Cervantes universal

Mirar al cielo y poder decir: “Allí está Cervantes”

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Hasta ahora Miguel de Cervantes era uno de los escritores más leídos, especialmente por el Quijote. Y sus personajes: don Quijote, Sancho Panza, Dulcinea y Rocinante, el “personaje secundario” más importante de la literatura, reconocidos en todo el planeta Tierra. Pero ahora, nuestro autor está reconocido en el Universo como una estrella y sus personajes como planetas, sus planetas.

Este pasado 15 de diciembre, la Unión Astronómica Internacional (IAU), entidad científica encargada de asignar nombres oficiales a los objetos celestes, en su nota de prensa, ha hecho públicos los nombres de las nuevas estrellas y planetas, asignando a la estrella mu Arae el nombre de CERVANTES, y a sus cuatro planetas los nombres de QUIJOTE, DULCINEA, SANCHO y ROCINANTE.

Esto ha sido posible a la iniciativa del Planetario de Pamplona y la Sociedad Española de Astronomía apoyada por el Instituto Cervantes, que presentaron esta candidatura al concurso NameExoWorlds (IAU), al cual se ha podido votar en todo el mundo hasta el 31 de octubre.

Se han emitido más de medio millón de votos desde 182 países, uno de ellos ha sido el nuestro y creo que no hace falta indicar a qué candidatura dimos nuestro voto. Ahora estamos  verdaderamente orgullosos de haberlo hecho y no dejar pasar esta oportunidad que nos han brindado a los españoles y a todo el mundo, de reconocer la figura de Cervantes y su obra en el firmamento.

Mirar al cielo y poder decir: “Allí está Cervantes”.

No podemos sino felicitar y reconocer el trabajo de los que representan a las entidades impulsoras y anotar aquí sus impresiones al saber los resultados del concurso:

Javier Amentia, director del Planetario de Pamplona: “Esta iniciativa ha cargado de sentido la labor de los que trabajamos por la cultura científica: une en una sola propuesta diferentes aspectos de la ciencia y de las letras, y nos ha ilusionado tanto a los que nos dedicamos profesionalmente a la astronomía como a todas aquellas personas que disfrutan mirando al cielo”

Javier Gorgas, presidente de la Sociedad Española de Astronomía: “Divulgadores y profesionales de la astronomía, medios de comunicación, humanistas y amantes de la literatura hemos trabajado juntos con un único fin: poner a Cervantes y a sus personajes en el lugar que les correspondía entre las estrellas. Don Quijote y sus compañeros nos han ayudado a proclamar que existen muchos más mundos en el Universo, y por el camino hemos reivindicado que la ciencia juega un papel central en la cultura y hemos constatado una vez más la pasión del público en general por la astronomía”

Benjamín Montesinos, contacto en España de la IAU para la divulgación de la Astronomía: “Ha sido todo un placer y un honor para un astrónomo manchego como yo haber podido contribuir a poner a Cervantes y sus personajes en el cielo. Cuando releamos el Quijote. Podremos imaginar a Clavileño volando y acercándose a la estrella Cervantes y a los planetas Dulcinea, Quijote, Rocinante y Sancho. Un lujo”

Benjamín Montesinos Comino es natural de Alcázar de San Juan.

¡Otro loco, bien cuerdo!

 

Junta Directiva de la Socieda Cervantina del Lugar de Don Quijote

Felicitación navideña

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¡¡Las tres culturas juntas en paz!! Y con ellas convivió Cervantes.

La Sociedad Cervantina del Lugar de don Quijote desea que la Paz y la Libertad, por las que don Quijote daría su vida, sean las estrellas que orienten nuestras sociedades y culturas.

¡FELIZ AÑO 2016!

 

EN EL QUIJOTE ESTÁ TODO, ES LA RED DE INTERNET DEL SIGLO XVII

 

Francisco Calero (con traje oscuro), viendo la partida de bautismo de Miguel de Cervantes que se conserva en los archivos parroquiales de Santa María
Francisco Calero (con traje oscuro), viendo la partida de bautismo de Miguel de Cervantes que se conserva en los archivos parroquiales de Santa María

 

El Quijote es la obra cumbre de la literatura moral, es una obra inmensa, compendio del saber de la época

El sábado 3 de octubre la Sociedad Cervantina del Lugar de don Quijote, dando cumplimiento a uno de sus objetivos de fomentar la lectura de la obra de Cervantes, especialmente la lectura e interpretación del Quijote  y de difundirla por los medios a su alcance, ha recibido  la visita del Profesor Francisco Calero Calero, con motivo de la publicación de su reciente libro El verdadero autor de los Quijotes de Cervantes y de Avellaneda.

Francisco Calero (que vino acompañado por dos de sus alumnos, Sergio Gallego y María José Cercadillo –quien se encuentra preparando sus tesis doctoral-), es Doctor en Filología, Profesor Emérito de la UNED, ha publicado 52 libros y más de 80 Publicaciones (entre artículos de revista, colaboraciones en libros y reseñas). Es fundador y codirector del Grupo de Investigación consolidado GEMYR (Grupo de Estudios Medievales y Renacentistas. Este Grupo ha creado la Collectio Scriptorum Mediaevalium et Renascentium, patrocinada por la UNED y la editorial BAC.

Francisco Calero (segundo por la izquierda) junto con el presidente de la Sociedad Cervantina, Luis Miguel Alhambra, en el atrio de Santa María con el torreón al fondo
Francisco Calero (segundo por la izquierda) junto con el presidente de la Sociedad Cervantina, Luis Miguel Alhambra, en el atrio de Santa María con el torreón al fondo

El profesor Calero y sus acompañantes, pasaron la mañana y parte de la tarde en Alcázar de San Juan, visitando los molinos, la Casa Museo del Hidalgo, el entorno histórico de Santa María (cubillo y torreón) y se mostraron particularmente interesados en conocer la partida de bautismo del Miguel de Cervantes que se encuentra en los archivos parroquiales de Santa María y que gustosamente les mostró el párroco Javier Quevedo.

Francisco Calero, con miembros de la Sociedad Cervantina del Lugar de don Quijote
Francisco Calero, con miembros de la Sociedad Cervantina del Lugar de don Quijote

Francisco Calero es un estudioso del Quijote del que dijo que en él se daban cita las historias más sencillas y vulgares, coexistiendo  con las más eruditas de su época y las que se suelen pasar por alto a menos que se haga una lectura profunda y reflexiva.

También nos dijo que la obra es de una profunda inspiración erasmista y que él personalmente considera que el verdadero autor fue el humanista valenciano Juan Luis Vives.

De hecho, el profesor Calero explicó a los miembros de la Sociedad que del estudio filológico y de construcción de determinadas frases, ha encontrado más de 700  concordancias (como él las denomina) entre las dos partes del Quijote y la obra de Juan Luis Vives.

En repetidas ocasiones, el profesor Calero dijo que en el Quijote está todo, cualquier cosa que busques, tanto que podría decirse que es la enciclopedia del siglo XVII.

Por parte de la Sociedad Cervantina asistieron al acto Luis Miguel Román Alhambra, Alonso Cobo, Jesús Sánchez Sánchez y Constantino López, quienes valoraron la visita del profesor Calero de muy satisfactoria ya que les ha aportado otro punto de vista nuevo sobre el estudio del Quijote.

Alrededor de una mesa y una buena comida manchega, las conversaciones fluyen mejor
Alrededor de una mesa y una buena comida manchega, las conversaciones fluyen mejor

Como es tradicional en esta actividad de la Sociedad, llamada  los “Almuerzos con Don Quijote”, el invitado nos habla de su relación con el Quijote, de su obra y sus trabajos, mientras se degustan platos manchegos: pipirrana, duelos y quebrantos, pisto manchego y caldereta de cordero. De postre no puede faltar la bizcochá, típico postre alcazareño.

En la visita a la Casa del Hidalgo
En la visita a la Casa del Hidalgo

El profesor Calero conoció los trabajos publicados por algunos miembros de la Sociedad como los de Luis Miguel Alhambra y Jesús Sánchez Sánchez, así como los proyectos en que ahora andan implicados. Tuvo palabras de aprecio por esos proyectos y se sorprendió de que este tipo de estudios e investigaciones no los estén desarrollando personas o instituciones que tienen ese objetivo y sin embargo los estén acometiendo personas sin medios y apoyos, sólo por pura pasión investigadora y por afición.

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Junta Directiva

Sociedad Cervantina del Lugar de Don Quijote

El historiador Fernando de Prado Pardo-Manuel de Villena merece un premio y nosotros lo apoyamos

Fernando de Prado con miembros de la Sociedad Cervantina del Lugar de Don Quijote, en su visita a Alcázar de San Juan en mayo pasado

Todos los lectores de nuestro blog conocen sobradamente a Fernando de Prado Pardo-Manuel de Villena, ya que fue el autor intelectual de la idea y de la puesta en marcha del proyecto de búsqueda de los restos de Miguel de Cervantes en el convento de las Trinitarias Descalzas de Madrid, proyecto que finalmente acabó con un notable éxito y que obtuvo una gran repercusión mediática que contribuyó a que Madrid obtuviese una grandiosa campaña de promoción y publicidad (a nivel mundial) prácticamente gratuita.

Este historiador, que en el pasado mes de mayo visitó Alcázar de San Juan, compartiendo mesa y mantel con la Sociedad Cervantina del lugar de Don Quijote, que le calificó de ser un auténtico Quijote del Siglo XXI, ha sido propuesto para la concesión de la Encomienda con Placa de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.

En los molinos de Alcázar de San Juan

Se trata de un reconocimiento honorífico que en todo caso creemos que es de justicia en base a los méritos acumulados como impulsor del proyecto de búsqueda de los restos de Cervantes (que incluso sufragó con su propio dinero) y por los que prestó un servicio a la Nación en forma de publicidad y propaganda por un valor difícilmente cuantificable y que reportaron a nuestro país que pudiese situarse en un lugar cimero de la actualidad cultural que todavía perdura y que ha enlazado las celebraciones del cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote con la celebración del cuarto centenario de la muerte del escritor que tendrá lugar el próximo año 2016.

