El Quijote de la Plaza Alta de Algeciras

Efigie de Don Miguel de Cervantes Saavedra
Plaza Alta de Algeciras. Fuente central, hacia 1930

Cada ciudad tiene una plaza que se convierte en su espacio público por excelencia, en el caso de la refundación de Algeciras en el siglo XVIII esta función la cumplió desde sus inicios la Plaza Alta, cuyo nombre le viene dado por su posición, a mayor nivel, sobre la que se llamó en los inicios de la nueva población Plaza Baja, cerca del puerto. Hoy el nombre de esta última es el de Plaza de Ntra. Sra. de la Palma, aunque todo el mundo la conoce como la Plaza de Abastos, porque allí tiene su asiento el mercado local.

La plaza funciona como el mayor espacio de socialización de la ciudad junto a sus calles aledañas, la calle Ancha (oficialmente Regino Martínez) y la calle Convento (oficialmente Alfonso XI). En ella tienen lugar las citas del día, bien sea en la misma plaza, en los cafés, los bares o los negocios de alrededor. En ella se desarrollan las principales manifestaciones culturales, festivas y religiosas de la ciudad; pero sobre todo es el espacio íntimo ligado a la infancia, las pandillas de juventud y los noviazgos de cualquier edad.

La que hoy contemplamos no es la primera, que hubo en ese espacio, de ésa, diseñada cuando el general Castaños, el héroe de Bailén, fuera comandante del Campo de Gibraltar, nos queda su perímetro, marcado por un gran cuadrilátero achaflanado en sus esquinas, lo que le da la forma de un octógono irregular.

El emblema de esta plaza siempre ha sido el monumento central, que en sus orígenes fue una fuente, sobre la que se situó un obelisco de madera, dedicado a Godoy, que no duró mucho. Ésta fue sustituida por un monumento conmemorativo de las batallas de la Guerra de la Independencia, que a su vez sería reemplazado por una columna conmemorativa de piedra (1826-1926), sobre la que se pensó poner el busto de Castaños, a lo que éste rehusó, por lo que nunca tuvo un remate digno de ser recordado. Su lugar lo ocupó, por poco tiempo, una farola a la que popularmente se le dio el nombre de Cocina Económica y por fin con la renovación integral de toda la plaza entre 1929 y 1930, el espacio central lo ocuparía la gran fuente cerámica que aún subsiste. Parecida a ella es la Plaza de España de Vejer de la Frontera.

La Plaza Alta a principios del siglo XX

Si hubiera que destacar de ella algún motivo especial, éste lo sería sin duda el conjunto de baldosas que nos cuentan varios episodios de la novela de las novelas: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. La técnica usada en todo el conjunto cervantino es la de la cuerda seca. Los colores son los habituales dentro de la cromática trianera: azules, amarillos, rosas y verdes, en todas sus tonalidades.

La decoración cerámica del conjunto se debe a los talleres sevillanos de la Casa González, Cerámica Santa Ana y Coca Campos, esta última en la década de 2010.

La inclemencia del tiempo y la actividad de nuestros bárbaros generacionales, han tenido mucho que ver en su deterioro y la necesidad de remplazar periódicamente, desde 1930, tan interesante conjunto patrimonial.

Sobre la encimera de la fuente central se hallan dieciséis escenas, que pueden pertenecer a la primera hornada de 1930, y en ellas podemos ver las efigies de Cervantes, don Quijote, su escudero Sancho Panza y trece secuencias referidas a la novela cervantina.

La Plaza Alta hacia 1930

Pero la temática cervantina tiene un mayor recorrido. De nuevo las escenas quijotescas se van a repetir, esta vez, sobre los bancos que flanquean la fuente, tanto en los de doble asiento como en los octogonales. En los primeros las escenas se distribuyen en dos filas con diez escenas en cada una de ellas, por tanto, hay cuatro filas y cuarenta azulejos en cada uno de estos bancos, pero no por ello hay motivos diferentes en los tres bancos restantes. Los cuarenta de cualquiera de los bancos de doble asiento que elijamos son los mismos que se van a repetir en los bancos restantes. Estos mismos motivos se van a alternar sobre los bancos poligonales, aunque no en el mismo orden. Por tanto, un exiguo número de azulejos son los responsables de la totalidad de la obra cervantina reflejada sobre los bancos de la Plaza Alta algecireña.

Plaza Alta de Algeciras. Detalles Fuente central. Postal años 70-80 / 2020. Banco de doble asiento

A través de estas piezas cerámicas se describen algunos de los sucesos de trece capítulos del primer libro. De las cuatro partes que lo componen, las piezas de la Plaza Alta se van a centrar en tres de ellos: el primero con diez escenas, el segundo y octavo con siete, mientras que el sexto, el décimo, decimoquinto, decimosexto, decimoséptimo y decimoctavo, sólo cuentan con una única representación.

En su conjunto podemos decir que en ellos predomina un sentido descriptivo bastante gráfico. Se trata de una obra en la que destaca el juego de imágenes sobre el detalle y en la que hay claras diferencias estéticas entre los azulejos que se encuentran sobre la encimera de la fuente ornamental y los que lo hacen sobre los bancos, en beneficio, claro está, de los de la fuente central.

Efigies de Don Quijote y Sancho Panza
Plaza Alta de Algeciras
Fuente central, hacia 1930

Don Quijote cae ante un molino, Libro I, Capítulo 8º
Plaza Alta de Algeciras

Fuente central, hacia 1930

En su conjunto podemos decir que en ellos predomina un sentido descriptivo bastante gráfico. Se trata de una obra en la que destaca el juego de imágenes sobre el detalle y en la que hay claras diferencias estéticas entre los azulejos que se encuentran sobre la encimera de la fuente ornamental y los que lo hacen sobre los bancos, en beneficio, claro está, de los de la fuente central.

Andrés Bolufer Vicioso. Licenciado en Geografía e Historia

El gran Sancho Panza (The lone survivor)

En los años que dediqué a preparar mi Quijote de 2004, hube de releer mi texto media docena de veces (si no fueron más) para asegurarme de que seguía fielmente el de las ediciones príncipe (1605 y 1615). A cada revisión, la tarea se iba haciendo más mecánica, menos intensiva, permitiéndome consolidar mis propias reflexiones sobre la inmortal obra cervantina. Desde luego, el Quijote es (o quiso ser) un libro de entretenimiento, con momentos de excelente humor, pero también subyace en él la perpetua batalla entre el idealismo y el materialismo, soberbiamente reflejados en los personajes principales: uno ambiciona la fama y el otro ansía simplemente salir de penurias y, de ser posible, vivir a lo grande sin sudar gota. ¿Quién no?

