estudiado y analizado por el brillantísimo catedrático Miguel Avilés, autor del magnífico libro Sueños ficticios y lucha ideológica en el Siglo de Oro, en el que disecciona a fondo el sueño de Maldonado y el de otros soñadores áuricos. A él dedico mi especial agradecimiento y reconocimiento por su excelso e infatigable trabajo.

Casi 100 años antes que Kepler, Juan Maldonado escribió “Somnium” (El sueño) en 1532, utilizando el recurso del sueño para narrar un viaje fantástico. En su obra, el protagonista vuela hacia la Luna y, desde allí, observa la Tierra.

El   Somnium de este humanista español está escrito en latín (está incluido junto a otras cuatro obras más, en su libro Quaedam opuscula nunc primum in lucem edita), en él relata que una noche de otoño, sale a las murallas de Burgos a contemplar el paso de un brillante cometa (el Halley) y mientras espera la hora en la que observarlo, se queda dormido.  En ese sueño es visitado por el espíritu de María de Rojas (hija de D, Diego de Osorio), esposa del también fallecido Pedro de Cartagena (persona vinculada con los intereses mercantiles de Burgos y miembro de la diputación representante de Burgos en los días de las Comunidades), la que le acompaña en su viaje mientras dormía:

«En los meses otoñares de aquel año (14 / 15 de octubre de 1532), en el que el César Carlos, rey de las Españas, rechazó de Panonia s Solimán, príncipe de los turcos y en que yo, en Burgos, comencé a enseñar humanidades, con sueldo oficial, apareció durante algunos días, por la parte de oriente, en las últimas horas de la noche, un cometa brillantísimo, de extraordinaria cabellera».

Junto con María de Rojas, cuenta como comienza a elevarse hacia el espacio, pero la forma de hacerlo, como una pluma, con la sensación física de abandonar la gravedad, es algo asombroso para la época, que Maldonado relata así:

«Corpus meum, levitate quadam inusitata praeditum, sensim a terra subvehi coepit»

(Mi cuerpo, dotado de una ligereza inusitada, comenzó a elevarse poco a poco de la tierra).

El uso de «levitate inusitata» es clave. No es un vuelo de alas (como el de Ícaro), sino una propiedad física del cuerpo que cambia al iniciar el viaje espacial.

Según se va separando de la Tierra y se acerca a nuestro satélite es consciente de la pequeñez del mundo frente a la ambición humana:

«Tota namque terra, quae nobis immensa videtur, ex illo sublimi loco vix puncti unius obtinebat speciem».

(Pues toda la tierra, que a nosotros nos parece inmensa, desde aquel lugar sublime apenas mantenía la apariencia de un solo punto).

Aquí aparece el término «puncti unius» (un solo punto). Es la frase perfecta para demostrar cómo Maldonado utiliza la geometría para desarmar la soberbia de los imperios.

En relación con su apreciación de la pequeñez de la Tierra, sus observaciones coinciden con los astronautas del Siglo XX: «Me di cuenta de que esa pequeña cosa, tan brillante y azul, era la Tierra. Levanté mi pulgar y oculté el planeta entero». (Jim Lovell, Apolo 8).

Inmediatamente después de ver el «punto», Maldonado reflexiona sobre la ridiculez de las fronteras:

«O hominum mentes caecas! Pro hoc puncto tot regna digladiantur, tantum ffunditur sanguinis».

(¡Oh, mentes ciegas de los hombres! Por este punto combaten tantos reinos, tanta sangre se derrama).

Utiliza el término «digladiantur» (combatir con la espada) para enfatizar la violencia física. Es una crítica política directa: desde la Luna, la guerra parece un juego absurdo de hormigas por un espacio inexistente.

Coincide en sus reflexiones de forma plena con las descripciones actuales, sobre el desapego material:

«Ves que las cosas por las que luchamos en la Tierra no tienen importancia desde esta perspectiva». (Yuri Gagarin / Russell Schweickart).

También sobre la fragilidad del planeta y de su unidad, sus observaciones son coincidentes con los cosmonautas recientes:

«Desde aquí no se ven fronteras nacionales… ese pequeño globo es tan frágil que deberíamos cuidarlo como a una joya». (Edgar Mitchell, Apolo 14).

Es preciso establecer aquí una conexión directa entre Juan Maldonado y el astrónomo Carl Sagan. En 1990, Sagan escribió sobre la famosa foto de la Tierra tomada por la sonda Voyager 1 desde 6.000 millones de kilómetros:

«Mira de nuevo ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestro hogar… En ese punto azul pálido, cada rey y cada campesino, cada pareja de enamorados, cada político corrupto… vivió allí».

Juan Maldonado se adelantó 458 años a esta reflexión. Mientras que para Sagan el «punto» era una evidencia fotográfica, para el humanista conquense era una evidencia ética. Maldonado no necesitaba un telescopio; le bastó el «telescopio de la razón humanista» para entender que la Tierra es un espacio compartido y minúsculo.

Cuando se acerca a su destino Maldonado describe la Luna no como un satélite muerto, sino como un mundo vibrante:

«Lunam non amplius sidus parvum, sed orbem quendam alterum, terris nostris non multo minorem, contemplabar».