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Todas aquellas personas que quieran apoyar al historiador Fernando de Prado y deseen sumarse a esta iniciativa, pueden suscribir esta carta de solicitud que se incluye a continuación y remitirla escaneada con su firma al correo de la Sociedad Cervantina del Lugar de don Quijote: cervantinalugarquijote@gmail.com


Carta de adhesión:

PRADO carta Ministro Orden Alfonso X el Sabio

 

Enlace del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes:

http://www.mecd.gob.es/servicios-al-ciudadano-mecd/dms/mecd/servicios-al-ciudadano-mecd/archivo-central/educar-archivos/orden-civil-alfonso-x.pdf

Más información sobre la Orden de Alfonso X el Sabio: https://es.wikipedia.org/wiki/Orden_de_Alfonso_X_el_Sabio

Junta Directiva

Los molinos encantados del Quijote

Si hay una imagen que se identifica en todo el mundo con Cervantes, elQuijote, la Mancha y España son los molinos de viento. Sobre las crestas de los cerros manchegos podemos ver, aún hoy, y en algunos casos también contemplar su trabajo de moler el grano de cereal, molinos con maquinarias originales del siglo XVI y XVII

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Cervantes crea el Quijote usando una nueva técnica narrativa.  Sirviéndose de lo más cotidiano, sencillo y conocido por él, y sus conciudadanos, imagina y nos cuenta las aventuras de un hidalgo manchego. Y también, aprovecha los caminos, lugares y parajes manchegos, que tan bien debió conocer, para llevar por ellos a don Quijote.

Así de sencillo, Cervantes enmarca en un espacio geográfico real las aventuras de su hidalgo de ficción.

En la Mancha, en la parte seca de la Mancha, donde los ríos se morían en verano y las piedras de sus molinos de agua dejaban de moler el grano, tan necesario para el sustento de las personas y animales, la construcción en sus cerros de unos nuevos artilugios, con una ingeniería posiblemente traída de los Países Bajos, que usando la fuerza del aire movían las piedras del molino, resolvió esta necesidad y también cambió el perfil de su horizonte. Todo esto empezaba a suceder, en una parte de aquella Mancha, a mitad del siglo XVI.

El capítulo VIII de la primera parte de “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”, tiene este título: “Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación”.

Cervantes utiliza los molinos de viento y su espectacular estampa, que en plena molienda es asombrosa en sus formas, ruidos de sus aspas vestidas con las velas y retumbos de la maquinaria, para “encantarlos”, y hacer, solo así, que don Quijote viese en ellos unos descomunales gigantes a los cuales debía vencer. Una ligera brisa de viento que, por esta zona manchega,  suele ser a esa temprana hora de la mañana el conocido como el “solano”, hace que sus aspas comiencen a girar con tal fuerza que hacen volar por  los aires a don Quijote, y al flaco de Rocinante, en su intento de lancearlos hasta su muerte. Y una vez en el suelo nuestro hidalgo, Cervantes los vuelve a desencantar para que el propio don Quijote los reconozca realmente como lo que eran, simples molinos de viento.

Cervantes no inventa o copia, como hasta entonces se hacía en los libros de caballerías, unos gigantes fantásticos o “descomunales”, sino que usando la figura de los molinos de viento, encantándolos a la vista de don Quijote pero no a la de Sancho, hace creíble la aventura a sus lectores, para después desencantarlos dejarlos como lo que realmente eran, unos sencillos , y ya comunes por estos lugares de la Mancha, molinos de viento. Esta técnica narrativa la usa Cervantes en otros episodios de la novela, como en la batalla con los rebaños de ovejas o contra los cueros de vino.

Después de publicar Mi vecino Alonso  y La venta cervantina de Sierra Morena y el lugar de don Quijote, donde queda determinada mi hipótesis de que el “Lugar de don Quijote” es Alcázar de San Juan, en mi nuevo trabajo, que más pronto que tarde verá la luz, llevaré a los lectores por los caminos y parajes reales, que Cervantes utilizó para contarnos su historia de don Quijote.

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Que los molinos de viento, contra los que se enfrenta don Quijote, son los de Campo de Criptana, creo que no le cabe ya duda a nadie, aunque no nombrase literalmente el nombre de esta villa en la novela.

Don Quijote, una vez repuesto del molimiento sufrido en su vuelta a casa desde la venta donde fue armado caballero, por el camino de Toledo a Murcia, a manos de los mozos de los comerciantes toledanos que iban a Murcia, y después de convencer a su vecino Sancho de que le acompañase como escudero, sale de nuevo por este mismo camino y dirección. Esta segunda vez de en medio de una corta noche de verano, para así no ser visto por sus familias y vecinos. Y al poco de entrar la mañana don Quijote ve y  reconoce a estosgigantes:

“En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como don Quijote los vio, dijo a su escudero: La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas,…” (IP, Cap VIII)

Don Quijote ve muchos “gigantes“, “treinta o pocos más, desaforados gigantes…”. Muchos molinos para una villa de “mil vecinos poco más o menos” (Relaciones de Felipe II, 1575). Esta gran cantidad de molinos de viento construidos, ya en esa fecha, fue debido a la situación estratégica de los cerros y sierras de Campo de Criptana.

Campo de Criptana, en la Orden de Santiago, tiene sus límites al oeste, a una media legua (tres kilómetros),  con Alcázar de San Juan.  Alcázar de San Juan, capital del Priorato de León de la Orden de San Juan, igual que los demás lugares cercanos de esta Orden, no obtuvieron sus vecinos licencia del Prior para la construcción de molinos de viento. Ser el Gran Prior de esta Orden, el principal  beneficiario de los buenos molinos de agua del rio Guadiana, operativos durante todo el año, en la zona de Peñarroya y lagunas de Ruidera, fue la principal causa. Por este motivo, vecinos e instituciones religiosas, principalmente de Alcázar de San Juan, financiaron la construcción de muchos de los molinos que se construyeron antes de la publicación de la primera parte del Quijote en el término limítrofe  de Campo de Criptana.

Así nos describen los vecinos de Campo de Criptana, en las contestaciones a las Relaciones solicitadas por Felipe II en 1575, la existencia y uso de estos molinos de viento:  “… van desde esta villa a moler a río Guadiana, a dos y a tres y a nueve leguas algunas veces, y al río de Cigüela que es río que corre en invierno, a tres y a cuatro leguas de esta villa; y algunas veces van a moler al río Tajo y de Júcar, a catorce leguas de esta villa. Hay en esta sierra de Criptana, junto a la villa, muchos molinos de viento donde también muelen los vecinos de esta villa

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Tantos molinos de viento no estaban situados, ni podían estar situados sencillamente por espacio, donde ahora podemos contemplar más de una docena de ellos, en el paraje conocido como La Sierra.  De haber sido así, todos sus molinos pagarían el mismo diezmo, o impuesto, por sus rendimientos de molienda. Y los visitadores de la Orden de Santiago a Campo de Criptana, en 1604, constatan que hay tres tipos de renta distintos en estos molinos de viento en esta villa. Solo en Campo de Criptana, de todos los lugares que tenían molinos de viento en la Mancha en la época de Cervantes, se recoge esta diferencia de renta entre ellos.

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Esto era debido a la distinta ubicación de los molinos en su término y por lo tanto distinta situación y altura en sus cerros con respecto a los aires predominantes. Así, anotan los visitadores, esta singularidad de los molinos de Campo de Criptana:

 “El diezmo de los molinos de viento, que el que más paga son dos fanegas y otros a fanega y media y algunos a fanega y es cosa excusada lo que a cada uno cabe a pagar”(España. Ministerio de Cultura. Archivo Histórico Nacional. OM, L.6, 547 vta.)

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¿Donde estaban situados tantos molinos en el término de Campo de Criptana? Pocos documentos hay de la época de la escritura del Quijote sobre la situación de estos, pero teniendo en cuenta que a mitad del siglo XVII ya se comenzaron a construir molinos de viento en el Campo de San Juan, y entre los lugares que así también lo hizo fue Alcázar de San Juan, es posible pensar que no se construyeron desde ese momento  más molinos en Campo de Criptana que los que ya existiesen antes de la escritura del Quijote.

El número de molinos que nos describe, eufórico por su descubrimiento, don Quijote, “treinta o pocos más desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas “, coinciden exactamente con los declarados por Campo de Criptana en elCatastro de Ensenada, mandado hacer por don Zenón de Somodevilla, Marqués de la Ensenada y Ministro del rey Fernando VI, en 1752, ciento cincuenta años después de la publicación de la primera parte del Quijote.

Teniendo en cuenta esto y que es muy posible que fueran  los mismos que conoció Cervantes, y esto es una variable sin posibilidad de confirmar exactamente, podemos, al menos, saber dónde estaban los molinos dentro del término de Campo de Criptana, porque en las mismas declaraciones a este Catastro queda indicado, además del nombre del molino, de su propietario, la distancia a la villa y la renta anual, el paraje o topónimo donde se encontraban en el término de la villa.

Los nombres de los parajes y los molinos relacionados son:

– Ribera de la Sierra, diez y seis molinos.

– Ribera del Villargordo, un molino.

– Senda a la fuente Amarguilla, un molino.

– Camino de los molinos que va a Alcázar, dos molinos.

– Alto del Palomar, un molino.

– Tres molinos, tres molinos.

– Pico de la Solana, dos molinos.

– Siete molinos, seis molinos.

– Cerro del Cebadal, un molino.

En total quedan relacionados treinta y tres molinos, cuando al comienzo de la respuesta indican:

“Se hallan situados treinta y quatro molinos arineros andantes, y de viento, y uno de Agua”.

O fue un olvido o un error en la transcripción de las respuestas por el escribano, pues también indican que los citados molinos “producen en cada un año, para sus dueños respectivo mencionados nuevecientas cincuenta y ocho fanegas de trigo”. Si sumamos las rentas indicadas en cada uno de los treinta y tres molinos relacionados, resulta un total de novecientas treinta y dos fanegas. Evidentemente falta sumar un molino de viento, el número treinta y cuatro, con una renta de veintiséis fanegas. Este molino es el que falta en la relación de los molinos situados en el paraje de los Siete Molinos, en el que solamente se relacionan seis, y la renta, de veintiseis fanegas, es similar a los demás declarados en este paraje, entre veintitrés y veintisiete fanegas.

