Los escenarios del Quijote en la Mancha

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En la guía de caminos, en la que estoy actualmente trabajando, voy poniendo nombre y coordenadas precisas a los lugares y parajes que inspiraron a Cervantes como escenarios de las aventuras de don Quijote. Teniendo en cuenta las consideraciones geográficas que en el texto del Quijote nos apunta sutilmente Cervantes, con el uso de herramientas de información geográfica del Instituto Geográfico Nacional y el conocimiento de esta parte del territorio manchego, al tener el gran privilegio de vivir en él, situar en el mapa cervantino estos lugares y parajes, y percibir después in situ cómo texto e imagen del territorio coinciden, reconocible todavía después de cuatro siglos, es una gran satisfacción como lector del Quijote.

Desde que hace once años publiqué en Mi vecino Alonso (2010) el nombre de Alcázar de San Juan como el lugar de don Quijote, he ido descubriendo los escenarios de sus aventuras en el territorio manchego en varios artículos en este blog y en otras dos publicaciones: La venta cervantina de Sierra Morena (2012) y Las aventuras de don Quijote en Sierra Morena (2017). Así, transgrediendo mapas y rutas cervantinas publicadas por diversos autores e instituciones anteriormente, he puesto nombre a:

-La Venta de Manjavacas (Mota del Cuervo), donde es armado caballero don Quijote.

-El cruce de caminos que forman el camino de El Toboso a Las Mesas y el camino de Campo de Criptana a Mota del Cuervo, en el que don Quijote deja el libre albedrío a Rocinante de vuelta a casa.

-La Venta de la Inés (Almodóvar del Campo), antigua Venta del Alcalde, como la venta de Sierra Morena en la que transcurren tantos capítulos de la primera parte.

-El Valle de La Tejada (Almodóvar del Campo), donde don Quijote arremete contra los rebaños de ovejas.

-El Valle de El Horcajo (Almodóvar del Campo). Al final de este valle don Quijote y Sancho se encuentran con el cortejo fúnebre.

-El Arroyo del Navarrillo (Almodóvar del Campo), donde pasó Sancho Panza tanto miedo por el ruido de su batán.

-El paraje del Camino de la Plata (Almodóvar del Campo-Brazatortas) donde don Quijote arrebata la bacía al barbero creyendo que era el famoso yelmo de Mambrino.

-El paraje del Camino de la Plata (Almodóvar del Campo-Brazatortas) donde descubren la cadena de galeotes.

-El paraje de la mula muerta, en la entrada de La Garganta (Brazatortas)

-El paraje donde don Quijote se quedó haciendo penitencia esperando a Sancho que volviese de El Toboso, en medio de La Garganta (Brazatortas)

-El paraje en el que don Quijote, en compañía de don Diego de Miranda, se encuentra con la carreta de los leones en el camino de El Toboso a Mota del Cuervo.

-Mota del Cuervo, como el lugar de don Diego de Miranda, el Caballero del Verde Gabán.

-Socuéllamos, como el lugar adonde se iban a celebrar las bodas del rico Camacho con Quiteria, que al final fueron las del ingenioso Basilio con Quiteria.

Aunque aparecerá marcado en mi guía de caminos, en este artículo os llevo a otro escenario cervantino:

LA FELIZ AVENTURA DE DON QUIJOTE Y DESVENTURA DE ANDRÉS

“… y me dio de nuevo tantos azotes que quedé hecho un Sambartolomé desollado”

Si en el Quijote hay una aventura felizmente terminada por don Quijote que al final resulta una cruel desventura es la del pastor Andrés. Al poco de salir de la venta, adonde había sido don Quijote burlescamente nombrado caballero por el ventero, nos describe el narrador que «no había andado mucho cuando le pareció que a su diestra mano, de la espesura de un bosque que allí estaba, salían unas voces delicadas, como de persona que se quejaba», y creyendo que «algún menesteroso o menesterosa» necesitaba su ayuda dejó el camino que llevaba y:

” …a pocos pasos que entró por el bosque vio atada una yegua a una encina, y atado en otra a un muchacho, desnudo de medio cuerpo arriba, hasta de edad de quince años, que era el que las voces daba, y no sin causa, porque le estaba dando con una pretina muchos azotes un labrador de buen talle, y cada azote le acompañaba con una reprehensión y consejo; porque decía:

—La lengua queda, y los ojos listos.