Y lo cierto es que don Quijote logra su objetivo; pero no como hombre de carne y hueso, no como Alonso Quijano, sino como esa genial creación literaria infinitas veces reproducida en todas las lenguas del mundo. ¿Qué más pudo pedir Cervantes a su pluma?

Y ya que hablamos de pedir a la pluma, mis consocios y amigos de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan me han encargado que escriba «algo inédito sobre Sancho Panza». Yo obedezco (y agradezco) el encargo, pues me permite decir la mía, que no recuerdo haber expresado antes por escrito, y aquí me ha venido de molde recordar el título de cierta película bélica de 2013 en la cual un reducidísimo comando se infiltra en una zona escarpada de Afganistán infestada de talibanes. A ello, pues.

Para mis adentros, siempre he creído ver en el Quijote una odisea, si bien nunca me entretuve en comprobar si el vocablo estaba debidamente aplicado. Hoy sí lo he hecho, y leo en el diccionario de la RAE dos definiciones que vienen como anillo al dedo: «Viaje largo, en el que abundan las aventuras adversas y favorables al viajero – Sucesión de peripecias, por lo general desagradables, que le ocurren a alguien».

Vale, pues, lo de odisea; pero en toda odisea épica que se precie hay héroes que mueren y héroes que sobreviven, quien deja fama y quien no. La nuestra sólo cuenta con dos protagonistas, y lo paradójico del asunto es que el uno logra post mortem la enorme fama que habría querido gozar in vitam, en tanto que la memoria del otro, el que sobrevive, se diluirá en la inmensidad manchega. Incluso sus abundantes refranes tienden a perderse lastimosamente en el olvido. Pese a sus «muchos y buenos servicios», ni siquiera se le menciona en las últimas palabras que «el prudentísimo Cide Hamete dijo a su pluma»: malicia del «autor arábigo y manchego» de la historia, porque «siendo muy propio de los de aquella nación ser mentirosos…, antes se puede entender haber quedado falto en ella que demasiado». ¡Que injusta es la fama!

Pues yo quiero enderezar semejante tuerto, y digo que el gran Sancho Panza, el de «desnudo nací, desnudo me hallo», the lone survivor, es mi héroe del Quijote. Sobrevive para continuar la inexcusable empresa que para él, sólo para él estaba guardada. La inmensa mayoría de nosotros somos su reencarnación, cruelmente destinados a no dejar memoria más allá de una generación de familiares y amigos; pero eso no significa que hayamos sido inútiles para la sociedad que nos ha tocado vivir. Y esa es para mí la gran verdad, la gran lección que subyace en el libro de la primera a la última plana: en aquel ya algo decadente imperio español que llegó a conocer Cervantes, tan escaso de rutilantes héroes y grandes gestores como sobrado de corruptos, de ladronzuelos, de rentistas, de figurones y oportunistas «que ni quieren ni deben ni pueden trabajar», habrían de ser los anónimos Sanchos (y Teresas) quienes dejándose de cuentos sacasen sus familias y patria adelante con humildad y esfuerzo: nada nuevo bajo el sol que nos alumbra.

Enrique Suárez Figaredo

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Del monasterio de la Concepción en Alcázar de San Juan, al convento de Nuestra Señora de la Soledad en Villarrubia de los Ojos y del Voto a la Inmaculada a la marcha de las hermanas Clarisas y la posterior llegada de las hermanas Concepcionistas

Dibujo del Monasterio de la Concepción de Alcázar de San Juan que aparece en la Enciclopedia Ilustrada Seguí

Cercana la fecha del 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción, es oportuno recordar la huella dejada por las Hermanas del Hábito de Santa Clara, las Clarisas, en Alcázar de San Juan. Hoy en día ha quedado casi en el olvido que esta congregación, que actualmente tiene su morada en el Convento de Nuestra Señora de la Soledad de Villarrubia de los Ojos, es la misma congregación que fundó y habitó durante más de trescientos años (1564-1868) el Monasterio de la Concepción de Alcázar de San Juan, más conocido como Convento de Santa Clara. También es poco conocida la importantísima vinculación que estas religiosas tuvieron con la proclamación y la renovación anual del Voto a la Inmaculada Concepción, que esta Villa realizó por primera vez en el año 1470, así como las circunstancias de la posterior llegada a nuestra ciudad de las Hermanas Concepcionistas

Está bastante aceptada la idea de que Villalpando en Zamora y Saelices en Cuenca fueron los primeros pueblos de España que, en el año 1466, proclamaron la Pureza Inmaculada de María Madre de Dios y que mediante la proclamación de un Voto público juraron defenderla y celebrar anualmente esta festividad. Durante los siguientes años fueron muchos los pueblos y ciudades de España que se sumaron a esta iniciativa, entre ellos Alcázar de San Juan que ya por entonces tenía erigida, extramuros de la villa, una ermita dedicada a Nuestra Señora de la Concepción.

La primera referencia histórica que tenemos de la existencia de esta ermita data del año 1470 cuando en ella el Gobernador del Priorato de la Orden de San Juan, en nombre de todo el pueblo de Alcázar, profirió el solemne Voto y juró guardar y celebrar anualmente la festividad de la Inmaculada Concepción, pidiendo su protección contra la plaga de langosta que por entonces asolaba sus cultivos. Y así se estuvo haciendo durante algunos años, pero finalmente todos se olvidaron del compromiso adquirido con Nuestra Señora y dejaron de celebrarlo.

Pero en el año 1546 otra gran plaga de langosta volvió a hacer estragos en los campos de Alcázar, arrasando de nuevo sus cultivos. Entonces sus habitantes se acordaron del olvidado Voto a la Inmaculada y el Concejo, junto a la Comunidad de los Padres Franciscanos que desde el siglo XIV eran los grandes defensores de este Misterio de Fe, decidió renovarlo a perpetuidad, añadiendo el compromiso de celebrar cada año nueve misas en honor de las nueve fiestas principales de Nuestra Señora.

Fieles a ese acuerdo el 8 de septiembre de ese mismo año partió desde la primitiva iglesia de Santa Quiteria todo el pueblo en procesión con destino a la venerada ermita, iba presidida por el Prior de dicha iglesia, Pedro de Orgaz, junto a todo el Concejo de la Villa encabezado por sus alcaldes ordinarios, Lope de Malara y Jerónimo Díaz Maroto. Una vez en la ermita se celebró una solemne función, en la que predicó Fray Francisco de Zamora, Guardián del Monasterio de San Francisco, a continuación, con las manos sobre los Santos Evangelios, se renovó solemnemente el Voto realizado en 1470. Firmaron como testigos del acto Luis de Aza, Hernando de Villaescusa, Juan Rubio, Martín Cabero, Sebastián de Yepes y el Bachiller Juan López Montalvo y dio fe de todo ello el escribano Alonso de Yepes.

