Los escenarios del Quijote en la Mancha

PRIMERA SALIDA DE DON QUIJOTE

En los artículos anteriores  ̶ incluidos en Los escenarios del Quijote en la Mancha ̶  La feliz aventura de don Quijote y desventura de AndrésEl cruce del falso albedrío de Rocinante Don Quijote molido y quebrantado, he marcado en el mapa las aventuras de la primera salida de don Quijote de su casa, hitos cervantinos inéditos hasta ahora.

En Mi vecino Alonso (2010) ya identifiqué la venta adonde había llegado don Quijote después de un largo día de camino: la Venta de Manjavacas, en el término municipal de Mota del Cuervo. Es la única venta, de las ventas existentes en esta comarca cervantina en tiempos de la escritura de la novela  ̶ Montealegre, Manjavacas, Las Motillas y Puerto Lápice ̶  que se encontraba junto al Camino de Toledo a Murcia. Sin duda alguna, al menos en la primera mitad del siglo XVI, la Venta de Manjavacas era una de las mejores ventas de este camino y única en esta parte de la Mancha al estar los pueblos muy cerca unos de otros. Al disponer estos lugares de mesones y alojamientos los viajeros preferían la seguridad de pasar la noche en el interior de las villas, siendo esta la causa de la ausencia de ventas en mitad de los caminos que cruzan esta comarca cervantina. Esta venta existía aquí aprovechando el edificio de la casa de la Encomienda que servía para el cobro del portazgo de paso por el camino. Documentalmente contaba con una entrada principal, con un portal desde donde se accedía a un patio central formado por tres edificios que hacían de cocina, bodega, alojamientos y establos. Junto a uno de los edificios laterales había un corral con cobertizos para gallinas y cerdos, con una puerta al campo. Tenía la venta «doce tapias de largo», unos 20 metros de fachada y sobre la puerta de entrada un escudo de armas.

Esta ruta que aquí descubro, en la que está marcadas las aventuras que en ella transcurren del pastor Andrés (1), el cruce del falso libre albedrío de Rocinante (2) y el encuentro con los mercaderes toledanos (3), y que formará parte mucho más detallada de mi próximo trabajo a editar, es completamente transgresora, no coincide con ninguna ruta realizada por otros autores y mucho menos con las oficiales diseñadas por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

Las primeras rutas publicadas a finales del siglo XVIII fueron dibujadas por Tomás López (1780) según los estudios de José de Hermosilla y por Manuel Antonio Rodríguez (1798) siguiendo los datos aportados por Juan Antonio Pellicer. La Ruta de Don Quijote propuesta por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha tiene en cuenta estas dos rutas anteriores.

La primera salida de don Quijote de su casa está remarcada en ambos mapas en color azul. En los dos mapas sitúan el origen de la ruta en Argamasilla de Alba, un lugar que no puede ser el de don Quijote por estar citado explícitamente en el Quijote. Es el propio autor quien decide en la primera frase de la novela no querer acordarse de él: «En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…». Por lo que los lugares nombrados en la novela en esta comarca cervantina de Tembleque, Quintanar de la Orden, Argamasilla de Alba, Puerto Lápice y El Toboso no pueden ser el origen del Quijote.

En el mapa de Tomás López el camino marcado de ida a la venta y vuelta a casa al día siguiente es por el mismo, como describe Cervantes. No es así en el de Manuel Antonio Rodríguez que describe una ruta casi circular que nada tiene que ver con el texto. Las dos rutas están muy alejadas del lugar de Quintanar de la Orden y del Camino de Toledo a Murcia, por lo que no es posible situar en ellas la aventura de Andrés y la de los mercaderes toledanos.

La segunda ruta está marcada en ambos mapas en color amarillo. Inician las dos por «la misma derrota y camino» tal y como describe Cervantes, pero en su trazado no se encuentran con los «treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo», los molinos de viento de Campo de Criptana, cómo le ocurre a don Quijote y a Sancho al poco de salir de su casa. El espacio geográfico por donde delinean los dos autores la segunda salida de don Quijote no contaba a principios del siglo XVII con ningún molino de viento, menos «treinta o cuarenta» cuyo número solo se disponía apreciar en los cerros de Campo de Criptana. Ambos mapas, muy aceptados en el cervantismo, no siguen el texto de Cervantes, mucho menos aún los propuestos más actualmente tomando como salida en Villanueva de los Infantes o Mota del Cuervo. 

Esta ruta que aquí propongo para ser recorrida a pie, en bicicleta o en vehículo adecuado sí coincide con el texto cervantino. Tiene una longitud aproximada, desde Alcázar de San Juan a la Venta de Manjavacas, de unos 35 Km por camino suave y atraviesa los términos de Alcázar de San Juan, Campo de Criptana, El Toboso, ligeramente el de Pedro Muñoz y Mota del Cuervo,  siguiendo la traza de una de las variantes secundarias del Camino de Toledo a Murcia. Rocinante para recorrer esta misma distancia necesitó todo un largo día de verano para llegar desde su cuadra a la venta:

“[…] una mañana, antes del día, que era uno de los calurosos del mes de julio […] Con esto caminaba tan despacio, y el sol entraba tan apriesa y con tanto ardor, que fuera bastante a derretirle los sesos, si algunos tuviera. Casi todo aquel día caminó sin acontecerle cosa que de contar fuese […] y, al anochecer, su rocín y él se hallaron cansados y muertos de hambre […] vio, no lejos del camino por donde iba, una venta […] Diose priesa a caminar, y llegó a ella a tiempo que anochecía.” (Q1, 2)

Rocinante al paso recorría media legua de camino a la hora, tres kilómetros, la mitad que cualquier otro caballo normal, sin sus taras físicas. La enfermedad de los “cuartos” en sus pezuñas hacía de él un caballo casi inútil para todo. De media en el mes de julio en estas latitudes hay unas catorce horas de sol. Sin parar, en estas horas que hay entre su salida de la cuadra «antes del día» hasta que llegó a la venta «a tiempo que anochecía», habría recorrido el flaco de Rocinante por este suave relieve manchego unos 42 kilómetros. Nadie que apreciase a su caballo, como lo hacía don Quijote, lo habría forzado a caminar sin descansar a la sombra de cualquier encina junto al camino durante todo un día de verano manchego, y aunque el narrador de la historia solo nos diga que  «casi todo aquel día caminó sin acontecerle cosa» sí nos detalla que «con esto caminaba tan despacio», siendo incluso su velocidad aún menor.

El espacio físico real recorrido durante esta jornada es increíblemente preciso teniendo en cuenta las condiciones de Rocinante y el tiempo empleado. Sin duda Cervantes había recorrido este mismo tramo durante su vida en más de una ocasión. Él, sobre una caballería normal, habría necesitado unas seis horas para recorrer este mismo espacio. Saliendo al amanecer desde Alcázar de San Juan habría llegado a la Venta de Manjavacasa la hora de la comida y la tan merecida siesta, dando descanso y cebada en la cuadra a su mula para continuar la jornada por la tarde, como tantos viajeros de su época. Con su experiencia y conocimiento de este camino hace coincidir este espacio real con la ficción de la novela, haciendo creíble las aventuras de don Quijote en esta parte de la Mancha para sus lectores de principios del siglo XVII, y ahora también para los del siglo XXI.  

                             Luis Miguel Román Alhambra

Publicado en Alcázar Lugar de don Quijote

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