(Contemplaba la Luna ya no como un pequeño astro, sino como otro mundo cualquiera, no mucho menor que nuestras tierras).

Definiendo la Luna como un «orbem alterum» (otro mundo). Esta es la base de la ciencia ficción: el reconocimiento de que existen otros lugares físicos con su propia realidad.

Y describe a los selenitas utópicamente cerrando la conexión con la sociedad perfecta a la que aspira:

«Incolae illi non aurum, non argentum, non opes, sed solam virtutem suspiciebant».

(Aquellos habitantes no admiraban el oro, ni la plata, ni las riquezas, sino solo la virtud).

Es el eco de la «Aurea Aetas» (Edad de Oro) y de la Utopía de Moro. Al negar el valor del oro y la plata, Maldonado está señalando directamente el motor de la conquista de América en su tiempo.

Maldonado utiliza el viaje también para descubrir una sociedad ideal en el «Nuevo Mundo» (América) la utopía americana, donde los habitantes viven en una comunidad perfecta, antes de que lleguen los conquistadores españoles, sin la corrupción de la vieja Europa, y todo esto apenas 40 años después del descubrimiento del nuevo continente por Colón. Por lo tanto, su temática es doble: viaje espacial y sociedad utópica.

No obstante, si comparamos ambos «Sueños», el de Maldonado es fundamental por su prioridad temporal, 1532 vs 1634, él soñó primero con las estrellas. Maldonado escribe en pleno Renacimiento, mientras que Kepler ya está en el inicio de la Revolución Científica.

Aunque comparten el título (Somnium), las obras de Juan Maldonado y Johannes Kepler representan dos caras fundamentales del origen de la ciencia ficción. Mientras que Johannes Kepler escribe desde la mirada del astrónomo, preocupado por cómo la Tierra se vería desde la Luna para demostrar las teorías de Copérnico (lo que hoy llamaríamos Hard Sci-Fi o ciencia ficción dura), Juan Maldonado se adelanta un siglo utilizando el viaje espacial como una herramienta de crítica social y política.

Para Maldonado, el ascenso a los cielos no es un fin científico, sino un medio para alcanzar una perspectiva global. Desde su posición privilegiada en el cosmos, el narrador observa la pequeñez de las ambiciones europeas y, al descender en el Nuevo Mundo, describe una sociedad utópica que sirve de espejo negativo para la España de su época.

«Esas -me respondió- son las tierras recién descubiertas a las que los españoles, que ocupan algunas de sus playas, llaman Tierra Firme. Creen haber encontrado un Nuevo Mundo. Pero, dejemos esto, pues es aquí donde te vas a quedar. Echa pie a tierra. ¿Ves aquella ciudad cercana? Allí darás con unas gentes que no tienen nada de malos. Desde allí será tu suerte la que te haga volver a tu patria».

Mientras Kepler nos enseñó cómo funcionan los astros, Maldonado nos enseñó que viajar a las estrellas sirve, sobre todo, para entender mejor lo que ocurre en la Tierra.

Maldonado es de los primeros en describir la sensación de «insignificancia» al ver nuestro planeta desde fuera, un tropo que se repetiría siglos después en obras como El juego de Ender o 2001: Odisea del espacio.

El futuro que soñamos desde el pasado

En última instancia, la obra de Juan Maldonado nos obliga a reescribir la cronología de la imaginación humana. Siglos antes de que la tecnología permitiera al hombre contemplar la curvatura de su propio mundo, este humanista conquense ya había orbitado la Tierra con la única fuerza de su intelecto erasmista.

Su Somnium no es solo una curiosidad bibliográfica o una pieza de proto-ciencia ficción; es el acta de nacimiento de la conciencia cósmica. Al reducir la soberbia de los imperios y las ambiciones de la conquista americana a la escala geométrica de un puncti unius, Maldonado no solo se adelantó al «Efecto Perspectiva» de los astronautas modernos, sino que lanzó un desafío ético que sigue vigente.

Para el canónigo de Cuenca, salir al espacio no era una huida, sino un ejercicio de regreso: alejarse lo suficiente de la Tierra para poder, finalmente, ver al ser humano sin las distorsiones del oro, el poder y la frontera.

Juan Maldonado, el primer navegante de lo invisible, nos enseñó que la verdadera frontera no está en la Luna ni en las nuevas tierras de América, sino en nuestra propia incapacidad de reconocer la fragilidad de ese punto insignificante que todos llamamos hogar.

Redescubrir a figuras como Juan Maldonado nos obliga a reescribir la genealogía de la imaginación humana. Durante mucho tiempo, hemos creído que la ciencia ficción fue un invento de la era industrial, una respuesta al vapor y al acero del siglo XIX. Sin embargo, la existencia del Somnium de Maldonado en 1532 nos demuestra que el anhelo por las estrellas y la búsqueda de sociedades perfectas —o el temor a las fallidas— es una constante del espíritu humano.

Maldonado no solo se adelantó a Kepler en el tiempo, sino que se adelantó a su época al comprender que el espacio exterior es, en realidad, un espejo del espacio interior. Sus viajes no buscaban solo conquistar el cosmos, sino encontrar una «utopía» que sirviera de cura para los males de su tiempo.