La langosta desapareció y el suceso se expandió con rapidez por todos los pueblos y villas del Priorato, sobrepasando sus límites. Cuando esta noticia llegó al Monasterio de San Juan de la Penitencia de la Orden Tercera Franciscana, en Toledo, profesaba allí una religiosa alcazareña, la Venerable Sor Francisca de la Cruz, que de inmediato concibió la idea de dar gracias a la Santísima Virgen María fundando un monasterio de religiosas junto a la venerada ermita.

Con el apoyo de Sor María Fernández, conocida como “la peregrina de Cristo”, decidió acudir al Concejo de Alcázar con el fin de solicitar la correspondiente autorización. Para realizar la petición, en julio de 1556, concedió poderes al Presbítero Fray Francisco Cortés, Capellán de la Capilla del Obispo de Ávila, ante el escribano de Toledo Don Alonso de Madrid. El 1 junio de 1557 se elevó formalmente la petición al Concejo de Alcázar que ese mismo día, bajo la presidencia de sus alcaldes ordinarios Rodrigo de Sacedo y Hernando Díaz Guerrero, se reunió en la Sala Capitular del Ayuntamiento y acordaron otorgar la oportuna licencia y concederle la ermita y otros bienes anejos a ella.

Para finalizar todos los trámites faltaba la obligada autorización del Prior de la Orden de San Juan y el 20 de mayo de 1564, Jerónimo de Galoza, secretario del Gran Prior Frey Antonio de Toledo, daba en Madrid la licencia para fundar el monasterio. Tres días después, el 23 de mayo, Sor Francisca de la Cruz, junto a Sor María Ortega y Sor Luisa de la Ascensión, tomaban posesión de la ermita, que se convirtió en la iglesia del nuevo monasterio que de inmediato se edificó junto a ella. Desde entonces, hasta su exclaustración en 1868, no dejó de celebrarse en ella la festividad de la Inmaculada Concepción y la renovación anual del Voto, tal como se había acordado en las capitulaciones para la concesión.

En 1565 la Orden Franciscana dio a estas religiosas la Regla Terciaria Franciscana sin velo, pero veintiséis años después, en aplicación de los decretos sobre la clausura en los monasterios emanados del Concilio de Trento, el Capítulo Provincial de la Orden celebrado en Belmonte la modificó, dándoles la Segunda Orden Franciscana, Regla de Santa Clara. Regla que les fue de aplicación a partir de 1591, tras unos meses de instrucción a cargo de religiosas llegadas de la Comunidad de Clarisas de Huete.

El nuevo monasterio que recibió el nombre de Monasterio de la Concepción, aunque era más conocido entre los alcazareños como “de las monjas Clarisas”, prosperó rápidamente gracias a las abundantes ayudas de todo tipo que desde el primer momento recibió, debemos de recordar que en esa época Alcázar vivía su auténtica “edad de oro”. En pocos años llegó a tener más de ochenta religiosas y en él profesaron mujeres de las más arraigadas e importantes familias de Alcázar y de otros pueblos y villas del Priorato. 

A principios del siglo XVII era tan elevado el número de religiosas que moraban en el Monasterio de la Concepción que Doña María Díaz Pedroche, virtuosa dama alcazareña devota de San Francisco, les cede su casa solariega para fundar en ella un segundo monasterio de la Regla de Santa Clara; la licencia para esta fundación les fue concedida por la Orden Franciscana el 2 de noviembre de 1601. Con esta licencia en su poder se dirigieron al Gran Prior de la Orden de San Juan, Príncipe Enmanuel Filiberto, para solicitar la correspondiente autorización, que les fue concedida por su Lugarteniente Frey Don Antonio de Toledo el 28 de enero de 1602.

El 23 de mayo de ese mismo año tomó posesión de la casa de Doña María Díaz Pedroche el Provincial de la Orden Franciscana, que designó a Fray Calixto Cantero como primer Vicario y a Sor María de Vargas como Madre Abadesa Fundadora del nuevo monasterio, quien de inmediato se instaló en su nuevo hogar junto a Sor Ana Pérez y Sor Jerónima Martínez Coronel, las tres monjas Clarisas procedentes del Monasterio de la Concepción, según la condición impuesta por Doña María.

Junto al nuevo monasterio, que se denominó Monasterio de San José por nacer bajo la protección de este santo, se construyó una pequeña iglesia, hoy desaparecida, que fue bendecida el 15 de junio de 1605. Este segundo monasterio, más pequeño que el de la Concepción, llego a albergar en su momento de máxima actividad a unas treinta religiosas.

Estado del edificio del Monasterio de San José antes de su restauración para sede del Museo FORMMA

Durante los dos siglos siguiente ambas comunidades de religiosas vivieron años de esplendor, hasta el extremo de que la devoción por la Inmaculada Concepción que ellas profesaban y acrecentaban con su ejemplo, hizo que el Concejo, por Bula concedida por el Papa Urbano VIII (1623-1644), la declarase Patrona de la Villa, en clara desavenencia con el Vicario Arzobispal, residente en Alcázar, que había proclamado Patrona a Santa Quiteria y establecido el 22 de mayo como su festividad. La controversia nunca cesó completamente y para reafirmar su posición, hacia la segunda mitad del siglo XVIII, el Concejo mandó pintar en la Sala Capitular del Ayuntamiento una imagen de la Inmaculada con esta inscripción: “Ave María Purísima. La Inmaculada Concepción General Patrona de esta Villa”.

Otro claro ejemplo de la devoción que los vecinos de Alcázar sentían por María Inmaculada lo tenemos en el hecho de que, en el año 1666, el matrimonio formado por Don Francisco de Reza Orozco y Doña Francisca Muñoz Villaseñor fundaron, a expensas de su patrimonio, el “Colegio de la Inmaculada Concepción y San Buenaventura”, ubicado en la Universidad del Monasterio de San Francisco y en el que se impartían estudios de Filosofía y Teología para clérigos franciscanos, pero al que podían asistir también seglares de esta Villa.

Pero como el paso del tiempo todo lo cambia, esta disputa acabó en el año 1824 con el reconocimiento como nueva Patrona de Alcázar de otra advocación de la Santísima Virgen, también muy arraigada desde hacía tiempo entre sus habitantes, la devoción a Nuestra Señora del Rosario, cuya festividad litúrgica, a celebrar el día 7 de octubre, había establecido el Papa Pio V en acción de gracias por la victoria de la Liga Santa sobre los turcos en la batalla de Lepanto.