Los dos núcleos de molinos, más importantes y numerosos,  con los que contaba Campo de Criptana estaban construidos en La Sierra y en Los Siete Molinos. La Sierra se encuentra al norte de la villa y Los Siete Molinos  al noroeste de ella. Estos siete molinos de viento eran los más cercanos al límite del término de Campo de Criptana con Alcázar de San Juan. Esto es lo mismo que decir al límite de la Orden de Santiago con la Orden de San Juan, y lo mismo que en tiempos de Cervantes se conocía como antiguo Campo de Montiel con el Campo de San Juan, pues como Campo de Montiel fue considerada esta villa de Campo de Criptana y otras cercanas, mucho antes de la escritura del Quijote.

Es importante también indicar que en aquella época, de elaboración del  Catastro de Ensenada, la mitad de los molinos de viento, construidos y moliendo en Campo de Criptana, eran propiedad de vecinos o instituciones religiosas de Alcázar de San Juan. De los seis molinos relacionados en el paraje de Los Siete Molinos, tres de ellos eran propiedad de las monjas de San José de Alcázar de San Juan y los otros tres de vecinos de la misma villa de Alcázar. Es posible, por tanto, que el séptimo molino que falta en la relación fuese también de algún vecino o institución de Alcázar de San Juan.

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En el plano anterior tenemos la situación de treinta y tres de  los treinta y cuatro molinos de viento de Campo de Criptana, el molino situado en el paraje de “Ribera del Villargordo” no he podido localizar su topónimo en la actualidad, pero es lógico pensar que estaría en el entorno de estos aquí dibujados. También está dibujado el Camino de Toledo a Murcia o Camino de Alcázar a Criptana, conocido así entre las villas, y el Camino de los molinos que va a Alcázar.

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Algunos autores han creído ver en la narración de la primera y segunda de don Quijote de su pueblo una contradicción o error de Cervantes. ¿Cómo es posible, se preguntan, que saliendo por el mismo camino y dirección de su pueblo, la primera vez no viese esos molinos y la segunda sí?

Y observando el plano anterior tenemos la respuesta. De su lugar, Alcázar de San Juan, salen don Quijote y Sancho “por el mismo camino y dirección que la vez pasada” salió, esa vez solo,  don Quijote llegando hasta la venta de Manjavacas, donde fue armado caballero. Poco antes de salir del término de Alcázar, por el famoso y antiguo Camino de Toledo a Murcia, se bifurca de este camino real otro camino menor a mano izquierda, que tiene el mismo destino, la vecina villa de Campo de Criptana.

Este camino llamado por los vecinos de Campo de Criptana, ya en 1604, Camino de los molinos que va a Alcázar”, fue construido para facilitar el acceso de ambas villas a los recientemente construidos molinos de viento, especialmente a los vecinos de Alcázar de San Juan, así como a los vecinos de Villafranca y Herencia que tampoco contaban con estos tipos de molinos.

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Y este “Camino de los molinos” a Campo de Criptana es el que tomaron nuestros dos vecinos, aún de noche, y muy poco después, al entrar la mañana,  divisaron los muchos molinos que desde ese lugar es posible ver, siendo los situados en el lugar conocido como “Los siete molinos”, los más cercanos,  contra los que arremete en batalla don Quijote.

Y es así, con el sol muy bajo, oblicuo, y dándoles ligeramente sus rayos plácidamente de lado, lo que el narrador nos cuenta: por ser la hora de la mañana y herirles a soslayo, los rayos del sol no les fatigaban”.

Cervantes, aunque no hay rastro conocido de él en esta parte de la Mancha, aparte de la controvertida partida de bautismo guardada en la iglesia de Santa María de Alcázar de San Juan, conocía muy bien este Camino de Toledo a Murcia y esteCamino de los molinos, de Alcázar de San Juan a Campo de Criptana, en particular, para imaginar sobre ellos las aventuras de don Quijote y así escribirlas con exactitud. Así, conociendo estos caminos, aún hoy, es fácil entender la narración de la historia de don Quijote en sus dos primeras salidas de su casa.

De una posible contradicción, descuido o error del autor pasamos a evidenciar su especial conocimiento de esta parte del espacio geográfico manchego. Sencillamente toma unos caminos que conoce, no necesita inventar  geográficamente nada, y los utiliza para su maravilloso cuento.

Y desde ahora, como adelanto de mi próximo trabajo, ya también sabemos que es con uno de estos siete molinos de viento contra el que don Quijote nos demuestra su gran valor. Porque esto es lo significativo de este capítulo, no es la locura de un hombre que lancea a las aspas de un molino, sino la cordura y valentía de un hombre que se enfrenta, con lo poco que tiene, a unos gigantes que desafiantes asolarían los campos y las casas de sus vecinos.

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Conocido es que los propietarios de los molinos de viento ponían nombres a estos. Y así son identificados en el Catastro de Ensenada, seis de los siete molinos:

El Ranas, El Beneficio, El Quimera, El Calvillo, El Balera y El Guizepo.

Falta uno, como he indicado antes, pero hasta este paraje de la Ribera de los Siete molinos lleva Cervantes a don Quijote y Sancho. Son los primeros molinos de viento, de aquellos más de treinta, que divisó don Quijote, esa mañana de verano manchego.

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En la fotografía anterior, realizada unos metros después de entrar en el término de Campo de Criptana, antiguo Campo de Montiel en la Orden de Santiago, a la derecha, lejos aún, se ve Campo de Criptana y los molinos existentes de la Ribera de La Sierra, y a la izquierda del camino se ven los cerros de la  Ribera de los Siete molinos. Esta misma imagen la debió de ver muchas veces don Miguel y fue la que puso en la retina de don Quijote.

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En la fotografía anterior se observan los restos de la cimentación de uno de los siete molinos y los restos, detrás, de la bóveda de entrada a su silo que aún hoy se encuentra, en parte reconocible, aunque muy descuidada. Posiblemente junto a este molino quedó caído don Quijote y Rocinante.

Y desde aquí, desde la Ribera de los siete molinos, es desde don Quijote y Sancho continúan su aventura:

“Y, ayudándole a levantar, tornó a subir sobre Rocinante, que medio despaldado estaba. Y, hablando en la pasada aventura, siguieron el camino del Puerto Lápice, porque allí decía don Quijote que no era posible dejar de hallarse muchas y diversas aventuras, por ser un lugar muy pasajero…”

Y aquí en este punto de la narración, de nuevo para algunos,  parece que Cervantes nos deja otra contradicción. ¿Ir a Puerto Lápice, pasando por su pueblo, Alcázar de San Juan, cuando sus familias y amigos ya estarían preguntándose donde estarían o incluso saliendo en su busca?

         ¡¡Solo con seguir leyendo la novela atentamente, tenemos la respuesta!!

En estos tiempos cuando lugares y asociaciones reivindican ser el “Origen del Quijote”,olvidándose interesadamente de la geografía real que nos describió Cervantes, con el solo interés de conseguir un reconocimiento que no les corresponde, el solo hecho de estar sobre estos cerros de Campo de Criptana tocando los restos olvidados de aquellos molinos de viento que tanto debió de asombrar a Cervantes y que los dejó inmortalizados para siempre, me produce una sensación de incredibilidad e indignación de cómo es posible que esto pase, y que otros lugares, con evidente e indudable razón para ello, posiblemente por indiferencia o desconocimiento de sus dirigentes, no denuncien estos desaguisados culturales.

Origen del Quijote”

Solo hace falta leer el Quijote para entender que es en esta parte de la Mancha, y no en otra, donde Cervantes dispuso el origen de don Quijote. El Toboso, Quintanar, Puerto Lápice, Tembleque, los molinos de Campo de Criptana, el camino de Toledo a Murcia y el antiguo Campo de Montiel, conocido y dibujado en tiempos de Cervantes. Simplemente con consultar un mapa antiguo o actual, queda demostrada la consciente falsedad de algunos y el desconocimiento, o interés, de otros que los siguen. Esperemos que las autoridades culturales de la JJCC de Castilla-La Mancha enderecen este entuerto y no tengan que ser otras instancias culturales nacionales o internacionales las que nos digan lo que en el Quijote, al menos el escrito por Cervantes, está descrito como “Origen del Quijote”.

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Los actuales molinos de viento de Campo de Criptana, situados en su Sierra hay que visitarlos. A ellos han llegado muchos visitantes de todo el mundo atraídos por la obra de Cervantes. Recuerdo ahora especialmente a un chileno, Carlos Sander Álvarez. Periodista, escritor, poeta y diplomático destinado en España, y que llegó en busca de don Quijote hasta Campo de Criptana hace muchos años ya. Otro “loco” que sintió como había que recuperar aquellos ruinosos molinos de los años 50 del pasado siglo XX y fomentó su  reconstrucción institucional con dinero de los países americanos. En 1960 se inauguraba el nuevo molino de viento “Quimera”, con dinero aportado especialmente por particulares y asociaciones de Santiago de Chile. El propio Sander sugería esto ya en la dedicatoria de su libro póstumo “En busca del Quijote”, a su mujer Amalia:

“Compañera en rutas de ensueño, que llenó mi soledad de celestial ternura. Este libro donde España y Chile juntan sus caminos de quimera y gloria”

No me cabe la menor de las dudas, del inmenso favor que nos hizo este chileno, enamorado del Quijote y de la Mancha, hasta la que vino recorriendo sus lugares, como otros muchos viajeros ilustres hicieron antes. Argamasilla de Alba, Puerto Lápice, El Toboso, Alcázar de San Juan,… y a Campo de Criptana y sus molinos de viento. ¡Cuánta deuda de los manchegos con Carlos Sander!. Hoy hablar de Carlos Sander, incluso en Campo de Criptana donde tiene dedicada una calle a su nombre, es mencionar a un desconocido. Un desconocido que aún después de marcharse de España, consiguió que un molino de viento de Campo de Criptana fuese reconstruido con dinero chileno.

Quizás sea ahora el momento de que, con una nueva locura tan cuerda, sigamos el camino marcado por Carlos Sander y se reconstruyeran estos Siete molinos, con dinero particular, local, regional, estatal, europeo, allende los mares o de la propia UNESCO, da igual, en este paraje real por el que hace más de cuatrocientos años Miguel de Cervantes quedó impregnado de la imagen que desde allí se tenía e hizo pasar también por él a sus personajes de ficción, don Quijote y Sancho Panza.

¡¡Esto sí es una realidad geográfica cervantina y no los argumentos retorcidos e interesados de otros!! 