Hoy, cuando miramos hacia Marte o teorizamos sobre multiversos, no estamos haciendo nada distinto a lo que aquel humanista español hizo hace quinientos años: usar la frontera de lo imposible para preguntarnos quiénes somos y qué tipo de mundo queremos construir.

La ciencia ficción no nació en un laboratorio del siglo XIX, sino en los sueños de aquellos que, como Maldonado, se atrevieron a mirar la Tierra desde la distancia para entender su verdadera esencia. 

La ciencia ficción, en definitiva, no es una mirada hacia adelante, sino una mirada hacia arriba para vernos mejor a nosotros mismos. Antes de que la ciencia nos diera las alas, el humanismo español (un castellanomanchego) ya nos había dado el cielo.

Constantino López Sánchez-Tinajero.- Sociedad Cervantina de Alcázar

«El clima en tiempos de don Quijote vs. el tiempo en la actualidad»

Este era el título de la conferencia inaugural de los “Encuentros Legado Quijote”, «una iniciativa impulsada por la Diputación de Ciudad Real que nace con el propósito de mantener viva la huella de Cervantes y su obra más universal en la sociedad actual. Se trata de un proyecto integral que combina cultura, literatura, deporte y comunicación para reforzar la identidad de la provincia de Ciudad Real como tierra cervantina por excelencia»

Roberto Brasero en Alcázar de San Juan

El pasado día 1 de diciembre en el Museo Casa del Hidalgo de Alcázar de San Juan, Roberto Brasero, el conocido presentador del Tiempo en Antena 3, vinculó durante su amena conferencia el clima que Cervantes vivió durante la escritura del Quijote y el tiempo actual. Si en aquella época el clima en España, junto con toda Europa, estaba inmerso en la denominada Pequeña Edad de Hielo, hoy soportamos el Calentamiento Global, pero con muchas similitudes en el tiempo climatológico en esta parte de la Mancha.

Terminada la conferencia, además de los múltiples ejemplos que nos dejó del tiempo climatológico real que Cervantes describió en el Quijote, pude compartir con Brasero algunos fragmentos concretos en los que el lugar de don Quijote estaba precisamente descrito por el tiempo climatológico de principios del siglo XVII. Brasero conoce Alcázar de San Juan desde hace muchos años, ha sido pregonero de sus Ferias y Fiestas de septiembre y conoce la tradición cervantina de este lugar manchego.

Es de todos conocido el interés especial que Cervantes tuvo en no identificar con su nombre explícito el lugar de don Quijote: «En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…». Él solo conoce el motivo. Al contrario, sí lo hace su adversario Alonso de Avellaneda en su Quijote apócrifo en el que declara que es Argamasilla de Alba el lugar de su don Quijote: «Al Alcalde, Regidores, e hidalgos, de la noble villa de Argamesilla, patria feliz del hidalgo Cavallero Don Quixote de la Mancha».

Pero el Quijote que nos interesa es el de Cervantes. Esta novela es un testimonio real de la sociedad de su época y particularmente del lugar del ingenioso hidalgo manchego, del que sí nos deja datos precisos tanto de su morfología como de su entorno social y también del tiempo meteorológico que se vivió en aquellos años.

Comarca de don Quijote y Sancho dibujada en el Mapa Autonómico de Castilla-La Mancha 2011. IGN

Cervantes conoce bien el lugar que quiere hacer la patria chica de don Quijote y Sancho. También los lugares que sí cita en la novela, demarcando o estableciendo así los límites de la comarca de don Quijote, su hábitat social cercano:

-Tembleque

Tembleque es mencionado por Sancho Panza durante las explicaciones que daba a La Duquesa de su tan deseado cuento: «Y así, digo que llegando el tal labrador a casa del dicho hidalgo convidador, que buen poso haya su ánima, que ya es muerto, y por más señas dicen que hizo una muerte de un ángel, que yo no me hallé presente, que había ido por aquel tiempo a segar a Tembleque…» (2, 31)

Sancho Panza es un humilde jornalero en las faenas agrícolas del campo manchego. En época de la siega del cereal, si en un pueblo se acababa pronto el trabajo por una cosecha pobre debido al mal tiempo o por las temidas plagas de langosta que asolaban los campos enteros, los jornaleros no tenían otra opción que desplazarse a los pueblos vecinos más próximos donde pudiesen trabajar unos días y así poder llevar unos salarios más a casa, como le sucedió a Sancho, «que había ido por aquel tiempo a segar a Tembleque». La cercanía entre su pueblo y Tembleque es indudable.