Gracias al Censo del Conde de Floridablanca, elaborado en 1787 durante el reinado de Carlos III, sabemos que en ese año la comunidad alcazareña de monjas Clarisas aún mantenía un cierto vigor, pues contaba con un total de 54 religiosas, 26 residentes en el Monasterio de la Concepción y 28 en el de San José; solo había sufrido un ligero descenso respecto las 60 monjas que se habían contabilizado en el Catastro del Marqués de la Ensenada del año 1752.

Con la desamortización de Mendizábal en 1836, se exclaustraron todos los conventos de Alcázar, incluido el Monasterio de San José, pero no el de la Concepción, en donde se recogieron las últimas religiosas procedentes de aquél. Pero la decadencia, de la mano de la secularización, era ya imparable y el Monasterio de la Concepción, en cuya iglesia el Concejo de la Villa seguía renovando anualmente el Voto a la Inmaculada, se quedaba sin religiosas. Tan solo una leve esperanza se vislumbró en 1862, cuando S.M. la Reina Isabel II, ferviente devota de la Inmaculada Concepción visitó el Monasterio.

La visita, que inicialmente debía de haberse realizado cuatro años antes y se había suspendido por causas climatológicas, se realizó definitivamente el 12 de septiembre de ese año, aprovechando un viaje de la Reina a Andalucía. Según dicen las crónicas, la comitiva Real recorrió las calles de Alcázar desplazándose en carruaje desde la estación del ferrocarril hasta el Monasterio, haciendo una breve parada en la Iglesia de San Francisco, una vez en él los Soberanos departieron con las religiosas, probaron sus dulces y oraron ante la Imagen de la Inmaculada Concepción, quedando maravillados de su belleza. La Reina hizo una generosa donación a la Comunidad y al Consistorio y prometió ayudarles en todo lo que pudiera.

Animados por esa promesa la Corporación Municipal envió, el 12 de diciembre de 1864, una carta a S.M. solicitando el envío de religiosas para mantener viva la actividad del Monasterio, pero la situación era ya irreversible y en 1868 las tres últimas monjas que quedaban en él abandonaron definitivamente Alcázar y con su marcha se puso fin a la renovación anual del Voto a la Inmaculada Concepción. El edificio fue cedido al Ministerio de la Guerra para uso militar y acabó siendo, con el paso de los años, casa cuartel de la Guardia Civil. Actualmente ha sido transformado para uso hotelero.

En la parte del edificio del Monasterio de San José que se ha mantenido en pie se ubica en la actualidad el Museo FORMMA, museo de la Cerámica Manchega, en donde se exhibe una amplia colección de piezas procedentes de los principales núcleos alfareros de la región. Es de destacar el histórico escudo de la Orden Franciscana que ennoblece una de las esquinas del edificio.

Escudo de la Orden Franciscana en la fachada del antiguo Monasterio de San José

Esas tres últimas religiosas que abandonaron el Monasterio de la Concepción en 1868, la Abadesa Madre Sacramento Alfaro, Sor Saturnina de la Soledad y una tercera hermana sin identificar, fueron acogidas en el Monasterio de San José, de las Carmelitas Descalzas, en Malagón. En este lugar pudieron seguir con normalidad y total independencia su propia Regla de Santa Clara.

Como curiosidad hay que comentar que entre los dulces que hacían las monjas Clarisas destacaban unas deliciosas tortas de bizcocho, quizás elaboradas según la receta traída desde alguno de sus conventos en Italia. Estas tortas, que siguieron elaborándose fuera del monasterio por el personal seglar que en él trabajaba, son en la actualidad las famosas y apreciadísimas “Tortas de Alcázar”.

Catorce años después, en 1882, la Madre Sacramento Alfaro tuvo noticias de que un vecino de Villarrubia de los Ojos, Don Bernardo Jerez Moraleda, estaba rehabilitando y ampliando a sus expensas el edificio de la antigua ermita de Nuestra Señora de la Soledad para convertirlo en iglesia, puestos ambos en contacto acordaron fundar un convento en la casa y huerta que Don Bernardo tenía junto a esa ermita.

En 1884 Don Bernardo elevó al rey Alfonso XII un escrito solicitando del Ministerio de Gracia y Justicia la preceptiva autorización para la fundación del convento. El 17 de julio de 1885 se recibió en el Obispado de Ciudad Real el siguiente comunicado “De acuerdo a los informes favorables emitidos por las más altas autoridades eclesiásticas y civiles, se concede la correspondiente autorización para fundar en dicha Villa una Comunidad de Religiosas Clarisas”.

Ante esta gran noticia, la Madre Sacramento contestó de inmediato que podían contar con ella, con Sor Saturnina de la Soledad y con otras cuatro religiosas procedentes del Real Monasterio de Santa Clara de Játiva para la apertura de la nueva fundación. El 25 de agosto del citado año el Nuncio del Papa León XIII firmó las correspondientes autorizaciones y licencias para el traslado.

La Madre Sacramento, de acuerdo con la Abadesa de Játiva, fijó la fecha del 15 de octubre, festividad de Santa Teresa de Jesús, para tomar posesión de su nueva residencia a la que llamaron Convento de Nuestra Señora de la Soledad por estar junto a la ermita, ahora iglesia, de esta advocación. Así, diecisiete años después de haber salido de Alcázar de San Juan, la comunidad de Religiosas Clarisas que Sor Francisca de la Cruz había fundado en 1564 renacía en Villarrubia de los Ojos.

Esta nueva comunidad estuvo inicialmente formada por la Madre Sacramento y por las Hermanas Sor Saturnina de la Soledad, Sor Águeda María Badenes, Sor Angelina Sanmartín, Sor Patrocinio Ballester y Sor Juana María Llozar.

Con el paso de los años el viejo convento que se había edificado en los terrenos de la huerta de Don Bernardo se fue quedando obsoleto y así, el 6 de marzo de 1978, en concordancia con las orientaciones del Concilio Vaticano II sobre el tema de la renovación de la vida religiosa, comenzaron las obras del nuevo convento, en cuya construcción colaboró todo el pueblo de Villarrubia y del que sus habitantes se sienten especialmente orgullosos.

Pero los alcazareños no quedaron huérfanos por muchos años de acoger en su ciudad a una nueva congregación que, por encima de todas las cosas, rindiera culto y servicio a la Inmaculada Concepción de María y así, el 1 de julio de 1882, llega a Alcázar de San Juan una comunidad de religiosas pertenecientes a la Orden de la Inmaculada Concepción. Orden que había fundado en 1489 la portuguesa Santa Beatriz de Silva, mediante la Bula Inter Universa, aprobada por el Papa Inocencio VIII, cuatro siglos antes de declararse el dogma.