Y el muchacho respondía:

—No lo haré otra vez, señor mío; por la pasión de Dios, que no lo haré otra vez, y yo prometo de tener de aquí adelante más cuidado con el hato” (Q1, 4)

Don Quijote enfurecido pone en el rostro del labrador su lanza y éste, viéndose muerto, le dice que estaba castigando a su pastor por perderle cada día una oveja del ganado que le guardaba en aquel entorno. Don Quijote le manda desatarlo y pagarle los salarios que según Andrés le debía, fiándose de la palabra del ganadero de que lo hará cuando lleguen a su casa de Quintanar,  porque en ese momento no llevaba la cantidad adeudada. Don Quijote se aleja de este bosque de encinas «contentísimo de lo sucedido, pareciéndole que había dado felicísimo y alto principio a sus caballerías» y el ganadero, «Juan Haldudo el rico, el vecino del Quintanar», en lugar de cumplir la palabra dada  en cuanto se perdió de su vista don Quijote casi mata a golpes al pastor Andrés.

Este cruel pasaje es narrado en el capítulo IV de la primera parte, y en el XXXI, de este mismo primer Quijote, Cervantes nos lo vuelve a recordar mientras don Quijote, Sancho, el cura y el barbero, Dorotea y Cardenio vuelven desde el lugar de penitencia, en mitad de Sierra Morena, a la venta. Mejor dicho, se lo recuerda al propio don Quijote para que conociera que su primera aventura no había terminado tan bien como él creyó. Paran a comer junto a una fuente y «en esto acertó a pasar por allí un muchacho que iba de camino… a Sevilla». Éste era Andrés, quién después de que don Quijote contase a todos los presentes el bien que le había hecho, el muchacho les detalló que al final todo resultó al revés, que «no sólo no me pagó… pero así como vuestra merced traspuso del bosque y quedamos solos me volvió a atar a la mesma encina, y me dio de nuevo tantos azotes que quedé hecho un Sambartolomé desollado», culpando a don Quijote el haberse entremetido entre él y su amo: «De todo lo cual tiene vuestra merced la culpa, porque si se fuera su camino adelante y no viniera donde no le llamaban ni se entremetiera en negocios ajenos, mi amo se contentara con darme una o dos docenas de azotes, y luego me soltara y pagara cuanto me debía»

En Mi vecino Alonso (2010), puse nombre a la venta donde don Quijote llegó en su primera salida y desde la que una vez nombrado caballero vuelve a su casa para hacerse, entre otras cosas, de un escudero: Sancho Panza. Esta venta, en contra del parecer casi unánime de cervantistas y quijotistas que la ubican en Puerto Lápice, es la antigua Venta de Manjavacas en el término municipal de Mota del Cuervo. Hoy desaparecida, sus restos fueron descubiertos cuatro años después por la arqueóloga Isabel Sánchez Duque y el historiador Francisco J. Escudero Buendía. En su publicación Manjavacas, la Venta del Caballero(2014) anotan su ubicación:

“A la izquierda del antiguo camino de los Valencianos, el que la documentación de la Orden de Santiago denominaba en este trayecto “Camino de Las Mesas a El Toboso”, viniendo desde el sur y después de atravesar una acequia que canaliza el agua de una zona inundable, aparece un espacio individualizado, con restos de derrumbe y de color blanquecino que contrasta con el más oscuro del entorno. Son unos quinientos metros al sur de la actual Ermita de la Virgen de Manjavacas, y al lado del camino de Alcahozo”

Localizar el paraje de la aventura del pastor Andrésha sido una tarea, primero de estudio y después de campo, necesaria mientras documentaba la Primera salida de don Quijote. Consideraciones a tener en cuenta sobre la lectura de la aventura del joven Andrés:

1. «No había andado mucho cuando le pareció que a su diestra mano, de la espesura de un bosque que allí estaba, salían unas voces delicadas, como de persona que se quejaba…». La aventura ocurre próxima a la Venta de Manjavacas.

2. «En esto llegó a un camino que en cuatro se dividía, y luego se le vino a la imaginación las encrucijadas donde los caballeros andantes se ponían a pensar cuál camino de aquéllos tomarían, y por imitarlos estuvo un rato quedo; y al cabo de haberlo muy bien pensado soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza» Después de dejar solos a Andrés y al ganadero, don Quijote va «contentísimo de lo sucedido» hablando solo por el camino cuando llega al cruce de caminos que forman las variantes del Camino de Toledo a Murcia. Entre estos dos hitos, la venta y el cruce de caminos, sucede la aventura.

3. «Y habiendo andado como dos millas descubrió don Quijote un grande tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia» Este pasaje, inmediatamente después de dejar a Rocinante en el cruce de caminos seguir su libre albedrío, lógicamente toma el camino a su cuadra, reafirma que la primera salida de don Quijote hacia la venta acontece en el Camino de Toledo a Murcia. Al encontrase de frente con los mercaderes toledanos de vuelta a casa, su pueblo está dirección a Toledo desde la venta.