-Quintanar de la Orden

Al final del Quijote de 1615 encontramos la segunda mención de Quintanar. Don Quijote lleva enfermo seis días en la cama y Sansón Carrasco trata de animarlo, diciéndole: «que ya tenía comprados de su propio dinero dos famosos perros para guardar el ganado, el uno llamado Barcino y el otro Butrón, que se los había vendido un ganadero del Quintanar» (2, 74). Ir a comprar dos perros pastores a Quintanar desde el lugar de don Quijote acentúa la cercanía entre estos dos lugares manchegos, y la buena fama ganadera de Quintanar en aquella época, como también queda de manifiesto en la primera cita de esta villa santiaguista cuando el maltratado pastor Andrés denuncia quién es el ganadero propietario del ganado que guarda: «Mire vuestra merced, señor, lo que dice —dijo el muchacho—; que este mi amo no es caballero ni ha recebido orden de caballería alguna; que es Juan Haldudo el rico, el vecino del Quintanar» (Q1, 4)

-Argamasilla de Alba

Argamasilla de Alba es nombrada al final del primer Quijote, con sus célebres vecinos los «Académicos de la Argamasilla»El «autor desta historia»nos adelanta una segunda parte, con una tercera salida de don Quijote de su casa en busca de aventuras, esta vez hacia Zaragoza. Este nuevo escenario de aventuras fuera de la Mancha, e incluso las noticias de la muerte de don Quijote, dice el autor que las conoce por unos pergaminos que un médico había encontrado en una caja de plomo entre los cimientos de una antigua ermita que se estaba reconstruyendo:

“… que contenían muchas de sus hazañas y daban noticia de la hermosura de Dulcinea del Toboso, de la figura de Rocinante, de la fidelidad de Sancho Panza y de la sepultura del mesmo don Quijote, con diferentes epitafios y elogios de su vida y costumbres… Las palabras primeras que estaban escritas en el pergamino que se halló en la caja de plomo eran éstas: Los académicos de la Argamasilla, lugar de la Mancha en vida y muerte del valeroso don Quijote de la Mancha, hoc scripserunt”  (1, 52)

Que es un lugar de la Mancha no cabe duda alguna. En sus respuestas a las Relaciones Topográficas, en 1575, dicen «que el reino en que comúnmente se cuenta este pueblo es en el de Toledo, en la bailía de Alcázar, que por otra parte en donde este pueblo está sentado se llama la Mancha». Pero no existía como lugar manchego en este sitio y con este topónimo desde hacía mucho tiempo. Argamasilla de Alba se funda en 1531 después de dos reasentamientos de sus vecinos por causa de las enfermedades debidas a los humedales cercanos. En las mismas Relaciones Topográficas contestan que: «… que la dicha villa es repoblación nueva de cuarenta y cuatro años a esta parte, un año más o menos, y que el fundador fue el prior don Diego de Toledo porque era en tiempo de la orden de San Juan de que era prior».

Cervantes conocía este dato histórico de la fundación de Argamasilla. Describía en 1605 que «frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años», por tanto don Quijote habría nacido en el entorno de 1550-1555, solo unos veinte años después de haberse fundado Argamasilla de Alba en el lugar que hoy conocemos. Hecho histórico reciente en la Mancha que daba sentido propio a la frase: «Los académicos de la Argamasilla, lugar de la Mancha en vida y muerte del valeroso don Quijote de la Mancha».

Durante su estancia o estancias en Argamasilla de Alba, la tradición argamasillera así lo afirma, Cervantes tuvo que haber conocido y tratado a estos sabios e instruidos vecinos a los que con genial humor los retrató y llamó los Académicos de la Argamasilla.

-Puerto Lápice

Puerto Lápice es el cuarto hito geográfico que cierra el borde de la comarca manchega de don Quijote y Sancho. Localidad actual de la provincia de Ciudad Real, era en tiempos de Cervantes un pequeño núcleo compuesto por unas pocas casas-quintería de agricultores y una venta, dentro de los límites de la villa de Herencia, siendo la venta propiedad de un vecino de Villafranca de los Caballeros. Con este topónimo es ya nombrado en las Relaciones Topográficas de Herencia, en 1575: «… en el término de ella está una venta que se dice el Puerto Lápice como está declarado y esto responden, y esta venta es de un particular vecino de Villafranca».

Hacia Puerto Lápice se encaminan don Quijote y Sancho Panza terminada la mal acabada aventura de los molinos de viento: «Y, ayudándole a levantar, tornó a subir sobre Rocinante, que medio despaldado estaba, y hablando en la pasada aventura siguieron el camino del Puerto Lápice, porque allí decía don Quijote que no era posible dejar de hallarse muchas y diversas aventuras, por ser lugar muy pasajero»

Llegan al día siguiente sobre las tres de la tarde, lo que también indica la corta distancia que hay entre la villa molinera de Campo de Criptana, lugar de la aventura y Puerto Lápice al paso lento del maltrecho Rocinante.

-El Toboso

El Toboso, el pueblo de la «señora de sus pensamientos» de don Quijote, está también muy cerca. Sancho, aunque conocía muy bien El Toboso y a sus vecinos no conocía a la tal Dulcinea del Toboso: «Solo Sancho Panza pensaba que cuanto su amo decía era verdad, sabiendo él quién era y habiéndole conocido desde su nacimiento, y en lo que dudaba algo era en creer aquello de la linda Dulcinea del Toboso, porque nunca tal nombre ni tal princesa había llegado jamás a su noticia, aunque vivía tan cerca del Toboso» (Q1, 13)

-Campo de Criptana

Campo de Criptana no está nombrada explícitamente en la novela, pero es uno de los lugares manchegos que más aceptación tiene, junto a El Toboso, como referencia geográfica real que Cervantes tomó como marco de una de las aventuras más recordadas del Quijote, aunque no se haya leído ni una sola línea de la novela: la aventura contra los molinos de viento. Campo de Criptana  era el único lugar, no solo de la comarca de don Quijote sino de toda la Mancha, que albergaba en tiempo de la escritura del Quijote de más de treinta molinos en sus cerros.