Esta nueva comunidad, en principio de Concepcionistas Descalzas por seguir la reforma llevada a cabo por la Madre Patrocinio Quiroga, instala su primera residencia en una casa de la calle del Verbo, hoy calle del Dr. Policarpo Lizcano, donada para tal fin por la devota alcazareña Doña Candelas Campo Vela, viuda de Don Evelio Reíllo Pizarro, quien acometió a su costa el proyecto de remodelación del edificio para transformarlo en monasterio. Fue su primera Abadesa Sor María Antonia de la Asunción Reíllo, hermana de D. Evelio, que vino junto a otras nueve religiosas del Monasterio Concepcionista de Manzanares.

La muerte de Doña Candelas, en febrero de ese mismo año de 1882, dejó inconclusas las obras del edificio que no se pudo acondicionar tal y como había previsto su benefactora, por lo que finalmente resultó ser una vivienda muy precaria e insalubre para las monjas. 

El paso del tiempo fue agravando estas malas condiciones y el estado ruinoso que presentaba el edificio en el año 1970 aconsejaron a la Rvda. Madre Mercedes de Jesús Egido, que había sido elegida Abadesa del Monasterio el 23 de enero de ese mismo año y hoy está en proceso de beatificación, la construcción de un nuevo convento e iglesia, cuyas obras comenzaron ese mismo año a expensas de Don Pablo Salvador Bullón en unos terrenos situados en la actual calle de La Virgen, casualmente muy próximos al lugar en donde estuvo ubicada, en el siglo XV, la antigua y venerada ermita de Nuestra Señora de la Concepción. 

En noviembre del año 1972, aún sin terminar las obras, pero acuciadas por la amenaza de ruina inminente en que se encontraba el viejo edificio de la calle del Verbo, las Hermanas se trasladan al nuevo y moderno monasterio que, junto a su preciosa iglesia, fue finalmente inaugurado y bendecido por el Obispo de Ciudad Real, Monseñor Juan Hervás y Benet, el 19 de marzo de 1973, festividad de San José, con el nombre de Monasterio de la Inmaculada y Santa Beatriz de Silva.

A partir de entonces esta Comunidad, siguiendo las directrices emanadas del Concilio Vaticano II sobre la adecuada adaptación y renovación de la vida religiosa, vivió un experimento de vida monástica basada en el espíritu y los propósitos de su Fundadora Santa Beatriz de Silva y tal como sucedió, casi cuatro siglos antes, con la fundación del Monasterio de San José de las Hermanas Clarisas, son ahora las Hermanas Concepcionistas, de la mano de la Madre Mercedes de Jesús, quienes abren, el 30 de abril de 1987, un nuevo monasterio llamado del Creador y de la Inmaculada, pero esta vez en la vecina población de Campo de Criptana.

En Alcázar de San Juan, además de los edificios de los dos antiguos monasterios de las Clarisas, ahora reconvertidos para esos otros usos ya comentados, ha quedado la hermosa y secular tradición del Voto a la Inmaculada Concepción, que tras pasar por ese largo periodo de olvido que comenzó con la marcha de las tres últimas religiosas en el año 1868, volvió a ser renovado 87 años después por el Alcalde de la Ciudad, Don Tomás Quintanilla, en solemne función religiosa oficiada el 8 de diciembre de 1954 en la iglesia de San Francisco.

Pero de nuevo nos encontramos con el hecho de que desde el año 2015 se ha vuelto a suspender su renovación. Sin entrar a valorar los motivos que han llevado a ello, pensamos que, aparte de su elevado sentido religioso, debería retomarse su renovación pues responde a una de las más hermosas tradiciones de Alcázar de San Juan, que no debería perderse después de los más de quinientos años transcurridos desde la proclamación del primer Voto.

Como ha venido sucediendo secularmente, desde aquellos lejanos años en los que los alcazareños pedían el fin de las plagas de langosta, la renovación del Voto siempre ha servido para que el alcalde de Alcázar de San Juan, además de proclamar la Inmaculada Concepción de la Virgen María, le expusiera las necesidades de la ciudad y solicitase su intercesión para solucionar los problemas que a todos nos acucian. Ahora, en este año, estamos ante una gran oportunidad para renovar de nuevo el Voto y pedir a Nuestra Señora protección frente a la Pandemia Covid-19 y las secuelas que padecemos. Seguro que muchísimas personas lo agradecerán.

Recordemos como Don José Eugenio Castellanos Perea, en el Voto de 1998, decía: “Como cada año venimos a solicitar vuestra intercesión para que nuevamente nos protejas de cualquier plaga que amenace nuestra convivencia, que socave nuestros credos, nuestra cohesión social, que nos hagan intolerantes con las ideas ajenas, excluyentes con hombres y mujeres de otras razas … ayúdanos a superar las enfermedades y los padecimientos, guíanos para nuestro recto proceder, en la defensa de los intereses de todos cuantos formamos esta comunidad”.

O como dos años más tarde, en 2000, Don José Fernando Sánchez Bódalo afirmaba que: “El progreso técnico y material, no ha evitado que miles de niños muera cada minuto; ni que cada diez segundos haya un nuevo enfermo de SIDA que no tendrá curación porque vive en una Tierra donde no ha llegado el remedio…” seguía diciendo “este Voto del año 2000 … es la mejor ocasión para fijarnos propósitos complicados pero necesarios. Ojala, el nuevo tiempo nos traiga la paz, la tolerancia y la superación de las desigualdades entre hombres y países”. Y acababa con estas palabras: “Señora, en nombre de todos los alcazareños y alcazareñas y de la Corporación Municipal, renuevo el Voto que la ciudad tiene hecho a tu Purísima Concepción. Voto que la Corporación que presido renovará cada ocho de diciembre en nombre de la ciudad de Alcázar de San Juan”.

Monumento erigido por Alcázar de San Juan a la Inmaculada Concepción en su primer emplazamiento en 1962

Este trabajo ha sido posible gracias a los datos recogidos en diferentes escritos de don Manuel Rubio Herguido y a la documentación facilitada por las actuales congregaciones de las Hermanas Clarisas del Convento de Villarrubia de los Ojos y de las Hermanas Concepcionistas de Alcázar de San Juan.        