4. «Señor caballero, este muchacho que estoy castigando es un mi criado que me sirve de guardar una manada de ovejas que tengo en estos contornos, el cual es tan descuidado que cada día me falta una… -Mire vuestra merced, señor, lo que dice —dijo el muchacho—; que este mi amo no es caballero ni ha recebido orden de caballería alguna; que es Juan Haldudo el rico, el vecino del Quintanar». Andrés es el pastor de un rebaño de ovejas  propiedad de un ganadero de Quintanar de la Orden.

5.  «El daño está, señor caballero, en que no tengo aquí dineros: véngase Andrés conmigo a mi casa, que yo se los pagaré un real sobre otro.» El disfrute común de los pastos para todos los lugares de la Orden de Santiago hace posible que este ganado de Quintanar de la Orden estuviese pastando en esta zona dentro del término de Mota del Cuervo, ambos santiaguistas. Como esta aventura acontece a primera hora del día, la distancia a la que debe de estar el rebaño de ovejas debe propiciar que diese tiempo a Andrés a acompañar al ganadero a Quintanar y volver antes de hacerse la noche para quedarse con el rebaño o desplazarse con todo el rebaño.

6. Los ganados transitaban libremente por las cañadas, cordeles y veredas, vías pecuarias con derechos de paso otorgados por Alfonso X el Sabio en 1273. Estas vías pecuarias se diferenciaban en su anchura, incluida su servidumbre a ambos lados. La cañada real principal dispone de 90 varas de ancho (74,7 m), y sus vías secundarias: el cordel 45 varas (37,35 m) y la vereda 25 varas (20,75 m). «Son vías destinadas al uso público para el tránsito de la ganadería… no se puede pretender otra utilización, ni aprovechamiento; así, no cabe aprovecharlas como lugares de pasto, aunque en el tránsito dispongan los ganados de lo que en ellas se produzca», en la zona de servidumbre. (Las principales cañadas reales de España, 1954) El paraje de bosque de encinas donde se encuentra pastando el rebaño del pastor Andrés está junto al camino que llevaba de vuelta don Quijote, en pastos comunes santiaguistas o en la zona de servidumbre de una vía pecuaria que coincidiera con el camino murciano.

Con estas consideraciones tomo la ermita de Nuestra Señora de Manjavacas como punto de referencia. A unos 500 metros hacia Las Mesas, como indican Sánchez y Escudero, marco el lugar donde se ubicaba la antigua  Venta de Manjavacas y el cruce de caminos cervantino que forman las variantes del camino murciano: el camino de El Toboso a Las Mesas y el camino de Campo de Criptana a Mota del Cuervo. Esta parte del Camino de Murcia, o de la Seda, se conoce en esta parte de la Mancha como Camino de los Valencianos.

Analizando con más detalle el mapa, a unos 2,6 km de la Venta de Manjavacas, antes de llegar a la carretera CM-420,el Camino de los Valencianos coincide en su trazado, durante algo más de un kilómetro, con el Cordel de los Serranos, vía pecuaria secundaria de la Cañada Soriana Oriental. Siguiendo este cordel hacia el norte, estese cruza con la Vereda de Quintanar, que une la Cañada Soriana Oriental con Quintanar de la Orden y Los Hinojosos.

Este paraje moteño, por el que desde Quintanar de la Orden un rebaño de ovejas puede llegar libremente por el cordel y pastar en sus alrededores, en los pastos comunes santiaguistas o en sus franjas de servidumbre, reúne todas las condiciones que del texto cervantino se desprenden. «No había andado mucho cuando le pareció que a su diestra mano, de la espesura de un bosque que allí estaba…». Este paraje se encuentra entre 2,5-3,5 km de la Venta de Manjavacas, una hora de camino de Rocinante. Desde aquí, siguiendo el Camino de los Valencianos por El Toboso, hasta Quintanar de la Orden hay poco más de 20 km, por lo que en un día de verano es posible recorrer la ida y la vuelta a Quintanar, o por la vía pecuaria desplazarse junto con todo el rebaño recorriendo poco más de 30 kilómetros, como pretendía el ganadero Haldudo para pagar la deuda contraída con Andrés. Ambas opciones son verosímiles para que don Quijote pusiera dudas al compromiso dado por el ganadero para pagar a su pastor en su casa.