Su vecindad al lugar de don Quijote es evidente. En su segunda salida, don Quijote ya junto con su escudero Sancho, salen en mitad de una corta noche de verano para no ser vistos por sus familias y al poco de amanecer se encuentran «descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo» ¡Dos o tres horas de camino al paso lento de Rocinante separa su cuadra y los primeros molinos criptanenses!, seis a nueve kilómetros, la distancia precisa real que separa Alcázar de San Juan de Campo de Criptana.

El tiempo que hace durante la escritura del Quijote en esta comarca y particularmente en el lugar de don Quijote está especialmente referido con la sequía, como principal protagonista meteorológico. Es en la segunda parte de la novela, en las cartas que se mandan Sancho y Teresa y esta con la duquesa, cuando podemos apreciar esta anomalía meteorológica.

La sequía durante años hace que un recurso importantísimo del lugar de Sancho y don Quijote, la bellota, casi desaparece. La Duquesa, en la carta que dirige a Teresa a través de su paje, se despide de ella pidiéndole dos docenas de bellotas: «Dícenme que en ese lugar hay bellotas gordas: envíeme hasta dos docenas, que las estimaré en mucho por ser de su mano, y escríbame largo avisándome de su salud y de su bienestar…» (2, 50). Teresa le responde: «Pésame cuanto pesarme puede que este año no se han cogido bellotas en este pueblo; con todo eso, envío a vuesa alteza hasta medio celemín, que una a una las fui yo a coger y a escoger al monte, y no las hallé más mayores; yo quisiera que fueran como huevos de avestruz.» (2, 52)

Entre los acuerdos que los alcaldes y regidores de Concejo alcazareño toman para el bien común de sus vecinos está el de comisionar varias veces al año a dos o más regidores para ir a comprar cereal a pueblos más o menos cercanos, como incluso a ir a Toledo «a besar las manos de su Alteza del príncipe gran prior de San Juan» y pedirle los diezmos y tercias del cereal que le habían depositado y así poder abastecer tanto a las panaderías como a la sembradura del siguiente año en sus campos. En 1604 y 1605 dicen «que por cuanto la cosecha del pan este presente año ha sido muy corta y los vecinos y labradores están muy necesitados…» piden al prior «se sirva de remediar la necesidad de trigo para pan y sembradura» que tenía la villa. Y así en años sucesivos.

La sequía durante los primeros años del siglo XVII, causante de tan malas cosechas, es también la causa de que la fuente de la plaza se quedase sin agua, como le comunica Teresa a Sancho en su despedida: «La fuente de la plaza se secó, un rayo cayó en la picota, y allí me las den todas.» (2, 52)

En esta parte de la Mancha, a principios del siglo XVII, los lugares no disponían de una fuente pública en su plaza, siendo la forma habitual de abastecerse de agua dulce desde pozos públicos o privados. Para disponer de una fuente en la plaza era necesario que el colector de aguas estuviera varios metros por encima del nivel de la plaza, disponer de un sistema de extracción mediante norias y una canalización enterrada hasta la plaza, donde estarían el pilón y los caños.

Alcázar de San Juan, entre la escritura de los dos Quijotes, construye una fuente pública en su plaza. En 1602, poco antes de la escritura del primer Quijote, el Concejo de alcaldes y regidores, ante la bajada del nivel freático de uno de sus pozos principales situado a extramuros de ella y desde el que se abastecían los vecinos por medio de aguadores y cántaros, toma la decisión de buscar más agua dulce en otros parajes cercanos a la villa: «Este dicho día, se acordó que atento la gran necesidad que en esta villa hay de agua dulce, y que se acaba cada día la que hay en el pozo de Valcargao, que se envíe por un fontanero y zahorí, que vea el pozo del Vallejo, a donde parece que ay cantidad de agua, por si conviniere descubrirla…»

Se encontró gran cantidad de agua en la zona marcada, por lo que se acordó realizar las obras necesarias para ampliar el pozo del Vallejo, «abriéndose una zanja de cincuenta varas de largo y tres de fondo».  Al estar desaparecido el segundo Libro de Actas y Acuerdos, de los años 1610 y 1615, se desconoce el acuerdo concreto y su fecha por el que se decide construir una canalización desde la zona de captación del agua del pozo Vallejo hasta la plaza, y las obras necesarias para construir una fuente de piedra con varios caños y un abrevadero para animales. Varios investigadores locales datan la construcción de la fuente en la plaza en 1612 o años anteriores por las anotaciones en los Libros de Gastos.