                                               Luis M. Román Alhambra

DOS MIGUELES Y UN AUTOR DEL QUIJOTE… ¿EL DE ALCÁZAR?

Mariano Lizcano, caracterizado de Cervantes
Mariano Lizcano, caracterizado de Cervantes

Han pasado casi cuatro siglos de la muerte de Cervantes, y aún sigue habiendo discusiones sobre su vida, lugares de estancia o paso, educación, estudios elementales, secundarios o universitarios, ocupaciones, familia, etc. Desde este artículo solo se pretende despertar la curiosidad sobre datos autobiográficos, que él mismo nos lega en sus Prólogos o Dedicatorias de sus obras más conocidas, y que con su lectura nos pueden albergar ciertas dudas sobre su biografía oficial aceptada por muchos.

Dudas que bien podrían explicar el sentimiento que continúa teniendo el lugar de Alcázar de San Juan, en el corazón de la Mancha, como Cuna de Cervantes, pues estas dudas no han sido convenientemente explicadas por sus biógrafos, y en alguna ocasión incluso menospreciadas u omitidas intencionadamente por estar claramente en contradicción con la historia «oficial» de nuestro autor español más importante.

Miguel de Cervantes muere en 1616, comienza a pasar el tiempo y se siguen leyendo sus obras cada vez más y en más países. Es ya entonces   reconocido como un genio de las letras españolas, pero no se sabe nada de él, o casi nada, hasta que se escribe la primera biografía del autor del Quijote.

Han pasado más de cien años de su muerte en Madrid cuando, en 1738, Gregorio Mayans publica esta primera biografía, que titula: Vida de Miguel de Cervantes Saavedra.

El mismo Mayans reconoce en la dedicatoria al Barón de Carteret, impulsor de este trabajo, los pocos datos que se disponían de Cervantes en aquellos años, recurriendo principalmente para elaborar su trabajo a lo escrito por el mismo Cervantes, especialmente en los Prólogos y Dedicatorias de sus obras:

“He procurado poner la diligencia a que me obligó tan honroso precepto, y he hallado que la materia que ofrecen las acciones de Cervantes es tan poca, y la de sus escritos tan dilatada, que ha sido menester valerme de las hojas de éstos para encubrir de alguna manera, con tan rico y vistoso ropaje, la pobreza y desnudez de aquella persona dignísima de mejor siglo”

Y comienza Mayans la biografía por el lugar del nacimiento, que al no conocerse fehacientemente apunta a los lugares que ya por entonces se disputaban la cuna de Cervantes. Estos lugares eran Esquivias, Sevilla y Lucena:

“Esquivias dice ser suyo. Sevilla le niega esta gloria y la quiere para sí. Lucena tiene la misma pretensión. Cada una alega su derecho, y ninguna le tiene.

«Cada una alega su derecho, y ninguna le tiene. Y así es de categórico Mayans, porque él mismo tiene su propia hipótesis del lugar de nacimiento, la villa de Madrid:

“…, tengo por cierto que la patria de Cervantes fue Madrid, pues él mismo en el Viaje del Parnaso despidiéndose de esta grande villa le dice así:

A Dios, dije a la humilde choza mía.

A Dios Madrid, a Dios tu prado y fuentes,        

que manan néctar, llueven ambrosía.

A Dios, hambre sotil de algún hidalgo,

que por no verme ante tus puertas muerto

hoy de mi patria y de mí mismo salgo.

Y tampoco tiene, Mayans, ninguna certidumbre del lugar de su muerte, ni mucho menos de cuando pasó:

«Según indica esta carta, es posible que muriese de allí a poco tiempo. El día fijo no se sabe, ni aún menos el mes».           

Mayans toma como referencia para escribir esto, la Dedicatoria de Cervantes en el Persiles, sintiéndose ya cerca de la muerte, a don Pedro Fernández de Castro, describiendo su próximo tránsito con una inigualable prosa:

«Puesto ya el pie en el estribo, quisiera yo no vinieran tan a pelo en esta mi epístola, porque casi con las mismas palabras las puedo comenzar, diciendo: Puesto ya el pie en el estribo con ansias de la muerte, Gran Señor, ésta te escribo: ayer me dieron la Extrema unción, y hoy escribo ésta, el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y con todo esto llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivirDe Madrid, a diez y nueve de abril de mil y seiscientos y diez y seis años.»

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Miguel de Cervantes Saavedra muere en Abril de 1616, siendo enterrado, por expreso deseo de él mismo, en el convento de las Trinitarias Descalzas de Madrid, como reza la partida de defunción encontrada por Blas de Nasarre y Ferriz, bibliotecario mayor del rey Fernando VI, en la iglesia parroquial de San Sebastián de Madrid en 1749:

«En 23 de abril de 1616 años murió Miguel de Cervantes Saavedra, casado con doña Catalina de Salazar, calle del León. Recibió los Santos Sacramentos de mano del licenciado Francisco López. Mandóse enterrar en las Monjas Trinitarias. Mandó dos misas del alma y lo demás a voluntad de su mujer, que es testamentaria y el licenciado Francisco Martínez, que vive allí». (Libro 4º de Difuntos)

Un año antes, en 1748, el mismo Blas de Nasarre, por encargo del duque de Hijar recorre lugares de la Mancha en busca de testimonios sobre el origen de Cervantes. Solo un gran conocedor de esta tierra, y por qué no, natural de ella, podría haberla descrito tan precisamente, así como a sus vecinos, para querer hacerla patria de don Quijote, bien pudo ser el argumento para este encargo.

Nasarre visita los archivos parroquiales, rebusca en los libros de bautismos de lugares de la Mancha y en su visita a la iglesia parroquial de Santa María la Mayor de Alcázar de San Juan, encuentra el registro de un  niño, al que sus padres, Blas de Cervantes Saavedra y Catalina López, bautizaron con el nombre de Miguel. Este Miguel fue bautizado el 9 de Noviembre de 1558.

“En nueve días del mes de noviembre de mil quinientos y cincuenta y ocho bautizó el Reverendo Señor Alº Diaz Pajares un hijo de Blas de Cervantes Sabedra y de Catalina López que le puso de nombre Miguel, fue su padrino de pila Melchor de Ortega, acompañados de Julián de Quirós y Francisco Almendros y sus mujeres de los dichos”

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En el margen de esta partida, con otra grafía distinta, la tradición dice que el propio Nasarre escribió:

«Este fue el autor de la historia de don Quixote» 

Desde su descubrimiento, los vecinos de Alcázar de San Juan han creído que el Miguel que engendró el Quijote nació en este lugar manchego. Incluso sabían la casa donde Catalina, su madre, lo trajo al mundo. Una casa existente en la antigua plaza de la Rubia, muy cerca de la iglesia de Santa María donde fue bautizado.

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Unos años más tarde de estos dos descubrimientos por Blas de Nasarre, tanto de la partida de bautismo en Alcázar de San Juan como del registro de defunción en Madrid, en 1753, Agustín de Montiano, primer director de la Real Academia de la Historia, publica el descubrimiento de un registro de bautismo de otro Miguel, hijo de Rodrigo de Carvantes y de Leonor de Cortinas. Este Miguel recibe el bautismo el día 9 de Octubre de 1547 en Alcalá de Henares. Montiano era muy crítico con la obra de Cervantes, tanto es así que valoraba literariamente muy por encima el Quijote de Avellaneda que el propio Quijote de Cervantes, llegando incluso a advertir:

«Ningún hombre juicioso fallará en pro de Cervantes si formase el cotejo de las dos segundas partes».

“Domingo, nueve días del mes de octubre, año del Señor de mil y quinientos y cuarenta y siete años, fue bautizado (¿?), hijo de Rodrigo Carvantes e su mujer doña Leonor. Bautizole el reverendo señor Bartolomé Serrano, cura de Nuestra Señora. Testigos, Baltasar Vázquez, Sacristán, y yo, que le bauticé y firme de mi nombre”. 

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En el margen con otra grafía distinta se lee Miguel, ya que el apócope del nombre de la partida no está nada claro.

Y aquí comenzó la disputa entre estos dos lugares, Alcázar de San Juan, en el corazón de la Mancha, y Alcalá de Henares, villa universitaria muy cercana a Madrid.

Documentos aparecidos posteriormente, entre ellos los del rescate en Argel por los padres trinitarios de Miguel de Cervantes, «natural y vecino de Alcalá de Henares», decantaron definitivamente a los académicos de la Real Academia de la Historia a determinar que Miguel de Cervantes Saavedra, autor del Quijote, nació en Alcalá de Henares.

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No obstante la tradición, en Alcázar de San Juan, ha pasado de padres a hijos, de abuelos a nietos, incluso hasta el punto de que durante algunos años del siglo XX, el nombre de este lugar manchego pasó a ser oficialmente  Alcázar de Cervantes. Hoy, Miguel de Cervantes Saavedra, es Hijo Predilecto de Alcázar de San Juan.

Poco se sabe, o mejor dicho nada, de la infancia del Miguel escritor del Quijote, dónde estudió, cuándo y dónde pudo leer a los clásicos…, en definitiva, no sabemos cuándo, dónde y cómo adquirió la formación necesaria para, casi al final de su vida, engendrar Las Novelas Ejemplares, el Quijote, el Persiles, …

Es tan poca la documentación irrefutable de Cervantes, que cualquier documento que apareció, y sigue apareciendo, con el nombre de Miguel de Cervantes es atribuido al escritor del Quijote, sin estimar que pudo haber dos, o más Migueles, y de primer apellido Cervantes en aquellos años, encajando, también de una manera difícil de explicar, algunos de estos documentos con la biografía del niño Miguel, bautizado en Alcalá de Henares.

La edad que separa a estos dos Migueles, once años mayor el Miguel de Alcalá de Henares que el Miguel de Alcázar de San Juan, fue también   utilizada, y es utilizada aún por muchos en contra de los argumentos aportados por Alcázar de San Juan, sin la debida consideración histórica, e incluso de una manera que roza, si no lo supera, el insulto.

Para evitar discusiones entre unos documentos y otros, unos falsos, otros manipulados, unos que existieron pero que no aparecen, otros de posibles homónimos…, como también hizo Gregorio Mayans, vamos a tener en cuenta solo documentos evidentes: las  obras del propio Cervantes, y sus Prólogos y Dedicatorias.