Manuel Rubio Morano

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Alcázar de San Juan en el mundo cervantino

Alcázar de San Juan ya está en la Red de Ciudades Cervantinas

La Red de Ciudades Cervantinas acoge a Alcázar de San Juan como nuevo miembro

El domingo 8 de noviembre y coordinada por la Sociedad Cervantina, tuvo lugar una nueva edición de la ruta guiada por los lugares que vinculan a Alcázar de San Juan con Miguel de Cervantes

Alcázar de San Juan, 10-11-2020.- En el 462 aniversario del bautismo de Miguel de Cervantes Sabedra, Alcázar de San Juan, ha entrado a formar parte de la Red de Ciudades Cervantinas. Sinceramente pensamos que no se ha podido elegir una fecha mejor para esta incorporación.

Esta Sociedad Cervantina ha acogido con alegría esta importante noticia para la ciudad de Alcázar de San Juan porque ha estado tratando de impulsar la incorporación de la ciudad a la Red desde el principio de su creación (en abril de 2017), para lo que presentó al ayuntamiento una propuesta de adhesión con un amplio dossier en junio de 2017.

En un acto celebrado en el Museo Casa del Hidalgo, celebrado hoy día 9, el presidente de la red de Ciudades Cervantinas José Manuel Lucía Megías daba la bienvenida a Alcázar de San Juan que junto con otras 23 ciudades de tres continentes forman esta importante asociación cultural en torno a la personalidad y la obra de Miguel de Cervantes, dijo que este es el inicio de un camino que construye y que será beneficioso para la ciudad de Alcázar y para el resto de ciudades de la Red, recordaba que los objetivos de la Red se alcanzan a través de tres ejes como son la Cultura, el Turismo y la Educación, añadiendo sobre esta última que es necesario trabajar con los niños y poner semillas en su educación para formar en ellos valores que les permitan desarrollar un amor por la cultura y también por el turismo.

Consideramos muy importante para la comarca del Quijote, esta incorporación de Alcázar de San Juan a la Red, no solo por la magnífica programación de actividades culturales en torno al Quijote y Cervantes que la ciudad pone a disposición de sus visitantes, sino por la influencia directa que sobre el turismo y la hostelería puede tener en los pueblos cercanos.

Ruta guiada Alcázar de Cervantes

En la mañana del domingo 8 de noviembre e incluida en la programación de las VII Jornadas Vino y bautismo Qervantino, la Sociedad Cervantina de Alcázar coordinó una nueva edición de la ruta Alcázar de Cervantes que mostró a los participantes los lugares de la ciudad que tienen vinculación con el escritor y con su obra.

En cada ruta la Sociedad Cervantina se esfuerza por mejorarla y por aportar cada vez más elementos que sitúen a los participantes en el ambiente y en la época de la ruta. Así, tras visitar la estatua del Quijote cósmico, que regaló Eulalio Ferrer a la ciudad de Alcázar de San Juan (estatua gemela de la existente en Guanajuato -México-), Luis Miguel Román vicepresidente de la Sociedad, sorprendió a los asistentes mostrando un Quijote en edición de 1905, de Calleja, justamente igual al que obtuvo Ferrer en el campo de refugiados de Argelès-sur-Mer, a cambio de una cajetilla de tabaco y que fue el inicio de su amor por el Quijote que se prolongaría por el resto de su vida.

También en esta ocasión y cuando se hablaba de la impresión del Quijote, los miembros de la Sociedad mostraron la disposición de los folios en la imprenta y la orientación de los textos a componer por los cajistas, de modo que al doblar los pliegos las hojas quedasen en su orden correspondiente. Este tipo de demostraciones prácticas y de visualización del modo en que se trabajaba en las imprentas, gusta mucho a los participantes de la ruta y los introduce de lleno en el mundo editorial del Siglo de Oro, y les hace comprender el enorme trabajo de edición e impresión de un libro en la época de Cervantes.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

La ciudad argentina de Azul se convierte en la capital del cervantismo gracias a la celebración de las XII Jornadas Académicas

El día 9 de noviembre se inauguran las XII Jornadas Cervantinas en Azul

Del 9 al 18 de noviembre se celebran de manera virtual las XII Jornadas Cervantinas en Azul, dedicadas al tema: Cervantes en América

A lo largo de 8 días, 21 expertos de diferentes cervantistas de América y de España analizarán la influencia de Cervantes en autores y textos americanos, y se darán a conocer algunas de las colecciones cervantinas más importantes que se conservan en América

Las Jornadas Académicas serán inauguradas por el escritor argentino Federico Jeanmaire

Las Jornadas Cervantinas en Azul, que comenzaron en el año 2007, han tenido que adaptarse a los nuevos tiempos de la pandemia. Esta circunstancia negativa se ha convertido en una oportunidad, pues la celebración online de estas XII Jornadas Cervantinas ha permitido diseñar un programa impensable en una convocatoria presencial: 21 estudiosos cervantistas de España y América analizarán la influencia de Cervantes en diversos autores y obras, y su pervivencia en cuatro colecciones cervantinas. España, Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Perú, Venezuela, Colombia, Costa Rica, México y Estados Unidos estarán presentes.

Organizada por la Cátedra Cervantes de la Universidad Nacional del Centro (Argentina), la Asociación Española de Socorros Mutuos de Azul y la Asociación Civil Azul Ciudad Cervantina, las Jornadas cervantinas han contado con el apoyo de la Universidad Complutense de Madrid y de la Universidad de Buenos, de la Embajada de España en Argentina y de la Red de Ciudades Cervantinas. En sus doce años de existencia, las Jornadas Cervantinas han reunido a un selecto grupo de cervantistas y escritores de diferentes países en Azul: Carlos Alvar, José Montero Reguera, Gustavo Martín Garzo, Alfonso Mateo Sagasta, Ruth Fine, M.ª Augusta de Costa Vieira, Gustavo Illades… pero con su convocatoria actual, Azul se convierte por unos días en la capital del cervantismo mundial.

La conferencia inaugural estará a cargo del escritor argentino Federico Jeanmaire, que el día 9 de noviembre hablará en “Tapiar y quemar” de las razones que llevan al cura y al barbero a quemar la biblioteca de don Quijote al inicio de la obra, razones que le moverán al autor de Wüerra a plantear una radiografía del mundo actual.

De lunes a jueves, tres conferencias cada día van a ir completando una particular mirada de la influencia cervantina en diferentes épocas, autores y géneros, sin olvidar el cervantismo social, el que hace de los valores cervantinos el motor de proyectos para la mejora de la vida de colectivos marginados.