Detalle del folio 20 del Libro de Actas y Acuerdos 1616-1623, AHM

El tercer Libro de Actas y Acuerdos, desde 1616 a 1623, tiene desaparecidos los diecinueve primeros folios, comenzando en el folio veinte precisamente con una acuerdo sobre la «Fuente de la plaza», en octubre de 1616, donde se acordaba la contratación de las obras necesarias para una nueva ampliación de los dos pozos principales de la captación con un tercero cercano, ante la falta de agua en la fuente de la plaza en los meses de verano.

La comarca de don Quijote es muy amplia, incluyendo los lugares de: Corral de Almaguer, El Romeral, Tembleque, Lillo, Turleque, Villacañas, Villa de Don Fadrique, Puebla de Almoradiel, Quintanar de la Orden, Villanueva de Alcardete, Los Hinojosos, Quero, Miguel Esteban, El Toboso, Consuegra, Urda, Madridejos, Camuñas, Villafranca de los Caballeros, Alcázar de San Juan, Campo de Criptana, Pedro Muñoz, Mota del Cuervo, Santa María de los Llanos, Las Mesas, Herencia, Puerto Lápice, Socuéllamos, Villarrubia de los Ojos, Arenas de San Juan, Villarta de San Juan, Argamasilla de Alba y Tomelloso. Entre todos estos lugares, la imagen de una fuente en la plaza del lugar de don Quijote solo es posible haberla visto antes de 1615 en Alcázar de San Juan, confirmándose su construcción como la falta de agua por la sequía, como anuncia Teresa a Sancho, por documentos históricos municipales.

La singularidad de Alcázar de San Juan de disponer de una fuente pública en la plaza, en esta parte de la Mancha, llegó hasta pasado la mitad del siglo XIX. Don José de Hosta, en su Crónica de la Provincia de Ciudad Real (1865), al describir el Partido judicial de Alcázar de San Juan, formado por Alcázar de San Juan, Argamasilla de Alba, Campo de Criptana, Herencia, Pedro Muñoz, Puerto Lápice, Socuéllamos y Tomelloso, anota: «Sobre tener muy pocas fuentes, estas son de ninguna consideración, surtiéndose por tanto las personas en general de los pozos, que no dejan de abundar; únicamente Alcázar tiene en la plaza una fuente regular»

Para los vecinos de esta comarca que leyeron la novela a principios del siglo XVII no les importó que Cervantes no quisiera poner el nombre del lugar desde el que el hidalgo manchego salió en busca de aventuras. Conocedores del territorio, el entorno social y la morfología de estos lugares, reconocieron que ese lugar era Alcázar de San Juan. Quizás algunos, los más cercanos al entorno familiar y social alcazareño, también sabían por qué no quiso nombrarlo al principio de la primera parte para después tratar de justificarse muy diplomáticamente al final de la segunda parte.

publicado en el Blog: Alcázar Lugar de don Quijote

                                                          Luis Miguel Román Alhambra  

La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan llenará de páginas culturales el campamento de los Reyes Magos

La entrega de los libros que los solidarios alcazareños han donado, se ha llevado a efecto en la tarde del 22 de diciembre junto al Belén Monumental del Ayuntamiento, recibiéndolos Juan Carlos Quero y María José de Bruguera, por parte de la Asociación Belenista Corazón de la Mancha

Alcázar de San Juan, 22 de diciembre de 2025.- En una tarde marcada por la solidaridad y el espíritu navideño, la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan ha hecho entrega de un tesoro literario: 340 libros infantiles y juveniles destinados a los niños que visiten el Campamento de los Reyes Magos en la tarde del 4 de enero en horario de 16:30 a 20:30

El acto, celebrado junto al Belén Monumental del Ayuntamiento, simboliza la unión de esfuerzos por fomentar la lectura desde la infancia. La donación ha sido posible gracias a la generosidad de ciudadanos particulares, destacando la aportación de Miguel Ángel Morillo Gotor, alcazareño residente en Sevilla que de forma ininterrumpida -desde la puesta en marcha de este proyecto- ha enviado sus libros año tras año, así como por la colaboración constante de la Biblioteca Municipal.

Enrique Lubián, miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Cervantina, lideró la recogida a lo largo de noviembre y diciembre desde su oficina nº 6 en el Centro Cívico.

El lote fue entregado a Juan Carlos Quero, presidente de la Asociación Belenista “Corazón de la Mancha” y a su compañera María José de Bruguera Parejo.

Por parte de la Sociedad Cervantina asistieron al acto su presidente, Juan Bautista Mata Peñuela, junto a Estrella Blanco, Alonso Cobo, Enrique Lubián, Javier Blanch y Constantino López.

«Cada niño que visite el Campamento de los Reyes Magos recibirá, como regalo de Sus Majestades, un libro de lectura. Queremos que la magia de estas fechas vaya de la mano de la imaginación que solo ofrecen las letras».

Esta iniciativa, de la que esta es la octava edición (comenzó en 2018) asegura que, en las próximas fechas, el Campamento Real en la Plaza de España de Alcázar de San Juan no solo sea un lugar de visita, sino un punto de partida para nuevas aventuras literarias para cada pequeño que pase por sus puertas.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

La Sociedad Cervantina de Alcázar entrega libros infantiles y juveniles a la Comunidad Hispanoamericana residente en Alcázar

Se trata de una comunidad formada por 130 familias procedentes de Perú, Bolivia Venezuela, Argentina, Colombia y Ecuador, que residen y trabajan en Alcázar de San Juan

Alcázar de San Juan, 18 de diciembre de 2025.- La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan ha puesto esta tarde la imaginación al alcance de nuevos lectores con la entrega de un lote de libros infantiles y juveniles a la Comunidad hispanoamericana de Alcázar de San Juan, formada por 130 familias bolivianas, peruanas, argentinas, colombianas, ecuatorianas y venezolanas, entre otras nacionalidades.

Este gesto solidario, enmarcado en la 8ª campaña navideña “En Navidad, ningún niño sin imaginación”, adquiere un significado especial en estas fechas para unas familias que viven lejos de sus países de origen y que buscan en la cultura un puente de integración social en España.​​

En el acto han estado presentes, en representación de la Sociedad Cervantina, su vicepresidente Luis Miguel Román Alhambra, junto a Alonso Cobo, Constantino López y Enrique Lubián, quienes han hecho entrega de los libros a la comunidad en las personas de Virginia Alfaro y David Escobar.

Este acto ha sido posible gracias a la generosidad de muchas personas alcazareñas, residentes aquí y otras residentes fuera de la ciudad, así como de instituciones públicas como la Biblioteca Municipal Miguel de Cervantes, que año tras año favorecen esta iniciativa de los cervantistas alcazareños donando sus libros.

La Comunidad hispanoamericana Alcázar, que en palabras de Virginia Alfaro ha agradecido mucho este gesto de acogida, manifiesta que trabaja día a día por su plena integración mediante el empleo y la participación en la vida cultural de la ciudad. También David Escobar -en representación de la comunidad- ha agradecido profundamente este reconocimiento, que sienten como un abrazo compartido en Navidad y una invitación a seguir colaborando en futuros proyectos comunes.​​

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Cervantes… ¿Catador de vinos?

Imagen de Sancho Panza creada por Constantino López con IA

Cervantes comió y bebió lo que hubo donde anduvo

En el Quijote está reflejada la sociedad española de principios del siglo XVII, tiempo en el que su autor vivió la última parte de su vida. También la comida y la bebida que las distintas clases sociales tenían acceso, muy distinta en su cantidad como en su calidad.

Cervantes comió y bebió lo que hubo donde anduvo. Se conoce que estuvo a las órdenes del cardenal Julio Acquaviva en su casa de Roma, fue soldado en los Tercios españoles, herido en la batalla de Lepanto pasó unos meses convaleciente en el hospital militar de Mesina, cautivo en Argel, comisario de abastos para la Armada, espía para el rey Felipe II y escritor de teatro y novelas. Etapas y ocupaciones diferentes con comidas y bebidas diferentes. Quizás por eso el Quijote es tan variopinto en lo que se refiere a la descripción de las comidas: desde un mendrugo de pan y cebolla con alguna viruta de queso duro a los «francolines de Milán, faisanes de Roma, ternera de Sorrento, perdices de Morón, o gansos de Lavajos», manjares que se servían a los nobles en sus castillos o palacios.

Lo que pone en la boca de don Quijote y Sancho él mismo antes también lo había comido o bebido en su paso o estancia en la Mancha. Solo en esta tierra se conocían, y se conocen, los duelos y quebrantos o los gazpachos manchegos y el vino de Ciudad Real.

Hoy, distinguir y apreciar un vino de otro lleva un tiempo de aprendizaje, de educar los sentidos que más directamente intervienen en las fases de la cata: vista, olfato y gusto. Después de abrir una botella de vino y verter un poco en una copa transparente miramos su color, su limpieza o claridad, su brillo, el ribete superior junto a la superficie del cristal e incluso las lágrimas que deja al moverlo en la copa. Aquí, al mover la copa y acercárnosla a la nariz seguimos descubriendo sus propiedades en sus distintos aromas e intensidades y al llevarnos un pequeño sorbo a la boca apreciamos su sabor y cómo durante más o menos tiempo se nos queda en ella, surgiendo incluso otros nuevos sabores. En la boca, el sentido del tacto también interviene en esta fase distinguiendo su suavidad o aspereza.

Esta parte de la gastronomía que es tan popular hoy, se imparten cursos de cata, se contratan visitas a bodegas donde se educa a maridar sus vinos y los platos de la zona… ya era apreciada y comentada en tiempo de la escritura del Quijote. Sí, y en la Mancha el vino de Ciudad Real debía de tener un olor y sabor característico que lo hacía único para un paladar bien educado, en esto de catar vinos. Cervantes, sin duda alguna, era un buen “mojón” o catador y lo deja inmortalizado en el Quijote. ¿Fue también otra de sus ocupaciones profesionales en la Mancha?