Quiero hacer el mismo recorrido que hace don Quijote desde que sale de la venta hasta que llega a este escenario cervantino. El Santuario de la Virgen de Manjavacas está junto al camino. Paso a ver a la Virgen. La ermita está en silencio, solo escucho los trinos de los pájaros del exterior, es primavera. Muy distinto sería si hoy fuese el primer domingo de agosto donde los moteños celebran uno de sus días grandes: la Traída de la Virgen. Desde aquí, la imagen de la Virgen de Manjavacas es llevada a hombros hasta Mota del Cuervo, unos siete kilómetros, ¡a la carrera! Es una antigua tradición que nace en el despoblamiento del pequeño asentamiento de Manjavacas al final del siglo XV. En las disputas entre Pedro Muñoz y Mota del Cuervo por llevarse a su iglesia la imagen de la Virgen de la ermita vieja, la leyenda dice que un grupo de moteños se la llevó a Mota del Cuervo a la carrera. Quince días de agosto está la Virgen de Manjavacas en Mota del Cuervo, hasta que es trasladada de nuevo a esta ermita el tercer domingo.

Continúo por el camino, en dirección al oeste, hacia Toledo. A dos kilómetros llego adonde el camino coincide con la vía pecuaria durante un kilómetro (39º 26′ 25,18″ N – 2º 53′ 19,07″ O)

La indeterminación del narrador en el espacio caminado por Rocinante, «no había andado mucho», y la acción antrópica del hombre en estos cuatro siglos que ha provocado casi la desaparición del monte de encina en esta parte de la Mancha hace difícil hoy saber el lugar exacto de este tramo de camino y cordel en el que se produce esta aventura. He escogido la parte central donde cordel y camino comparten trazado (39º 26′ 37.89″ N – 2º 53′ 45.58″ O). A mano derecha del camino, en el paraje conocido como Quintería de Guevara, aparecen unas encinas herederas del monte que aquí existió. Texto y espacio geográfico  coinciden: «No había andado mucho, cuando le pareció que a su diestra mano, de la espesura de un bosque que allí estaba, salían unas voces delicadas, como de persona que se quejaba… Y a pocos pasos que entró por el bosque, vio atada una yegua a una encina, y atado en otra a un muchacho…»

En 1883 los topógrafos del Instituto Geográfico dibujaron el mapa planimétrico de Mota del Cuervo. Anotaron como Carril del Monte a la Carretera el camino que unía este paraje moteño con la nueva carretera, evidenciando aún la presencia “monte” en este paraje. Hay que tener en cuenta que los topónimos reflejados por los topógrafos eran indicados por las personas mayores conocedoras del territorio escogidas en el pueblo que los acompañaban en las tomas de datos. Este encinar, casi desaparecido en la actualidad, se combina hoy con pinos de repoblación, y en su sotobosque con carrascas y cambrones, como se puede apreciar en este paraje.

Estoy en el escenario que Cervantes escogió para esta aventura. Por aquí pasó sobre una caballería varias veces durante su vida y no es de extrañar que la concurrencia de camino y vía pecuaria justo en este paraje propiciase situaciones curiosas o dramáticas entre viajeros y pastores que le inspirase la escritura de esta aventura aquí.

Me encuentro donde creyendo don Quijote haber «desfecho el mayor tuerto y agravio que tomó la sinrazón y cometió la crueldad» humana, una vez que se alejó de aquí, con la satisfacción «que había dado felicísimo y alto principio a sus caballerías», la venganza y barbarie del ganadero casi mata al joven Andrés. Sentado junto a una encina, leo y releo esta triste aventura escrita hace cuatro siglos que tantas veces, y en tantos lugares de todo el mundo, aún sigue sucediendo: la explotación y el maltrato infantil. Pero tengo que dejar este escenario y seguir a Rocinante: «Y en diciendo esto, picó a su Rocinante, y en breve espacio se apartó dellos». Tengo que seguir el camino y  cruzar la carretera CM420, para llegar al cruce de caminos más famoso de la literatura en el que don Quijote deja las riendas sueltas a Rocinante para que este siga su libre albedrío.

A él llegaré para desde allí, siguiendo los pasos de Rocinante a su cuadra, también localizar el paraje en el que don Quijote se encuentra con los mercaderes toledanos. Pero eso será en un próximo artículo.

La imagen de la Mancha que desde este altillo se aprecia, los llanos de Mota del Cuervo, está tomada el día 15 de mayo, festividad de San Isidro. En julio, cuando Cervantes imaginó esta aventura en este mismo paraje, el paisaje será totalmente distinto. Los verdes y rojos tornarán a amarillos y ocres, ¡estamos en la Mancha!

Luis Miguel Román Alhambra

Publicado en Alcázar Lugar de don Quijote https://alcazarlugardedonquijote.wordpress.com/2021/05/24/los-escenarios-del-quijote-en-la-mancha/

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