En el ámbito argentino, por comenzar por el país anfitrión, habrá cuatro acercamientos bien diversos: por un lado, el Quijote en Borges, pero desde la perspectiva novedosa de la lectura en clave cervantina del cuento “El evangelio de San Marco”, que realizará el profesor Javier Roberto González; al que seguirán el estudio de las relaciones cervantinas de dos autores más modernos, como son Ricardo Piglia (por M.ª Elena Fonsalido) y Carlos Gamerro (por Clea Gerber). Por su parte, el profesor Juan Diego Vila se acercará a la obra de Ana María Barrenechea, una de las cervantistas argentinas más universales. De Chile, habrá dos acercamientos: por un lado, las recreaciones cervantinas del siglo XIX (por el profesor Francisco Cuevas) y, por otro, el análisis de la obra del dramaturgo chileno Jorge Díaz a la luz de sus influencias cervantinas. Para el Perú, el profesor Ángel Pérez Martín destaca el carácter puntual e intermitente del cervantismo en su país, que aparece y desaparece en épocas, hasta llegar a la figura y la obra de Mario Vargas Llosa. Una situación radicalmente opuesta a lo que sucede en Brasil, que será estudiada por la cervantista brasileña más importante, Mª Augusta da Costa Vieira, en la rica y variada tradición popular. En esta misma línea, para el Uruguay, la aportación de la profesora María de los Ángeles González tiene que ver con la presencia del Quijote y de Sancho Panza en la literatura criolla y el arte popular, que tuvo un enorme éxito. De Venezuela, de la mano del profesor Cristian Álvarez se verá la influencia de Cervantes en tres autores: Teresa de la Parra, Mariano Picón-Salas y Guillermo Sucre. Por su parte, la profesora Mª del Rosario Aguilar Perdomo utilizará un momento muy concreto: las celebraciones en Colombia durante 1905, en el Tercer centenario de la publicación del Quijote para analizar cómo era leída la obra en ese momento, a partir de qué tradiciones y con qué perspectivas, con la ilustración de numerosos documentos inéditos. El profesor Jorge Chen analizará dos obras de influjo cervantino en Costa Rica: la del filósofo Roberto Murillo y la del filólogo Alí Víquez.

Desde México se presentan dos perspectivas: por un lado, la profesora Nieves Rodríguez Valle analiza la influencia cervantina en Fernández de Lizardi, el primero de los novelistas mexicanos; y otro por otro, María Stoopen hace un repaso de los discursos cervantinos que se escucharon en la Academia Mexicana de la Lengua durante las celebraciones del cuarto centenario de la publicación del Quijote. Por último, pero no menos importante, se ha dado un espacio al Cervantismo Social, a diversos proyectos de activismo social en Estados Unidos, concretamente en Pennsylvania y en New York, estudiados por el profesor Rogelio Miñana.

A lo largo de estas dos semanas también habrá un espacio específico para el coleccionismo cervantino. El catedrático español José Manuel Lucía Megías autor junto a Justo Fernández de un Manual del coleccionista de Quijotes, comenzará esta serie de conferencias recordando la figura del Doctor Thebussem, ese personaje que a mediados del siglo XIX se “inventó” una biblioteca cervantina en Alemania, origen del afán coleccionista del Quijote a partir de este momento. Y de las diferentes bibliotecas cervantinas americanas se van a analizar cuatro: La biblioteca de Bartolomé J. Ronco en Azul (por Enrique Rodríguez), la de Arturo Xalambrí en Montevideo (por Elena Ruibal), la de la Universidad de la Plata (por Gloria Chicote) y la de Carlos Prieto, ahora en la Universidad de Monterrey en México (por Judith Farré). Cuatro acercamientos a las circunstancias personales, culturales y sociales que explican las características de estas bibliotecas, que permiten un curioso acercamiento a la vida cultural de Argentina, Uruguay y México en los primeros decenios del siglo XX.

La asistencia a las XII Jornadas Cervantinas de Azul es gratuita. Solo hay que inscribirse en un sencillo formulario de inscripción

https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSdMpuJGStpVcIoVBHUFKf08kec3KnrybENCMAdoLha5rt2hiw/viewform?gxids=7757.

Más de 200 personas inscritas a pocos días de su inicio es una muestra del enorme interés que han suscitado.

Programa completo: https://www.ucm.es/jmluciamegias/catedracervantes-xii-jornadas-cervantinas-en-azul-2020

Contacto: José Manuel Lucía Megías. Titular de la Cátedra Cervantes de la UNICEN y organizador de las Jornadas:

Date una vuelta por La Mancha de Cervantes

Ilustración de Miguel Gómez Andrea “Gol”, autor de “Cervantes, la ensoñación del genio”, (biografía de Cervantes en cómic) publicado por Dibbuks en el 2015

Inmersos en las restricciones de movilidad causadas por la segunda ola de la COVID-19, la Mancha de don Quijote ofrece mucho al visitante, una auténtica inmersión cultural en la obra universal de Cervantes

Alcázar de San Juan, 4 de noviembre de 2020.- Cuando llevamos nueve meses luchando a brazo partido con el virus SARS-CoV-2 y cuando después de recuperar una cierta normalidad, la segunda ola del virus está volviendo a reducir nuestra movilidad, es el momento de volver a mirar hacia la Mancha, y más a la comarca cervantina de don Quijote y Sancho Panza.

La Mancha de don Quijote está ahora más cerca que nunca, sigue ofreciendo sus enormes recursos a los visitantes. Esta comarca cervantina delimitada por Tembleque, Puerto Lápice, Quintanar de la Orden y Argamasilla de Alba, lugares que Miguel de Cervantes citó en su inmortal novela, ofrecen una auténtica inmersión cultural y literaria en la obra del genial manco. Y dentro de esta comarca cervantina se encuentran El Toboso, el lugar de Dulcinea, y Campo de Criptana, villa molinera donde muchos autores sitúan la batalla de don Quijote contra uno de ellos.

Casi en el centro geográfico de esta comarca cervantina está Alcázar de San Juan, con título de Corazón de la Mancha. Desde esta ciudad los demás lugares están muy cerca.

«Tan cerca», como aseguraba Sancho Panza, está El Toboso, que no es un pueblo de ficción, es la patria real de Dulcinea, y merece la pena visitarlo. Por El Toboso don Quijote y Sancho entraron y pasearon por sus calles. Un visitante actual puede darse de bruces con los muros de la iglesia ubicada en el centro del pueblo y pasear por las mismas calles y callejones antes de llegar a visitar la Casa de Dulcinea. Completar la visita en el Museo Cervantino es poder admirar una de las mayores colecciones del mundo sobre Quijotes e iconografía de la novela.

Puerto Lápice conserva una venta antigua donde poder creer ver en la pila de su patio a don Quijote velar armas, contemplar sus cuartos y bodega y degustar platos típicos manchegos y cervantinos, como unos Duelos y Quebrantos o un guiso de las bodas de Camacho.

