Por el camino de Toledo a Murcia

En esto llegó a un camino que en cuatro se dividía… y al cabo de haberlo muy bien pensado soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza. Y habiendo andado como dos millas descubrió don Quijote un grande tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia. Eran seis, y venían con sus quitasoles, con otros cuatro criados a caballo y tres mozos de mulas a pie. (dQ1- 4).

Como sabemos, en esta aventura don Quijote queda en el suelo «molido y casi deshecho», que «no podía menearse», cruelmente apaleado por uno de los mozos. Lo recoge Pedro Alonso, un «vecino suyo que venía de llevar una carga de trigo al molino»; lo sube sobre su borrico y cogiendo de la rienda a Rocinante lo lleva a su casa. Para ubicar la aventura en la Mancha del siglo XVII simplemente hay que marcar en el mapa el antiguo camino de Toledo a Murcia, en el que los mercaderes toledanos encuentran de frente a don Quijote, que volvía a casa desde la venta en que la noche anterior había sido armado falsamente caballero por el ventero. A ella había llegado después de una larga jornada de camino desde su casa, y desde ella regresaba por el mismo camino para hacerse de cuanto el ventero le había aconsejado llevar en sus aventuras. De ella había salido al alba, y al poco libró a Andresillo, o eso creyó él, de los azotes que le propinaba su amo, «un labrador de buen talle… que es Juan Haldudo el rico, el vecino del Quintanar».

En su Reportorio de todos los caminos de España (1546), Juan de Villuga relaciona los lugares de paso entre Toledo y Murcia: Tembleque – Villacañas – El Molinillo – Miguel Esteban – El Toboso – Manjavacas – Las Mesas y El Provencio. En el paraje de Manjavacas se encontraba la única venta en aquella zona del camino, y cerca de El Toboso Quintanar de la Orden, donde vivía Juan Haldudo.
En la canícula y en esta parte de la Mancha, secos los ríos y los molinos de agua parados, los labradores tenían que llevar a moler el cereal a los molinos de viento que ya se habían instalado en sus cerros desde mitad del siglo XVI. En tiempos de la escritura del Quijote, en toda la Mancha, sólo los había en Campo de Criptana, Belmonte, Las Mesas, Mota del Cuervo, Quintanar, El Pedernoso, El Toboso, Villaescusa de Haro y Chinchilla de Montearagón. De uno de estos lugares molineros vendría de vuelta a casa su vecino, y contra un molino de viento de éstos entró en batalla don Quijote a poco de salir de su casa por segunda vez, esta vez ya acompañado de Sancho Panza, siendo Campo de Criptana el único lugar que pudo contar en sus cerros «treinta o cuarenta molinos de viento» a principios del siglo XVII.


Si Cervantes quiso dar verisimilitud a la novela ubicándola en un espacio geográfico real como patria de su protagonista, la Mancha, en esta aventura de los mercaderes de seda toledanos señala por dónde cabalgaba don Quijote de regreso a casa desde la venta. Conocemos una vía principal, el camino de Toledo a Murcia, y unos hitos o mojones que precisan los puntos más significativos: la venta a una jornada de su casa y junto al camino (donde es armado caballero), Quintanar de la Orden (lugar de Juan Haldudo), los molinos de viento (de donde venía su vecino de moler trigo) y El Toboso («lugar cerca» del de don Quijote).

Esta es, pues, la comarca de don Quijote. Buscar el origen de sus andanzas por otras partes de la Mancha es, sencillamente, buscar tres pies al gato.


Luis Miguel Román Alhambra
Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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