Hay un dato evidente y que los biógrafos y estudiosos han pasado por alto. Se trata de que la biografía oficial sitúa a Miguel en Sevilla en los años 1564-1566. Según reconoce él mismo en el prólogo de su obra “Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados” (1515)  asistió a las representaciones de Lope de Rueda que le dejaron honda impresión aunque dice no tener capacidad para apreciarlas bien.

Detalle del Prólogo de Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados

6Cuesta creer que un joven, casi un hombre ya, de  diez y siete a  diez y ocho años, la edad del Miguel de Alcalá diga que: “y aunque por ser muchacho yo entonces, no podía hazer juyzio firme de la bondad de sus versos”, es  decir que no entendiese si en verdad eran buenas o no las representaciones teatrales de Lope de Rueda.

Por el contrario, se comprende mejor esta reflexión suya si tenemos en cuenta que esa afirmación la hacía el Miguel de Alcázar, que en esa época contaría con la edad de entre  seis a ocho años y es más fácil que quedase impresionado por las representaciones teatrales aunque sin llegar a comprenderlas del todo y sin poder enjuiciar, como escribió en este Prólogo, la calidad de las mismas.

En Las Novelas Ejemplares (1613), en su Prólogo, Cervantes hace una descripción de él mismo, un retrato con palabras. Sabe que está muy enfermo, que no le queda mucho tiempo de vida, y que nadie le ha pintado como para dejar su grabado en el Prólogo de esta obra, ni en ninguna otra:

“Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y éstos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha…”

El Miguel de Alcalá tenía en 1613 la edad de sesenta y seis años, el Miguel de Alcázar, once años menos, cincuenta y cinco.

La esperanza de vida en aquella época estaba entre los cincuenta y los sesenta años. Su contrincante literario, Lope de Vega, en El peregrino en su patria, describe las edades de los hombres y sus dedicaciones en cada fase de la vida: «… en las cortas (vidas) nuestras que de veinte años se abren los ojos al sentido, de treinta al entendimiento, de cuarenta al alma para mirar lo pasado, de cincuenta al arrepentimiento y a la muerte…». El Miguel de Alcalá moría en 1615 con sesenta y nueve años y el Miguel de Alcázar con cincuenta y ocho años. Coincide perfectamente la edad de fallecimiento, con las expectativas de vida de su época, con la del Miguel de Alcázar mucho más que con la del Miguel de Alcalá, según el juicio de Lope de Vega, y más teniendo en cuenta la vida, parece más que azarosa, de Cervantes. Pero esto solo puede ser una mera coincidencia, ya que el propio Lope de Vega muere a los setenta y tres años.

Y poco después, en el mismo Prólogo, Cervantes se enorgullece de uno de sus días más importantes para él vividos, haber estado en la batalla de Lepanto:

 “… Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los siglos pasados, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria…”

Era el amanecer del 7 de Octubre de 1571, cuando las flotas cristianas y turcas se lanzaron las salvas de comienzo de batalla. Esta terminó a medio día con la victoria de la flota cristiana comandada por don Juan de Austria, hermanastro del rey Felipe II, y con el futuro genio de las letras españolas herido en una mano y en el pecho por metralla de arcabuz. De estas heridas siempre estuvo orgulloso Cervantes, más de las de la mano, tanto que ya en vida se le conoció como el «manco de Lepanto».

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El Miguel de Alcalá estaría ese día con veinticuatro años, el Miguel de Alcázar con solo trece años. Y aquí parece acabarse la discusión. Para los detractores del Miguel de Alcázar no es posible que un muchacho de trece años estuviese en un barco de guerra ese día.

Pensar esto hoy es lo más lógico, pero esta batalla naval ocurrió casi en el último cuarto del siglo XVI, cuando muchos muchachos eran “reclutados” para servir a oficiales, tocar algún instrumento de guerra, como el pífano o el tambor, o ayudar a la carga de los arcabuces de los temidos Tercios españoles.

Tal era, a veces, la pobreza en algunas familias que esta era una de las salidas de los hijos varones del hogar familiar, el servicio militar, o era buscado intencionadamente por el espíritu patriótico e imperial reinante en aquella época en España.

Pero para evitar discusiones sobre esto, si un muchacho de trece años podía estar o no en aquella batalla, avancemos a 1605, y leamos lo que en el Quijote, el Miguel escritor nos dice sobre esto mismo:

«En esta razón vino a nuestro pueblo un Vicente de la Rosa, hijo de un pobre labrador del mismo lugar: el cual Vicente venía de las Italias, y de otras diversas partes de ser soldado: llevóle de nuestro lugar siendo muchacho de hasta doce años, un Capitán, que con su compañía por allí acertó a pasar…» (IP, Cap LI) 

¡Un muchacho de doce años se va con un capitán! El Miguel de Alcázar estaría con trece años en Lepanto, un año antes con «doce años», en 1570, se había decantado por el servicio a las armas. Según el Miguel  escritor del Quijote, bien pudo haber estado allí.

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El primer Prólogo escrito por Cervantes fue en La Galatea (1585). Un año antes había contraído matrimonio en Esquivias (Toledo) con Catalina de Palacios. Ella contaba con diez y ocho años. El Miguel de Alcalá tendría treinta y siete años, el Miguel de Alcázar veintiséis años.

“En 12 de diciembre, el reverendo señor Juan de Palacios, teniente, desposó a los señores Miguel de Cervantes, vecino de Madrid, y doña Catalina de Palacios, vecina de Esquivias. Testigos: Rodrigo Mexia, Diego Escribano y Francisco Marcos”.

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La Galatea (1585) es su primera obra con cierto éxito, de la que Cervantes siempre estuvo orgulloso, tanto que al final de su vida tenía prevista su segunda parte. Así es como se la dedica a Ascanio Colonna, abad de Santa Sofía:

“Ha podido tanto conmigo el valor de V.S.I. que me ha quitado el miedo, que con razón debiera tener en osar ofrecerle estas primicias de mi corto ingenio”

“Primicias de mi corto ingenio”. No parece que Cervantes lleve mucho tiempo escribiendo con verdadera satisfacción personal como para mandar a imprimir sus obras. El mismo critica, ya en el Prólogo, tanto a quienes publican cualquier cosa, “con deseo de gloria”, como a los que por “temor de infamia, no se atreven a publicar lo que, una vez descubierto, ha de sufrir el juicio del vulgo, peligroso y casi siempre engañado”.

Cervantes comienza este Prólogo defendiendo su trabajo, aunque este sea en verso, escrito “en tiempo que, en general, la poesía anda tan desfavorecida”  y en la que no está de acuerdo con los que critican a quienes se dedican a la poesía siendo jóvenes:

 “… solo quiero responder a los que libres de pasión, con mayor fundamento se mueven a no admitir las diferencias de la poesía vulgar, creyendo que, los que en esta edad tratan de ella, se mueven a publicar sus escritos con ligera consideración, llevados de la fuerza que la pasión de las composiciones propias suele tener en los autores de ellas, para lo cual puedo alegar de mi parte la inclinación que a la poesía siempre he tenido, y la edad, que, habiendo apenas salido de los límites de la juventud, parece que da licencia a semejantes ocupaciones”

Cervantes decide publicar sus versos de La Galatea (1585), “habiendo apenas salido de los límites de la juventud”.

Aquí tenemos uno de los datos biográficos más importantes que tenemos de Cervantes, su edad aproximada cuando publica La Galatea. Esta obra veía la luz cuando el Miguel de Alcalá tenía treinta y ocho años y el Miguel de Alcázar veintisiete años.

“Apenas salido de los límites de la juventud”. Hoy la juventud del Miguel escritor cuando publica La Galatea puede entenderse, y según por quienes y sus intereses cervantinos, de una manera o de otra, siempre entre la infancia y la edad en la que la persona pasa a entenderse como adulta. Edad muy indeterminada que admite la discusión. Pero leamos el diccionario de la Real Academia de la Lengua, pero no el actual, sino veintitrés ediciones menos, la primera edición de esta institución y conocida como Diccionario de Autoridades, comenzado a publicarse en 1726, y es la más cercana a la vida de Cervantes:

“JUVENTUD.f.f. El tiempo de la edad de joven, que comienza desde los catorce, y llega hasta los veinte y un años”

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“Apenas salido de los límites de la juventud”. Parece evidente que de los dos Migueles, este párrafo de La Galatea  fue escrito por el Miguel de Alcázar con veintisiete años. Si la juventud, en aquella época, terminaba a los veintiún años de edad, escribir esto el Miguel de Alcalá, con ¡treinta y ocho años!, sencillamente es imposible.

Poco se ha escrito sobre esta frase de Cervantes, y cuando se hace, como no «encaja» en la vida oficial del Miguel de Alcalá, se justifica siempre como un posible error, contradicción o hasta como simple engaño sobre su edad por el propio escritor. Esta duda habría que justificarla con más ingenio, aunque difícil lo tienen los defensores del Miguel de Alcalá, pues «solo» separa el límite de la juventud con la edad de este Miguel ¡diez y siete años!

La Galatea la dedica Cervantes «Al Ilustrísimo Señor Ascanio Colonna Abad de Santa Sofía». Y en esta Dedicatoria, Cervantes, nos deja otro detalle autobiográfico de su estancia en Italia:

«Juntando a esto el efecto de reverencia que hacían en mi ánimo, las cosas (que como en profecía) oí muchas veces decir de V.S.Ilustrísima al cardenal de Aquaviva, siendo yo su camarero en Roma»

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Cervantes conoció al destinatario de su Dedicatoria, Ascanio Colonna, cuando estaba al servicio del cardenal Acquaviva, en Roma.

Giulio Acquaviva, nace en Nápoles en 1546. En 1568, con veintidós años de edad, es enviado por el papa Pío V a España para, entre otras cosas de índole diplomático y político, dar el pésame al rey Felipe II por la muerte de su hijo, el príncipe Carlos. Monseñor Acquaviva parte de Roma el 19 de septiembre y llega a Madrid el 13 de Octubre. Solo diez días antes de su llegada a la Corte española, el 3 de Octubre,  había muerto la reina Isabel de Valois. El día 30 de Diciembre, de ese mismo año de 1569, parte de Madrid de vuelta  hacia Roma. Su estancia en España, y especialmente en Madrid, fue de unos dos meses y medio.

En mayo de 1570, el papa Pío V le nombra cardenal diácono. Giulio Acquaviva tenía veinticuatro años y conocido como gran amante de las letras y mecenas de jóvenes escritores. Muere, solo cuatro años más tarde, en Roma a los veintiocho años.

Ascanio Colonna, nace en Marino en 1560. Es hijo de Marco Antonio Colonna, comandante de la flota de los Estados Pontificios, integrada en la coalición cristiana conocida como La Liga Santa. Esta gran coalición naval cristiana es la  que se enfrentó y derrotó en el golfo de Lepanto a la flota turca el 7 de Octubre de 1571, batalla en la que Cervantes se encontraba en una de sus naves.

Cervantes le recuerda a Ascanio Colonna su relación con su padre, en la misma dedicatoria, cuando estuvo a su servicio:

«Y si por esto no lo meresciere, merézcalo a lo menos por haber seguido algunos años las vencedoras banderas de aquel sol de la milicia que ayer nos quitó el cielo delante de los ojos, pero no de la memoria de aquellos que procuran tenerla de cosas dignas della, que fue el Excelentísimo padre de V. S. Ilustrísima»

¿Cuándo estuvo Cervantes, y por qué, de camarero con el cardenal Aquaviva en Roma y pudo conocer al Ascanio Colonna para dedicarle La Galatea?

Cervantes comienza sus servicios, y a obtener méritos por ellos, en 1568, pues él mismo en su solicitud para acceder a un puesto en Nueva España, fechada en mayo de 1590, señalaba así sus méritos al presidente del Consejo de Indias:

«He servido al rey muchos años en jornadas de mar y tierra … de veinte y dos años a esta parte»

 Si es apresado, como él mismo también reseña, regresando a España desde Italia en la galera Sol, en septiembre de 1575, solo pudo estar al servicio del cardenal Acquaviva entre 1568 y 1570. En Octubre de 1571 se encontraba en Lepanto sirviendo en la galera Marquesa, de la flota veneciana.

Estar al servicio del cardenal Acquaviva después de la batalla de Lepanto, y de su rehabilitación en un hospital de Messina, hasta la muerte del cardenal en 1574, parece improbable, pues en la misma solicitud enviada al presidente del Consejo de Indias, Cervantes manifiesta que después de Lepanto, y resultar herido,  estuvo en las campañas militares de Navarino, Túnez y La Goleta:

«… particularmente en la batalla naval donde le dieron muchas heridas, de las cuales perdió una mano de un arcabuzazo. Y el año siguiente fue a Navarino, y después a la de Túnez y a la Goleta…»

 Las campañas de Navarino, Túnez y La Goleta se desarrollaron entre 1572 y 1574.

Si sólo cabe la posibilidad de coincidir con el cardenal Acquaviva entre los años 1558 y 1570, ¿pudo haberse marchado Cervantes con el séquito del monseñor Acquaviva a Roma, cuando este estuvo en Madrid en 1558?

Parece muy probable que en alguna de las reuniones que mantuvo monseñor Acquaviva con figuras relevantes de las letras españolas en Madrid, escuchase o leyese las composiciones que un alumno de Juan López de Hoyos, llamado Miguel de Cervantes, había compuesto por la muerte de la reina Isabel de Valois  y que se publicarían posteriormente, en septiembre de 1569,  integradas en la  «Historia y relación verdadera de la enfermedad, felicísimo tránsito y suntuosas exequias de la Serenísima reina de España Doña Isabel de Valois».

 Estas primeras composiciones de Cervantes, iban precedidas de un elogio personal que el propio López de Hoyos hacía de su alumno destacado:

            «Estas cuatro redondillas Castellanas, a la muerte de su magestad, e las quales como en ellas parece se usa de colores rhetóricos, y en la última se habla con su magestad son una elegía que aquí va de Miguel de Cervantes nuestro charo y amado discípulo:…»

Sin duda alguna estas composiciones poéticas las debió escribir Cervantes entre el 3 de Octubre de 1568, fecha de la muerte de la reina, y mayo de 1569, fecha de la aprobación para su publicación del texto completo por fray Diego de Chaves, confesor, que había sido, del príncipe Carlos y de la reina Isabel de Valois. Por lo tanto, si estas fueron escritas al poco tiempo de morir la reina, sí las pudo haber leído o escuchado monseñor Acquaviva antes de su partida de España a finales de 1569, y como protector y mecenas de escritores y poetas, especialmente de jóvenes, haber propuesto al distinguido alumno de López de Hoyos, Miguel de Cervantes, que le acompañase a Roma.

De ser así, habría comenzado sus servicios, sus méritos con el rey, en el año que él mismo indica, 1568, y habría estado con el monseñor Acquaviva al menos hasta su nombramiento como cardenal en 1570, tiempo en el que si pudo conocer también a Ascanio Colonna, este con la edad entre nueve a diez años y muy aficionado ya a las artes y a la poesía.

¿Pudo haberse fijado monseñor Acquaviva de un alumno sobresaliente de Juan López de Hoyos, con ¡veintiún años!, la edad del Miguel de Alcalá? La edad de este Miguel era parecida al ya muy ilustrado y considerado monseñor Acquaviva. ¿No parece una edad muy tardía para empezar a escribir poesía en un genio de las letras y para estar aún formándose en el Estudio de la Villa de Madrid, cuando esta es edad de estudios universitarios, y avanzados si no terminados?

¿Y con la edad de diez años, la edad del Miguel de Alcázar? De ser el Miguel de Alcázar, este niño estaría estudiando en el Estudio de Juan López de Hoyos con diez años cuando acaeció la muerte de la reina. Edad mucho más lógica para esos estudios y para que un genio de la escritura fuese empezando a crear sus primeras obras, publicadas con elogios de su maestro.

Habría aceptado su familia la oferta de que Miguel entrara al servicio de monseñor Acquaviva en 1568, marchándose con su séquito a Roma, y  por tanto haber estado con él ya siendo cardenal en 1570, y coincidir con Ascanio Colonna, cuando este solo tenía nueve o diez años, y recibía ya los elogios también del cardenal. Así, Miguel y Ascanio, coincidieron en la casa del cardenal Acquaviva, casi con la misma edad los dos, protegidos ambos por el cardenal, estudiando y ampliando sus conocimientos en la muy extensa biblioteca del cardenal. También así se justifica el conocimiento de los clásicos de un Cervantes sin paso conocido por la universidad.

Cervantes, además de pintarse con palabras en el Prólogo de Las Novelas ejemplares (1613), se sincera también con sus lectores. Nos dice incluso que es tartamudo, y nos indica su edad. Se siente ya viejo y presiente que no le queda mucho tiempo de vida:   

“Mi edad no está ya para burlarse con la otra vida, que al cincuenta y cinco de los años gano por nueve más y por la mano”

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También se ha escrito mucho sobre esta frase de Cervantes. Los defensores del Miguel de Alcalá, la interpretan de la siguiente manera:

Año de publicación de Las Novelas ejemplares, 1613, menos sesenta y cuatro años que en ese momento dice Cervantes que tiene (suma de cincuenta y cinco años más nueve), nos resulta el año de su nacimiento: ¡¡1549!!, y como no les encaja con la fecha de la partida de bautismo de su Miguel de Alcalá, 1547, argumentan que bien pudo escribir este Prólogo ¡dos años antes!, en el 1611 o que sencillamente nos mintió con su edad, nuevamente. De alguna manera tienen que justificar lo escrito por Cervantes y su falta de coincidencia con el año de la partida de Bautismo.

Una interpretación muy intencionada con sus propósitos, pero sin tener en cuenta, o sin querer tener en cuenta, que Cervantes deja meridianamente clara la fecha de este “Prólogo al lector”. Así lo termina:

“Mucho prometo, con fuerzas tan pocas como las mías; pero ¿quién pondrá rienda a los deseos? Sólo esto quiero que consideres, que pues yo he tenido la osadía de dirigir estas novelas al gran Conde de Lemos, algún misterio tienen escondido que las levanta”

 ¡Cervantes ya había escrito la dedicatoria al Conde de Lemos, cuando escribió este Prólogo!. Y la dedicatoria al Conde de Lemos la fecha en Madrid:

» … a catorce de julio de mil y seiscientos trece»

Por lo tanto, es claro y evidente que el Prólogo al lector lo escribe en el 1613, después del «catorce de julio de mil y seiscientos trece», no dos años antes como pretenden los defensores del Miguel de Alcalá.

“Mi edad no está ya para burlarse con la otra vida, que al cincuenta y cinco de los años gano por nueve más y por la mano”.

“Ganar por la mano”. Nuevamente es necesario consultar el Diccionario de Autoridades, en el que al contener también expresiones comunes en aquella época leemos esta: 

«GANAR POR LA MANO. Es anticiparse a otro en hacer alguna cosa, o lograr alguna utilidad»

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Otros investigadores ven en esta frase sencillamente la edad de Cervantes en 1613, cincuenta y cinco años, ganando por nueve años, o siendo mayor nueve años, que otra persona. ¿Con quién se está comparando? ¿Con el «amigo» que le escribió el prólogo a la primera parte del Quijote del que se queja? Otra incógnita más que nos dejó don Miguel.

Si esto fuese así, si en 1613 tenía el escritor del Quijote cincuenta y cinco años, su año de nacimiento correspondería con el año de 1558, ¡año de nacimiento y bautismo del Miguel de Alcázar!:

«En nueve días del mes de noviembre de mil quinientos y cincuenta y ocho bautizó el Reverendo Señor Alº Diaz Pajares un hijo de Blas de Cervantes Sabedra y de Catalina López que le puso de nombre Miguel,…»

Otro episodio sustancioso en la vida de Cervantes, que también merece estudio y del que se puede extraer alguna conclusión es el del fallido viaje a Nápoles que tanto le enojó.  Sucedió que en la primavera de 1610 y tras el nombramiento del Conde de Lemos como virrey de Nápoles, el secretario del conde, Lupercio Leonardo de Argensola impide que el escritor forme parte de la corte que ha de acompañar al de Lemos a Italia, lo que origina una airada reacción de Miguel que la manifiesta en los versos del Viaje al Parnaso (refiriéndose a los “Lupercios”, tanto a Lupercio como a su hermano Bartolomé de Argensola):

“Mucho esperé, si mucho prometieron,

Más podrá ser, que ocupaciones nuevas

Les obligue a olvidar lo que dixeron”.