En el capítulo XIII de la segunda parte, mientras don Quijote y el Caballero del Bosque conversaban de sus cosas caballeriles, sus escuderos, algo apartados de ellos, hablaban también de las suyas. Tanto hablaba y refraneaba Sancho que llegó a secársele la boca. El otro escudero, que era un vecino suyo disfrazado igual que su caballero para no ser reconocidos, le ofrece un trago de vino de su bota además de una buena parte de empanada de conejo. Y aquí comienza la cata cervantina: «Y diciendo esto se la puso en las manos a Sancho, el cual empinándola, puesta a la boca estuvo mirando las estrellas un cuarto de hora…». Tanto la vista al ver caer el chorrito de vino, como el olfato oliendo los aromas que de la boca salían hacia la nariz y el gusto al ir tragando poco a poco el vino que envolvía el paladar, e incluso el oído al escuchar su chisporroteo que le parecería una suave melodía, «acabando de beber dejó caer la cabeza a un lado, y dando un gran suspiro dijo:—¡Oh hideputa bellaco, y cómo es católico!» Todos sus sentidos los puso en reconocer la valía del buen caldo que contenía la bota.

Esta expresión debía de ser muy común, ya que el otro escudero se siente agradecido por ella: «—¿Veis ahí —dijo el del Bosque en oyendo el hideputa de Sancho— cómo habéis alabado este vino llamándole hideputa

Y Sancho, después del regusto, retrogusto lo llaman hoy los sumilleres, que inundaría su boca y nariz le pregunta: «Pero dígame, señor, por el siglo de lo que más quiere: ¿este vino es de Ciudad Real?

—¡Bravo mojón! —respondió el del Bosque—. En verdad que no es de otra parte y que tiene algunos años de ancianidad».

Esos «años de ancianidad» hoy se conoce como la crianza o reserva que a los buenos vinos se les da en barricas, en aquel tiempo en cubas, tinajas, pellejos o botas, que les aporte durante meses e incluso años características añadidas en aromas, sabor, color y cuerpo.

Hay que precisar que esta aventura está sucediendo en las afueras de El Toboso, a unos ciento veinticinco kilómetros de Ciudad Real, distancia creíble para que los vinos del propio territorio manchego pudiesen ser trasladados para su venta por su calidad, más si han sido criados un tiempo, como este «algunos años». El Toboso, además del lugar de Dulcinea, era una villa manchega famosa por fabricar tinajas de barro para la elaboración y conservación de vino y otros alimentos. Cervantes conocía esta industria toboseña, tanto que la deja también inmortalizada cuando poco después don Quijote y Sancho Panza son invitados por el Caballero del Verde Gabán a pasar unos días en su casa, en la cercana villa de Mota del Cuervo:

Halló don Quijote ser la casa de don Diego de Miranda ancha como de aldea; las armas, empero, aunque de piedra tosca, encima de la puerta de la calle; la bodega, en el patio; la cueva, en el portal, y muchas tinajas a la redonda, que por ser del Toboso le renovaron las memorias de su encantada y transformada Dulcinea, y sospirando y sin mirar lo que decía ni delante de quien estaba, dijo:

—Oh dulces prendas, por mi mal halladas; dulces y alegres cuando Dios quería!

¡Oh tobosescas tinajas, que me habéis traído a la memoria la dulce prenda de mi mayor amargura! (Q2, 18)

Sancho, el propio Cervantes, se viene arriba y presume de su capacidad de conocer y apreciar  vinos: «¿No será bueno, señor escudero, que tenga yo un instinto tan grande y tan natural en esto de conocer vinos, que en dándome a oler cualquiera acierto la patria, el linaje, el sabor y la dura y las vueltas que ha de dar, con todas las circunstancias al vino atañederas?»… lo que ahora es un sumiller o catador profesional.

Y se viene aún más arriba. Lo de saber de vinos no es por un aprendizaje personal sino que le viene de herencia: «Pero no hay de qué maravillarse, si tuve en mi linaje por parte de mi padre los dos más excelentes mojones que en luengos años conoció la Mancha». El narrador de la aventura no dice que diera otro trago del “católico” vino de Ciudad Real pero parece implícito cuando Sancho sigue su monólogo con una anécdota que les pasó a estos dos ascendientes suyos:

«Diéronles a los dos a probar del vino de una cuba, pidiéndoles su parecer del estado, cualidad, bondad o malicia del vino. El uno lo probó con la punta de la lengua; el otro no hizo más de llegarlo a las narices. El primero dijo que aquel vino sabía a hierro; el segundo dijo que más sabía a cordobán. El dueño dijo que la cuba estaba limpia y que el tal vino no tenía adobo alguno por donde hubiese tomado sabor de hierro ni de cordobán. Con todo eso, los dos famosos mojones se afirmaron en lo que habían dicho. Anduvo el tiempo, vendiose el vino, y al limpiar de la cuba hallaron en ella una llave pequeña pendiente de una correa de cordobán»

Sin duda, los dos catadores tenían el gusto y el olfato muy afinados o educados. Por el gusto uno de ellos detectó el sabor que el hierro de la pequeña llave había dejado en el vino, pero no el del cuero del cordón de cordobán que sí fue detectado el matiz de su olor por la nariz del otro. Otra vez los sentidos como parte substancial de una cata de vino.

Y siguieron hablado y bebiendo vino de Ciudad Real hasta que se quedaron dormidos, más por el vino que por el sueño, y con la bota casi vacía.

A los alumnos de restauración del IES Universidad Laboral de Toledo.

                                                   Luis Miguel Román Alhambra