Pietro Gonnella y su caballo

Pietro Gonnella

Ya sabemos que el caballo de Gonela se menciona en el primer capítulo del Quijote
de 1605, donde se nos dice que era de muy triste estampa, que tantum pellis et ossa
fuit (todo pellejo y huesos). Pero ¿quién fue aquel Gonela? ¿Qué lo hizo tan
popular para que Cervantes se acordase de él?

Pietro Gonnella fue bufón en la corte de los Marqueses de Ferrara (Duques a partir
de 1571, por concesión del papa Paulo II). No está muy claro si Gonnella sirvió a Borso
d’Este (1413-1471), a su hermano y predecesor Leonello d’Este (1407-1450) o al padre de
ambos Niccolò III d’Este (1383-1441). Pudo conocerlos a todos, pero no creo que sirviese
a Borso d’Este, pues ya no vivía el bufón cuando heredó el marquesado.
Su anecdotario es abundantísimo, y hace sospechar que se le asignaron anécdotas
ajenas, incluso imaginarias (algunas me recuerdan aquellos «chistes de Jaimito» de mi
infancia). Véase en el siguiente ejemplo (que traduzco), como se las ingenió para sacarle
algo de dinero a uno de Ferrara que deseaba alcanzar el poder de adivinar:


Gonnella, que fue un pícaro muy juguetón, prometió, por unas pocas monedas,
hacer adivino a uno de Ferrara que lo deseaba mucho. Le hizo acostarse una vez con
él, y silenciosamente expulsó un gran vapor de su vientre y le dijo que metiera la
cabeza bajo las sábanas; lo hizo, pero la sacó inmediatamente, por el gran hedor: «Tú
hiciste un pedo muy grande», dijo; y Gonnella: «Págame, pues ya adivinas».


En el siglo XVIII, Domenico Maria Manni, en su Vita di Pietro Gonnella buffone,
recopiló varias historietas de Gonnella, aunque omitió las que consideró de mal gusto
(como la de arriba). Un par de las que sí incluyó tienen que ver con su caballo, al que
define como lleno de mataduras, viejo, flaco y deslomado a más no poder, y a tales
excelencias hay que sumar que carecía de cola, porque el Marqués se la mandó cortar,
de modo que faceva una brutta vista. Gonnella se tomó la vendetta cortando el labio
superior a varios caballos del Marqués. Pero no parece que nuestro Gonnella apreciase
mucho a su montura, pues un día apostó cento ducati contro un sacco di grano a que era
capaz de saltar más alto que cualquiera de los del Marqués. Éste aceptó la apuesta;
Gonnella subió el suyo por las escaleras del palacio hasta la sala principal, lo colocó
frente a un ventanal y allí, da un’ altezza di molte e molte braccia le dio un empujón y lo
hizo estrellarse contra las losas del patio. Por supuesto el Marqués no quiso arriesgar
ninguno de sus caballos en semejante prueba. Gonnella, pues, perdió su caballo, pero
retuvo sus cento ducati (si realmente los tenía) y ganó un saco en que cabían cuatro
celemines (que previamente lo hizo coser de ese tamaño).


Otra buena historieta tuvo por víctima al ricchissimo ed avarissimo abad de un
convento en el Reino de Nápoles. Los cortesanos le prometieron que serían generosos
con él si lograba sacarle algo, siquiera una mínima limosna. Gonnella se disfrazó de
peregrino y en la puerta del convento pidió confesarse con el abad, pues su pecado era
muy grande para confesárselo a cualquier monje. A regañadientes, el abad se personó
en la sacristía luciendo una bellissima cappa… con cordoni di seta, y Gonnella le confesó que
en ocasiones se convertía en lobo y lleno de rabia mordía al que se le ponía por delante.
Justo en aquel momento empezó a sacar espuma por la boca fingiendo que le sobrevenía
el arrebato. El abad quiso huir, pero Gonnella se aferró furiosamente a la capa hasta que
el abad se liberó soltando los cordones. En fin, abad y monjes corrieron a encerrarse
donde pudieron, nuestro Gonnella salió tranquilamente del convento con la valiosa capa
y con ella se presentó a los cortesanos que habían dudado de sus habilidades.


Los bufones se tomaban muchas libertades con los invitados de sus señores (como se
esperaba de ellos), pero hay bromas ligeras y bromas pesadas, y, como dice el proverbio,
donde las dan, las toman. ¿Cómo murió nuestro Gonnella? La tradición dice que el
Marqués, molestísimo por haber sufrido en carne propia una de sus travesuras, quiso
darle un susto de muerte (como suele decirse) para que se corrigiese. Primero lo tuvo en
prisión y con grilletes durante varios días, luego montó un simulacro de decapitación en
la piazza del palazzo. Subió Gonnella al cadalso; allí, con los ojos vendados y la cabeza
puesta en posición, el verdugo le echó un cubo de agua helada en el cuello, lo cual
sumado a la tensión del momento le provocó un infarto fulminante. Víctima y
espectadores comprobaron aquello que se lee en dQ2-49: «Cada día se veen cosas nuevas
en el mundo: las burlas se vuelven en veras y los burladores se hallan burlados».


Enrique Suárez Figaredo
Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s