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También resulta muy aventurado y peligroso hacer un viaje de esa dificultad al reino de Nápoles cuando el Miguel de Alcalá contaba con sesenta y tres años, siendo más juicioso suponer que si se tratase del Miguel de Alcázar contaría en esa fecha con la edad de cincuenta y dos años, que si bien era elevada para una época en la que se consideraba viejos a los hombres con cuarenta y cinco años, encaja mejor en la envergadura del viaje a emprender.

Reseñamos a continuación un detalle curioso que ha sido apreciado por todos los investigadores sobre el escritor. Es digno de señalar que la década prodigiosa de Cervantes, en cuanto a la escritura de sus obras más principales y de más calidad (Primera parte del Quijote -1605-, Novelas Ejemplares -1613-, Viaje al Parnaso -1614-, Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados -1615- y Segunda parte del Quijote -1615-, además de la redacción del Persiles, publicado póstumamente en 1617) tuvo lugar entre los años 1605 y 1615.

Esta década le  llegó cuando el  Miguel de Alcalá tenía entre cincuenta y ocho y sesenta y ocho años, que si bien es una edad en que todas las experiencias se han acumulado y se ha vivido –y prácticamente estirado- una vida, no parece que por su enfermedad y su vida tan castigada, le permitiese demasiadas alegrías incluso referentes a la escritura, para la que se necesita alto grado de concentración y frescura, sobre todo si hablamos de la fabuloso producción en cantidad y calidad de esos años, más aún cuando lo aquejaban (y esta es una característica de su vida) problemas económicos y problemas de familia, que nada tenían que ver con la propia creación literaria.

En cambio, el Miguel de Alcázar tendría entre cuarenta y siete y cincuenta y siete años, que si bien ya hemos dicho con anterioridad era una edad a la que a un hombre normal de la época se le consideraba viejo, todavía había en el escritor nervio y ganas de contar cosas, y no cabe duda de que el genio creador podría haberse desarrollado en toda su extensión en esta década de madurez plena.

Cervantes muere en Madrid, en la calle de León en 1616. El Miguel de Alcalá tendría sesenta y nueve años, el Miguel de Alcázar, once menos, cincuenta y ocho. Durante la búsqueda de los restos de Cervantes en el convento de las monjas Trinitarias de Madrid, se estaba buscando un varón de unos setenta años, con solo seis dientes en su boca y heridas en su mano y pecho.

Podría haber sido el fin de esta polémica entre estos dos Migueles, pero el escritor del Quijote, se llevó consigo muchas dudas, al menos para los que leemos sus obras, con sus Prólogos y Dedicatorias.

Debe quedar claro que todas las dudas relativas a su edad que aquí se han expuesto no las decimos nosotros, sino que son afirmaciones del propio Miguel y que tan sólo han sido extraídas de sus obras, ¿pero del Miguel… de Alcázar?

Se han buscado sus huesos con ahínco, en un intento de saldar la deuda que España tenía con él. Realmente ahora se sabe el lugar exacto donde se encuentran junto con los de su mujer y otros restos, pero no es posible su identificación individual al pasar tantos años por ellos, además de un traslado ocurrido dentro del recinto de la propia iglesia.

Quizás es ahora también el momento de investigar, sin miedos al resultado, su verdadera vida, incluso su cuna.                                    

 

Luis Miguel Román Alhambra

Alonso Manuel Cobo

Constantino López Sánchez-T.

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Texto completo en pdf:

DOS MIGUELES Y UN AUTOR DEL QUIJOTE_ALCAZAR _DEFINITIVO

 

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Dos Migueles y un autor del Quijote… ¿El de Alcázar?
CC by-nc 4.0
Sociedad Cervantina del Lugar de don Quijote

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Presentación del nuevo libro de Jesús Sánchez Sánchez y Alfredo Barbero García

Jesús Sánchez (segundo por la derecha) en la mesa del acto de presentación
Alfredo Barbero (primero por la izquierda) u Jesús Sánchez (segundo por la derecha) en la mesa del acto de presentación

«Debemos dar, pues, por bienvenido, todo lo que suponga estimular la lectura del Quijote en nuestros conciudadanos»

Pronunciando estas palabras (totalmente concordantes con el objetivo de esta Sociedad), dentro de una intervención rebosante de sentido común y no exenta de ironía, presentaba Jesús Sánchez Sánchez su libro  “¿Existe el Lugar de la Mancha? O la imposibilidad del método científico para identificar la patria de don Quijote”, el sábado 20 de junio a las 19:30 horas en el Centro  Cultural “Casa de Medrano” de Argamasilla de Alba

Jesús (Diego de Carpio, Avila, 1958) es Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid, experto en Caminería Hispánica, es miembro de la Asociación Internacional de Caminería y de la Asociación Interdisciplinar de Estudios Romanos.

Ha recibido formación en ingeniería y técnica de las obras públicas romanas, Investiga la red histórica de caminos romanos y de la Edad Moderna en Castilla-La Mancha, donde reside, hace más de 25 años. Es autor de una treintena de publicaciones sobre caminería romana y cervantina en el ámbito castellano-manchego, la mayor parte están accesibles en la dirección http://independent.academia.edu/SanchezJesus.

El libro trata de una cuestión muy controvertida del Quijote: los recientes intentos de identificación científica de la localidad que pudiera ser la patria de don Quijote. Adelantando desde el principio que el autor sostiene la imposibilidad de que tales intentos puedan conducir a una identificación verosímil. Sostiene que , por su estructura interna, del texto del Quijote no pueden desprenderse los datos suficientes para identificar ninguna localidad concreta con patria del personaje de ficción Alonso Quijano y en todo caso es contrario a que de un modo terminante, quede ya científicamente verificado que una determinada localidad del Campo de Montiel (Ciudad Real) sea “el lugar de la Mancha”.

Cubierta del libro
Cubierta del libro

En la presentación del libro, Jesús Sánchez dijo valorar a todos los que se acercan al Quijote buscando en el texto sabiduría y placer y que lo importante de todos estos análisis y cuestionamientos que continuamente se están haciendo sobre el mismo, es que sirven al menos para potenciar la lectura y el mejor conocimiento de la obra.

A continuación incluimos Intervención de Jesús Sánchez Sánchez

 

libro alfredo
En el mismo acto, tuvo lugar también la presentación del libro “Don Quijote en un lugar ‘científico’ de la Mancha. Artículos medio irónicos (un enfoque psicológico)” de Alfredo Barbero García.

Alfredo Barbero García nació en Peñaranda de Bracamonte (Salamanca) el año 1958. Actualmente reside en la Granja de San Ildefonso (Segovia). Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Salamanca el año 1982.
Empezó su formación MIR de Psiquiatría en el hospital Reina Sofía de Córdoba con el profesor don Carlos Castilla del Pino (catedrático de la especialidad, ensayista y académico de la Real Academia de la Lengua-RAE).
Psiquiatra titular del Sistema Nacional de Salud por concurso-oposición realizado en la Universidad de Valencia en 1991.
Trabajó durante dos años en los equipos de salud mental de Castellón de la Plana. Desde el año 1995 desempeña su actividad profesional en la ciudad de Segovia, donde ha ejercido como especialista en la Unidad de Hospitalización Psiquiátrica de Agudos, el Centro de Salud Mental «Antonio Machado» y la consulta de Psiquiatría Infanto-juvenil.
Fue coordinador de sendos programas de información y divulgación sanitaria en Radio Segovia-cadena SER, y en la delegación segoviana de la Radio Televisión de Castilla y Léon (RTVCyL).
Ha escrito múltiples artículos como colaborador del diario El Norte de Castilla desde el año 1997.
Actualmente escribe el blog, Ni locos ni cuerdos, en este mismo diario: blogs.elnortedecastilla.es/nilocosnicuerdos/

Sociedad Cervantina del Lugar de don Quijote

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ALFONSO RUIZ CASTELLANOS, D.E.P

Hoy nos ha dejado para siempre Alfonso. Inesperadamente para todos, especialmente para su familia y amigos íntimos.

Hace unos días participaba como socio de la Sociedad Cervantina en el último «Almuerzo con don Quijote», lleno de vida y conocimientos cervantinos como pocos.

Alfonso Ruiz, segundo por la izquierda
Alfonso Ruiz, segundo por la izquierda

Investigador incansable, hace unos meses publicó su último trabajo: «Hidalgos y conversos en la Mancha cervantina (siglos XV-XVI)», y seguro que algún nuevo trabajo ya le rondaba en su lúcida cabeza.

«Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro»

Portada de su último libro, recientemente publicado
Portada de su último libro, recientemente publicado

Así ha sido Alfonso, ¡mucho más que otros!. Desde hace muchos años, queriendo aportar luz sobre Cervantes, don Quijote, la Mancha y sus lugares, parajes y caminos, trabajando con rigor y seriedad.

Solo nos queda acompañar en el inmenso dolor que su familia está pasando con esta incomprensible pérdida.

Vale.

Alfonso, tercero por la izquierda
Alfonso, tercero por la izquierda

Alfonso, segundo por la izquierda, en otro momento de la comida con el historiador Fernando de Prado
Alfonso, segundo por la izquierda, en otro momento de la comida con el historiador Fernando de Prado

Enlace de su intervención  https://www.youtube.com/watch?v=lygkvTeRQCY

I JORNADAS «EL BAUTISMO DE MIGUEL DE CERVANTES»
Día 8 de noviembre de 2014.
Salón noble del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan.

Sociedad Cervantina del Lugar de don Quijote

EL PROMOTOR DE LA BÚSQUEDA DE CERVANTES EN ALCÁZAR

El historiador Fernando de Prado en la sede de la Sociedad Cervantina del lugar de don Quijote
El historiador Fernando de Prado en la sede de la Sociedad Cervantina del lugar de don Quijote

El historiador Fernando de Prado Pardo-Manuel de Villena, promotor de la búsqueda de los huesos de Miguel de Cervantes en el convento de las Trinitarias Descalzas de Madrid, visitó Alcázar de San Juan 

La Sociedad Cervantina le ha querido reconocer su labor y piensa que se trata de un auténtico quijote del siglo XXI 

Atendiendo la invitación cursada por la Sociedad Cervantina del Lugar de don Quijote y en su objetivo de «Fomentar la lectura de la obra de Cervantes, especialmente del Quijote«, este sábado se ha producido la visita de don Fernando de Prado Pardo-Manuel de Villena, en su actividad denominada «Almuerzos con don Quijote». Actividad que consiste en que el invitado relata sus experiencias acumuladas con la lectura o estudio del Quijote, o con el conocimiento del autor –como ha sido en este caso-, alrededor de una mesa con platos típicos de la Mancha, la patria de don Quijote.

Don Fernando de Prado es un historiador de 50 años nacido en San Sebastián (un guiputxi, como suele presentarse él ante otros vascos). Es hijo del conde de la Conquista, estando emparentado por parte de padre con Cristóbal Colón (es Prado y Colón de Carvajal), y por parte de madre con el célebre escritor y aristócrata español Don Juan Manuel (del siglo XIII y autor de El Conde Lucanor), ha dedicado buena parte de su vida a estudiar la genealogía y la heráldica española.

Es autor del libro “Cabezas de la nobleza” (Ed. Áltera), y ha sido el promotor de la búsqueda de los restos de Miguel de Cervantes. Fue la persona que consiguió implicar a todas las partes en su búsqueda: a las Trinitarias Descalzas, al Obispado, al equipo investigador y al Ayuntamiento de Madrid.

Es el responsable de que el proyecto se llevase a cabo y el autor material de la consecución de los permisos iniciales y de solventar todas las dificultades añadidas que fueron surgiendo a lo largo del camino previo, en definitiva, el auténtico padre del proyecto y la única persona que confió desde el principio en que encontrar los huesos de Miguel de Cervantes era posible y necesario.

En la visita a la Sociedad (en la que estuvo acompañado por su primo Felipe Colón de Carvajal y Osborne) relató su implicación personal (e incluso pecuniaria) en el proyecto.

Nos mencionó también cómo consiguió poner en marcha la lenta maquinaria de las administraciones y logró que todo el equipo funcionase, después de que por su mediación, se habían obtenido todos los permisos y por su gestión se habían despejado los obstáculos e impedimentos que retrasaban el proyecto, cuando por  motivos que no vienen al caso, fue  apartado del mismo negándole así un merecido reconocimiento como verdadero “padre” y artífice de este importante proyecto.

Habló de la excelente labor llevada a cabo por los componentes del equipo y de sus resultados intachables elogiando sus capacidades y reconociendo que su experiencia y preparación están a la altura de los mejores del mundo. Pero también explicó que hasta el momento, la autoría del proyecto y su implicación le ha servido de bien poco, porque además de que no ha obtenido el reconocimiento personal que merecía, encima y como se dice vulgarmente “se ha dejado los pelos en la gatera”, ya que ni siquiera ha recuperado una mínima parte de su patrimonio personal invertido en la búsqueda de Cervantes.

A lo largo de las siete horas y media que duró la visita, Fernando de Prado habló de  su conocimiento de la obra de Cervantes y sobre todo del escritor. Dijo que su genial obra no fue apreciada y valorada más que por unos pocos en el momento de su publicación, y que ni siquiera hoy día se le ha dado el valor que la obra tiene.

A su juicio, la segunda parte supera ampliamente a la primera. Cree que en ella se refleja la inmensa experiencia vital atesorada a lo largo de toda la azarosa vida del escritor y dijo que la obra es de tal impacto que no le caben dudas que para la literatura mundial hay un antes y un después del Quijote.

Cree firmemente que el hallazgo de los huesos de Cervantes va a suponer una importante inyección económica para Madrid, pero no sólo se beneficiará de los ingresos que ello pueda suponer sino que añadirá a la capital de España un atractivo cultural de primer orden, no en vano las búsquedas en Google sobre “Miguel de Cervantes” se han multiplicado por seis y el impacto publicitario de la noticia del hallazgo de los huesos se cifra en 170 millones de euros desde enero de 2014.

Consideró que una vez que la reducción de huesos -entre los que se encuentran los de Miguel de Cervantes- está tan deteriorada (que impedirá probablemente que se puedan practicar pruebas de ADN), lo justo es dejarlos juntos tal como lo han estado estos cuatrocientos años y rendirles homenaje de forma conjunta.

 

En los molinos de Alcázar de San Juan
En los molinos de Alcázar de San Juan

En los molinos de Alcázar de San Juan 

Fernando de Prado y su acompañante Felipe Colón de Carvajal, tuvieron la ocasión de subir al cerro de los molinos contemplando desde allí la vastedad del paisaje y la inmensidad de la llanura manchega, con una luminosidad y claridad espectacular que en días como este, la visibilidad puede alcanzar hasta una distancia cercana a los 90-100 km.

El historiador reconoció que nunca antes había estado en nuestra ciudad –salvo en alguna ocasión en que lo hizo de paso- y que tanto la conversación sobre temas cervantinos como la compañía, le había resultado muy grata alrededor de una comida típica manchega que incluía la bizochá como postre.

El descendiente de Cristóbal Colón ha visto un enorme potencial turístico en Alcázar de San Juan donde confluyen un magnífico paisaje manchego, unas instalaciones museísticas importantes, así como también una cultura cervantina digna de tener en consideración y que recientemente se ha incrementado con la puesta en marcha en la ciudad del Centro de Interpretación Cervantino.

Fernando de Prado elogió sinceramente las actividades de la Sociedad Cervantina del Lugar de don Quijote y aplaudió el objetivo de fomentar la lectura del Quijote así como el de difundir la obra de Miguel de Cervantes y dijo sentirse satisfecho si con su visita puede contribuir a la consecución de ambos objetivos.

Desde esta Sociedad se quiere reconocer la labor de Fernando de Prado, pensando además que se trata de un verdadero Quijote del Siglo XXI.

Sociedad Cervantina del Lugar de don Quijote

¡CERVANTES NUESTRO ESCRITOR MÁS DESCONOCIDO!

 

Luis García Jambrina visitando el Museo del Hidalgo con miembros de la Junta Directiva
Luis García Jambrina visitando el Museo del Hidalgo con miembros de la Junta Directiva

El viernes 1 de mayo, la Sociedad Cervantina del Lugar de don Quijote, recibió en Alcázar de San Juan la visita del escritor Luis García Jambrina que participó en la actividad de la sociedad conocida como «Almuerzo con don Quijote», donde el invitado expuso su profunda relación con el Ingenioso Hidalgo, alrededor de una mesa con platos típicos de la Mancha, la patria de don Quijote.

Luis García Jambrina (Zamora 1960) es profesor titular de Literatura Española en la Universidad de Salamanca, doctor en Filología Hispánica y Máster en Guión de Ficción para Televisión y Cine. Autor de los libros de cuentos Oposiciones a la morgue y otros ajustes de cuentas (1995) y Muertos S. A. (2005). Como novelista, se dio a conocer con El manuscrito de piedra (2008), galardonada en 2009 con el prestigioso Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza, de la que han aparecido ya numerosas ediciones y varias traducciones. Después aparecieron, con gran éxito de público y crítica, El manuscrito de nieve (2010), ambas en torno a  la figura de Fernando de Rojas, En tierra de lobos (2013) y La sombra de otro (2014), donde se narra la intrincada vida de Miguel de Cervantes desde el punto de vista de su peor enemigo.

No sólo es un gran conocedor de la obra cumbre de Cervantes sino que para documentar su novela ha recopilado toda la información posible sobre la azarosa y peregrina vida del Manco de Lepanto, del que suele decir que fue “Un hombre fracasado incluso cuando tuvo éxito».  Dijo también que es un escritor enigmático del que se sabe muy poco.

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Durante el almuerzo nos contó que no es partidario de la lectura del Quijote por obligación y que ello puede ser contraproducente, que nunca se han obtenido resultados haciendo su lectura obligatoria. Relató a los miembros de la sociedad que su primer acercamiento a la obra fue a los quince años y a través de una edición adaptada, la cual le impelió posteriormente a una lectura más profunda y completa de la misma.

En su estancia en Alcázar de San Juan, pudo visitar el Museo del Hidalgo del que le causó una magnífica impresión valorando el gusto que se tuvo al convertir en un museo de tintes modernos un antiguo edifico del Siglo XVII y también conoció de primera mano la partida de bautismo de Miguel de Cervantes que se custodia en los archivos parroquiales de Santa María la Mayor, la que examinó y estudió con manifiesta curiosidad.

Luis García Jambrina viendo la partida de bautismo de Cervantes
Luis García Jambrina viendo la partida de bautismo de Cervantes

Apreció el esfuerzo de nuestra sociedad en cumplir su objetivo de «fomentar la lectura de la obra de Cervantes, especialmente del Quijote«, y conoció nuestra implicación en la vida cultural local con la participación de Luis Miguel Román (presidente) en los 50 Quijotes celebrados el sábado anterior, que pretende que los alcazareños mediante la transmisión oral de historias y anécdotas sobre el Quijote permitan conseguir que en Alcázar y fuera de ella se hable sobre esta obra de Cervantes. Esta iniciativa del Patronato de Cultura de Alcázar le suscitó un gran estimación sugiriéndonos a su vez una nueva actividad consistente en la puesta en marcha de un club de lectura que pueda generar una mayor difusión del Quijote.

Cuando conoció los trabajos de investigación que la sociedad está llevando a cabo, opinó que algunos de ellos le parecían muy interesantes y nos comentó que le resulta muy curioso que mientras nosotros nos dedicamos a encontrar la verdad sobre la vida de Cervantes, rastreando indicios y pistas por todas partes, él se dedica a fabular con su vida y dijo que sin perder de vista los pocos datos que se conocen, él se encuentra cómodo construyendo relatos sobre lo que pudo ser la vida del genial escritor, aunque en ningún modo descartaba volver a escribir alguna historia más  sobre Miguel de Cervantes.

En los molinos de Alcázar
En los molinos de Alcázar

Finalmente nos presentó su nueva novela “Bienvenida, Frau Merkel”  en la que deja de lado –de momento- sus exitosos relatos históricos y nos ofrece una hilarante novela sobre la eterna actualidad española, escrita con gran agilidad y abundantes dosis de inteligencia, irreverencia e ironía. Una sátira política en la mejor tradición del humor hispano y un entusiasta homenaje a la película de Berlanga ¡Bienvenido, Míster Marshall!

 Sociedad Cervantina del Lugar de don Quijote