Cuando visiten Campo de Criptana, sentirán la misma sensación que don Quijote cuando se enfrentó a los más de 30 o 40 molinos que había en aquel campo y que don Quijote confundió con gigantes. Hoy quedan diez de ellos, pero se conservan en perfecto estado y siguen impresionando al visitante, más aún cuando están en plena molienda y se tiene la ocasión de estar en la camareta superior escuchando el fragor de las piedras al moler y el girar de las aspas (revestidas con sus lonas) al viento. El primer domingo de cada mes, si el viento no lo impide, se organizan moliendas en uno de los molinos de viento.

Una antiquísima tradición, recogida por los primeros comentaristas del Quijote y por algunos biógrafos de Cervantes, afirma que, en los sótanos de una casa de Argamasilla de Alba, conocida por Casa de Medrano, sufrió prisión Miguel de Cervantes y Saavedra, comenzando allí la redacción de su singular novela El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha. Se sabe que a comienzos del siglo XVII la casa pertenecía a la influyente familia Medrano: originalmente, era un caserón manchego en dos alturas alrededor de un patio y diversas dependencias distribuidas por el resto en planta baja. Hoy, la casa tiene una sola planta, con portadas de acceso a la calle Cervantes, realizada con paramentos encalados y zócalos azules.

Muy cerca se hallan Las Lagunas de Ruidera y la Cueva de Montesinos, donde tuvo lugar una de las más famosas aventuras de nuestro famoso caballero.

Antes o después de cada salida en busca de estos lugares cervantinos, en Alcázar de San Juan, con muchos recursos donde comer y dormir, se puede visitar el Museo del Hidalgo, donde documentarse sobre cómo vestía, cómo estaba surtida su cocina o su despensa, qué recuerdos se traía de sus viajes y en general como vivía. Conocer las dos azulejerías que sobre el Quijote existen en la ciudad, la de la Fonda y Sala de Espera de la estación que fue declarada en 2016 Bien de Interés Cultural por la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha y también la azulejería del parque Cervantes, al aire libre, que es una de las pocas en el mundo (si no la única) que en sus imágenes está representado el Quijote completo desde el inicio hasta el final. Subir al cerro de sus molinos de viento y tener una visión a la redonda del horizonte manchego. Y poder apreciar la partida de bautismo de Miguel de Cervantes Sabedra, que se conserva en la iglesia de Santa María y que según la tradición alcazareña es del autor del Quijote.

Al paso por Tembleque, es muy recomendable visitar su plaza mayor, una de la plazas más pintorescas y reconocibles, emblema del barroco popular del siglo XVII, en uno de sus laterales se construyó en 1654 en Ayuntamiento. La plaza fue diseñada para cumplir una doble función, la puramente urbanística como centro de la vida de la población y también la de plaza de toros, una de sus tres puertas era, además de acceso, callejón de toriles. La última corrida de toros se celebró en 1984.

Vivimos en la Mancha, tierra de don Quijote, su cuna, su solar y donde tuvieron lugar sus andanzas y aventuras, se trata de un elemento diferenciador que ningún otro destino turístico posee. Esta comarca tiene mucho que ofrecer y dispone además de una magnífica infraestructura hotelera y una hostelería de primer orden que sabe acoger y fidelizar a nuestros visitantes de manera espléndida y profesional.

Es por tanto un momento muy apropiado y oportuno para que esta Sociedad Cervantina invite a todos a que vengan a conocer el Corazón de la Mancha.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

La Sociedad Cervantina coordina el domingo 8 de noviembre una nueva edición de la ruta “Alcázar de Cervantes”

Dentro de la programación de las VII Jornadas Vino y Bautismo Qervantino que se celebrarán en Alcázar de San Juan del 5 al 9 de noviembre

Alcázar de San Juan, 2 de noviembre de 2020.- El próximo domingo 8 de noviembre la Sociedad Cervantina de Alcázar coordinará una nueva Ruta “Alcázar de Cervantes” que mostrará a los participantes de la ruta, los lugares de la ciudad que tienen una vinculación directa con el universal escritor, conmemorando el 452 aniversario de su bautizo (9 de noviembre de 1558).

Esta ruta se enmarca dentro de las VII Jornadas de Vino y Bautismo Qervantino que ha organizado el Ayuntamiento de Alcázar de San Juan para festejar la efeméride. En la ruta, que es gratuita, pueden participar las personas que lo deseen y solo tienen que apuntarse en el teléfono 926 552 968 de la Oficina de Turismo porque el aforo es limitado.

Vino y Bautismo Qervantino es un programa diseñado por el Ayuntamiento de Alcázar de San Juan que pretende aunar dos elementos muy significativos de la cultura alcazareña: Cervantes y el Vino. Desde el día 5 al 9 de noviembre se lleva a cabo una oferta de actividades muy atractiva que coincide con la fecha de la partida de bautismo de Miguel de Cervantes Saavedra de la parroquia de Santa María de Alcázar (el 9 de noviembre), y con el Día Mundial del Enoturismo (el 8 de noviembre), promovido por RECEVIN y ACEVIN. El programa aúna actividades de música, conferencias, visitas a bodegas, catas de vino, rutas turísticas, literatura, gastronomía… que convierten a Alcázar en un referente en el mundo cervantino y el turismo enológico.

En esta edición de las jornadas, el lunes 9 de noviembre a las 17:30 horas en el Museo del Hidalgo,  tendrá lugar el acto oficial de la incorporación de Alcázar de San Juan a la Red de Ciudades Cervantinas, asociación cultural de primer orden en el mundo cervantino, adhesión que es muy importante para nuestra ciudad y a la que desde su creación, la Sociedad Cervantina de Alcázar ha estado promoviendo e impulsando, comenzando por la propuesta inicial al Ayuntamiento hasta ver finalmente reconocido su esfuerzo con la incorporación de nuestra ciudad a la Red que tanto nos va a beneficiar culturalmente, porque no se concibe Alcázar fuera de la Red y tampoco se concibe una Red de Ciudades Cervantinas sin Alcázar de San Juan.

Además, mediante una conferencia, los alcazareños podrán disfrutar del extraordinario conocimiento sobre Miguel de Cervantes por parte de José Cabello Núñez que es archivero en la Puebla de Cazalla (Sevilla) y que es el investigador que recientemente más documentos ha aportado en relación con el escritor y con sus andanzas por Andalucía, siendo tan  importantes sus descubrimientos,  que ha hecho engrandecer la biografía del escritor, aflorando y descubriendo nuevas personas, desconocidas anteriormente para los estudiosos de su biografía, que tuvieron influencia directa sobre la vida del escritor.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan